Fuera de stock: las Liguillas Pre-Libertadores de América

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A mediados de la década del ochenta, la organización de los campeonatos argentinos pegó un volantazo y, como siempre, para mejor (?). Por eso se desecharon los Nacionales y vieron la luz las Liguillas Pre-Libertadores de América. Aquellos viejos y queridos mini torneos que duraron siete temporadas, variaron constantemente de cantidad  de equipos participantes y formas de competición, pero siempre tuvieron un mismo objetivo: lu lucha encarnizada entre los mejores equipos ubicados en la tabla para meter a uno por la ventana en la Copa Libertadores.

Que la mayoría de los hinchas nunca tuviera muy claro el nombre exácto es un detalle menor. Porque aunque oficialmente fue mutando entre Liguilla Pre-Libertadores, Torneo Clasificación y hasta Octogonal, en los colegios, bares y demás lugares de discusión fue, es y será la Liguilla. Así nomás, a secas.

Y estas Liguillas no sólo regalaron momentos bizarros al fútbol criollo sino que fueron el sostén de ilusión para que miles de hinchas de Boca, Racing, San Lorenzo y hasta Platense, vean hecho realidad el sueño de una vuelta olímpica. Y si hablamos de vuelta olímpica es porque efectivamente, las hubo, sobre todo en sus primeras ediciones, cuando las tribunas reventaban de gente y hasta los equipos intentaban chapear gritando «dale campeón…«.

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Valencia 2 – River 2 (1978)

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En 1978, River fue uno de los participantes del 24º Trofeo Ramón de Carranza, disputado en Cádiz. En su debut, el sábado 26 de agosto, enfrentó al Valencia. Luque y Passarella abrieron la cuenta para el Millonario, pero el equipo Che se calentó y lo emparejó con tantos del Matador Kempes y Diarte. Entonces, para definir el finalista, debieron ir a los penales, donde a River se le complicaron las cosas: tanto Passarella como Alonso estrellaron sus remates en el travesaño. ¿Quién tuvo que aparecer para poner las cosas en su lugar? Fillol. El arquero contuvo tres penales y de esa manera aseguró el pasaje a la final.

Fillol 1978

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Un entrenamiento muy especial realizó la Selección Argentina el viernes 5 de mayo de 1978. Primero, porque fue una práctica nocturna. Segundo, porque se llevó a cabo en el renovado estadio de Velez, sirviendo de prueba para las nuevas torres de iluminación. Y tercero, porque fue muy informal, tanto que se lo pudo ver a Maradona jugando como volante por derecha, al Tolo Gallego de marcador central y al Pato Fillol de delantero, sin miedo de encarar a defensores que serían campeones del mundo unos meses después.

Ceballos Isidro

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Isidro Ceballos

De baldosero a secretario. No, no es el título de una película chota de Francella. Se trata de la historia de Isidro Ceballos, un puntero izquierdo con poco gol que pasó por el fútbol de Primera División sin demasiada suerte y que terminó dedicándose a la política con algo más de suceso.

Nacido en La Rioja, asomó en el fútbol de Buenos Aires con Independiente de Avellaneda, a pesar de no haber debutado oficialmente. Compinche de su coterráneo, la Vieja Reinoso, estuvo en el Rojo en la temporada 1986/87 pero le fue imposible hacerse un lugar entre delanteros como Barberón, Franco Navarro, Percudani y Cartamán.

Pasó luego a Instituto de Córdoba (1987 a 1989), donde le dieron más oportunidades. En La Gloria disputó 44 partidos y convirtió 4 goles, ganándose la posibilidad…de bajar al Nacional B. Siempre en la Docta pero con la camiseta de Belgrano (1989/90), añadió 24 encuentros y 4 goles a su currículum.

En silencio, regresó a sus pagos y empezó a crecer en el deporte, pero desde otro lado. Fue jugador, entrenador y coordinador de fútbol de Américo Tesorieri, club apodado El Pistolero. Y sin armas pero con esfuerzo, Ceballos se introdujo en la política hasta convertirse en el secretario de Deportes de La Rioja. Bajo esa función, hace unos días tuvo que sancionar a un entrenador de tenis que se agarró a trompadas con un colega. Y sí, faltaba el toque disparatado (?). De otra manera, no estaríamos hablando de una película chota de Francella un baldosero.

Colón suplente con parche titular 1998/99

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Tras finalizar el convenio publicitario con el Banco Suquía, Colón de Santa Fe arregló con Milkaut y resolvió, de manera eficiente, el cambio de sponsoreo en su camiseta tradicional: colocó una parche de la empresa láctea cuyo fondo bicolor se adaptaba perfectamente al diseño.

El problema surgió con la casaca suplente, de la marca Lotto, que tenía un degradé de negro a blanco que dificultaba un poco la inclusión de una publicidad. Al parecer, el utilero del Sabalero ni se calentó en buscar una solución más prolija y le adosó, así como venía, el parche rojinegro de la pilcha titular.

Ortiz Pablo

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Pablo Pascual Ortiz

Tener Pascual como segundo nombre no es un obstáculo fácil de saltear para nadie, mucho menos para los futbolistas. Julián Alastuey, por ejemplo, se fue rápidamente del fútbol de Primera División para terminar manejando un camión. Roque Córdoba tuvo debut y despedida en un partido olvidable de Boca. Alberto Garrido trazó una trayectoria pobre, por no decir insignificante. Edgardo Mazzeo pasó fugazmente por Argentinos Juniors, labura en una empresa metalúrgica y es fan de la baldosa (?). El único que más o menos la pudo pilotear fue Sebastián Rambert, gracias a un arreglo que hizo con Dios.

La historia de Pablo Ortiz no escapó a la norma pascualense. Surgió en las inferiores de Talleres de Córdoba como un volante derecho con llegada y sin desprecio por la marca. Debutó en Primera en 1983 y ese mismo año fue convocado para integrar una pre selección juvenil que participaría de la Copa Havelange, en México.

Después de semejante año de presentación, en 1984 Ortiz tuvo más rodaje y llegó a completar 16 partidos y 1 gol con la camiseta albiazul. ¿Y después? ¿la explosión? No, todo lo contrario.

A mediados de 1984 bajó a la Liga Cordobesa para defender los colores de Estudiantes de Río Cuarto. Y ya que estaba, también lo hizo en el Campeonato Provincial. En 1985, siempre con el conjunto celeste, disputó 4 encuentros en el Nacional, los últimos en la elite.

Tras un paso por Alumni de Villa María, regresó a Estudiantes, donde jugó distintos campeonatos hasta 1988, cuando desapareció del mapa, confirmando su baldoseridad. Ojo, no le echamos la culpa a él. Sabemos que tener Pascual como segundo nombre es un certificado para aparecer en este sitio.