Pajurek Juan Carlos

Juan Carlos Pajurek

Nunca fue compañero de Britapaja. Hubiera hecho una buena dupla con Manusovich o Palma. Por suerte, perteneció a una generación anterior a Pajuelo, Pajón y Telechea. El chiste obvio se podría repetir hasta el cansancio. Pero este ex delantero, que podría haber sido recordado sólo por el apellido, quedó en la memoria del futbolero por otra cuestión algo más lamentable: esta es la historia de Juan Carlos “el que quebró a Islas” Pajurek.

Nacido en Córdoba el 31 de enero de 1966, arrancó en Unión San Vicente. Allí, debutó con 17 años por la Liga Cordobesa, ganando la clasificación al Nacional 1984, su primer torneo grande, donde su equipo no conoció la victoria, quedando último en su grupo. Sumando sus pasos por Los Naranjas, Racing de Córdoba (1986/87) y Estudiantes de La Plata (1987/88), disputó 20 partidos en Primera División, marcando 4 tantos.

También jugó en España, El Salvador y Venezuela. De todos se llevó un recuerdo imborrable. En Europa, se lesionó gravemente. En Centroamérica, además de pasar fugazmente por el Deportivo Luis Ángel Firpo, vivió duros momentos: «Me decían que era un lugar bárbaro, que me iban a pagar bien. Si bien había buena gente, fueron dos meses duros, no me adapté. Era la época de la guerrilla: por ahí en la calle estaban los militares atrincherados y por las dudas te apuntaban. Se cortaba la luz, el agua… Una vez fuimos a jugar a Washington con una delegación de 25 personas y ocho decidieron quedarse como ilegales». En la tierra de Hugo Chávez y Catherine Fulop jugó en el Deportivo Táchira (1988/89), con el que disputó la Copa Libertadores, en la que llegó a marcar un tanto que no alcanzó para evitar la eliminación en primera ronda tras 2 empates y 4 derrotas, y en el Caracas FC (1990/91). Aquella vez, le tocó vivir de cerca el Caracazo, una serie de protestas del pueblo venezolano que dejó alrededor de 300 muertos y miles de heridos.

Volvió al país para jugar en Defensa y Justicia (1991/92). Una campaña mediocre en el Nacional B y poca participación para Pajurek. Es que las lesiones pudieron más, y a los 26 años le puso punto final a su carrera: “Luché contra un tobillo dos años”, relató años después, “pero no pude. Ya había puesto un videoclub, así que viví de eso”. Noventosidad a pleno.

Su momento de gloria (?) lo vivió el 26 de Octubre de 1986, en Avellaneda. Él mismo lo contó así: «Me tira un pase Chaparro, cuando Islas me sale trato de saltarlo, chocamos y al caer sentí el ruido y pensé que era yo… El sale fuerte, con una pierna adelante. Sus compañeros le pedían la roja al árbitro, que les contestó: «Cállense, que si tengo que echar a uno es al de ustedes, y cobrar penal».

El choque trajo secuelas importantes: para Luisito, rotura de tibia y peroné y seis meses de parate. Para Paju, esguince de rodilla y tobillo y un mes sin jugar. El delantero no trascendió y apenas quedó en el recuerdo por aquella desgracia y por el manto de sospecha que Islas puso siempre respecto de la intencionalidad. “Yo intenté hablar con él y no quiso”, continúa el cordobés. “Fui a Buenos Aires, lo llamé, primero me trató mal pero quedamos en que la íbamos a terminar, que sólo había sido un choque. Y salió diciendo que un primo mío lo había llamado para disculparse por mis dichos. Mentira. Después siguió hablando, pero yo no quise tocar más el tema, pese a que algunos me decían que le hiciera juicio. Luego nos enfrentamos una vez en la cancha, yo en el Pincha: sólo nos insultamos.”

El tiempo pasó, Islas continuó su romance con Arzeno jugando varios años más, Pajurek se hizo cargo de un bar en un shopping de Córdoba y las cosas se calmaron… o no tanto. “Cuando estaba en la T, él solía pasar frente a mi bar y un día lo paré. No me reconoció. «Te pido que no me nombres más», le dije. «Yo pienso que vos me rompiste y voy a seguir diciéndolo», respondió. «Seguí, pero yo no me callo más», contesté. Es que seguía hablando, entonces no me quedan dudas de que no está bien. Una vez acá le robaron y salió diciendo que dos cordobeses lo habían cagado, el ladrón y yo. Yo ya tengo hijos y no es lindo que te comparen con un chorro.”

La versión del ex arquero es un poco diferente: “Aquel choque con Pajurek fue tremendo, y por la doble fractura de tibia y peroné que me produjo pensé que no volvería a jugar. También me dolió que el tipo nunca me haya llamado ni para preguntarme cómo estaba. Una vez me lo crucé en un shopping de Córdoba cuando yo estaba en Talleres y nos saludamos fríamente, pero ya había pasado demasiado tiempo y no valía la pena revolver la basura”.

¿Ganador? (?)

El no gol de Bustos contra Racing (2008)

Tuvo en sus pies la posibilidad de mandar a un grande al descenso o, por lo menos, hacerlo sufrir más de la cuenta. Sin embargo, desperdició de forma increíble una inmejorable chance que quizás le hubiera permitido subir a Primera y cotizarse individualmente. Con ustedes, Claudio Bustos y su gol errado contra Racing.

Una de las promociones más recordadas, entre equipos de Primera y de la B Nacional, es la que disputaron Racing Club de Avellaneda y Belgrano de Córdoba en el final de la temporada 2007/2008. No es que hayan brindado un nivel de juego excepcional, pero el morbo por ver a La Academia nuevamente a un paso del abismo nos anticipó lo que experimentaríamos, años más tarde, con River, San Lorenzo e Independiente.

Aquel conjunto dirigido por Juan Manuel Llop llegó bastante golpeado a la reválida con los cordobeses. La mala suerte lo había acompañado durante toda la vida todo el semestre y quedaba saber si el bajón anímico le permitiría hacerle frente a un equipo que llegaba desde una categoría inferior y sin nada que perder.

Los Piratas comandados por el siempre conservador Mario Gómez no eran una maravilla ni mucho menos. Habían entrado a la Promoción casi pidiendo permiso, ganando el último partido ante Defensa y Justicia y accediendo al 4º lugar de la tabla de posiciones por diferencia de gol. Muy lejos, además, de San Martín de Tucumán y Godoy Cruz, los clubes que habían ascendido de forma directa.

Ya en el primer choque de la repesca (?), en Córdoba, La Acadé demostró que, a pesar de sus limitaciones, tenía un nivel superior al de Belgrano. Por esas cosas del futbol y porque Racing es Racing, un mal rechazo del paraguayo Cáceres terminó sirviéndole el empate en bandeja a Matías Gigli. El encuentro terminó 1 a 1, dejando algunas perlitas, como el gol que erró el paraguayo Erwin Ávalos debajo del arco, acción opacada unos días más tarde por la jugada que hoy nos toca analizar.

El domingo 28 de junio de 2008 Racing y Belgrano volvieron a verse las caras en el Cilindro de Avellaneda. Al conjunto de Llop le alcanzaba sólo con empatar para mantener la categoría, pero también tenía toda la presión por ser el equipo más grande. Eso pareció sentirse entre los jugadores locales, que desde el arranque se vieron sorprendidos por los ataques cordobeses. A los 10 minutos Gigli no supo aprovechar la primera situación clara para el celeste y Racing respondió al toque con una buena combinación que terminó con el gol de Maxi Moralez. Uno a cero y a sufrir.

Todo lo que vino después fue un monólogo del team de Mario Gómez, que ese día fue al frente como no lo hizo el resto de su carrera (?). El travesaño, una pelota que picaba casi en la línea, otra que se iba por poquito afuera. Cualquier cosa salvaba ese día a La Academia. Y cuando decimos cualquier cosa, es cualquier cosa.

Volcado al ataque, pero sin desordenarse, Belgrano acorralaba cada vez más al local, que lo único que hacía era defenderse…y muy mal. Daba la sensación de que el empate iba a caer en cualquier momento. Y sí caía el empate, se venían 1 ó 2 goles más, eso se respiraba en el ambiente.

Corrían 24 minutos del segundo tiempo cuando el Pirata salió de contragolpe. Matías Suárez recibió la pelota en la mitad de cancha y puso un pase largo para la carrera de Claudio Bustos, que en cuestión de milésimas se encontró con la jugada de su vida.

El delantero escapó a espaldas de Cáceres y vio como el balón le quedó picando a la altura de la medialuna. Como la pelota tardaba en bajar y Martínez Gullota salía atolondrado a tapar el remate, Bustos ensayó una pirueta rara en el aire, que sin querer engañó al juvenil arquero. Wally pasó de largo como colectivo lleno y se chocó con su defensor. Entonces, ahí sí, a Bustos le quedó el gol servido.

Con el arco a su merced y sin marca (hasta Cáceres se había dado vuelta para no ver la tragedia), el jugador de Belgrano quedó de frente a miles de corazones en pausa y definió de zurda…pero le erró a la pelota. No sólo eso, sino que el pifie hizo rodar el balón hasta la línea de fondo. En un último intento, Bustos corrió para tratar de rectificarse, pero ya era en vano.

Un instante después, el ritmo cardíaco de varios hinchas académicos volvió a la normalidad y recién ahí se dieron cuenta de que el viento de la fortuna corría para otro lado. Todo lo que el equipo no había ligado en el torneo, lo ligó ese dia. Y si esa pelota no había entrado, entonces era la señal de que Racing se iba a quedar en Primera.

¿Qué fue de la vida de Claudio Bustos? Siguió jugando en Belgrano e incluso disputó otra Promoción ante Rosario Central. Hoy actúa en Atlético Sampacho de Río Cuarto, pero antes anduvo por Boca Unidos de Corrientes y Juventud Unidad Universitario de San Luis. Y ahí, en la tierra del WI-FI libre, también se preguntan cómo es que Bustos no la pudo conectar.

Roma 1 – Rosario Central 1 (1987)

En caracter de campeón del fútbol argentino, en junio de 1987 Rosario Central desembarcó en Los Ángeles para disputar la Copa de Oro, una competición amistosa de la que también formaron parte el Guadalajara y América de México; Dundee United de Escocia, Vasco da Gama de Brasil y la Roma de Italia.

Tras vencer a las Chivas y a los escoceses, el conjunto dirigido por Ángel Tulio Zof debió enfrentarse en semifinales a los tanos, que contaban con algunos jugadores de renombre como el polaco Boniek y el brasileño Dirceu.

El Patón Bauza abrió la cuenta para el Canalla en el primer tiempo, pero en el complemento igualó Bruno Conti para la Roma. ¿Cómo se definió el asunto? Con tiros desde el punto del penal. Y ahí, en esa instancia, la figura inesperada fue el arquero Sergio Protti, que había ingresado para reemplazar al Doctor Lanari. Con dos remates atajados, el pibe le terminó dando la victoria 5 a 4 a los argentinos, que accedieron a la final, donde se encontrarían al Vasco Da Gama.