Gutiérrez a Racing (1997)

Comenzaba 1997 y con él, una nueva ilusión de Racing, que buscaba quebrar la racha de 30 años sin títulos locales. Con ese objetivo en mente, el presidente Osvaldo Otero hacía todo lo posible para renovar el plantel…con un plan siniestro.

La Academia todavía tenía a Nacho González en el arco, pero igualmente la dirigencia estaba interesada en contratar a otro arquero para el semestre siguiente. Fue así como surgió el nombre de Marcos Gutiérrez, el 1 de Huracán. ¿Cómo sería la operación? Un quilombo.

El Globo se quedaría con los pases de Gustavo Chacoma y Martín Vilallonga, y a cambio cedería a La Anguila a los de Avellaneda. A su vez, el club de Parque Patricios asumiría la deuda que tenía Racing con el Toros Neza de México por Vilallonga y se daba por saldada la deuda por Claudio Marini. Estaba todo arreglado, salvo con los jugadores. ¿Y la guita? De eso mejor ni hablar (?).

A todo esto, Gutiérrez estaba por quedar libre en Huracán a mitad de año, así que no le convenía tanto pasar a Racing. Para colmo, por esos días de verano saldría en la tapa de la revista Gente, gracias a su romance con la actriz Graciela Borges. Subía su cotización (?).

¿Cómo terminó todo? No llegaron a un acuerdo y a mitad de año el arquero pasó al Toros Neza de México.

Montes Alberto

Eduardo Alberto Montes

Este planeta esta lleno de hechos incoherentes o absurdos: la hija de Shakespeare era analfabeta, Thomas Edison, inventor de la bombilla eléctrica, le tenía miedo a la oscuridad y el ferrocarril Roca, muy de vez en cuando, funciona con una demora menor a 15 minutos. El fútbol no es ajeno a estos acontecimientos que carecen de toda lógica, sino no se explica como Néstor Lorenzo jugó una final de un Mundial, el Ogro Fabbiani cobró un sueldo como futbolista profesional o un hombre que no sabía hablar inglés fue durante años vicepresidente de una gigantesca multinacional. A todos estos sucesos carentes de lógica y, por qué no, de justicia, se le puede agregar el Caso Montes (?), otra muestra de la mezcla de generosidad e incoherencia del noble deporte del balompìé.

Este arquero hizo su debut en Primera División el 28 de febrero de 1982, cuando River Plate visitó a Gimnasia de Jujuy. Montes tuvo una correcta actuación, respondiendo a la confianza otorgada por Alfredo Di Stéfano. Sin embargo, sólo se mantuvo en el arco Millonario por 3 partidos: el 7 de marzo, en el clásico, Boca le propinó cinco goles y ese fue el prematuro final para el guardameta en el club de Nuñez Belgrano, perdiendo el puesto a manos de Jorge Ferrero (el Pato Fillol estaba con el seleccionado que jugaría el Mundial’ 82).

En 1983 se marchó a Vélez Sarsfield, donde Pumpido era titular indiscutido. Las oportunidades fueron tan pocos que apenas disputó un partido y, en busca de continuidad, se marchó a Bolivia (estuvo en Universitario de Sucre). Cuando pegó la vuelta, lo hizo para jugar en San Telmo, Atlanta (ascendió al Nacional B en 1990, pero luego terminaría perdiendo el puesto a manos de Bernardo Ragg y descendiendo a la Primera B) y Defensa y Justicia. En 1998 su nombre volvió a aparecer en los diarios, cuando se lo mencionó como una conexión entre River y un club barrial para efectuar la transferecia de un pibe de ¡9 años!

A partir de 2005 se sumó a las divisiones inferiores del Millonario. Llegó 2012, Almeyda dejó la dirección técnica del equipo de Primera División y asumió Ramón Diaz. ¿Y qué tiene que ver esto? Que entre la gente que traía el Pelado no había ningún entrenador de arqueros. ¿Y quien ocupó ese lugar? Alberto Montes. El mismo sitio en el que alguna vez estuvieron mundialistas como Fillol y Roa, pero también ex porteros como Alejandro Saccone o Javier Sodero, lo ocupó entonces un tipo con un puñado de partidos (o menos que eso) en ese arco gigante. Un nuevo ejemplo de lo loco e irracional de este mundo.

San Martín de San Juan fosforescente (2002)

sanmartindesanjuanverdefosforescente

Extraña casaca la que estrenó San Martín de San Juan en abril de 2002, cuando transitaba la Primera B Nacional. La prenda, marca Reusch, llamaba la atención por el tono verde fosforescente de sus bastones, que se combinaban con los negros…¡y con los blancos! La camiseta, entonces, era tricolor, pareciéndose más a la de Villa Mitre que a la del propio verdinegro sanjuanino.

Para que quedara claro, por las dudas, en la parte inferior aparecía la leyenda SAN MARTÍN.

¿Cómo te dicen? Darío «El Loco» Franco

Mutilados en su masculinidad contra sus deseos sólo para complacer a las masas, los Castrati fueron unos populares cantantes que vivieron en Europa entre los años 1600 y 1800 D.C. ¿Cuál era la particularidad de estos artistas? Que de niños les habían cortado los testículos, sí, las bolitas, para preservar una envidiable voz aguda tanto de Soprano, como de Mezzosoprano o de Contralto (una por cada Castrati, eh). Y así se conseguía una infantil y angelical entonación en maduros hombres capados.

Claro que la ablación no era gratuita. Algunos Castrati -los que no optaron por morder la almohada- terminaron suicidándose en la plenitud de sus días mientras otros finalizaron sus vidas en oscuros manicomios medievales. Gritando, gesticulando y dando vueltas en círculos junto a otros enfermos mentales. Y todo por no poder preservar sus órganos reproductores como indica Dios La Bíblia la naturaleza…
Antes de Darío y del Pichi existió Farinelli, el más famoso Castrati que perdió la cordura…

Millones de años después (?) -mirando el televisor, cerveza en mano- casi todos los argentinos se preguntan con preocupación que es lo que lleva a Darío Franco a los límites de la cordura en su rol de director técnico de cualquier institución y a ser rotulado con el siempre ambiguo mote de: «Loco».

Algunos atribuyen esta conducta al ser uno de los descendientes directos de la, por alguna razón, desequilibrada “Escuela Bielsa”. Otros, pueden pensar que su actitud se debe al haber sido el único jugador argentino en la historia que acudió a un Mundial en el rol de “invitado por lástima”. Hay quienes sienten, con justa razón, que su endeblez emocional se debe a dirigir planteles de mierda… en fin, teorías hay muchas.

Lo más acertado para entender esta compleja personalidad, claro, fue algo que ocurrió el 12 de abril de 1992, cuando su equipo de entonces, Zaragoza, venció por 1 a 0 al Athletic de Bilbao en La Romareda. A los 75 minutos de juego, el bueno de Darío se tiró al piso para disputar una pelota y el volante vasco Eskurza le dio una caricia de doce tapones a su zona genital. Pese a todo, Franco jugó hasta la finalización del encuentro aunque, eso sí, con un leve ardor ahí abajo…

Enorme fue la sorpresa de los maños cuando, una vez en el vestuario, el médico del plantel le pidió al volante que se desvistiese para revisarlo. Y ahí, tras la eventual caída de un intenso charco de sangre y otros flujos corporales, quedó a la vista una dantesca escena digna de la época de los Castrati: un testículo asomado por un agujero del escroto y el otro directamente colgando varios centímetros con dirección al suelo.

El técnico del equipo -Víctor Fernández- vomitó y en el acto también se desmayaron sus compañeros Aguado y Gay, de quien no se esperaba otra cosa (?). A Franco se lo llevaron directamente a una clínica donde le pusieron, sin anestesia, diez puntos de sutura en las bolainas (?). Y algunos todavía se horrorizan por la patada que recibió del boliviano Marco Sandy

Pese a todo, Franco declaró que no vio mala intención en su agresor y manifestó que el próximo partido lo iba a jugar “aunque sea con un calzoncillo de plomo”. Para el final, dijo que la más preocupada era su señora esposa –temerosa por no poder asegurar su descendencia- y contó que recibió un llamado de Marcelo Bielsa quien le dijo: “Lo felicito, Darío. Acaba de inventar una nueva lesión en el fútbol. El corte en la bolsa del escroto”. Corte en la bolsa del escroto… como para volverse totalmente de la nuca y cantar Carmina Burana de manera afinada, mínimo.