Gradito César

Cesar Luis Gradito

La Baldosa es servicio (?). Así que, estimado lector, si querés escaparte del país, el homenajeado de hoy puede ser nuestro guía hacia lavar copas en Miami El Sueño Americano. Llevándonos en el viaje por Yucatán, para sacarnos una foto en la pirámide de Chichén Itzá. Luego a Chiapas, donde jugaremos un partido ante el equipo del Subcomandante Marcos. Después al DF para visitar el museo de Frida Kahlo (?) y, lo más importante, en Tijuana se chamuyará a los oficiales de la Migra mientras nosotros cruzamos el paredón y corremos enfundados en nuestra remera baldosera. ¿Querés conocer mejor al tipo que nos ayudará a ser Espaldas Mojadas? Acá esta su ficha.

Lateral derecho o volante central, abrió sus ojitos al mundo el primer día de 1979. Se formó en el Club Carlos Paz y luego recaló en Talleres de Córdoba, donde debutó de la mano de Humberto Zuccarelli en el Nacional B 1997/98. En ese torneo completó una decena de partidos y festejó el ascenso con Ricardo Gareca como DT. Sin embargo, en Primera División sólo estuvo en la guía de Clarín el banco de suplentes en dos partidos y aceptó volver al Nacional B para defender a Tigre en la temporada 99/00. En El Matador se presentó con un gol a Central Córdoba pero, poco a poco, Ricky Villa lo fue condenando al ostracismo.

Para saldar constantes deudas, su ficha cayó en manos del representante Carlos Granero, quién lo indujo en la riesgosa aventura de recorrer el México profundo (?). Su primer destino fue el desaparecido Astros de Ciudad Juárez de Tercera División, donde: “Hasta que cobré mi primer sueldo andaba seco, tuve que robar fruta para comer porque me mandaron en colectivo hasta Ciudad Juárez y estaba como a 26 horas del DF”. Llegó a la final por el ascenso en la que cayeron derrotados ante Atlético Cihuatlán, quienes lo invitaron a sumarse al plantel para afrontar el torneo de Segunda División. Se mantuvo en esa categoría cuando un año después pasó al desaparecido Jaguares de Tapachula, filial del homónimo de Chiapas.

Por su aceptable rendimiento, pero básicamente por haber jurado la constitución mexicana y no ocupar cupo de extranjero, el Atlas de Guadalajara lo sumó a su plantilla en 2004. Tras un fantasmal paso de doce meses en la División de Honor, fue cedido al equipo filial, Académicos de Tonalá de la División de Ascenso. Al año volvió al equipo principal, pero ya no sabían donde meterlo. Así y todo, jugó algunos partidos de donde se desprende la alta cotización de su camiseta y consiguió que Nicolás Olivera, Andrés Guardado, Reinaldo Navia y Denis Caniza lo acepten en Facebook.

Llegó para la temporada 2007/08 al Dorados de Sinaloa de la B, equipo que vio a grandes baldoseros en sus filas. Pondríamos sus nombres pero no tenemos tanto tiempo. Se mantuvo en el under mariachi desfilando por los planteles de Club Tijuana, Xolitzcuintles, Estudiantes Tecos y Correcaminos.

A mitad de 2011, Gradito volvió a su tierra natal para jugar el Argentino A en Racing de Córdoba. Si bien no consiguió el ascenso, dejó su huella en un clásico ante Talleres, cuando en una gloriosa gresca junto a 8 compañeros ajusticiaron al árbitro y a policías por igual. Esto les valió a todos los implicados 10 días de cárcel y 4 partidos de suspensión… Si señores, porque en la tierra del tequila, además de endurecer el paladar y mejorar las sumergidas en picada, se aprende lo mejor de Julio César Chávez, José Pipino Cuevas y Blue Demon Jr.

Argentinos Juniors con números dorados 2008

Aunque la remera de Katarro Vandáliko mostrada por el Papu Gómez se robe la imagen (?), nosotros nos ocupamos de los números dorados que encandilan desde el margen izquierdo en la camiseta de Argentinos Juniors.

El Bicho estrenó esa fea numeración en el segundo semestre de 2008, cuando dejó de usar Signia y su indumentaria pasó a manos de Diadora.

Después de una derrota ante Racing en el estadio Diego Armando Maradona, los números dorados dejaron de ser simpáticos y para la fecha siguiente regresaron a los blancos, como marca su historia.

Tambussi Leonardo

Leonardo Gabriel Tambussi

Su canonización pagaba dos mangos: era considerado el defensor del futuro y la mayor promesa de Racing Club de Avellaneda de principios de milenio. Exhibía un representante/consejero sólo comparable al de Adrián Guillermo, jugaba con la camiseta número 31 y poseía un hermano menor baldosero. Un tipo verdaderamente completo (?).

Leo Tambussi, a él nos referimos, abandonó su Mar del Plata natal siendo apenas un adolescente y consiguió una cucheta en el predio Tita Matiuzzi, lugar donde residían los duendes académicos (?). No se sabe si fue Gustavo Costas o Humberto Maschio quien decidió mandarlo a la cancha promediando el Clausura 2000, cuando reemplazó a Sergio Zanetti en un empate con Rosario Central.

Se afianzó como zaguero central recién al siguiente torneo, donde dejó su huella en un empate ante Estudiantes: apenas comenzado el encuentro, Tito Pompei envió un pelotazo que dejó pasar Úbeda y le quedó a Leo, quien estando solo no rechazó, dudó y le terminó cometiendo un penal infantil a Farías. El reloj indicaba apenas 1 minuto de juego cuando el mismo Tecla convirtió el gol. A la postre y en un hecho casi inédito, Manuel Neira marcó la igualdad final.

Comenzó el Clausura 2001 como titular y referente del fondo, ya que contaba con toda la confianza del recién asumido Mostaza Merlo. Sin embargo, fue separado del plantel tras la octava fecha luego de que su representante, Isidoro Giménez, le aconsejara no firmar su primer contrato y quedarse con el pase en su poder. Este hecho fue el comienzo del fin de su promisoria carrera.

La situación finalmente se resolvió a favor del club por el convenio colectivo de trabajo, que dictaba que un juvenil debía aceptar automáticamente el 60 % del contrato mejor pago del plantel. A todo esto, Tambussi ya se había perdido lo mejor que le podía pasar a cualquier joven futbolista argentino por aquellos tiempos: integrar la lista de la Selección Sub 20 que ganó el Mundial de la categoría en nuestro país y, por sobre todo, aparecer en la histórica foto del Racing campeón después de 35 años. Todo unos visionarios, tanto él como su apoderado…

Regresó al plantel en enero de 2002, donde recibió, además de la indiferencia de sus compañeros, un intimidante “Bienvenido, traidor” de parte de Jaimito, el capo de la barra brava académica. Con poco crédito, en el Clausura sólo jugó en la última jornada y debido a los constantes abucheos fue reemplazado en el entretiempo. Eso si, en el Apertura siguiente disputó 2 partidos como titular pero, precavido, a millones de kilómetros de distancia del Cilindro (?).

Pasó seis meses a préstamo a Arsenal, donde por rotura de ligamentos ni siquiera debutó y luego regresó a Racing para desnutrir a la reserva. De la mano del Pato Fillol tuvo un breve regreso al primer equipo durante el Clausura 2004 y arrancó como titular el Apertura de ese mismo año, pero salió del equipo tras la 5° fecha cuando tuvo desplazamiento de clavícula tras chocar con Maxi López. La última vez que se lo vio en Primera División fue en el Clausura 2005, donde totalizó 31 minutos basura en 2 encuentros de relleno. Sus números finales son: 49 partidos y tres tarjetas rojas. Una trayectoria anoréxica para quien se vislumbraba como el nuevo Gustavo Costas.

A mediados de 2005, cuando ya nadie quería hacerle firmar ningún contrato, Tambussi por fin consiguió el tan postergado sueño del pase propio. Y ahí, siendo el dueño de su destino, primero logró un préstamo semestral en Dorados de Sinaloa y luego otro, también semestral, en Dorados de Tijuana, equipos que obviamente no le compraron el pase ni prolongaron la cesión. El defensor luego cruzó el océano para meter 4 partidos en 2 años con la camiseta del Boavista y luego 13 patidos en doce meses con la remera del Portimonense de Segunda División.

A mediados de 2009, Leo Tambussi regresó al país para darle un salto de calidad a la defensa de Desamparados de San Juan del Argentino A, pero este paso fue tan pobre que el equipo cuyano le rescindió el contrato al finalizar la primera rueda. En enero de 2010 volvió a su ciudad natal y se unió a Alvarado, donde además de a Junior Ischia, Gabriel Christovao, Celso Esquivel, Roberto Cornejo y Gastón Ervitti, conoció el sabor de la vuelta olímpica al derrotar a Deportivo Roca en la interminable final del Argentino B 2011/2012.

No sabemos si El Torito finalmente le adquirió el pase, ni tampoco qué hubiese sido de su carrera si no se hubiera puesto en rebeldía con Blanquiceleste S. A., tal como hizo el otro pichón en su misma situación… un tal Diego Alberto Milito. ¿El futuro ya llegó?