Talleres «Córdoba 78» 1976

En 1976 Talleres de Córdoba encontró un motivo más para, fiel a su costumbre, innovar en el rubro indumentaria. Fue así como, dos años antes de Argentina 1978, La T mostró en su camiseta alternativa un emblema alusivo a La Docta como sede del Campeonato del Mundo.

La casaca adidas con el gran escudo de Córdoba ’78 no es muy recordada, pero realmente existió y llegó a usarse oficialmente. Aquí la prueba.

Gracias a Juan Imborrable

Carrizo Juan Carlos

Juan Carlos Carrizo

Llegó a la Capital Federal proveniente de su Tucumán natal para jugar en las divisiones inferiores de Argentinos Juniors. En el Bicho se destacó y de ahí pasó a San Lorenzo, donde se convirtió rápidamente en una de las promesas más interesantes de la cantera azulgrana.

Con la categoría 1987 del Cuervo, el mediocampista con llegada al ataque la rompió en un torneo disputado en 2005 en Uruguay. Ahí lo vieron emisarios del PSV Eindhoven holandés, que, ni lerdos ni perezosos, le ofrecieron una prueba. El pibe armó su bolsito, llegó a la tierra de las putas y la falopa legal y cumplió, porque el PSV desembolsó algo más de dos millones de dólares para quedarse con su pase como una apuesta a futuro.

Después de jugar algún tiempo en la Reserva del equipo holandés, y sin espacio en el plantel principal, Carrizo se sumó a préstamo al Elche español (2006/07), pero tampoco fue tenido en cuenta.

Barranca abajo, en 2007, ya con 20 años, regresó a la Argentina para incorporarse a Olimpo de Bahía Blanca (2007/08), que por aquel entonces era dirigido por Guillermo Rivarola. Debutó en la tercera fecha, en la victoria por 1 a 0 ante Arsenal de Sarandí, y compartió la mitad de la cancha con Diego Barrado, Rogelio Martínez y Matute Morales y, a decir verdad, anduvo bien.

Volvió a actuar ante Lanús y Rosario Central, pero no rindió, el técnico lo borró y los malos resultados del equipo terminaron por comerse a Rivarola, que dejó el club. La amnistía llegó de la mano de Gustavo Echaniz, técnico interino que lo puso un rato ante Huracán, pero su nivel fue muy pobre otra vez. Ya con Roberto Saporiti como entrenador jugó ante Colón y Estudiantes y no desentonó, lo que le dio un poco más de aire. En el Clausura 2008, ante Racing y Vélez sumó sus últimas presentaciones olvidables con el equipo de Bahía Blanca. Le rescindieron el contrato y volvió a Holanda para también desvincularse definitivamente del PSV Eindhoven.

A mediados de 2008 regresó a su vieja casa, Argentinos Juniors. Según medios partidarios, el Bicho se quedó con el 50% de su pase y el pibe firmó un contrato por tres años. Jugó poco en Reserva y a mediados de 2009 apareció en el Huracán de Ángel Cappa. En el Globo debutó como titular en la segunda fecha, ante Newell’s, en la derrota por 1 a 0. Reapareció en la séptima jornada, en el triunfo por 3 a 1 ante Racing, cuando reemplazó a Gonzalo García. Ya con Héctor Rivoira, como DT, se despidió en la fecha 17 ante Banfield (derrota 1-0) cuando ingresó en lugar de Luciano Nieto. A fin de año, claro, lo dejaron libre por bajo rendimiento.

Después de varios meses de incertidumbre, en 2011 regresó a Tucumán para jugar en San Jorge de Las Breñas, que actualmente disputa el Torneo Argentino A. Hoy ya nadie espera que explote.

Marchetti a Boca 1979

Segundo semestre de 1979. Lo mejor del ciclo de Lorenzo había llegado a su fin al no haberle podido ganar a Olimpia de Paraguay en su propia cancha, lo que significó la pérdida de la Copa Libertadores a manos de los paraguayos. Parecía que comenzaría la renovación del ya veterano plantel Xeneize, y una de las chances concretas era la llegada de Víctor Rodolfo Marchetti, quien se iniciara River, en ese momento en Nacional de Montevideo. El delantero, con ganas de volver al país, confiaba en que la negociación llegara a buen puerto e incluso se dio el lujo (?) de posar con la camiseta de Boca (y con un par de pantalones impresentables). Pero el pase se cayó y el eximio cabeceador del fútbol argentino terminaría jugando en San Lorenzo, para después seguir su carrera en Rosario Central y Racing.

(Gracias Ale_Carro)

Especiales: los que llevan un futbolista como apodo

Por parecido físico, cualidades técnicas o simplemente por el capricho de un relator, varios jugadores deben convivir durante toda su carrera con un apodo que los emparenta con otro futbolista. Aquí algunos casos nacionales e internacionales.

Durante años y años, Darío Espínola fue lo más parecido a un lateral brasileño en nuestro país. No por su recorrido en la banda derecha, sino por su apodo: «Cafú», en honor Marcos Evangelista de Moraes, el primer jugador en disputar de forma consecutiva tres finales de Copa del Mundo.

Otro que debió cargar con el apellido de un grande fue el boliviano Erwin Sánchez, conocido mundialmente como «Platini». Su juego atildado y elegante lo linkeó directamente con el astro francés. Y hay que decirlo, llevó el apodo con bastante dignidad.

Gabriel Batistuta fue un jugador que, sin proponérselo, le trasladó su sobrenombre a otros delanteros con características similares. Adrián Aranda, José María Kesseler y Joaquín Larrivey, entre otros, han sido bautizados como «El Bati».

Un poco más humilde es lo de Ramón «Wanchope» Ábila, delantero de Sarmiento de Junín al que llamaron de esa manera por su similitud con Paulo Wanchope, el ex atacante de la selección de Costa Rica.

Cuando José «Zlatan» Fernández llegó este año a Argentinos Juniors, algunos creyeron que nuestro fútbol empezaría a disfrutar de las mágicas jugadas de Zlatan Ibrahimović, o al menos de sus imitaciones. Cuando el peruano se rompió en la segunda fecha del Torneo Inicial, muchos comprendieron que, antes que el apodo, pesaba mucho más su segundo apellido: Piedra.

En el arco también pasa

Es muy frecuente que los arqueros elijan ese puesto desde niños, ganándose muchas veces el mote del ídolo del momento. Es así como en la Argentina abundan los número 1 apodados «Pato», «Loco» o «Mono», por lógica referencia a Fillol, Gatti y N*varro M*ntoya. ¿Pero qué hay de los que llevan un apellido como sobrenombre?

En nuestro país, Jorge «Dida» de Olivera es un caso. Lo bautizaron así en las inferiores de Nueva Chicago, por su parecido físico a Nélson de Jesus e Silva, el brasileño que durante una década ocupó el arco del Milan de Italia.

Ocurre lo mismo con Róbinson Zapata, el portero colombiano que pasó por Rosario Central, Independiente y Belgrano de Córdoba. Le dicen «Rufay» porque su espejo siempre fue Peter Rufai, el arquero nigeriano que participó de los mundiales de 1994 y 1998.

Son iguales, pero más chiquitos

También existen aquellos futbolistas que reciben el apellido de otro, pero en diminutivo. Los casos más emblemáticos son los de Hernán «Valdanito» Crespo y Santiago «Saviolita» Biglieri.

Desde sus inicios, Crespo fue muy parecido a Jorge Valdano, no sólo físicamente, sino también en su juego. Lo de Biglieri es similar, aunque ni por asomo pudo igualar la trayectoria de Javier Saviola. Hay apodos que condenan.