Seattle Sounders 3 – Boca Juniors 0 (2010)

La patética gira estadounidense que el Boca Juniors del interino Roberto Pompei realizó en mayo de 2010, no dejó de sorprender por la gran cantidad de papelones suscitados, uno detrás del otro. Tras perder contra Los Angeles Galaxy en el primer encuentro, El Xeneize viajó hasta Seattle para enfrentar al Sounders, equipo franquicia de La Ciudad Esmeralda en la Major League Soccer.

Y ahí, en la tierra de Nirvana, Boca se encontró con un panorama que poco tenía que ver con la típica desesperanza y depresión que siempre nos muestra el Grunge. Para empezar, el Sounders jugaba en el majestoso Qwest Field que, ante la sorpresa de toda esta parte del planeta, se encontraba abarrotado por 67.000 ruidosos y pasionales seguidores que llevaron hasta bombos.

A los bifes, los pollos del Tito se comieron un baile de novela y un terrible peloteo, para finalmente caer derrotados por 3 a 0 con tantos del legendario ídolo local Roger Levesque, Pat Noonan y Michael Simons. Aquella noche, los espectros disfrazados de Azul y Oro fueron: Javi García; Ibarra, Ezequiel Muñoz, Sauro y Leandro Aguirre; Gastón Rossi (Araujo), Erbes, Luciano Monzón (Matías Giménez) y Jesús Méndez (Marín), Mouche y Viatri (Blandi). Aquella turba de descartes, pibes y suplentes no estuvo ni cerca de asustar al veterano arquero Kasey Keller.

Y si hablamos de veteranos y de ídolos, no podemos pasar por alto que aquella gira marcó los últimos pasos como futbolista de Hugo Benjamín Ibarra, a quien ya le había comunicado que no le iban a renovar el contrato pero que viajó a Seattle por una cortesía de Jorge Amor Ameal, El Hombre Que Vendió Al Mundo

Giunta a Zaragoza (1988)

Aunque parezca algo totalmente básico y elemental, siempre es bueno aclarar que hasta que no estés transpirando en bolas arriba de la mina que te gusta, nunca, pero nunca, debés obsequiarle algo. Ni ropa para un encuentro íntimo, ni un perfume sensual, ni exquisitos chocolates. Mucho menos un aguerrido volante central. Nada.

Por que, claro, siempre se corre el riesgo que la deseada ninfa en cuestión tome otros rumbos con los objetos regalados y uno se quede con una onerosa deuda en la tarjeta de crédito, amén de la lactosa acumulada. ¿Y entonces? Y entonces andá a cantarle a Gardel, papá… Eso, o algo parecido, fue lo que tuvo que hacer el empresario español Luis Oliver.

Este buen señor, allá por el año 1988, se presentó como candidato a la presidencia del Zaragoza y, para demostrar que sus intenciones eran serias, en una necia muestra de confianza ciega le compró la totalidad de la ficha de Blas Armando Giunta a San Lorenzo de Almagro.

Por supuesto, los comicios le dieron un duro revés al reciente propietario del volante, ya que José Ángel Zalba resulto electo nuevo mandamás de Los Maños. Y claro, además de tener que reconocer la derrota, Oliver debió suplicarle al nuevo presidente que integre al argentino al primer equipo para no perder nada del billete apostado…

Y así fue como Giunta estuvo en algunos entrenamientos del Zaragoza y, como vemos en la foto, hasta le llegó a preguntar; “Fiera ¿vomevatenéncuenta?” al técnico serbio Radomir Antic quien, a los pocos días y a instancias de la nueva directiva, lo mandó a entrenar a otro lado.

Un par de semanas después, el bueno de Oliver consiguió cederle su ficha al Real Murcia, donde Blas debutó el 1 de enero de 1989 y, para no perder la costumbre, se fue justamente expulsado. Así que, ya lo saben, el Zaragoza jamás compró a Blas Giunta. Lo hizo un ansioso y acaudalado señor que se quedó con las ganas de transpirar desnudo arriba de la tan deseada señorita…

Mitsuhide Oishi Tsuchida, el paragua (?)

Hoy en día es bastante común observar un futbolista de raza negra jugando para Italia o Alemania. También nos acostumbramos a ver, de vez en cuando, a la selección de Sabella integrada por algunos jugadores que no salieron de Estudiantes. Un horror (?). Pero allá en los años 80, cuando nada de esto era frecuente, Paraguay sorprendió al mundo con la incorporación de un hombre de piel amarilla. Con ustedes, la historia del Paragua Mitsuhide Tsuchida.

Hijo de padres japoneses, pero tan paraguayo como el tereré o la palabra lastimosamente, Mitsuhide nació en Pedro Juan Caballero allá por 1970 e hizo inferiores en Sport Colombia, institución por la que también pasó Nelson Cuevas, el hijo de Ña Tora.

Ya siendo muy pequeño, Tsuchida llamó la atención, no sólo por sus rasgos orientales, sino también por su talento, ese que rápidamente le hizo ganar una convocatoria al seleccionado juvenil paraguayo a finales de los 80’s.

Marcador central, aunque también mediocampista, en la Albirroja Tsuchida fue compañero de Gustavo Neffa, aquel ex Boca que se retiró para seguir la carrera de su esposa, la tenista Rossana de los Rios. Futuro esa selección tenía. Aunque baldosero, claro.

Debutó en la Primera División de 2 de Mayo, pero apenas una temporada más tarde se marchó a tierras niponas para tratar de progresar. En 1989 jugó para el Toa Kensetsu y después formó parte, durante dos años, del Fujita, de la segunda division de la JFL.

Pero claro, alguien tiene que llevar la tecnología de punta a Ciudad del Este (?), por eso Mitsuhide regresó a Paraguay con el bolso lleno y anduvo jugando en Cerro Corá e Independiente de Juan Pedro Caballero.

Ya para 1993, volvió a repetir el proceso y se fue a Japón para recargar radiograbadores, cámaras, filmadoras, computadoras, radios, televisores pilas. El Vantforet Kofu lo tuvo en sus filas durante varios años y luego pasó al Nirasaki Astros, el último club donde el paragua Tsuchida dio señales de vida. Lastimosamente.

Publicado en simultáneo con www.unmundialparaenunabaldosa.com

Andá a llorar a otra radio (?)

Agradecemos a los amigos de @octavoarteradio (www.radiolk.com.ar) por la nota que nos hicieron en su sección «Creadores de Radio», para hablar de aquel extinto programa intitulado En Una Baldosa.

Además, hacemos llegar nuestra preocupación, ya que aún no recibimos por escrito la propuesta prometida. Miren que ya está por terminar la primera quincena de septiembre y todavía no pagamos el cable (?).

Ring Ring Balvorín: Laciar Vs. Maradona

Santos Falucho Laciar es una gloria del boxeo argentino. Ganador del Olimpia de oro en tres años consecutivos, el cordobés de Huinca Renanco también fue tres veces campeón mundial de boxeo en épocas de pocos campeones y escasas entidades que repartieran cinturones. Hizo nada menos que dieciséis peleas de campeonato mundial, sus tres títulos los ganó en el exterior y además fue el primer boxeador argentino en consagrarse mundialmente en dos categorías diferentes (mosca y súper mosca). Un fenómeno.

El sábado 28 de marzo de 1981, Laciar tuvo su primera oportunidad mundialista en Soweto, Sudáfrica, ante el campeón Peter Moleko Mathebula, primer boxeador sudafricano de raza negra en alcanzar un título mundial. Soweto no era un lugar amigable, la pelea se disputó a las 16:45 de Sudáfrica (11:45 de Argentina) en el Orlando Stadium, ubicado en un barrio poblado exclusivamente por personas de raza negra. El horario no fue casual, la pelea se hizo por la tarde para que los blancos pudieran concurrir, ya que de noche no podían transitar por las calles.

Laciar, contra todos los pronósticos, se consagró campeón mundial mosca al vencer a Mathebula por nocaut técnico en siete asaltos, en un escenario completamente adverso en todo sentido.

Mientras tanto en Buenos Aires, el Boca de Marzolini seguramente concentraba en La Candela, esperando su enfrentamiento con el Newell’s de Juan Carlos Montes por la octava fecha del campeonato de primera división. En esa concentración plagada de figuras, imagino a Maradona comiéndose las uñas en soledad, prendido a la pantalla de Canal 11 (en blanco y negro), que ese sábado por la mañana, junto con radio Rivadavia, fueron los únicos medios que trajeron al país las incidencias del combate de Laciar en la lejana Soweto.

El Domingo, en La Bombonera, Boca y Newell’s jugaron un partidazo y empataron 2 a 2. Se puso en ventaja el xeneize con un gol de Brindisi; lo empató Yazalde de penal, y lo dio vuelta Cucurucho Santamaría. Finalmente Diego puso el empate de penal, faltando quince para el final.

La memoria de los argentinos suele fallar bastante, sobre todo cuando el protagonista principal de la historia exitosa ya no está en el candelero. Laciar, luego del retiro en 1990 y con una carrera profesional de más de cien peleas, volvió a la tranquilidad de Villa Carlos Paz y pasó casi al olvido, salvo para alguien que se ocupó de ser el invitado estelar de un particular homenaje.

El 4 de Abril de 1996, en Villa Carlos Paz y quince años después de la conquista en Sudáfrica, Laciar volvió a subir a un ring para hacer una exhibición de tres rounds con Diego Maradona. Hubo conferencia de prensa y pesaje como para darle un tono más profesional al asunto. Diego, luego de hacer mención de su admiración por Falucho y por el boxeo, fue sacado de tema y terminó hablando de Lanús, de Boca y de Passarella.

Para la pelea, Maradona subió vestido íntegramente con los colores de Boca. En aquella época estaba en pleno apogeo la indumentaria PUMA 10, una línea deportiva que había lanzado la empresa alemana relacionada directamente con Maradona. Guantes negros de muchas onzas como para que los golpes no fueran piñas, sino almohadazos; cabezal, gesto fiero y desafiante. Laciar con pantalón blanco y celeste, guantes celestes enormes y cabezal, con ese semblante bonachón que lo caracterizo siempre.

Diego sobre el ring mostró buenas condiciones, se notaba que sabía lo que estaba haciendo, disfrutó del homenaje a su manera y cruzó guantes con Laciar ante la atenta mirada del árbitro de la contienda, Miguel Torres del Sel (?). Una vez terminada la pelea, Diego dijo sobre Laciar : “Un capo, se aguantó todo lo que le tiré”. Sólo a Maradona se le puede ocurrir.

Declarado admirador de Monzón, tiene varias historias con el boxeo que valen la pena contar. Pero sobre todo es justo destacar aquel gesto para con Laciar, un campeón al que, según el Diez, le faltaba un merecido reconocimiento a su trayectoria. Son las cosas que hacen a Diego Maradona único e irrepetible.