Volante ofensivo que seguramente nunca imaginó que se iba a poner la “10” de River Plate a los 18 años. Todo gracias al conflicto de los dirigentes con los futbolistas profesionales del club. Lo cierto es que el pibe nacido el 25 de enero de 1965 jugó un puñado de partidos en ese equipo del Metropolitano 1983 y hasta convirtió un gol, en el triunfo 2-1 ante Platense por la 4º fecha. Con la vuelta de los titulares, perdió mucho terreno y quedó libre en 1985. Curiosamente, recaló en Platense, donde no tuvo continuidad y se marchó como había llegado: en absoluto silencio. Fueron, en total, 7 partidos en la máxima categoría del fútbol argentino
Tuvo su paso por el ascenso jugando en el Sportivo Italiano (formó parte del plantel que subió a Primera en 1986 aunque no jugó ni un minuto) y Deportivo Morón, antes de partir hacia Chile, donde vistió las camisetas de Cobresal (1988, fue compañero de Iván Zamorano y Franklin Lobos, unos de «Los 33 de Atacama»), Magallanes (1989, en la Segunda División) y Palestino (1990).
Se acabó lo que se daba. El de ayer fue el último programa de En Una Baldosa por Rock & Pop, al menos en su formato diario y en vivo. Quisiéramos explicar los motivos, pero no los tenemos. El programa andaba bien y se escuchaba, eso es lo que nos da más bronca. La pasamos muy bien, noche tras noche, relatando historias, definiendo términos, poniendo la música que se nos antojaba. Si fuese por nosotros, hubiésemos seguido.
Gracias a todos por el aguante, quizás nos volvamos a encontrar pronto, en otro día, en otro horario o en otro lugar. Ahora sigan leyendo el blog, que es lo que más nos gusta hacer, después de contar billetes (?).
En agosto de 1995, mientras los demás equipos iniciaban obedientemente el Torneo Apertura, Boca Juniors se tomaba una de sus típicas licencias menemistas de la época y se iba a New Jersey para disputar una copa internacional. ¿La Intercontinental? ¿La Interamericana? ¿La Davis? No, El Xeneize se fue a los Estados Unidos a disputar la tan ansiada (?) Copa Parmalat ante el Benfica, el Parma y la Selección local.
Como ocurre siempre en estos casos, el motivo de la presencia fue meramente económico. Aunque, en esta ocasión, a Boca no le quedó ni un solo dólar. Sucede que con la participación del equipo de La Ribera en dicho torneo se destrabó el pase de Claudio Paul Caniggia, quién venía de jugar en el Benfica de Portugal, el rival de Boca en el partido inicial.
Tras vencer por penales a los lusitanos, El Xeneize se enfrentó al Parma de Italia en la gran final. Y ahí, claro, se exhibieron las notorias diferencias entre un equipo consolidado y otro de paso siempre errante y dubitativo. ¿El resultado? Contundente victoria del Parma por 3 a 1, con baile incluido.
Más allá del tanto de camerunés Alphonse Tchami para Boca, el encuentro es recordado por los goles del sueco Thomas Brolin y del búlgaro Hristo Stoichkov (2) quienes, tras marcar sus conquistas, saludaron de manera cordial a CFNM ¡con el riesgo que eso implica!
De más está decir que, a partir de ese momento, las carreras de las dos figuras internacionales se fueron a pique y nunca más volvieron a brillar. Hay gente a la que es preferible nunca saludar…
Eran otros tiempos para el fútbol peruano. La selección blanquirroja aún disfrutaba de la estela que se desprendía de su época dorada, esa que le permitió tener buena reputación en el mundo durante la década del 70. Ya para comienzos de 1982 el nivel individual y colectivo no era el mismo, pero estaba por delante el Mundial de España. En ese contexto se dio un amistoso de ribetes únicos. Aquí el recuerdo:
Para tratar de llegar en ritmo a la máxima cita, el seleccionado de Perú dirigido por el brasileño Tim (el mismo que condujo a Los Matadores de San Lorenzo en 1968) diagramó una gira internacional que dio su puntapié inicial en los Estados Unidos, el 4 de abril de 1982. Los sudamericanos arrastraban algunas bajas importantes, pero descansaban en la figura de Julio César Uribe, considerado en ese momento como el mejor jugador del continente, por detrás de Maradona y Zico.
¿El rival? El famoso Cosmos De Nueva York, equipo que por aquel entonces contaba con Giorgio Chinaglia, Carlos Alberto y el paraguayo Romerito como figuras. Sin embargo, no fueron las estrellas consagradas las que terminaron achicando a los peruanos, sino el crudo frío que envolvió aquel día al Giants Stadium: 2 grados.
Totalmente improvisada, ya que no había tenido en cuenta las bajas temperaturas, la delegación peruana se dio cuenta el mismo día de que no había viajado con la ropa adecuada. Las casacas rojas, para diferenciarse de las blancas del Cosmos, eran de mangas cortas. De camisetas térmicas ni hablar, todavía no se habían popularizado. ¿Solución? Medias y a la mierda (?). ¿Medias? ¿En los brazos? Sí, medias en los brazos, porque guantes no había. En realidad sí había dos pares de guantes, pero uno era para el arquero Quiroga y el otro para Uribe, que usaba la 10 en la espalda.
En el banco de suplentes, mientras tanto, también padecían la helada los suplentes y el cuerpo técnico, cuyos abrigos eran prácticamente inexistentes. Apenas conjuntos de gimnasia, toallones (?) y frazadas para combatir el frío. De terror.
Sobre el verde césped sintético, no obstante, los jugadores supieron sacarse el frío. Abrió la cuenta Romero para los locales y empató Uribe para Perú. Hasta ahí todo joya, pero enseguida la cosa se desniveló con un tanto del italiano Chinaglia. Con el 2 a 1 a favor, las figuras del elenco yanqui comenzaron a darle show a los espectadores.
Cuando se terminaba el primer tiempo, Romerito tiró un precioso caño, ingresó al área y fue cruzado de manera vehemente por el peruano Jaime Duarte. Parecía que todo seguía normalmente, mucho más cuando el defensor intentó ayudar al delantero a reincorporarse, pero en ese momento entró el ecuatoriano Chico Borja en escena y se pudrió todo. Agarrones, patadas, corridas y todo tipo de agresiones (muchas de ellas dirigidas al holandés Neeskens), que extrañamente se apagaron en unos pocos segundos.
Después de la gresca, el partido ya no fue el mismo. Los peruanos se olvidaron de jugar al fútbol y se terminaron comiendo un inolvidable 5 a 1. ¿Y qué querés? Si usaban las medias en los brazos.
Más allá de los pantalones amarillos, de un tono diferente al resto de la indumentaria, a simple vista no pareciera existir ninguna rareza en esta foto de Atlanta. Sin embargo, al hacer foco en la figura de Fernando Di Carlo nos damos cuenta de que El Tero tiene una camiseta distinta a la de sus compañeros, ya que el bastón central es azul y el logo de adidas está en blanco. Un pequeño detalle digno de Placard.
¿Qué tienen en común este arquero de las décadas del 50 y 60, Maxi Lopez y Leandro Grimi? Los últimos dos apellidos nos hacen pensar en una coincidencia que creemos propia de la globalización del siglo XXI, combinada con un hábil manejo comercial de parte de sus apoderados. Pero… ¿esto también podía pasar hace más de 50 años, cuando no existía el marketing ni los videos con ediciones mágicas? Sí, podía pasar. De hecho, pasó.
Nacido el 16 de abril de 1934 en Coronel Suárez, comenzó su carrera en Sportivo Dock Sud (1953- 58), jugando luego en Tigre (1959), ambos en la vieja Primera B. Como en el Matador era suplente de Osvaldo Toriani, los dirigentes decidieron sacárselo de encima, y se lo vendieron… ¡al Barcelona!. Dos temporadas en Catalunya le alcanzaron para conocer La Sagrada Familia, bañarse en las aguas del Mediterráneo y ver como atajaba Antoni Ramallets, histórico guardameta del equipo culé. Su marca en España fueron 4 partidos por liga y uno por la Copa de Ferias.
En 1961 se incorporó a River Plate donde estuvo 3 años sin jugar oficialmente, tapado por Amadeo Carrizo y Rogelio Domínguez. En 1964 fue cedido a préstamo a Rosario Central, pero tampoco tuvo actividad, pues el titular Edgardo Andrada no faltó a ningún partido. Un año más tarde, volvió al ascenso. Primero se reincorporó a Dock Sud (1965) y luego pasó al Deportivo Morón (1966).
Sin dudas, el mejor momento de su carrera lo alcanzó en Colombia, con los colores del Deportes Quindío (1967-69), donde por fin se ganaría la titularidad y adquiriría reputación como atajador de penales. Culminó su carrera en Ecuador, donde formó parte del otro Barcelona (jugó algunos partidos en 1968), Macará (1970), Olmedo (1971), y el glorioso Bonita F.C. (1973, fue jugador y técnico a la vez).
Medrano sumó a lo largo de sus días como arquero la nada despreciable suma de 11 equipos, en una época en la que cambiar de colores todos los años no era algo común. Y menos pasar directamente de un equipo del ascenso argentino a uno de los más importantes de Europa. Si él pudo hacerlo en la prehistoria del fútbol globalizado, ¿por qué no puede pasar ahora?. A Bazán Vera le gusta esto.