Fischer Juan Matías

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Juan Matías Fischer (El Lobito)

Para el futbolero medio, hablar de Fischer es hablar del Lobo Rodolfo Fischer, aquel delantero que jugó en San Lorenzo en las décadas del ’60 y ’70. Para el lector promedio de En Una Baldosa, hablar de Fischer es traer a la memoria al Lobito Juan Matías, el pibe, delantero también, que intentó, con más pena que gloria, hacer pie en la Primera de Boca Juniors a mediados de esta década.

Es cierto que no apareció en el mejor momento. A mediados de 2004, Boca se preparaba para una época de transición. Venía de perder la final de la Libertadores contra Once Caldas, había renunciado Carlos Bianchi, había caído en la final de la Recopa ante el Cienciano de Perú y el equipo de Miguel Ángel Brindisi no encontraba el rumbo en el torneo local y hacía lo que podía en la Sudamericana (que después terminaría ganando, de la mano del Chino Escupitajo facial Benítez).

A esa altura, Fischer era un pibe de 19 años (categoría ’85) que ya llevaba un tiempo largo en las inferiores del Xeneize, luego de pasar por River Plate… de Junín, su ciudad natal. Un poco para incendiarlo foguearlo, un poco por necesidad, Brindisi lo mandó a la cancha el 31 de octubre de 2004, ante Instituto de Córdoba, en la mismísima Bombonera. Esa tarde, en la fecha previa al superclásico, Brindisi empezó a quemar pibes y Fischer, que disputó los 90 minutos, no fue la excepción.

Con la salida del actual técnico de Huracán, en el vestuario del Monumental, y la llegada del Chino Benítez, Fischer no fue uno de los jugadores más activos. Apenas sumó a su curriculum otros 62 minutos en la derrota ante Arsenal en la fecha 16 del Apertura.

En 2005, estaba más que claro, su futuro estaría lejos de La Bombonera. Armó las valijas y se fue a buscar rodaje al exterior. Apareció en Bolivia, en La Paz. Parecía que la altura sería su rival más complicado. Pero no. Con la camiseta del Bolívar la rompió. Hizo goles de todos los colores y fue ídolo. ¿Lo compraron? No, terminado el préstamo no hubo acuerdo entre los dirigentes y Fischer volvió a Boca.

Si alguno pensaba que su buen desempeño en el fútbol boliviano le daría, al menos, la chance de pelear por un lugar en Boca, se equivocó. Durante el primer semestre de 2006 se pegó el embole de su vida. En el verano redondeó 82 minutos entre Racing y San Lorenzo. Además, sumó otro minuto (sí, 60 segundos) en la victoria ante el Maccabi Haifa israelí, cuando ingresó a los 89 minutos en lugar de Martín Palermo, durante la gira de invierno. En el medio, metió un mal pase a Peñarol de Uruguay.

Lejos de La Boca intentó, como pudo, llevar adelante una carrera digna en Primera División. Arrancó bien, porque lo contrató Nueva Chicago (2006), y terminó mal, porque apenas disputó 5 encuentros del torneo Apertura. Y no convirtió goles, claro.

El sueño de romperla en la A se esfumó rápido y para 2007 aceptó bajar a la B Nacional. Vistió las camisetas de Chacarita, primero, y Almirante Brown (2007/08), después. Al año siguiente bajó otro peldaño y aceptó pelarse el lomo a la Primera B Metropolitana. Volvió a Junín, y se sumó a Sarmiento (2008 a 2010). Ahí pareció revivir, hizo varios goles y logró el ascenso a la B Nacional alcanzó a disputar la Promoción ante el Deportivo Merlo. Claro que enseguida volvería a caer a la B Metro. A mediados de 2010 pasó a Deportivo Español, donde lo declararon prescindible a fines de diciembre. Hace algunas semanas sonó como posible refuerzo de Comunicaciones.

Aunque tenga apenas 26 años, ya nadie espera que explote.

River 3 – Ajax 2 (1979)

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Pocos días después de ganar la Liga local en 1979, el Ajax llegó a tierras argentinas para jugar un par de amistosos. En Córdoba, el equipo holandés derrotó a Talleres por 3-2. Luego cayó derrotado frente a Racing.  Para cerrar la gira, enfrentó a River, en cancha de Velez. El Millonario se impuso en un partido atractivo, más alla del gol del danás Arnesen a Landaburu que ilustra este post.

Baldoseando con Luli

Cuando nuestros primeros lectores, allá por 2004 y 2005, empezaron a utilizar el adjetivo «baldosero» para identificar a los jugadores que se posteaban en el sitio, no imaginamos que el término se iba propagar tanto. Hoy es comun que nos digan «claro, ustedes le pusieron En Una Baldosa porque homenajean a los baldoseros, ¿no?» (?), ignorando que la cosa fue al revés. Y nos ha pasado, más de una vez, de estar en una cancha para ver si acertamos un resultado en soccer betting (?) y que un enajenado se cuelgue del alambrado para gritarle «¡Baldosero ladrón!» (o algo similar) a uno de los protagonistas. Por supuesto que no aprobamos semejante cosa (?).

Lo mismo sucede con el verbo «baldosear» y sus conjugaciones. Gran parte del público futbolero ya entiende de qué se habla cuando «tal tipo viene de baldosear en España» e incorpora la expresión para definir en pocas letras algo que antes era más complicado de explicar.

Lo que nos sigue sorprendiendo es que robemos un post con esta boludez cuando el término traspasa las fronteras de la cancha y llega a otros ámbitos. En este caso y gracias al genio de @YonnyAlonso, la palabra «baldoseando» saltó del Twitter a los ojos de la hermosa Luli Fernández (?). Y de ahí a la televisión, más específicamente a Duro de Domar (Canal 9). Dejamos el video para que lo puedan ver.

Platense Taiyo copia de adidas equipment 1992

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En un intento por levantar una economía que se le venía a pique, a comienzos de los 90’s adidas se actualizó estéticamente y por intermedio de su línea Equipment comenzó a vestir algunos de sus equipos con un recordado modelo que tenía tres anchas franjas sobre uno de los hombros.

Pese a contar con varias instituciones en la Argentina, el único elegido para mostrar la nueva imagen en Primera División, a partir de 1992, fue Independiente de Avellaneda. Lo curioso es que mucho antes de que el Rojo empezara a utilizar el moderno template, Platense lo venía haciendo pero a través de una copia bastante berreta de la firma nacional Taiyo, experta en esto de truchar modelos de adidas. Aquí la prueba, correspondiente a un partido de 1992, donde El Calamar le muestra a su rival cómo será más o menos su próxima camiseta (?).

Fuera de stock: Figuritas «Gran Match» y «Canchita»

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¿Los pibes de ahora se imaginarán al Gordo de Lost jugando para Olimpo? ¿Y a Ben 10 con la camiseta de Banfield? ¿Y a Batman con la de San Lorenzo? ¿Y a Micky Vainilla con la de Gimnasia de Jujuy? Probablemente no, porque están entretenidos viendo si entrega o no la de Sueña Conmigo (?), pero en los 80’s algo así era posible gracias a una serie de figuritas que combinaba dos pasiones (?): los personajes de la TV y el fútbol.

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Gran Match

Transcurría 1981 cuando los niños descubrieron que en los kioscos vendían unas figuritas que se destacaban por ser, como mínimo, diferentes al resto. El álbum de «Gran Match de los súper famosos» era un rectángulo de papel con forma de cancha de fútbol y encima de ella había que armar un partido pegando los jugadores de dos equipos, previo recortado y engomado (?).

Lo curioso del caso era que se podía elegir entre varios clubes que participaban del torneo Nacional (y algunos infiltrados), de manera que cualquier pibe del interior se podía sentir más cerca de eso que muchas veces no veía ni en figuritas. Eso sí, nada de jugadores reales. Los protagonistas eran personajes de series, películas, historietas y dibujos animados, realizados por el reconocido ilustrador argentino Félix Saborido, que incluso tenía a su cargo la comprometida tarea (?) de seleccionarlos y repartirlos. De esa manera pudimos ver a Kirchner Lupín, Isidoro Cañones y Obelix con la pilcha de Independiente; Ironman, Ñancul y el Correcaminos con la de Vélez; Popeye, el Gallo Claudio y el increíble Hulk con la de River; y el Sargento García en San Lorenzo de Mar del Plata (?), entre otros.

La elección de los equipos para completar el álbum era totalmente libre, pero había una clara tendencia de los niños a escoger a Boca y al Deportivo Roca como rivales, ya que ambos aparecían en el reverso, en una especie de fixture orientativo. Además de los tradicionales conjuntos de Primera División, estaban Chaco For Ever, Cipolletti de Río Negro, Loma Negra de Olavarría, San Martín de Mendoza, Estudiantes de Santiago del Estero, Sportivo Desamparados de San Juan, Guaraní Antonio Franco de Misiones y muchos más. Clubes y jugadores había a patadas, si incluso estaba All Boys de La Pampa (que nunca jugó el Nacional) con su gran estrella, Kung Fu.

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Canchita

La secuencia se repetía año tras año, empezaban las clases en marzo y aparecía un tipo en la puerta del colegio a regalar figuritas «Gran Match» (el mismo tipo que según las madres regalaba droga). Hasta que a mediados de los 80’s el álbum se modernizó, pasó a llamarse «Canchita» (Conchita no daba), cambió el formato, las figuritas dejaron de pegarse paradas y ya no había necesidad de recortarlas.

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Algunos jugadores, además, cambiaron de equipo y hasta de posición dentro del campo de juego. El inolvidable Minguito, por ejemplo, había sido delantero de Boca en «Gran Match» pero luego se convirtió en arquero de Gimnasia…y seguro termeaba menos que el Gato Sessa (?).

La figurita más difícil, increíblemente, era la del referí, Frankestein, por el que cualquier niño podía dar la vida…o 200 figuritas, que es más o menos lo que cuesta la vida de un pendejo (?). Luego, en otras reediciones de esta maravilla, la más complicada de conseguir pasó a ser la de Diego Maradona, que hacia fines de los 80’s, cuando las fotocopiadoras color ya eran una realidad, se convirtió en un artículo de primera necesidad en la canasta básica de la falsificación escolar (?).

Y después de llenarlo, ¿qué? ¿la gloria? Algo así, pero el premio no era acorde a la satisfacción de haber conseguido todas. Por haber completado el álbum de «Gran Match» daban un estadio o una pista (!) para jugar con las figuritas. Con «Canchita» apenas una pelota número 5, aunque también durante el largo proceso de juntar las figus podían tocar premios importantísimos dentro del paquete, como un vale por una pistolita de agua (?). Ahora no conformás a un pibe ni con un 22 corto (?). En fin.

Juntar figuritas fue también, en los 80’s, una manera de despertar el espíritu futbolero, conociendo equipos del Torneo Nacional, identificándolos con sus colores y sus respectivas provincias. Y a lo mejor creer que Snoopy la rompía atajando en San Martín de Mendoza era más sano que saber cuánto pesa Cristiano Ronaldo.