Orhiuela Israel

Israel Orhiuela
Futbolista mexicano que apareció imprevistamente en Bahía Blanca para ser sometido a una prueba en Olimpo con vistas al Apertura 2005. A pesar de que los antecedentes jamás fueron encontrados en la web, el azteca recaló en el sur de la provincia de Buenos Aires chapeando con un pasado por el Cruz Azul y por las Chivas de Guadalajara, situación que luego se fue aclarando.
Tan intrascendente era su país, que se hizo conocido recién cuando salió a la luz que contaba posibilidades de jugar para un club argentino.
Luego se conoció que efectivamente había pasado por los clubes mencionados, pero en sus respectivas filiales de Oaxaca y La Piedad. Y a su vez contaba con un paso por el Deportivo Arsenal (2005) de liga de Miacatlán y anteriormente había quedado afuera del Rangers (2004) de Chile al no convencer al entrenador durante una prueba.
Pero eso no es todo, ya que ese mismo año también pasó por las filas de Huracán, bajo la conducción de Omar Labruna y de ahí se entiende su llegada a Olimpo. En el Globo cayó un miércoles y al día siguiente cerraba el libro de pases, por lo que terminó siendo un impedimento para fichar.
Esa complicación lo hizo retornar a su país y practicar nuevamente en Cruz Azul, pero en el Oaxaca, donde conoció a Rubén Darío Gigena, Mariano Monrroy y Matías Urbano.
Este lateral izquierdo, devoto de la Virgen de Guadalupe y que comenzó a jugar al fútbol en el club San Lucas de una liga regional, hizo toda su trayectoria en combinación con los estudios, a tal punto que ya debe haberse recibido de Licenciado en Administración de Empresas.
Lo cierto es que en Argentina apenas participó de un amistoso frente a los suplentes de la reserva de River en empate 1 a 1 y al día siguiente, luego de aparecer en una extensa entrevista en el diario bahiense, fue dado de baja previo al inicio del campeonato. Sin embargo, antes a irse se dio el gusto de recomendar a su compatriota Moctezuma Serrato, un delantero que finalmente no llegó
Para que Olimpo lo haya dejado de lado, a sabiendas que contrata todo lo que se mueve, bastante malo debe ser.

Cucu

Cella Ruggeri Gabriel

Gabriel Hernán Cella Ruggeri
Un caso testigo de que no hay jugadores que falten en el sitio, sino que existe tanto material y otras prioridades, que en ciertas oportunidades quedan para después, como en esta ocasión, no obstante, el homenaje se demoró, pero llegó.
Cella Ruggeri tuvo su debut en la primera división del fútbol argentino con la camiseta de Independiente en 1997 y tomó importancia más por su apellido que por sus rendimientos futbolísticos. Por eso, al no ser tenido en cuenta en Avellaneda debió marcharse habiendo jugado tan sólo un encuentro.
Antes había pasado por Central Córdoba (1996) en dónde anduvo realmente bien y llegó a ser un jugador importante en la categoría. Se le recuerda haberle roto el invicto luego de más de 500 minutos al arquero de Atlanta, Martín Herrera. Eso le valió una oferta del fútbol chileno, en donde anduvo realmente mal. Nuestros amigos de Cuadro de Honor lo definieron como un «delantero completamente desconocido que llegó a reforzar a Deportes Concepción a mediados de la primera rueda del año 1998. No se demoró mucho en mostrar su absoluta falta de habilidad, por lo que sólo tres semanas después de firmar y tras haber jugado sólo 107 minutos en 3 partidos (1 de titular) su contrato fue rescindido, lo que lo convierte en uno de los refuerzos más fugaces de nuestro fútbol».
Aflijido, volvió a su primer amor, ya que obviamente en Central Córdoba lo esperaron nuevamente con las puertas abiertas, pero como las segundas partes nunca fueron buenas no duró mucho allí, se desvinculó y viajó a la Capital para defender los colores de All Boys para luego pasar por Cipolletti (2001), lugar desde el que pegó el salto de calidad y viajó a asegurar el futuro al Viterbese de la tercera división italiana.
No obstante, tuvo un vertiginoso regreso a la A cuándo el recordado José Omar Pastoriza lo llamó para jugar en Chacarita Juniors (2002) junto a Bevacqua, Precone y Pedernera, entre otros.
Apenas un par de goles (uno a River) no fueron suficientes para continuar en el Funebrero y otra vez se fue al «Charrúa» rosarino (2003).
Al tiempo, volvió a emigrar al exterior, esta vez un poco más cerca. Mudó sus conquistas al San José Oruro de Bolivia (2004), club en el que marcó tres goles en su debut pero que finalizó con cinco en total.
En el 2004 viajó al sur para tratar de inflar las redes en Guillermo Brown de Puerto Madryn con Omar Ríos, Giustozzi, Samso y Vladimiro Bahl, pero unos meses después apareció jugando una vez más en la B Nacional para Juventud Antoniana, en donde despuntaban el vicio también Damián Felicia, José Valdivieso, Sergio Albornoz, Cristian Basualdo, Miguel Velarde, Gastón Coyette y Alex Rodríguez.
Pero sin la intención de frenar esta irregular carrera, más parecida a un ascensor, llena de progresos y cachetazos, firmó en el 2005 para Barracas Central en Primera C, institución en la que fue dejado libre a principios del 2006.

Aclaración: La foto que ilustra el post fue enviada por él mismo al sitio www.canalla.com, desde Italia, demostrando su fanatismo por Rosario Central.

Pastor (Postero lagunero) – Cucu

Fillol Sebastián

Sebastián Fillol
No hace falta aclarar demasiado que se trata del hijo del Pato, arquero de la selección argentina campeona mundial en 1978 que seguramente habrá querido para su primogénito un futuro en el fútbol. Sin embargo, luego de haberlo intentado, se decidió por otro camino.
Si bien no se trata de alguien que haya llegado a primera, es una historia que merece ser contada. A los 19 años se probó como volante central en Almagro y quedó fichado, pero se cansó y a los seis meses decidió irse. «El fútbol no es lo mío, pero me sirvió para sacarme la espina. Con este apellido tenía que pasar en algún momento por una cancha, aunque ni loco por el arco, ese va a ser siempre el lugar de mi viejo».
Sus características como jugador se desconocen, pero se especula con un volante de poco sacrificio, esquivo a los roces y volcado totalmente hacia un fútbol fino. «Del uno al diez, yo era un siete», aseguró Sebastián.
Consultado sobre la opinión de su padre cuando dejó de patearla, supone que efectivamente se habrá desilusionado pero que jamás le dijo nada para no meterle presión.
Se volcó a la educación física y si bien se desconoce si finalizó la carrera, hoy en día trabaja como personal trainer en el Faena Hotel.
Pero eso no es todo. Un día una importante oferta le tocó la puerta y no pudo desecharla. De la mano del Grupo Col Entertainment, cuyo principal objetivo es suministrar soluciones para los nuevos talentos y caras nuevas del mundo del espectáculo, comenzó a modelar y a principios del 2006 llegó a pasar ropa de Roberto Piazza en un desfile en Pinamar.
«La verdad es que yo lo ví y me pareció un chico muy buen mozo, con buena percha, pero me enteré de quién era cuando el desfile ya había terminado. Es más, cuando un colaborador me dijo que el chico era el hijo de Fillol me sorprendió que no se hubiera acercado en ningún momento para presentarse y decirme quién era», comentó el diseñador.
Padre de un varoncito llamado Valentín y con un aire al actor mexicano Gael García Bernal, sostiene que se debe cuidar de las tentaciones. «En el modelaje estás en contacto con muchas chicas y yo tengo mujer y un nene de 2 años».
Ah, para las chicas y porque no para los chicos que se preguntan por sus características, mide 1,80 metros, pesa 75 kilos, tiene cabello castaño y posee ojos verdes. Y al igual que su papá, también tiene que ver con la «Passarella».
Ahora además estudia teatro y cuenta con propuestas para subirse a las tablas en la temporada de Buenos Aires.
Como dijo una desprestigiosa revista de espectáculos, este es el Patito ¿lindo?

Contacto: grupocol@contratacionesonline.com

Cucu

Ciani Mauricio

Mauricio Rodolfo Ciani
Arquero cordobés nacido en 1975 que realizó las inferiores en Independiente de Avellaneda pero que jamás logró pisar una primera división y sólo una vez estuvo sentado en el banco de suplentes en un partido ante Boca Juniors en 1997.
Sin embargo, nadie podrá quitarle el recuerdo de haber sido una opción en el inmortalizado juego El Gran DT y de participar de una pretemporada bajo la conducción de César Luis Menotti y ser dirigido luego por el Ricardo Gareca.
Claro, tuvo delante suyo a Faryd Mondragón, Norberto Scoponi, César Velázquez, Leo Franco y Daniel Islas.
Tiempo después pasó por San Telmo (1998), club en el que apenas actuó en dos oportunidades y cuyo único aspecto positivo a rescatar fue que no le convirtieron goles en uno de los partidos.
De acuerdo al rastreo, tuvo luego tres etapas por el Club Social y Deportivo Municipal Chañarense dónde se consagró campeón local en 1999 y por Complejo Posse (2005). Alguna vez en la cena de fin de año de la Liga Bellvillense recibió un premio por ser la valla menos vencida.

Aclaración: Quién narra esta historia, recuerda a dicho jugador por tener un amigo con el mismo apellido.

Cucu

Viveros Ricardo

Ricardo Javier Viveros
Esta es la historia de un olvidado personaje que pasó de forma fantasmal por el fútbol argentino.
Se trata de un delantero chileno que en 1992 apareció en Huachipato y al debutar marcó un gol frente al durísimo Lota Schwager. Durante varios años permaneció en ese club transformándose en un jugador del montón.
No obstante, en 1997 fue adquirido por el Deportes Temuco dónde jugó hasta 1998 sin cobrar y luego desembarcó en nuestro país.
El club que se animó a contratarlo fue Argentinos Juniors, en el que jugó poquito y su estadía se resume en un clásico perdido ante Patense, dos goles poco importantes y una deuda salarial. Explicando su fracaso, sostuvo que había madurado como persona y como jugador. «En ese sentido le saqué mucho provecho, lo importante es que anduve bien y eso me dejó tranquilo. Los entrenamientos son prácticamente iguales, lo que lo hace diferente es la gente en los estadios».
Por todas esas cosas, es que pidió rescindir, además de tener una jugosa oferta del Colo Colo. Al menos, se llevó un buen recuerdo de Pontiroli, Plaza, Moreno, Cartés, Sanzotti y Ceferino Denis.
Contento y feliz por firmar con uno de los clubes más grande de su país, se daría cuenta poco tiempo después que la camiseta del Cacique le quedaba grande. Es que el entonces técnico Gustavo Benítez, que lo había pedido, partió al fútbol español y fue reemplazado por el brasileño Nelsinho Baptista. Con la llegada de éste vio disminuídas sus posibilidades y se podría decir que «retrocedí varios años en el fútbol».
«Fue el peor momento de mi carrera, incluso estuve pensando en retirarme. Veía como muy injusto el hecho de que miraba los equipos y yo no podía estar en uno. Era frustrante».
Emigró al O’ Higgins en el 2000 y sólo un año después pasó a la Universidad de Concepción, donde aún hoy permanece a pesar de todo. «En lo futbolístico he andado bien, pero en lo que son los goles, me han faltado. Pero eso no me inquieta porque en cualquier momento pueden salir. Lo importante es que ande bien y que el equipo esté ganando». Jugó dos años en el ascenso pero lograron llegar a primera e inclusive participar de Copa Libertadores junto a Hugo Droguett.
Para el 2004, Estudiantes de La Plata a punto estuvo de contratarlo, pero su inscripción cablegráfica quedo precisamente en eso.
En cuanto a sus cualidades, él mismo se autodefine: «no soy muy carismático, de demostrar mi enojo en el momento de ir perdiendo o cuando estoy haciendo las cosas mal», lo que deja entrever a un verdadero pechofrío.
De familia de futbolistas, su tío Gustavo integró la selección nacional a comienzos de los ’70 y su primo Juan Francisco fue seleccionado nacional Sub 17.
Siendo la oveja negra del clan, Viveros reconoce que una espina que tiene clavada es que nunca tuvo la suerte de participar en alguna selección… y por lo visto nunca la tendrá.

Cucu

Graieb Diego

Diego Carlos Graieb (El Mellizo)
Esta es la historia de un jugador que entra en una nueva categoría: baldosero hermano de casi baldosero.
En este caso, se trata de un volante ofensivo o delantero que creyó que optando por estar más cerca del arco rival, obtendría mayor prestigio, fama y plata que siendo defensor, como su mellizo Rodolfo Moisés, sin embargo, trascendió mucho menos.
No obstante a ello, logró a lo largo de su carrera algo que no muchos consiguieron: en todo momento supo rodearse muy bien de figuras.
Arrancó su carrera en Talleres de Córdoba (1993-1998 – 85 partidos) de la mano de su hermano, siendo juveniles que integraron la lista de buena fé del ascenso en 1994, título que también lograrían en Huracán de Parque Patricios.
Pero entre la T y el Globo pasó por Atlético Tucumán (1998-1999) donde integró un plantel de jerarquía que a nada llegó, junto a Arnaudo, Cativa, Rimba, Biasotto, Carlos Ibáñez, Mauro Amato, Clementz, Czornomaz, Galoppo, Fontana, Luis Lobo, Aredes y Fabián Bustos.
El fracaso lo vivió a flor de piel y espantado luego de jugar 28 encuentros, partió hacia Buenos Aires. En 1999 jugando para Huracán adquirió más notoriedad que nunca. Un terrible choque con Cristian Ruffini de Banfield, lo hizo caer inconsciente y sufrió un paro cardiorrespiratorio en la cancha. Ese día se «inauguró» la ventilación de compañeros con camisetas, todo un precursor, aunque de nada sirvió. Quien lo salvó fue el médico Carlos Locasso, que le realizó masajes cardíacos y respiración boca a boca, algo que hasta Diego y Cani con su onda «piquitos» envidiaron. Lo cierto es que quedó internado y recuperó la memoria tiempo después (vale recordar que el impresentable árbitro Rafael Furchi optó por continuar el encuentro con algunos jugadores llorando y totalmente asustados).


Para el 2000-2001 obtuvo el ascenso en el que compartió equipo nuevamente con Rodolfo y con estrellas de la talla de Lobos, Moner, Chaparro, Derlis Soto, Gonzalo Ponzio y Cristian Saboredo.
Claro, la división le quedó grande y luego de 6 meses flojos, prefirió volver a la B. Dejó la institución con un salgo de 4 goles en 29 juegos y se unió a los intereses de Los Andes (2001) en el que fue dirigido por Jorge Burruchaga y donde conoció a Hernán Ocampos.
Algunas actuaciones irregulares y apenas 17 presencias, interrumpieron su paso por el Milrayitas, por lo que desembarcó en Platense (2001-2002 – 14 partidos) para compartir sus días nuevamente con baldoseros de ley, como Leo Aguirre, Guillermo Santo, Roberto «Totó» García y Gastón Leva.
Ese mismo año, su hermano volvió a tomarlo de la mano y lo convenció para realizar otra actividad. Se convirtió en Vocal Titular 1ro. de Futbolistas Agremiados, donde Rodolfo fue Secretario de Prensa, Rubén Palavecino Vocal Titular 2do y Gabriel Milito Secretario Gremial.
Sin embargo, debió abandonar su cargo, ya que intentó de grande, probar suerte en el exterior y cayó en el Racing Ferrol de España (2002-2003). Si algo le faltaba era encontrarse con otro jugador que adorna la parte izquierda de este sitio web, nada menos que el ya mítico Dwight «El Portavión» Pezzarossi. Ese dato explica el porque de su cabizbajo y rápido retorno al país con sólo 19 apariciones en el primer equipo.
Fichó en Gimnasia y Esgrima de Concepción del Uruguay (2003), en dónde para no perder la costumbre, formó parte del plantel que tenía entre sus filas a Llinás, Grelak, Marczuk, Boujón, Yacuzzi, Jeandet y Santa Cruz. Disputó 24 partidos pero su mayor recuerdo serán los tres puntos de sutura que le aplicaron cuando desde la tribuna de Alamgro le acertaron un botellazo en la cabeza.
En el 2004 viajó nuevamente al exterior, esta vez a Guatemala, donde sin pena ni gloria vistió los colores del siempre candidato Deportivo Suchitepequez.
Su regreso era cantado y a pesar de sonar con insistencia en Huracán de Comodoro Rivadavia junto a Ceferino Denis y Cristian Zermanttén, firmó con Estudiantes de Caseros (2005) donde disfrutaba sus últimos años como futbolista junto a Ariel Jesús y el paraguayo Torales.
No se supo más de él, sólo que apareció entrenando alguna vez en un combinado de libres, pero ¿chapeando? con el apellido, ya debe andar despuntando el vicio bajo sueldo en alguna parte.
Como verán, esta es la historia de un cordobés que especuló con las condiciones del hermano para lograr ser alguien en el fútbol. Pero no lo logró.

Cucu

Rey Emiliano

Emiliano Juan Rey
Jugador que suele ser confundido con Emiliano Romay, pero no sólo por la similitud de su nombre y el puesto de delantero, sino por su paso por Boca Juniors y su posterior y mediocre destino.
Sin embargo Rey no realizó las inferiores en el xeneize sino que surgió de la cantera de Quilmes, dónde en 1995 llegó a jugar con el histórico Leonardo Colombo y el incipiente defensor Pablo Quatrocchi.
Ya para 1996 con la llegada de Mauricio Macri al club de La Ribera, fue uno de los tantos juveniles adquiridos, al igual que Navas, Andrizzi, Capece, Riquelme, Ruiz, Gatti, Lemes y Atala.
Tuvo poca fortuna con la azul y oro, aunque vale destacar que nunca tuvo demasiadas chances y sólo jugó en partidos de menor envergadura. En 1998 Bianchi lo hizo debutar en masa junto a otros valores como Christian Giménez, Ariel Carreño y Adrián Guillermo.
Sin lugar, a punto estuvo de pasar a Colón con Traverso, ambos como parte de pago por Hugo Ibarra, pero optó quedarse aunque no por mucho tiempo, ya que viajó a Ecuador y fichó para el Barcelona.
Con pena y sin gloria, no duró mucho allí y retornó a Boca. Participó de la Copa Mercosur 1998 donde logró inflar la red nada más y nada menos que contra Flamengo y Palmeiras.
Para el verano de 1999 no fue convocado para realizar la pretemporada junto al plantel superior y se quedó haciéndola con Rosada y Lucas Gatti bajo las órdenes de García Cambón.
Desesperado y sin ganas de quedar parado, siguió los consejos de su representante Gustavo Mascardi, quien lo volvió a ubicar en otro importante club de Sudamérica. Pasó por la Universidad de Chile a préstamo en donde conoció a Leo Rodríguez, Rodrigo Tello y Pablo Galdames y en el que volvió a hacerle un gol al Flamengo, aunque su rendimiento también haya sido flojo.
Su salida de la U era cantada y su viaje a otra parte del continente ya no podía sorprender. Se vistió de verde y blanco para defender los colores del Deportivo Cali, institución en la que se dio el gusto de ver antes que todos, a colombianos que pasaron por nuestro fútbol. La referencia es para Yepes, Bedoya, Viveros y Candelo, que integraron ese plantel que tenía otra figura, el venezolano Rafael Dudamel.
En el 2000 volvió al país y nuevamente fue ofrecido como parte de pago, esta vez a Vélez para comprar a Bassedas, transferencia que se truncó.
Pero si de trotamundos se trata, Emiliano es «Rey». Desembarcó en Perú y firmó con Universitario, club que contaba en sus filas con figuras de la talla de Gorostidi, Aróstegui, Carranza y Grondona. A partir de allí, su trayectoria en el fútbol se convirtió en una incógnita.
Se supo que pasó por el Torres Sassari del ascenso italiano y en el 2004 jugó en Aldosivi, que contaba con Bertoya en el arco y era dirigido por Ricardo Dabrowski.
En fin, una carrera inestable, con mudanza constante y poca firmeza. Es que de Maradona, Cáceres, Cagna, Latorre, Rambert y Caniggia parece no haber aprendido nada. Más bien, debe haber adquirido las malas costumbres de Trobbiani, Del Río, Tréllez, Joel Barbosa, Marchesini, Imboden, Marchant, Bahamonde, Fioretto y Cantero.
Ah, según comentan, es un atacante zurdo, veloz, no muy hábil y posee un fuerte remate de larga distancia. Bla bla bla…

Cucu

Chávez Rubén

Rubén Ariel Chávez (El Bombero)
Lateral surgido de Rosario Central que intentó llegar bien alto como varios compañeros de su camada pero que sin embargo nunca logró afianzarse en Primera División y terminó siendo postergado por otros jugadores. Tal es así que vio desde el banco como se desempeñaban por ejemplo Rodolfo Arruabarrena y Germán Rivarola. Vale aclarar que «El Bombero» (porque según un periodista apagaba todos los incendios) no tenía un carril definido, no por su variedad de perfiles sino porque sólo jugaba cuando había que tapar huecos.
En 1996 el Canalla volvió a jugar la Copa Conmebol, torneo en el que debía defender el título del año anterior, no obstante fueron eliminados (Chávez participó) por Lanús, a la postre campeón.
Sin más que hacer por Arroyito, no logró atraer a ninguna otra institución, por lo que aceptó una oferta del flojo fútbol venezolano.
Fichó en el Unión Atlético Táchira (1998-1999) donde tuvo como compañeros nada más y nada menos que al defensor Alfredo Turdo y el pelilargo Fabián Alegre. En aquel país, jamás pensó que haría carrera, sino que lo creía como una transición.
Años después fue transferido al Italchacao para recalar finalmente en el Monagas SC (2001-2002), club en el que fué considerado por el periodismo deportivo como el mejor defensor extranjero que haya jugado allí en los últimos años ya sea por su rendimiento futbolístico y su carisma con la gente.
Sus días en esta institución era los mejores, sobre todo porque se tomaba unos ricos mates en el vestuario con Juan José Cardinal. Pero claro, la incipiente crisis política lo haría retornar al país.
«Decidí irme de Monagas por los problemas que había en el país, tenía miedo de que pase algo grave, y además mi esposa estaba embarazada de 7 meses y queríamos tener el bebe en argentina, creo que esos son lo dos motivos del porque me fui, porque si no me habría quedado», afirmó al ser consultado por un sitio de fanáticos.
Instalado en Rosario nuevamente, no le quedó otra, y repitió la misma historia que todos los que no logran hacer carrera en los grandes de la ciudad. Se unió a los intereses de Tiro Federal (2003-2004) en el Argentino A y fue partícipe del ascenso al Nacional.
Dirigido por Jorge Solari, conoció a Del Vecchio, Chitzoff, Misetich, Walter Paz, Alejandro Peralta, Terés, Gustavo Dueña y Diego Erroz.
Ya en la segunda división argentina, el «Chavo» volvió a desaparecer de los medios y abandonó el club. Se desconoce su paradero.

Cucu