
Fabricio Antonio Simone
Delantero flaco, alto, errático, frío, sin carisma y con mala suerte para las lesiones. ¿Algo más? Sí, insinuó en Primera División, robó en el exterior y terminó tempranamente en el ascenso. Una delicia de baldosero.
Debutó con la camiseta de Estudiantes de La Plata en el Apertura ’98. Y no en cualquier partido: empate 2 a 2 en el clásico ante Gimnasia. Casi siempre alternativa para el segundo tiempo, recién empezó a ser titular en algunos encuentros del Clausura ’99. Y casualmente en ese torneo vivió su primer momento de gloria, cuando le convirtió 2 goles a Unión de Santa Fe.
Su explosión, sin embargo, nunca llegaría. Se quedó en el Pincha hasta fines de 2001 y pese a que tuvo oportunidades con Patricio Hernández, Eduardo Solari y Néstor Craviotto, no pudo hacer más que 3 tantos en 37 encuentros.
Su carrera quiso tomar vuelo internacional cuando pasó a Universitario de Perú (2001). Es más, muchos pensaron que en La Plata habían dejado escapar a un crack cuando se marchó a Europa y firmó con el Ciudad de Murcia (2001). Pero la aventura española junto Rodrigo Bilbao, Rodrigo Stalteri, Martín Bernachia y Roly Zárate, sólo le duró 3 meses. Resulta que la gente le bajó el pulgar rápidamente, pese a sus 3 goles en 8 encuentros, y entonces el empresario que financiaba al club le ofreció amablemente (?) bajarle el contrato al mínimo legal para un jugador de Segunda B. Simone, en todo su derecho, se negó y regresó a la ciudad de las diagonales.
Entrenó con el plantel de Estudiantes a fines de 2001 y mientras escuchaba el ruido a cacerolas planeó volver a Perú. Allí se puso la camiseta de Universitario (2002) otra vez pero no hizo gran cosa. Entonces pegó la vuelta al país y bajó al Nacional B para actuar en Instituto de Córdoba (2002/03), con el que llegó a hacer 3 goles en una goleada 6 a 0 ante Juventud Antoniana. Ojo, también mojaron Boyero, Barreto y Trullet. Debía ser el día del baldosero o algo por el estilo.
Tras una nueva experiencia en el exterior con el Ionikos de Grecia (2003/04), retornó al ascenso argento con Nueva Chicago (2004/05) y le fue medianamente bien, logrando 10 goles con aquel equipo que tenía a Islas, Nico Sánchez, Leone, Ortigoza, Benito, Pogonza, Cavallo, Carranza y Guevara, entre otros.
Envalentonado, pasó a Aldosivi de Mar del Plata (2005/06) para buscar el ansiado ascenso. Pero las cosas le irían mal. Convertido en el hombre de punta que arruinaba una y otra vez las jugadas colectivas del Tiburón, se fue ganando el odio de la hinchada y apenas pudo arrancarle algun que otro «Simooooo Simoooone» a la tribuna en el verano de 2006, cuando los resultados eran favorables. Después, siguió recolectando insultos.
Sin confianza, en la 2006/07 pasó a préstamo a Ferro Carril Oeste con el objetivo de encontrar mejor suerte. Pero le ocurriría todo lo contrario. A las pocas semanas de haber llegado a Caballito se rompió los ligamentos de la rodilla izquierda. El comienzo del fin.
Luego de 9 meses de recuperación, volvió a las canchas y en su primer partido como titular para el team dirigido por el Tata Brown, le hizo dos goles a Almagro, quebrando una racha de 817 minutos sin convertir que tenía el Verdolaga. Eso provocó que se ganara una fugaz idolatría y que los dirigentes pidieran una extensión del préstamo para que pudiera disputar la Promoción ante Estudiantes de Buenos Aires. Finalmente la jugó y Ferro se quedó en el Nacional B.
De nuevo en Aldosivi (2007/08), volvió a lesionarse en una de las primeras prácticas. «Era un fútbol reducido, nada exigente. Me lesioné solito. La pierna me hizo como patito (sic) y sentí dos ruidos. Pensé que eran las adherencias que suelen quedarte de las operaciones. Pero en los movimientos siguientes, la pierna se me iba para cualquier lado. Lamentablemente, me rompí los meniscos y casi seguro que los cruzados de nuevo. Estoy destrozado«, dijo al Diario Olé. Garrón.
Obstinado, inició una nueva recuperación y después de largos meses, cuando ya se había reintegrado a los entrenamientos, en junio de 2008 se rompió otra vez los ligamentos cruzados y decidió retirarse con apenas 30 años. A comienzos de 2010, en su rol de intermediario, acercó al volante Darío Stefanatto a Estudiantes de La Plata.