Gustavo Giustozzi a Rayo Vallecano y Badajoz (1998/9)

Tras un par de años en buen nivel, a mediados de 1998 el volante central de Lanús, Gustavo Giustozzi, viajó a Europa para cumplir su sueño de mostrar todo su fútbol por el Viejo Continente. Del otro lado del charco lo esperaba un equipo de la Segunda División de España, el Rayo Vallecano, quien ya había acordado con El Granate los montos para la transferencia del querido Huevo

Una vez en La Madre Patria, Giustozzi se realizó los exámenes médicos de rigor y ahí la transferencia se vino abajo, tras detectársele una inusual anomalía en su torrente sanguíneo. Enfermo de bronca pero con la ilusión intacta, Giustozzi aceptó el convite de Marcelo Tinelli para sumarse al Badajoz, pero tras otro examen médico se le detectó una importante disminución en el número de plaquetas que obligó a la urgente extirpación del bazo del volante.

Un año después de aquellos acontecimientos y tras una dura rehabilitación en Lanús, El Huevo recibió una esperanzadora llamada de la dirigencia del Rayo Vallecano, quienes lo invitaban nuevamente a sumarse al primer equipo. De regreso en la capital española, Giustozzi arregló rápidamente sus números y hasta estuvo presente en el acto en que la Presidenta del Rayo, María Teresa Rivero, colocó por primera vez la popular Abeja de Rumasa en el centro de la camiseta del equipo de Vallecas. Todo muy lindo, pero…

A los pocos días, este nuevo pase también se vino abajo. Aunque en este caso por causas médicas desconocidas. De vuelta en la Argentina y mientras gastaba sus últimos cartuchos en equipos del ascenso, a Giustozzi se le manifestó el síndorme de Guillain Barré, que consiste en la autodestrucción del sistema inmunólogico, entre tantos otros síntomas.

Tras batallar cuatro años con esta cruel enfermedad, que hace perder la sensibilidad en todas las extremidades, Giustozzi se dio el gusto de volver a jugar al fútbol cuando en 2008 se unió a Almagro Florída de la Liga Marplatense. Hoy se encuentra totalmente recuperado y atiende una vinería en la popular calle Güemes de la Ciudad Feliz. ¡A escabiar, Huevo! ¡A escabiar!

Mal Pase: Bassedas a Francia ’98

Si nos retrotraemos a mayo de 1998 no podemos obviar la polémica por el corchazo que se pegó Yabrán (?) jugador número 22 de la lista de Passarella para el Mundial de Francia 98. Los candidatos en toda redacción, café y sauna eran tres: Christian Bassedas (presente en todo el ciclo y capitán en los Juegos Olímpicos de Atlanta 96) Hernán Díaz (kapanga del Kaiser en el River de los 90 y fija en la rueda final de las eliminatorias) y Claudio Caniggia (padre de los mellizos Alexander y Charlotte).

Con el correr de los días, y cual reality show, el técnico fue eliminado muñecos. Primero descartó al Pájaro y después a La Hormiga, quedando el lugar obvio para el ex volante de Vélez, que hasta en las figuritas salía.

Para sorpresa de la mayoría y fiel a su estilo, a último momento Passarella terminó burlándose de todos y convocó al experimentado delantero Abel Balbo (quién había renunciado a la selección en noviembre de 1996), pese a que en el plantel esperaban al jugador del Fortín. Son decisiones…

Publicado en simultáneo con www.unmundialparaenunabaldosa.com

Bottinelli: Reebok Men’s Soccer Shoes

En esta oportunidad vamos a recordar a aquellos primeros botines de la entonces firma inglesa (hoy Yankee) que se vieron masivamente por estas tierras.

Esos mismos calzados que engalanaron los pies del máximo referente de una etapa gris de nuestra Selección el cual, a través de sus goles e imagen, fue el principal fundamento para un acuerdo millonario entre la AFA y Reebok en 1996: Gabriel Omar Batistuta. Hoy, los Men’s Soccer Shoes.

Lanzamiento: A principios de 1992, cuando llegaron para reemplazar a aquellos anteriores modelos tan similares a las botitas de rugby.

Particularidad: Tanto la línea predecesora de este calzado como los dos modelos que le sucedieron tenían el mismo nombre: Men´s Soccer Shoes. En el Mundial ’94 se utilizaron dos modelos: uno clásico (el de Batistuta) y otro al que podríamos denominar de luxe (el de Salenko). Si bien cada uno de ellos era fácilmente reconocible a los ojos, en las casas de deportes sólo se diferenciaban por el código que cada empresa le asignaba en gana. Unos genios publicitarios los de Reebok…

Retiro del Mercado: fueron reemplazados en la época de la Copa América de Uruguay 1995, pero no se trató de una estrategia de marketing. En aquellos tiempos las empresas no miraban mucho para este lado. Solo fue una coincidencia…

Modelos Oficiales: Gabriel Batistuta, Ryan Giggs, Dennis Bergkamp, Martin Dahlin, Kenneth Andersson y, por supuesto, después se subieron a la fama que Oleg Salenko se ganó solito.

Calce, Estabilidad, Sensibilidad y Durabilidadad: No sé, nunca me los puse (Que van a mandar, que van a mandar…).

La de Cal: Gabriel Batistuta se convirtió en Hombre Reebok y usó por primera vez estos botines en la temporada 1993/94, año en el que su equipo, Fiorentina, se encontraba en la Serie B.

A partir de ese momento, El Bati comenzó a ganar fama mundial como goleador serial, salió campeón de la Segunda División italiana y, con 16 tantos, se ubicó tercero en la tabla de artilleros de ese campeonato, detrás de Massimo Agostini (Ancona) y Oliver Bierhoff (Ascoli).

La firma Reebok se hizo muy popular en el país y sus botines –al igual que la extinta remera Viola de los de Florencia- comenzaron a proliferar tanto en las canchitas como en los campos semi profesionales. Esto permitió la rubrica de un contrato de 80 millones de dólares entre la empresa y Grondona para equipar a las selecciones Argentinas durante el periodo 1999 – 2006. Y todo comenzó con los ojos verdes del Bati

Sin embargo, quien ganó todavía más fama y se convirtió directamente en leyenda fue el delantero ruso Oleg Salenko, quien comenzó el Mundial ’94 como suplente y con 6 tantos en 3 partidos se hizo acreedor al Botín de Oro de esa copa (galardón compartido con el búlgaro Hristo Stoitchkov). Además, el cosaco ostenta otros dos récords: único jugador en ser goleador de un Mundial siendo eliminado en Primera Ronda y mayor cantidad de tantos anotados en un mismo partido ¿Quién no recuerda sus cinco goles ante Camerún? Y todo, gracias a Reebok (?)…

La de Sand: el popular acuerdo entre la AFA y Reebok murió a fines de 2001, cuando Adidas adquirió el contrato por 10 millones de dólares anuales hasta el año 2006. Aunque en su momento el enroque de indumentarias fue ampliamente festejado, el cabulero promedio nacional no dejó de sentirse amenazado por este cambio en el equipo de Bielsa, que nunca más volvió a jugar como hasta entonces. Además, los botines Reebok no pegaron mucho entre los futbolistas, siendo sólo Adrián Guillermo la única estrella nacional a futuro cooptada…

Pero ojo, que El Escobillón no fue el único jugador arruinado por los Reebok (?). Una vez transformado en una celebridad mundial, el ruso Oleg Salenko no volvió a tener, ni por asomo, el mismo nivel que mostró en USA ´94.

Tras el Mundial, Salenkito pasó luciendo pena por el Valencia de España (1994/95), por el Glasgow Rangers de Escocia (1995), por el Istanbulspor de Turquía (1996/98), por el Córdoba de la Segunda de España (1999/00) y por el Pogon Szczecin de Polonia (2000/01).

Durante esos siete años lució sus botines Reebok en menos de 75 partidos, donde anotó 25 goles. Además, sufrió 4 operaciones en sus piernas ¿Algo más? Si, nunca volvió a jugar para la Selección de Rusia donde, sorprendentemente, apenas disputó 8 partidos y sólo marcó esos 6 goles en el Mundial…

Tras pasar por el Fútbol Playa, Salenko volvió a ser novedad a mediados de 2010, cuando la crisis económica, el divorcio y una vida bien vivida lo llevaron a la imperiosa necesidad de vender su Botín de Oro. Tras rechazar una oferta de medio millón de dólares de un jeque árabe, el ex delantero recibió un subsidio de la Federación rusa y hasta le dieron laburo como analista en la televisión. De momento pudo mantener el Botín de Oro, pero intuimos que eso no le alcanzó para parar la olla…

Aguirre Marcelo

Eduardo Marcelo Aguirre Biscaldi (La Pulga)

La vida -eso que ocurre mientras Olimpo sube y baja de categorías- termina desencantándonos en aquellos lugares donde, tanto por seguridad como por comodidad, siempre nos sentíamos impunes ¿Quién no fue abandonado por una novia que nos juró amor eterno? ¿A cuántos nos rajaron de un laburo del cual, decían, éramos pieza fundamental? ¿A cuantos nos puteó una platea que aparentaba amarnos mientras nos cagaba a piedrazos? ¿Ah no? ¿Eso no? ¿A ninguno? Bueno, a Marcelo La Pulga Aguirre si. Y encima en dos ocasiones.

Nacido en Victoria, provincia de Entre Ríos, desde purrete renegó de su primer nombre: “Díganme Marcelo” aclaró en todos los planteles que integró. Llegó a Rosario Central con 12 años recién cumplidos y debutó una década después, en aquel histórico triunfo 4 a 0 sobre Lanús por el Apertura 2005. Pese a ser volante de creación, Cuffaro Russo lo improvisó como lateral derecho y Aguirre cumplió una correcta labor junto a los también debutantes Juan Grabowski, Federico Pallaro, Andrés Imp*riale y Gonzalo de Porras ¿La buena? Fue el regalo ideal el día para su cumpleaños número 22 ¿La mala? Nunca más jugó en la Primera División de nuestro país.

Un año después y con el pase en su poder, Aguirre recibió la ayuda del siempre caritativo Ronald Raldes, quien hizo gala de sus poderes místicos y le consiguió un lugar en Oriente Petrolero. Tras un breve periodo de adaptación, La Pulga se convirtió en uno de los baluartes de aquel equipo que realizó buenas campañas dirigido por Vitamina Sánchez, entre otros. Encantados, los delirantes dirigentes lo declararon intransferible, le firmaron un contrato hasta 2013 ¡Y hasta comenzaron a tramitar su nacionalización para jugar en la selección altiplánica! Pero…

A punto de ser convocado y tras marcarle su primer gol al Blooming, Aguirre no tuvo mejor idea que sacarse una foto con una gallina pintada de celeste, lo cual le valió una suspensión de oficio por cuatro fechas y postergó su sueño de usar el manto del Diablo Etcheverry.

Al siguiente clásico convirtió de penal el 3 a 1 parcial ante La Academia y ahí se graduó de cabeza de termo al salir aleteando como el ave de corral antes mencionada. Por supuesto se fue expulsado. Pero la cosa no terminó ahí. Heridos en su orgullo, los jugadores rivales fueron a la Carga Barracas y lograron un heroico 3 a 3 en el último minuto, tras lo cúal 5 miembros del Blooming salieron eyectados hacía el vestuario de Oriente y ajusticiaron a La Pulga a pura piña y patada limpia. ¿Los agresores? El Gato Fernández, Alejandro Schiapparelli, Gualberto Mojica, el kinesiólogo Omar Mendieta y Gustavo Quinteros, a la postre técnico de la Selección de Bolivia. De esta manera, Aguirre le dijo adios a su sueño internacional además de recibir una sanción más dura por ser reincidente.

La última de sus travesuras (?) fue a mediados de 2009 cuando, junto a otros compañeros, molió a golpes y envió al hospital a un hincha del Blooming que había tirado piedras contra el micro de Oriente Petrolero. Aunque su club se hizo cargo de la recuperación del agredido, La Pulga declaró: «Ese tipo tuvo lo que se merecía. Con mis compañeros actuamos de la manera que correspondía«.

A mediados de 2010, el descendido Rosario Central solicitó sus servicios por consejo del embelesado Pablo Vitamina Sánchez y, a regañadientes, la dirigencia boliviana lo cedió a préstamo por un año con opción de compra. Acongojados, los hinchas refineros le manifestaron su cariño de todas las maneras posibles. Al llegar a Fisherton, Aguirre declaró con algo de rencor: «Es una revancha, seguro, no me lo esperaba y menos de Central, porque fue el club que me dejó libre. Pero gracias a eso también pude demostrar mi juego y lo que aprendí durante 10 años, y por suerte en Bolivia me fue muy bien».

En la Primera B Nacional, Aguirre apenas jugó 8 minutos ante la CAI y 15 contra Chacarita. Tras el despido de Mostaza Merlo y harto de ser agredido con insultos, escupidas y botellazos, la dirigencia Canalla le ofreció la rescición del contrato y La Pulga agarró con las dos manos. Volvió a Oriente Petrolero, pero el romance ya se había muerto. En un año y medio jugó poco, se lesionó seguido y exigió una mejora económica. Por su pobre rendimiento, los hinchas perdieron la paciencia y le manifestaron su descontento de todas las maneras posibles, incluídos los piedrazos. Cansados de estar cansados, los directivos le cancelaron el contrato en junio de 2012.

Con el ataúd de su idolatría a cuestas, en julio de 2012 volvió al país para jugar el Nacional B con Douglas Haig de Pergamino donde, por pobres actuaciones, se le rescindió el contrato en enero de 2013. Fue en ese momento crucial de su vida donde reapareció su siempre enamorado Pablo Vitamina Sánchez, ahora convertido en técnico de Deportes Concepción Universidad de Concepción, de la Segunda División de Chile, quién no dudo un segundo en sumarlo a ese equipo.

Y allí anda, hoy por hoy, Marcelo La Pulga Aguirre. Añorando aquel nivel que, alguna vez, casi lo lleva a disputar las Eliminatorias para una Copa del Mundo. Aunque no tenés que afligirte, papu (?). La vida es re cambiante (?). Al igual que las novias, las mujeres, los trabajos y hasta las hinchadas. Y aunque Gustavo Quinteros jamás lo hizo, por ahí Xavier Azkagorta te convoca a la Selección y tal vez te encontremos aleteando lambada en Brasil 2014. ¿Quién te dice?

Especiales: Duplas cacofónicas

Una delantera compuesta por dos jugadores cuyos apellidos / apodos comienzan con la misma sílaba es un hecho que nunca pasó desapercibido para cronistas, relatores y hasta para creativos publicitarios. He aquí, los casos más recordados.

La dupla Ro-Ro

La dupla más talentosa, carismática y marketinera de la historia, curiosamente, fue más breve de lo que se piensa.

El Fenómeno y El Chapulín se juntaron por primera vez sobre el césped en un amistoso previo a USA ’94. Fue victoria de Brasil por 8 a 2 ante Honduras, en San Diego. Ronaldo entró por Bebeto a los 61 minutos y Romário salió por Viola a los 62. Así es, en el debut compartieron la cancha unos segundos.

Se reencontraron casi tres años después en la victoria sobre Polonia por 4 a 2, en febrero de 1997. Sin embargo, el «Ro- Ro» se instaló en el inconsciente colectivo en el siguiente partido amistoso: 4 a 0 sobre Chile en el Estadio Mané Garrincha, con dos goles del Gordo y dos de O Baixinho.

Durante el siguiente año regalaron talento y se entendieron a la perfección, tanto en estadios como en boliches, en la Copa América de Bolivia y en la Copa Confederaciones 1997 disputada en Arabia.

La última función fue el 29 de abril de 1998, en la mítica derrota ante Argentina en el Maracaná con gol del Piojo López. Luego vendría el nunca aclarado complot de Zico y Zagallo juego de las lagrimas que dejó a Romário sin Francia ’98.

En total fueron 19 partidos, con 17 goles de Romário, 14 tantos de Ronaldo, 2 vueltas olímpicas y magia en diversas publicidades.

La dupla Sa-Za

Iván Zamorano destrozaba redes en el Real Madrid. Marcelo Salas rompía récords en la Universidad de Chile. Nunca habían jugado juntos, pero desde el vamos no había química posible. Al menos, no desde lo humano.

Xabier Azkargorta, en su único acierto como DT trasandino, los obligó a hablarse y los juntó en el empate 1 a 1 con Venezuela, en Caracas, que marcó el regreso de Chile a las Eliminatorias tras la recordada suspensión.

La fecha clave fue el 7 de julio de 1996: ante una impresionante lluvia de granizo, La Roja venció por 4 a 1 a Ecuador con dos goles de Zamorano, uno de Salas y el restante de Fabián Estay.

De ahí en más vendría lo mejor. Con aportes equitativos de sus dos estrellas, Chile consiguió el pasaje a un Mundial después de 16 años, hizo un papel digno en Francia ´98 y se ubicó cuarto en la Copa América de Paraguay ’99.

La despedida fue a lo grande, aunque en ese momento nadie lo imaginó. Por las Eliminatorias al Mundial de Corea – Japón, el 15 de agosto de 2000, Chile derrotó 3 a 0 a Brasil en Santiago con un gol de cada uno de ellos y el restante de Estay, de vuelta como tercer mosquetero (?).

A raíz de las constantes lesiones del Matador y de la elevada edad de Bam-Bam, la mejor dupla chilena de la historia pronto fue leyenda.

La dupla Ba-Ba

Si bien jugaron juntos por primera vez en el repechaje ante Australia de 1993, recién con la llegada de Passarella se empezó a hablar de una dupla. Recordemos que en el Mundial ’94 la delantera fue Caniggia – Batistuta, y Balbo fue retrasado (en el campo, se entiende).

El Kaiser los juntó para la Copa América de Uruguay ’95. Con los artilleros en un gran nivel, Argentina se jactó de la dupla «Ba- Ba». Desde el diario Clarín, hasta El Gr*f*c* de Pr*iett* y también @fantinofantino por Radio Mitre (“Ba-Ba, el demonio de dos cabezas”), fogonearon la casualidad. Y eso que todavía no existía el Olé.

La cuestión se vino abajo después de la mano de Tulio. Para colmo, al comienzo de las eliminatorias, Passarella convocó a Caniggia y Balbo volvió a ser retrasado (en el campo, se entiende).

Tras un periodo alejado de la Seleccción por decisión personal, Abel se reencontró con su compadre durante los últimos minutos del partido ante Holanda por Cuartos de Final del Mundial ’98. Aunque claro, después del gol de Bergkamp, nadie tenía ganas de hablar de ninguna dupla. Ni siquiera de Nancy (?).

Hubo, es verdad, una cara B. Fue cuando Il Gladiatore se unió a la Fiorentina (1999-2000) y luego a la Roma (2000-2001), en ambos casos con Batistuta como primera vedette. Eso sí, de minutos compartidos en la cancha ni hablar. Más que una necesidad deportiva, eso fue para cumplir los caprichos del otrora Rey León.

La dupla Pa-Pa

En enero de 2005 Rodrigo Palacio llegó a Boca, donde ya se encontraba Martín Palermo. De entrada le costó hacer pie, ya que competía con Guillermo Barros Schelotto y además con el El Chino Benítez como técnico cualquier descalabro era posible…

Con la llegada de Alfio Basile, El Bahiense se volvió titular indiscutido y pieza clave del equipo que logró varios títulos entre los años 2005 y 2006, donde emuló a una fuerza voraz de la naturaleza (?) que enamoró al punto que los hinchas soportasen esa trencita de dudoso gusto. Desbordó a todo rival, convirtió muchos goles y también se los sirvió a Palermo. Gracias a ese nivel fue que La Joya llegó resbalando a Alemania 2006.

La sociedad, que continuó durante otros tres años más, sólo se vio interrumpida por las lesiones del Titán. Durante ese lapso, además de ganar la Copa Libertadores 2007 y las Recopas Sudamericanas 2005, 2006 y 2008,  Palermo convirtió 108 goles y Palacio marcó 82.

La dupla Ca-Ca (1)

 Silvio Carrario venía de un viaje de mochilas cansadas por Talleres, Racing, Boca y Unión. Osvaldo Canobbio pateaba veranos sin sol en River de Uruguay, Nacional y Newell’s Old Boys.

Y en el escolazo de los besos, Deportivo Español los juntó en la temporada 97/98. Sin nada de mapas, ni de candados (?).

Ojo, sobre el césped mal no les fue. En 28 partidos compartidos, El Twetty marcó 13 goles y El Yorugua convirtió 7. Igualmente, no alcanzó para que la inolvidable estudiantina del Gallego mantuviese la categoría.

Así y todo, la dupla Ca-Ca fue igualmente festejada por los pasantes de Olé, los integrantes del fugaz Palo y Palo y la sonrisa de costado de Juan Pablo Varsky desde TN Deportivo. Triste.


La dupla Ca-Ca (2)

 Como hiciera Joe Strummer cuando disolvió The Clash y fundó a Los Mescaleros, Silvio Carrario decidió reeditar la dupla Ca-Ca, con el afán de mantenerse en los primeros planos.

Como segunda guitarra eligió a alguien de su nivel: Cristian Castillo. Y el escenario fue tierras adentro, o sea, Olimpo de Bahía Blanca.

 Sorpresivamente, ambos jugaron los 19 cotejos del Clausura ’03, donde el Ex Golden Boy marcó 11 goles y El Twetty convirtió 2. Pero el chiste ya se había agotado. Esta nueva formación carecía de onda, ya que, aunque estuvieron bastante cerca, ni siquiera se fueron a la B.

Así y todo, la dupla Ca-Ca (2) fue igualmente festejada por los pasantes de Olé, los integrantes del fugaz Arde Troya y la sonrisa de costado de Ariel Rodríguez desde Paso a Paso. Más triste aún…

Carrera Marcelo

Marcelo Ariel Carrera

Una imagen harto (?) conocida puede llegar a contener alguna característica que todos ignoramos. En el caso de la foto que ilustra este post, sólo hay ojos para el proyectil y para el blanco. Para el cascote volador arrancado de la Doble Visera y para el gesto desolado de Jorge Vigliano. Entre medio, un mar de sensaciones. El hecho en sí, el desenlace, la incertidumbre, el futuro, el pasado. La paranoia que genera ponerse en la piel de quien arrojó la piedra, el dolor que se siente al ponerse en los zapatos del árbitro. Una imagen, dos protagonistas, todos los ojos mirando. Pero claro, casi siempre obviamos algo. En una fotografía inmortal para nuestras retinas, hasta el día de hoy, a Marcelo Ariel Carrera todos lo pasamos por alto…

Marcelo Carrera nació el 1 de Octubre de 1962 en Mar del Plata, pero pasó gran parte de su infancia en los Estados Unidos, ya que sus padres se mudaron a La Tierra del Tío Sam cuando nuestro protagonista contaba con poco menos de un año. Aquellos felices primeros días –ambientados entre fuentes de sodas, Halloween y Hippies– tuvieron un final abrupto cuando se separaron sus progenitores y Marcelo, junto a su madre, debió volverse a su pago. Así y todo, su desarraigo de Norteamérica no fue total ya que, a partir de allí, sus familiares le organizaron viajes anuales de los cuales regresaba con tesoros inalcanzable para nuestro país por aquellos años. A saber: guantes de baseball, remeras de básquetbol o cascos de fútbol americano. En su mente “el Deporte y el Show Business” ya estaban totalmente instalados…

Con mayor énfasis por evitar la soledad que por gusto propio, Marcelo comenzó a jugar al fútbol tal como lo conocía el resto del globo terráqueo. Para su sorpresa, le sobraban condiciones y así se destacó como volante o media punta en Once Unidos de La Ciudad Feliz. Sus buenas actuaciones lo llevaron a una prueba en el destino favorito de los marplatenses en la década del ochenta: el puterío Independiente de Avellaneda, donde finalmente fue aceptado.

Durante 1984 disputó algunos encuentros, en su mayoría como recambio, mientras los titulares jugaron la Copa Libertadores. Pero claro, una vez ganado el trofeo continental por El Rojo, Carrera quedó lógicamente sepultado por Bochini, La Vieja Reinoso, Sergio Merlini y Pedro Massacessi. Por tales razones, en 1985 bajó hasta la Primera B para defender los colores de El Porvenir, donde fue hostigado por su pasado Diablo cuando enfrentó al entonces descendido Racing Club.

En 1986 regresó a Independiente pero, a los 6 meses, entre la escasez de minutos y las luces de La Gran Manzana que lo seguían llamando, un día le comunicó a Pastoriza que abandonaba el fútbol y que se iba a vivir a los Estados Unidos. Encima -dando un cátedra de tacto- lo hizo en el banco de suplentes entre medio de un partido. “El Pato me quería matar” contó después. No era para menos. Tenía 23 años.

Una vez en Nueva York y antes de ponerse a buscar trabajo, un familiar le consiguió una prueba en el New York Express (1986/87) de la Major Indoor Soccer, la liga profesional de un deporte con reglas cambiantes que era una mezcla entre el fútbol tradicional, el Papi y el extinto Fútbol Rápido, pero que crecía a pasos agigantados en la ciudad del Hombre Araña. Emulando a Bin Laden, Carrera hizo estragos. Por tal razón, los directivos aceptaron darle laburo también a otro relegado joven valor de la cantera Roja: Gustavo Crnko, quien vivió junto a Marcelo y, por supuesto, defendió estos colores a su lado.

Tras un año sin actividad, en la búsqueda de nuevos rumbos, Carrera volvió a ponerse los cortos y comenzó a oscilar entre equipos del poco competitivo fútbol tradicional y otros de la Major Indoor Soccer. Pasó por Canton Invaders (1988/89), Fort Lauderdale Strickers (1989), Dallas Sidekicks (1990/91) y Tampa Bay Rowdies (1991). Cambiante al fin, en enero de 1992 regresó a la Argentina para intentar nuevamente con «el fútbol como Díos manda» y, tras una breve readaptación, Talleres de Córdoba le abrió sus puertas. Durante el Clausura ´92 disputó 17 encuentros en un mediocre nivel y no marcó goles. Al finalizar ese torneo -disconforme con las diferentes realidades del país- se volvió a su hogar por adopción, Yankeelandia, a mezclar otra vez equipos de aquellas ligas casi recreativas: Chicago Power (1992/93) y Fort Lauderdale Strickers (1993/96).

Como siempre que hay una invención se divisa una gran oportunidad, en 1996 la creación de la Major League Soccer y la falta de jugadores de nivel para nutrir la misma, le permitió a un Marcelo Carrera de 33 años ser elegido en décimo lugar del Draft (91° en la general) por el Columbus Crew, donde participó del partido inaugural de la liga y permaneció tres temporadas en un equipo que casi siempre terminó de mitad de conferencia para abajo. Luego se volvió al Indoor Soccer para ponerle punto final a su trayectoria jugando en Cleveland Crunch (1998/99) y Saint Luis Ambush (1999/2000).

Al mirar para atrás, Marcelo Carrera infla el pecho y no se arrepiente de no haber intentado jugar más y mejor en la elite: “futbolísticamente me fue muy bien allá. Salí campeón 4 veces del Indoor, jugué los All – Stars y en Columbus fui compañero de mundialistas como Brian Mc Bride, Brad Friedel y Thomas Dooley”. Tras dejar la actividad y totalmente radicado, entrenó varios equipos de Indoor Soccer y hasta se dio el lujo de dirigir a la Selección Sub 21 de la Academia IMG de fútbol femenino. El verdadero y real Sueño Americano. You Can Do It…

Segurola y Habana: River Vs. Oscar Ahumada

Entre las múltiples sensaciones que acompañan a cada uno de nosotros a medida que pasa el tiempo y vamos envejeciendo, hay una que se compone íntegramente de injusticia, de decadencia y de melancolía: El Temor al Barrio Propio.

¿Cómo es posible que se te ericen los pelos de la espalda en esa misma esquina donde durante años te juntaste a pasar el tiempo con tus amigos? ¿En que momento empezaste a agachar la mirada y a evitar a pibes que viste crecer y que, suponés, optaron por el mal camino? ¿Por qué apurás el paso cuando escuchás una moto rugir a tus espaldas? ¿Acaso no son esas mismas calles las que hasta hace poco tiempo fueron tuyas? El Temor al Barrio Propio está latente, no conoce de nostalgias y saca nuestra parte más cobarde junto a una especie de instinto de supervivencia en pos de no perder, en el momento menos pensado, lo poco o mucho alcanzado.

El Temor al Barrio Propio es aquello que tan bien se explota en las películas de Zombies: tu casa de toda la vida ya no es segura y aquellas caras familiares no son las mismas, aunque en apariencia sean similares. Y, por supuesto, si hablamos de pérdidas irreversibles y de cintas tétricas sobre Muertos Vivos, no podemos obviar esta historia que, linterna en mano, nos reúne hoy alrededor de la fogata: Todo lo que Involucre a River Vs. Oscar Adrián Ahumada…

El protagonista central de este relato, Oscar Ahumada, llegó a Núñez en 1997 proveniente de Zárate y, desde un primer momento, adoptó al barrio como propio. Claro, es que el jugador además de ser un hincha confeso de La Banda se encontró con grandes amigos que hicieron que la adaptación y la identificación sean casi instantáneas.

En sus primeros años, Ahumada fue flaqueado y protegido por compinches mayores como Pablo Aimar, Guillermo Pereyra, Franco Costanzo, Ariel Garcé y Martín Demichelis. Luego por pares como Javier Saviola, Andrés D´ Alessandro, Germán Lux y Damián Álvarez. Y finalmente le tocó ser “celador” e instruir en el «Mundo River» a los jóvenes que venían más abajo como Fernando Cavenaghi, Maxi López, Javier Mascherano, Osmar Ferreyra y Gastón Fernández, entre tantos otros.

¿Te puede pasar algo mejor con 20 años? Estar rodeado de amigos, jugar al futbol, ser el futuro de una de las instituciones más importantes de Ámerica, representar al país en categorías juveniles y enloquecer, remera rosa “Siamo Fuori” sobre el torso, a todas esas lindas pibas que aparecían en el Messenger. Primero en Núñez, luego en Belgrano, después en Barrio Norte, Vicente López, Olivos y así extensivo a todo el país… la juventud soñada. Aunque claro, el volante también conoció la ciclotimia de los hinchas, las miserias de los dirigentes y la prepotencia de los barras bravas. Si algo es seguro, es que Oscar Ahumada conoce íntimamente a River Plate. Tanto en la salud como en la enfermedad…

Y así, el jugador debutó en Primera en 2002, participó en la obtención de los Clausura 2003 y 2004 y luego se fue 6 meses al Wolfsburg de Alemania en una operación que no quedó del todo clara y que, en su momento, hizo poner el grito en el cielo a todo el pueblo Millonario. En su regreso a River, a principios de 2005, Ahumada se convirtió en un referente ineludible en el vestuario, más aún, con la llegada de Daniel Passarella a la dirección técnica del equipo.

Así llegamos al punto de inflexión de esta historia: el jueves 8 de mayo de 2008. Esa noche River recibió en su estadio a San Lorenzo por los Octavos de Final de la Copa Libertadores. Una jornada memorable donde, de antemano, los condimentos de los buenos estaban asegurados: El Ciclón -que había ganado el partido de ida por 2 a 1- llegaba con antiguos próceres Millonarios como Ramón Díaz, D´ Alessandro y Placente, en tanto para el River de Simeone jugaban dos con pasado Azulgrana como Sebastián Abreu y Eduardo Tuzzio.

En medio de un clima bélico, Matías Abelairas abrió el marcador para River a los diez minutos del primer tiempo. Luego vinieron dos historias mínimas que, en su momento, se verán reflejadas en esta página: el abandono del campo del Gallego Méndez tras ser lesionado por Radamel Falcao y el festejo del Loco Abreu con beso al escudo de River incluido, tras marcar de penal el 2 a 0 transitorio. Entremedio, las recordadas expulsiones del Burrito Rivero y de Jonathan Bottinelli. Repasando: River de local 2 – San Lorenzo con nueve jugadores 0 (cero), a falta de media hora para la finalización del encuentro.

Y entonces, cuál puñaladas, llegaron los peores diez minutos de la historia de River Plate hasta ese momento. Aquellos dos goles de Gonzalo Begessio no sólo lo eliminaron de la Copa Libertadores sino que acabaron, súbitamente, con parte de la opulencia que siempre caracterizó a los Millonarios. Y lo peor de todo es que ellos mismos se dieron cuenta. A partir de ahí nada fue lo mismo. Para nadie. Y aunque no tuvo incidencia en la campaña que luego lo depositó en el Nacional B, no es temerario afirmar que aquella noche River perdió la categoría, la identidad, el hándicap, el pedigrí y varios intangibles más que, con el tiempo, fueron sustituidos por otros.

Con la herida en su punto máximo de dolor y tras ser recibidos con hostigamientos, pañales y maíz por sus propios hinchas en el siguiente partido en el Monumental (victoria 4 a 2 sobre Gimnasia), Oscar Ahumada no pudo contener sus palabras y, de esta manera, su destino cambió para siempre:

“A mi me dio bronca ver a un muchacho (de River) en TVR diciendo que Boca sí tiene actitud copera. Es verdad, también tiene jugadores de más experiencia que nosotros. Pero el jueves en la cancha noté que cuando San Lorenzo nos hizo el 2 a 1 el estadio se enmudeció. Y yo jugué en la cancha de Boca ganando 2 a 0 y la gente de ellos se nos caía encima. Eso molesta y duele, por que en los momentos difíciles es cuando más necesitamos de ellos. Y cuando se produjo ese silencio atroz contra San Lorenzo, por que fue un silencio muy grande, también se sintió en la cancha…”

Esos dichos, sumados al hecho de haber declarado ante la justicia en una causa en contra de los barras y de José María Aguilar (“Estoy cansado de callar cosas”) más las interminables novelas por la renovación de su contrato, hicieron que el hincha de River lo mire de reojo y jamás lo pueda volver a sentir como a un hijo de la propia casa. A pesar que Ahumada se cansó de pedir perdón. El recelo, el rencor y el odio estaban instalados y creció exponencialmente cuando la gente de Boca lo tomó como un estandarte para burlarse de sus rivales de toda la vida.

Con cada vez menos participación aunque dando siempre la cara, el jugador se mantuvo en River hasta abril de 2010, cuando se declaró en libertad de acción y se marchó al Veracruz de México. De esa manera, Ahumada acabó con el calvario de los dos años anteriores, en donde se la pasó prácticamente recluido en su casa y conviviendo con el sufrimiento constante de su círculo familiar íntimo.

A partir del momento que Ahumada se desvinculó de la institución la mayor parte de los hinchas de River dieron rienda suelta a su odio y, hoy por hoy, no miden sus palabras a la hora de recordar al jugador. Tal es así que, por caso, La Página Millonaria lo tiene en su Top 10 de Antí Ídolos junto a, entre otros, Jesús Méndez, Julio César Cáceres, Hugo Gatti, Luciano Figueroa, Claudio Caniggia y Gabriel Cédres quienes -a diferencia de Ahumada- si cometieron “la herejía” de jugar en Boca.

Tras aquellas inmortales declaraciones y por múltiples razones, River se fue en picada hacía el descenso, conoció el infierno, renació y hoy parece haber reencontrado el rumbo. Aquel Silencio Atroz al que hizo referencia el volante quedó como una marca de agua en el corazón de los Millonarios y jamás volvió a sentirse en el Monumental. Ni aún en los peores momentos. Por su parte, Oscar Ahumada rehizo su carrera, pasó por México y Rusia, mostró una inédita faceta goleadora en All Boys y hasta fue convocado a la Selección Argentina por Alejandro Sabella. Pero claro, por más que quiera jamás podrá volver a caminar tranquilo por la Avenida Figueroa Alcorta. Es que en el barrio donde pasó los mejores quince años de su vida aún lo siguen esperando los Zombies…

¿Ganador?

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Bonvín Facundo

Pablo Facundo Bonvín

Creado por Oscar Wilde, Dorian Grey fue un narcisista embelesado por su figura en un cuadro quien, a través de diferentes hechos esotéricos y oníricos, consiguió un beneficio anhelado desde el principio de los tiempos: la eterna juventud. Aunque claro, ante cada rapto de lujuria, perversión y egoísmo, su alma -al igual que su retrato- envejecía y se volvía cada vez más sombría, perturbada y atormentada. Generoso desde siempre, nuestro querido Fútbol Argentino nos brindó una versión autóctona del reconocido personaje literario: el eterno juvenil Facundo Bonvín.

La cuestión es que este delantero apareció en una época floreciente para las divisiones inferiores de Boca y para En Una Baldosa por carácter transitivo. De hecho, su primera incursión fue en una noche histórica para el semillero Xeneize: la victoria 2 a 1 sobre River en Mar del Plata por el Torneo de Verano 2000. Esa noche, Bonvín jugó los últimos 15 minutos y compartió marquesina junto a Pedro Méndez, Matías Marchesini, Marco Bahamonde y Emiliano Rey, entre tantos otros héroes.

La desesperada búsqueda de Mauricio Macri por abrir mercados inexplorados depositó a nuestro amigo durante un año en la reserva del Newcastle United y otra temporada en el Sheffield Wednesday de la First Division, donde disputó 4 encuentros sin anotarse jamás en la red. Al no llamar la atención en los equipos de Gran Bretaña, fue devuelto a El Club de la Ribera, en cuya reserva se mantuvo durante el último semestre del año 2002.

A principios de 2003, con el regreso de Carlos Bianchi, Bonvín fue una de las revelaciones del Torneo de Verano, en donde le convirtió goles consecutivos tanto a San Lorenzo como a Independiente. Cuando El Virrey estaba por colgarse la medalla de haber moldeado otro juvenil rendidor, Macri lo envió a préstamo a Racing, quien necesitaba refuerzos desesperadamente de cara a la Libertadores de ese año.

El delantero fue inscripto únicamente para la Copa, por lo cuál su debut oficial fue internacional antes de hacerlo por campeonato. Con La Academia jugó 3 partidos por la primera ronda y, ante la rápida eliminación, se dedicó a cholulear a Andino y a Francella en la platea. ¿Goles? No, ni uno.

Al siguiente lugar hacía donde lo mandó Boca para ganar experiencia fue al Nacional B. Y ahí si pareció confirmar todo lo bueno que había prometido. En Argentinos Juniors marcó 8 goles en el Apertura y 7 tantos por el Clausura. Lamentablemente, una lesión lo sacó de aquel equipo que le ganó la promoción a Talleres de Córdoba. Aunque igual festejó el ascenso.

Con el augurio de convertirse en un cotizado goleador de Primera División, Bonvín tuvo un comprensible ataque de histeria (?): prometió quedarse en El Bicho, se entrenó dos días con Quilmes, regresó a practicar en La Paternal movilizado por el cariño popular y luego terminó firmando con El Cervecero. Todo esto, claro, con la aprobación de la dirigencia de Boca, quienes básicamente ni se mosquearon por las peripecias de su otrora diamante for export.

Para su esperado debut en Primera (Apertura 2004) le confiaron la camiseta número 9, pero se la quitaron al siguiente campeonato y le tiraron la casaca número 34, al ser eclipsado en la feroz competencia por El Chupa López, El Tweety Carrario, Speedy González, El Arcángel Osorio y El Cóndor Rueda. Bonvín sumó 10 encuentros con la remera del Cervecero y no convirtió goles.

De regreso en El Xeneize fue cedido un año al Dorados de Sinaloa mexicano, pero le rescindieron el contrato a los 6 meses. Su siguiente destino fue San Martín de Mendoza del Nacional B, donde equilibró la tarde gloriosa en la que le metió 4 goles a Tigre con el descenso al Argentino A.

En la temporada 06/07 regresó al único lugar del universo donde le mostraron afecto deportivo: Argentinos Juniors. En La Paternal era considerado poco menos que Jimmy Page (?) y hasta hubo escenas de histeria colectiva cuando la gente vio su reencuentro con El Polo Quinteros y Nicolás Gianni. En este segundo paso disputó 14 partidos aunque una sola vez salió como titular. ¿Goles? No, ninguno.

A mediados de 2007 la dirigencia de Boca dejó libres a varios juveniles entre los que se encontraba Bonvín quién, aunque nadie se había dado cuenta, ya contaba con 26 pirulos. Con el pase en su poder, el atacante no tuvo mejor idea que hacer “La Gran Cabrol” y firmó con Platense, donde debutó con varias fechas de atraso y rescindió con varias jornadas de anticipación. Su mostrada fragilidad física ya no le daba treguas. Ni siquiera para el Nacional B.

Sin ofertas desde el medio local, el jugador armó las valijas y se fue a La Universidad Católica de Ecuador, donde descendió a la Segunda División Bananera. Luego probó suerte en el Niki Volos FC de la tercera de Grecia pero otra lesión le impidió debutar. La última vez que se lo vio en una cancha fue en el semestre final de 2009 defendiendo al Boyacá Chicó de Colombia donde, tras reiteradas lesiones de rodilla, rescindió de mutuo acuerdo y colgó los botines para regresar al país y poner una tienda de artículos para bebés.

De esta manera, Pablo Facundo Bonvín ascendió al Baldosa´s Hall of Fame (?) con la marca de 24 partidos en Primera División, 3 cotejos por Copa Libertadores y 2 más por Copa Sudamericana. Eso si, no marcó un mísero gol. No vaya a ser cosa que por un rapto de locura su cuadro se ponga viejo…