Franco al Wigan (2010)

Después de haber jugado su segundo mundial con la selección mexicana, el argentino Guillermo Franco tuvo la oportunidad de continuar su carrera en la Premier League gracias al interés del Wigan, que andaba buscando un delantero para tratar de mantener la categoría. Bah, en realidad necesitaba también defensores y un arquero, ya que venía de recibir duras goleadas ante el Tottenham (9 a 1) y ante el Chelsea (8 a 0).

Franco, era jugador libre en ese momento, pero venía de hacer poco y nada en el West Ham, así que ya conocía la liga y buscaba mejorar su imagen. Fue así como arregló su contrato por un año con el Wigan, sin imaginarse que unos días más tarde los médicos se darían cuenta de que no estaba en buenas condiciones físicas. Le dieron la mano y con un Thank you lo despidieron. El tema es que ya había cerrado el libro de pases.

De esa manera, Guillermito se quedó 6 meses parado, hasta que regresó al fútbol argentino, a comienzos de 2011, para jugar en Vélez Sársfield.

Arsenal verdiceleste (2011)

Puede sonar raro el término verdiceleste, así como también Arsenal de Sarandí en un torneo internacional. Pero ambas se conjugaron en 2011, cuando el conjunto del Viaducto participó de la Copa Sudamericana (que ya había ganado en 2007) con una camiseta que llamó la atención por su combinación de colores: verde, con una banda celeste y detalles en rojo. Para completarla, la publicidad violeta y amarilla de La Nueva Seguros. Un espanto.

Con esa casaca, que también combinaba con pantalones y medias blancas, el Arse eliminó a Estudiantes y a Olimpia, pero cayó en cuartos de final ante la Universidad de Chile, que más tarde sería el campeón.

Juira Bicho: el perro Globito de Huracán

Muchos son los perros que han hecho historia en el fútbol, obviando a aquellos jugadores que reconocemos como tal. Canes de verdad, como el mítico Boneco o aquel que mordió a Navarro Montoya, supieron dejar su huella en este deporte, pero ninguno causó tanta ternura como Globito, un simpático cachorrito al que terminaron acusando de mufa. ¡Qué mundo cruel!

La historia de esta mascota comenzó en el verano de 2002, cuando el plantel de Huracán que dirigía Miguel Ángel Brindisi se encontraba haciendo la pretemporada en la costa atlántica, más precisamente en Ostende, en el Partido de Pinamar.

Un día de frío y lluvia, mientras los jugadores hacían ejercicios para sacarse la dureza (?), apareció de la nada un perrito de pocos días de vida, tiritando y con claros signos de debilidad. ¿Cómo había llegado ahí? Nadie lo sabía, pero el plantel quemero no tardó en hacerse cargo del animal, al que abrigaron inmediatamente. Bah, el que lo abrigó con su propio buzo fue Gabriel Lobos, quizás marcando el destino del pobre pichicho.

Finalizada esa práctica, uno de los referentes de aquel equipo, el uruguayo Sebastián Morquio, decidió que llevarían al perro al hotel seguir teniéndolo cerca y de paso para que lo viera el médico del club un veterinario. Awwwww (?).

Tras constatar que no tuviese rabia, moquillo ni ébola (?), los hombres del Globo lo adoptaron como uno más. Y como eran muy originales, le pusieron Globito. A las pocas horas, la mascota ya andaba rompiendo las bolas por el hotel y cagando por todos lados, como era de esperar.

El siguiente paso fue la vuelta a Buenos Aires, con Globito incluido. El perro se morfó las horas en micro como un campeón, pero después se peleaban por ver a qué casa iba. Que llevatelo vos, que mejor que te lo quedes, que esto, que lo otro. Hasta se lo quisieron encajar al kinesiólogo, porque el hijo se había encariñado, pero rápido de reflejos contestó: «No puedo. Mi mujer es alérgica a los animales. Es más, mis hijos tuvieron una tortuga y se les murió» (?).

Ya en la ciudad, el rope pudo cumplir el sueño. No el suyo, que quizás hubiese sido seguir viviendo en la playa, sino el de los jugadores, que lo sacaron al campo de juego para que les diera suerte. Y en un principio, la cosa pareció funcionar.

Huracán debutó oficialmente ese año, cumpliendo su compromiso postergado de la última fecha del Apertura 2001. Jugó en La Plata y le empató a Gimnasia sobre la hora, con un gol de Patota Morquio, justo el que más se había encariñado con Globito. ¿El otro tanto quemero? Del debutante Emanuel De Porras, que ese día había sido el encargado de cargar en brazos al animal. ¿Casualidad?

Para alimentar la condición de amuleto del cachorro, en la fecha siguiente el conjunto de Parque Patricios le ganó a Chaca, en San Martín. Parecía que la buena racha se iba a extender por un buen rato, pero no. Veamos lo que nos cuenta el sitio Dale Huracán:

Con el correr de las fechas, Huracán inició una racha negativa, Globito fue tildado de mufa por la gente y dejo de salir con el primer equipo. Después de eso, Huracán alcanzó el cuarto puesto en el Clausura 2002. El perro tardó casi un año en volver a las canchas, fue en un partido del Clausura 2003 contra Rosario Central. Al principio, con el gol de Alejandro Alonso parecia que Globito cambiaba su suerte, pero en el segundo tiempo el equipo rosarino lo dio vuelta. Ni el retorno del pichicho alcanzó para que el Globo de Célico ganase un partido.

Finalmente, Huracán descendió y según afirma el mismo blog quemero, la mascota siguió viviendo, junto a 12 gatos y otros 8 perros, en la casa del Poli Ramón Pedro Ortiz, el mismo que años más tarde denunciaría por acoso a la Presidenta de San Martín de Formosa. Qué perra (?).

Así se terminaron los días de fútbol en la vida del pobre Globito, un perro al que estigmatizaron por no darle suerte a Huracán. Hay que ser malo, eh.

Villarreal 5 – Boca 3 (2000)

Carismático, pero poco valorado furbolísticamente fue Antonio Barijho, un delantero que tuvo que vivir a la sombra de Martín Palermo durante gran parte de su estadía en Boca Juniors. Sus oportunidades, casi siempre, llegaban en amistosos o partidos poco relevantes donde solían actuar los suplentes. Por ejemplo, el choque ante Villarreal en el verano europeo de 2000.

Corría el mes de agosto cuando el equipo de Carlos Bianchi, campeón de la Copa Libertadores, viajó a España para jugar en El Madrigal, como parte de la operación por los pases de Diego Cagna y Rodolfo Arruabarrena, refuerzos del Submarino Amarillo, recientemente ascendido a Primera División.

El match, al margen de su caracter internacional, no era mirado con buenos ojos por todos los integrantes del plantel, empezando por el Pato Abbondancieri (luego Abbondanzieri), que se animaba a declarar: «Este tipo de partidos sirven para mantener los compromisos que tiene el club, pero no es lo ideal disputando dos campeonatos tan duros como el local y la Copa Mercosur. Aunque ya lo sabíamos desde hace un tiempo».

Aquel día, el Xeneize formó con Abbondancieri, Ibarra, Burdisso, Matellán (Medina), Fagiani, Marchant (Andrizzi), Basualdo (Pereda), Serna (Traverso), Gustavo Barros Schelotto, Delgado y Barijho. Claramente, era el equipo alternativo del Virrey, que pretendía darle rodaje a los que menos minutos jugaban. Y se notó en el resultado, porque terminaran ganando los españoles por 5 a 3, en un partido bastante entretenido.

El que más lo aprovechó, fue el Chipi Barijho, autor de dos goles y la figura de la cancha. ¿El otro gol de Boca? Gustavo Barros Schelotto, que luego pasaría al Villarreal junto a Martín Palermo. ¿Los tantos del local? Uno de Basualdo en contra, uno de Jorge López, dos de Víctor y uno de Bruno Marioni, que años más tarde se pondría la camiseta azul y oro. Todo quedó en familia.

Son decisiones: River usando la camiseta suplente ante Boca (1999)

Fueron gloriosos los 90 de River. Años dorados plagados de títulos nacionales e internacionales, ídolos que volvieron en gran nivel, pibes de las inferiores que se consagraron, partidazos inolvidables, varios equipos que se transformaron en pósters, entrenadores que dejaron una huella, el Monumental lleno. Todo lo que un hincha espera de su club, menos una cosa: la superioridad en el clásico. La cuenta pendiente de esa generación.

La racha adversa del Millonario en el superclásico noventoso comenzó en 1991, cuando Boca venció 1 a 0 con un gol de Diego Latorre. A partir de ese día, el Xeneize se impuso de varias maneras en el torneo local y hasta en la Supercopa. Incluso, la tendencia se repetía en los amistosos de verano, donde el conjunto de Núñez pudo ganar 1 partido sobre 10 disputados.

Recién en 1994, el River de Gallego se desquitó ganando los dos encuentros, el del Clausura y el del Apertura, ambos en la Bombonera. Parecía ser el quiebre de la historia negra, pero no.

De los siguientes 9 partidos oficiales de la década, Boca se llevó el triunfo en 6 oportunidades. Algunas veces, de forma categórica, como el 4 a 1 con un triplete de Caniggia. ¿El Millo? Apenas si pudo festejar un heroico empate, luego de ir perdiendo 3 a 0. Era lo que había.

Por aquellos años, los jugadores de River declaraban que preferían salir campeón a ganar el clásico (no por nada, Diego Cocca diría lo mismo años más tarde) y desde la vereda de enfrente chicaneaban con la supuesta falta de huevos en el duelo más importante.

El mensaje, por supuesto, no era esquivado por todos los futbolistas riverplatenses. Tampoco por los dirigentes, que ya no sabían qué hacer para ganar el clásico y callar al rival de toda la vida.

Corría 1998, cuando comenzó a circular el rumor de que River iba a intentar cambiar la racha utilizando su camiseta alternativa. En aquel entonces, la suplente de River era roja, con algunos detalles en blanco. Sin embargo, eso nunca sucedió. Tanto en la caída 3 a 2 del Clausura, como en el 0 a 0 del Apertura, los dirigidos por Ramón Díaz usaron la tradicional casaca de la banda. Y no ganaron, obvio.

Para fines de la década, las cosas parecían cambiar. Boca había salido campeón después de muchos años, de la mano de Carlos Bianchi. Era el momento, entonces, para que los roles se invirtieran y fuera River el que ganara los clásicos.

En enero de 1999, el Xeneize se enfrentó a River en Mar del Plata y le ganó 2 a 1, con goles de Gustavo Barros Schelotto y Basualdo. Eso fue demasiado para el público millonario, que necesitaba hacer algo de forma urgente.

La revancha recién llegaría en marzo de ese año. Partido veraniego, un tanto atrasado y en Mendoza. Fue ahí que la descabellada idea de dejar de lado la banda roja se transformó en realidad.

Esa noche, los del riojano salieron a la cancha con Burgos; Hernán Díaz, Leo Ramos, Berizzo y Sorín; Marcelo Escudero, Astrada, Sergio Berti y Gallardo; Saviola y Juan Antonio Pizzi. ¿El detalle? Los 10 jugadores de campo con la camiseta tricolor. Una prenda que remitía a su viejo uniforme de la época amateur (que además ofició de alternativo en varias épocas), pero que además intentaba sacarse la mufa contra el Xeneize.

El cambio de uniforme, sin embargo, no pudo modificar la historia. Boca terminó ganando 3 a 0, con tres tantos de Martín Palermo. El problema, evidentemente, no era la vestimenta.

Recién en octubre de ese mismo año y con la camiseta de siempre, River pudo ganar 2 a 0 en el Monumental, con goles de Aimar y Ángel. Fue una buena manera de sepultar una década excelente que sólo tuvo una mancha, la de los clásicos. Una que no sale ni cambiando la camiseta.

Unión (VK) con medias del Barcelona y Manchester City (2013)

La Copa Argentina, esa hermosa competición que nos pinta como sociedad: poderosos contra pobres, desigualdad, desorganización, improvisación, incertidumbre y un poco de fuegos artificiales. La amamos desde su regreso, en 2011, porque nos llenó la panza de situaciones bien baldoseras, muchas de ellas relacionadas a la indumentaria, como en este caso.

En marzo de 2013, a Quilmes le tocó enfrentar a Unión de Villa Krause en San Juan, por los 16º de final. Sin sorpresas, el equipo de la categoría superior se imponía 3 a 0, con dos goles de Cauteruccio y uno de Diz, cuando el encuentro se suspendió por incidentes provocados por los hinchas sanjuaninos. Un toque de violencia, para seguir resumiendo el país.

Hasta ahí, nada que no hayamos visto mil veces. El tema es que el match se destacó por otro incidente: antes del arranque, el árbitro se percató de que ambos equipos tenían medias blancas (como los pantalones) y obligó al equipo local a cambiárselas.

El tema es que en la utilería de Unión no había medias de otro color, así que los dirigentes optaron por salir a la calle para comprar algo para zafar. Obviamente, no cayeron en una casa de deportes, donde los pares de medias salen casi como una camiseta (?), sino que eligieron la opción más económica: el bolishopping (?).

Aprovechando una promoción (no Quilmes, obviamente), los de Villa Krause intentaron comprar medias azules del Barcelona para todos los jugadores. Aunque claro, por culpa de la Messimanía (?) no había suficientes en stock, entonces completaron con algunos pares del Manchester City. Y así salieron a la cancha, con medias truchas.

¿Cómo no amar la Copa Argentina?

Quilmes (1995/96)

Entre los variados experimentos poco exitosos que tuvo Quilmes en su afán por retornar a Primera en los años 90, figura el equipo de la temporada 1995/96. Con algunos jugadores en el atardecer de su carrera, otros que recién arrancaban y algunos que buscaban revancha, el Cervecero arrancó prometiendo, pero hizo una campaña para el olvido, de la mano del DT Julio Ricardo Villa.

En la foto, arriba: Aragón, Sosa, Eduardo Tuzzio, Llop, Carlos Silva y Quatrocchi; Abajo: Mauricio López, Naveda, Franco, Caviglia y Roberto Galarza. Además, formaban parte del plantel otros hombres como Omar Nis, Fernando Navas, Lalo Colombo y Rubén Darío Insúa, entre otros.

Tras una primera ronda en la que quedó 5º, Quilmes se desbarrancó y en la segunda parte terminó 15º. Las cuentas no le dieron en la tabla general y no pudo acceder al reducido por el segundo ascenso, sumando otro fiasco en su haber.

Gracias a QAC Fotos Retro.