Boca 0 – Real Sociedad 0

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Por la Peace Cup 2005, y dos días después de aquel empate ante el Tottenham Hotspur, Boca Juniors y la Real Sociedad protagonizaron un verdadero dolor de ojos en el estadio mundialista de Busan cuando igualaron 0 a 0.

Tan flojo fue el nivel del encuentro que Alfio Basile, por aquel entonces DT xeneize en un acto de honestidad brutal dijo «Era para cambiar a los diez jugadores de campo. Una cosa es jugar mal y otra cosa es no poder. Y los players no podían. Yo les pregunté uno por uno cómo se sentían y todos me dijeron que no estaban cansados sino ahogados. ¿Para qué te voy a mentir? Pero quedate tranquilo que Boca no va a volver a jugar nunca más así. Es la realidad…«.

Al final, algo de razón tenía el Coco, a la vuelta Boca se quedó con la Recopa, la Copa Sudamericana y conquistó el torneo Apertura de aquel año.

San Lorenzo Topper/Reusch con diseño adidas 1992

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Los novedosos diseños de adidas de fines de los 80’s y comienzos de los 90’s, fueron copiados hasta el hartazgo por marcar locales que carecían de creatividad. Taiyo, en el rubro de firmas ladris, fue líder durante muchos años. Pero también otras más importantes como Topper mostraron la hilacha al plagiar casacas y adosarles su propio logo.

La imagen corresponde a un partido entre San Lorenzo y Boca en 1992. La pilcha alternativa del Ciclón, como se observa, tiene el clásico diseño de Alemania en el Mundial ’90, también utilizado por Boca.

La indumentaria, lógicamente, no estaba fabricada por adidas…¡pero tampoco por Topper! Aunque parezca extraño, por aquel entonces era Reusch la que se encargaba de hacer la ropa del Cuervo, aunque su nombre sólo aparecía en la etiqueta interna.

Torres Miguel Ángel

Miguel Ángel Torres

La noche del 3 de diciembre de 1980 no sería una más en la vida de River Plate. En esa fecha el Millonario visitaban a Newell’s para definir uno de los semifinalistas del Nacional de ese año. Con el Pato Fillol en la Selección Nacional, el titular fue Landaburu. Pero el arquero se lesionó cuando promediaba el primer tiempo, y Labruna no tuvo más opción que hacer debutar al homenajeado del día. Miguel Ángel Torres ingresó, jugó sus únicos minutos en Primera División, le hicieron 5 goles y River quedó eliminado. Así de efímera fue la participación de este arquero que en ese momento tenía 18 años. Días más tarde El Grafico lo entrevistó. Había mucho que no se sabía de esa noche fatal:

– ¿Tenés ganas de hablar de eso?

– Sí… Estaba en el banco, al lado de Tapia. Por ahí, como a los 27 o 28 minutos, Landaburu chocó con Demagistris y quedó en el suelo. La verdad es que se me hizo un nudo en el estómago por si tenía que entrar… Le gritaba “Vamos Luis, fuerza, arriba…” En ese momento Lonardi me dijo: “Che, Torres, mirá si tenés que entrar…” Yo le contesté que bueno, que entraba, ¿qué le iba a hacer? Luis se levantó pero a los dos o tres minutos se dio cuenta que no sentía la mano y el doctor Melito pidió el cambio. Para qué voy a mentir: se me aflojaron las piernas. Para colmo justo venía un corner y tenía a la hinchada de Newell’s atrás del arco; se juntó todo.

– ¿Cómo fueron los primeros minutos?

– Y, bravos. Viene ese corner, salgo, apenas la toco y un compañero mío la saca. Enseguida lega otro centro, la baja y se me escapa; la pelota estaba mojada y yo entré con guantes normales, no los de lluvia. Se armó otro remolino, no se si rechazó Saporiti o Pavón, volvieron a tirar centro, otra vez se me fue y ahí nos empataron

 

 La mencionada revista no tuvo mejor idea que ilustrar la nota con una foto del arquero protegiéndose de la lluvia con un paraguas, acompañada por el título: “No es nada pibe, una tormenta de verano…”. Claro, es que comenzaba 1981 y ya se vislumbraba una posible revancha para Torres: había sido convocado para la Selección Argentina Sub-20, que disputaría el Sudamericano en Ecuador. Era la oportunidad de demostrar su verdadero nivel, acallar las críticas y complacer a los que siempre confiaron en él (su familia y algunos amigos, no muchos más). Pero sobre llovido, mojado: sufrió una grave lesión y para colmo River lo dejó libre.

Se fue a probar suerte a Chile, vistiendo los colores del Temuco, pero no le fue bien y decidió regresar, para jugar primero en Berazategui y después en Barracas Central, en la Primera C. El Gráfico se había equivocado: más que una tormenta de verano, pareció ser un huracán categoría 5.

Lairson

Lairson Sales Da Silva

A comienzos de esta década que se va River Plate exportó a uno de sus grandes ídolos a Brasil, nos referimos a Leonardo Rubén Astrada, quien hasta el día de hoy es recordado como uno de los peores refuerzos que vistieron los colores del Gremio de Porto Alegre. Para demostrar que los lazos del Mercosur son inquebrantables, en un gesto de hermandad sudamericana (o quizás, a modo de venganza), los brasileños nos enviaron a varios proyectos «interesantes» para que adquirieran experiencia en las divisiones inferiores del fútbol argentino.

Fue así que a la entidad millonaria arribaron Luiz Nunes (jugó mucho tiempo en Peñarol de Montevideo y ahora está en el Académica de Portugal), Wesley Ribeiro de Matos (pasó por el fútbol ucraniano, Juventude de Caxias, Portuguesa y el Anapolis), Allison Marinho Gomes y el homenajeado del día, Lairson Sales Da Silva.

Nacido el 2 de febrero de 1981 en Imperatriz, estado de Maranhão, este enganche de profesión ya acreditaba pasos por el Tocantinópolis y el Vasco Da Gama. Además, antes de su llegada al equipo de Nuñez, junto a Marinho Gomes habían probado suerte en Boca Juniors y en Gimnasia y Esgrima La Plata, sin resultados positivos.

De entrada vendió un poco de humo cuando dijo que su referente no era otro que el “Muñeco” Marcelo Gallardo. También habló sobre el nivel de las juveniles: «Las categorías de base son muy difíciles en Argentina. Es importante para nosotros esta experiencia. La otra diferencia es que se hace mucho físico y allá se practica más con la pelota«.

Para parecer un argentino más contó: «A mí me gustan más las mujeres argentinas… están buenas. Pero están mal con nosotros. No nos dan bola. Ya vamos a llegar.» Y al parecer pegó buena onda con sus compañeros: «Los chicos ya nos mostraron la cumbia. Pero acá en Buenos Aires nunca fuimos a bailar a ningún boliche.«. También habló de las contras: «Al principio fue muy duro. No entendía nada de lo que me hablaban y la comida es muy distinta. Acá usan mucha masa«.

Atleta de Cristo, al igual que Paulo Silas -con quien se encontró en varias reuniones de la iglesia y lo aconsejó- y el Balín Bennett, Lairson no pudo triunfar en River, pero su estadía en el fútbol nacional se extendió más de la cuenta. En 2001, pasó a Banfield, donde estuvo 3 meses entrenando con la Primera. Ese fue el trampolín para sumarse a la cuarta de San Lorenzo de Almagro.

«Me destaco por la gambeta, los pases gol. Y le pego bastante bien a la pelota. Me falta un poco de movilidad, pero estoy trabajando para mejorar. Me quiero quedar acá, me encariñé con todos. Desde los técnicos hasta el cocinero«, tiró cuando llegó a Boedo. Tanto cariño no logró convencer a los dirigentes que al cumplir los 21 años lo dejaron en libertad de acción.

De esta manera, Lairson volvió a Brasil para armar una trayectoria que envidiarían hasta los mismísimos Gustavo Romanello, el Pirata Czornomaz o su compatriota, el interminable Túlio Maravilha (sí, aquel de la mano en la Copa América de 1995, sigue jugando -y metiéndola- a los 39 años).

Es así que desde su regreso defendió los colores del Marília (en la Serie C de 2004), América de Rio Preto (en varias etapas, 2003, 2004, 2005 y 2006), União Barbarense (2005), Mirassol (2006), América de Natal (logró el ascenso a Primera a fines de 2006), Paranavaí (entre noviembre y diciembre de 2006, firmó y rescindió en una semana), Coritiba (fichó en diciembre de 2006 y lo dejaron libre en febrero de 2007 por bajo rendimiento), Ituiutaba (2007, disputó el campeonato mineiro), Vila Nova (segundo semestre de 2007, jugó la Serie C del Brasileirão), Gremio de Jaciara (primer semestre de 2008), Clube de Regatas Brasil (CRB) (participó de la Serie B en 2008, último cómodo, descendió a Tercera) y desde este año hace lo que puede en el glorioso Sampaio Corrêa, de Maranhão, donde fue presentado como una figura de primer nivel.

Diecinueve clubes en poco menos de 10 años de carrera y mucho tiempo más para baldosearla lo convierten en un fiel exponente del «amor ao dinheiro«. Baldosa brasileña de exportación.