En el placard: Cruyff anti adidas 1974

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Podríamos activar en este mismo momento el [modo Quique Wolff] y resaltar lo maravilloso que fue aquel gran equipo de Holanda ’74, haciendo hincapié en el concepto del fútbol total y extendiendo el análisis hacia otros ámbitos donde la belleza también puede ganarle al pragmatismo. Todo esto sin perder la sonrisa y mucho menos soltando la pelota. Pero no, preferimos ser un poco menos pelotudos (?).

Pensar en la Naranja Mecánica nos lleva directamente a Johan Cruyff. Y si nos referimos al ex Barcelona no podemos omitir un detalle que tal vez puede ser insignificante para muchos, pero forma parte de la historia grande de la indumentaria deportiva.

Si bien para 1974 el patrocinio de las selecciones aún no estaba del todo explotado, adidas había pisado bien fuerte y tenía a algunas de las más importantes, entre ellas Holanda. La camiseta naranja, a pesar de no contar con el clásico logo del trefoil en el pecho, tenía las 3 tiras negras que identificaban a la marca alemana. Pero no todos tuvieron la misma.

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Cruyff, cerebro de ese equipo y elegido de la empresa Puma, se negó a hacerle publicidad a adidas sin recibir dinero a cambio. Es por eso que durante la Copa del Mundo en Alemania (no sólo en la final) se lo pudo ver con una camiseta parecida a la de sus compañeros pero diferente: sólo tenía 2 tiras negras en las mangas. El mismo recurso adoptó para el pantalón y las medias. Unos años después, ya en la liga de los Estados Unidos, jugó para un equipo que tenía 3 tiras por todos lados (?), pero ese es otro tema.

Juira Bicho: Pecoso Ramírez en Argentina ’78

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¿Puede un barra convertirse en mascota? Sí, puede, de hecho hay gente que piensa que adentro del Oso de La Nueva Seguros entraría Bebote con plasma y todo para ver el Mundial. Pero no es el caso que hoy nos ocupa.

Roberto Ramírez Rodrigo, alias Pecoso, fue un popular hincha peruano que hizo carrera en esa modalidad bastante yanqui de animar al público. Según el recomendable sitio Arkiv, Ramírez fue «un figuretti que por una misteriosa razón era contratado para dirigir con sus ridículos coros las barras en el Estadio Nacional: ‘¡Dame una P!, ¡Dame una E!, ¡Dame una R!, ¡Dame una U! ¿Qué diceee…???’. La gente le tiraba de todo…«

Lo curioso es que antes de ser el payaso más conocido de las canchas, había sido futbolista de Universitario, donde jugó algunos pocos partidos en Primera. Después se casó con Solinka, una cantante tropical de Panamá, país que cobijó al Pecoso durante varios años. Pero no sólo vivió allí. También estuvo en Colombia organizando (?) a los simpatizantes del Junior de Barranquilla, dato que hoy Los Tiburones deben querer enterrar.

Uno de sus momentos de gloria lo tuvo en el Mundial de Argentina 1978, cuando se hizo ver en cada uno de los partidos de Perú, vistiéndose de blanco y agitando por aquel buen equipo de Oblitas y Cubillas que se terminó desdibujando por los 6 goles sufridos en Rosario.

Su rol de mascota, sin disfraz y fuera de los límites del campo de juego, llamó la atención en su momento, al punto que la revista El Gráfico le dedicó un comentario. Luego, con los peruanos eliminados y el cargamento de trigo bien entregado (?), el Pecoso Ramírez siguió con su labor e incluso volvió al país para hacer una maldad, según contó en una nota para el diario El Comercio:

 

¿Y sentía que influía en la gente, en los resultados?

– Claro que sí. La barra más importante fue la que hice en 1985, cuando le ganamos a Argentina 1-0 en Lima. Esa tarde, justo cuando iba a salir el equipo argentino, con Passarella al frente, dispuse que salieran 500 chicas de la Guardia Civil y cuatro bandas de música. Hice cantar el himno nacional sin autorización. Tuve al equipo argentino enfriándose en el túnel por dieciséis minutos. ¿Tú sabes lo que eso? Al final surtió efecto: ganamos 1-0. Passarella se enojó muchísimo.

¿Cómo sabe? ¿Qué le dijo?

– Me dijo: “Sabés, Pecoso, andate a la puta que te parió”.

¿Esa fue la última vez que fue al estadio a animar?

– En el 2000 me llamó Nicolás Delfino y me invitó a animar el partido de Perú con el Paraguay de Chilavert. Ese día ganamos 2 a 0 y yo impuse una barra contra el arquero paraguayo: “Chilavert, Chilavert, hoy no la vas a ver”.

 

Hoy, con 75 años, está alejado de la actividad. Y ya entendimos por qué no lo llamaron nunca más.

Mal Pase: Mac Allister a USA ’94

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Así como el pueblo futbolero recuerda merecidamente que después del 0-5 con Colombia tuvo que volver Maradona para salvarle las papas a la Selección, también se suele omitir que para aquella gesta heroica se necesitó la presencia del mejor lateral izquierdo del fútbol doméstico por aquel entonces: Carlos Javier Mac Allister.

El Colo, que no había participado del ciclo de Basile, fue convocado para reemplazar al Negro Altamirano en los decisivos choques ante Australia, donde Argentina consiguió la clasificación al Mundial. Y no sólo Mac Allister cumplió con su labor, sino que además ofreció su desnudez (?) a los televidentes de Canal 9 tras el primer encuentro, en Sydney.

Habiendo rendido aceptablemente en un momento difícil para el combinado nacional, el marcador de punta que por aquellos años actuaba en Boca se ganó el derecho a viajar a Estados Unidos…pero a Miami. Allí, en el Orange Bowl, fue titular en el triunfo 2 a 1 ante Alemania, el 15 de diciembre de 1993. Ese día Argentina alineó a Goycochea; Hernán Díaz, Vázquez, Ruggeri y Mac Allister; Perico Pérez, Cagna, Mancuso y Leo Rodríguez; Medina Bello y Balbo. En el segundo tiempo ingresaron Borelli, Monserrat y Ortega. No todos llegaron la Copa del Mundo, claro.

Al año siguiente, el Colorado fue incluído, como tantos otros, en el album Panini de USA ’94. ¿Y fue al Mundial? No, si no este post sería al pedo (?). Basile optó por Chamot, que pese a no gozar de popularidad, se convirtió en una de las revelaciones argentinas de aquel torneo.

En el placard: Francia/Kimberley 1978

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A la distancia parece una historia inverosímil: un cuadro local prestándole la camiseta a una selección para disputar un partido mundialista. Pero increíblemente sucedió.

El 10 de junio de 1978, los ya eliminados representativos de Francia y Hungría cerraron el Grupo 1 del Mundial de Argentina en Mar del Plata. Los húngaros, acatando el pedido de la FIFA, llevaron ese día su indumentaria blanca, ya que la camiseta roja se prestaba para la confusión con la tradicional azul de los franceses en los televisores blanco y negro.

Lo que no estaba en los planes de nadie ese día es que el conjunto Galo adoptara la misma medida por propia iniciativa. Así fue como, a minutos de comenzar el encuentro, los dos equipos se encontraron en la cancha con camisetas blancas y sin ningún juego de recambio.

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Antes de que el pavor se apoderara de todos los protagonistas, a alguien se le ocurrió una solución casera: salir a buscar camisetas al club local más cercano. La leyenda cuenta que integrantes de la organización primero pasaron por la sede de Boca pero la encontraron cerrada, entonces siguieron derecho por la Avenida Independiencia hasta llegar al club Kimberley, donde conseguieron las clásicas camisetas albiverdes del Dragón.

De más está decir que, al contraste que generó ver a Francia con medias rojas, pantalones azules y camiseta a bastones blancos y verdes, se le sumó el tema de la numeración: ya que en algunos casos el número del pantalón no coincidió con el número de la espalda. Ah, pese al cambio de pilcha, ganó 3 a 1.

Para agigantar el mito, en el Mundial sub-20 de 2001 Francia hizo nuevamente de local en Mar del Plata y, para terminar de cerrar el círculo, olvidó imprimir sus camisetas. Fue ahí cuando el hijo de la persona que había gestionado la indumentaria de Kimberley, se encargó de estampar los dorsales franceses. ¿Algo más? Sí, parece que el vínculo con los europeos se extendió en el tiempo, porque hace algunos años los marplatenses vistieron Le Coq Sportif, tradicional marca francesa que sponsorea a muy pocos equipos en el Mundo.

Voy al arco: Pelé en Inglaterra 1966

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Inglaterra ’66 es un capítulo negro en la historia de Brasil en la Copa del Mundo. No sólo quedó afuera rápidamente derrumbando sus ilusiones de tricampeonato, sino que además sufrió la lesión de su figura, Pelé, buscado con alevosía por los rivales desde el comienzo de la competencia y eliminado definitivamente por el defensor portugués Morais.

Así fue que a Edson Arantes do Nascimento, durante ese Mundial, se lo vio más en los entrenamientos que en los partidos y para evitar el roce con sus propios compañeros, se dedicó a atajar en más de una oportunidad. Eso sí, siempre con niños cerca, porque las estrellas se deben a su público (?).

Atlético Madrid 1 – River 0

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Luego de la victoria por penales ante el Valencia, River disputó la final del 24º Trofeo Ramón de Carranza, en Cádiz, ante el Atlético Madrid. Un día después de las semifinales, el domingo 27 de agosto de 1978, se enfrentaron en un cotejo que tuvo mas fricción que fútbol, donde fueron expulsados Mostaza Merlo en el equipo argentino y Guzmán en el español. A falta de doce minutos para el final, Aguilar marcó el único tanto del partido, para que así el Aleti se tomara revancha de lo que había sido la definición del Torneo Villa de Madrid unos días antes.