Parra 2006

Accidentado y vibrante fue el partido que jugaron en septiembre de 2006, Chacarita y Platense, por la sexta fecha del torneo de la B Nacional.
A los 47 minutos del segundo tiempo (se habían adicionado 4 y ganaba Chaca 1 a 0), con los de Saavedra desesperados en busca de la igualdad , Pablo Campodónico, arquero Calamar, fue al área rival a encontrar la jugada de su vida. Su colega Martín Bernacchia, descolgó el centro y sacó rápido para su compañero Toledo, que sobre la izquierda fue marcado por Mercier, que envió la pelota al lateral. En ese momento, el juez de línea llamó al árbitro y le informó que Bernacchia le había pegado a Osvaldo Barsottini. El portero funebrero se fue a las duchas y después de un tole tole lo acompañaron Precone y Banegas. Como el Tricolor ya había agotado los 3 cambios, quien tomó la responsabilidad de ponerse el buzo y los guantes fue el delantero Facundo Parra, que no opuso resistencia al tiro libre de Jorge Ribolzi, vivo e inteligente, que buscó el palo del arquero sabiendo de las limitaciones del 1 improvisado. Fue empate con sabor a hazaña para Platense.

Juan Pordiosero

River Topper

Entre finales de los 70’s y comienzos de los 80’s, las empresas de indumentaria deportiva comenzaron a estampar su firma en las camisetas que desde hacía años, en algunos casos, fabricaban para distintos equipos de Primera División. Fue el inicio de la aceptación del sponsoreo como solución económica de los problemas institucionales. Muchos recordarán las viejas casacas Olimpia que vistió River, y también los primeros modelos de adidas, la marca que se casó con el club de Nuñez. Sin embargo, sólo algunos momoriosos se acordarán del modelo de transición que Topper presentó en épocas de Mostaza Merlo y Jota Jota López (foto). Casi tímidamente, la empresa argentina colocó su nombre (sin el viejo logo) en el pecho de los jugadores, adelantándose a algo que se haría tradición con los equipos grandes . Con el pasar de los años vistió a Racing, Independiente, San Lorenzo y Boca.

Juan Pordiosero

Meijide Gerardo

Gerardo Gabriel Meijide (El Pelado)
Símbolo del fútbol grotesco en la primera mitad de los 90’s. Marcador de punta por izquierda bastante limitado y completamente calvo. Tenía todas las condiciones para ser el antihéroe preferido de los simpatizantes de su club y el blanco predilecto para las gastadas de la hinchada rival.
Surgido en las inferiores de Independiente, sufrió a los 17 años una seria lesión que lo perjudicó notablemente (se lastimó cuando saltó a cabecear con Mannarino) . No sólo estuvo mucho tiempo parado, sino que además tuvo una crisis emocional que le hizo perder el pelo, que recien le volvió a crecer muchos años después.
En el Rojo disputó 54 partidos desde 1990 a 1995, período en el cual debió soportar agravios como «Meijide, hijo de la radiación solar«, frase recordada alguna vez por un hincha de Racing como Diego Capusotto.
Después, abandonó la institución junto a su gran amigo Luis Islas y ambos recalaron en Rosario para jugar en Newell’s (1995). Allí el Pelado tuvo problemas con el técnico José Yudica y se fue con el triste registro de 10 encuentros y no demasiado para contar.
En 1996 se incorporó a Nueva Chicago, en la B Nacional, con la esperanza de retornar rápidamente a la máxima categoría. Pero sin darse cuenta estaría firmando su alejamiento definitivo de los flashes de la Primera División. Intentaría una y otra vez pegar una linda transferencia o hacer una buena temporada que lo colocara de nuevo en un lugar de privilegio. Pero cosechó fiasco tras fiasco. No pudo ni en Técnico Universitario de Ecuador, ni en Unión Central de Bolivia (1999), ni mucho menos en Ferro (2000), donde colaboró para que la institución de Caballito descendiera a la Primera B al año siguiente. Es muy recordada en el Oeste aquella gran defensa con el Coco Reinoso, Tula, Cracco y el brasileño Wilson Junior en el arco.
En la temporada 2001/02 vistió los colores del Deportivo Armenio, donde fue el encargado de patear penales y tiros libres (y de vez en cuando los hacía). Al año siguiente se incorporó a San Miguel, pero duraría poco en el Trueno Verde ya que para ese entonces comenzó a ver con buenos ojos la posibilidad del retiro.
En julio de 2003 se lo vio entrenando de nuevo en Armenio, quizás con la esperanza de alejarse de la actividad dejando una buena imagen. Pero antes de comenzar el torneo de la Primera B se le salió la cadena en un partido amistoso entre el conjunto de la colectividad armenia y Tristán Suárez. Todo transcurría normalmente hasta el momento en el que el árbitro sancionó penal para el Lechero, que ganaba 2 a 1. El ex Independiente le recriminó la decisión y como el juez no la modificó, le aplicó un certero golpe en el rostro que lógicamente culminó con el cotejo suspendido. Ese papelón, sumado a su edad y a la propuesta de su amigo Fernando Zamacola, lo llevó a ser ayudante de campo y a empezar a mirar el fútbol desde el lado de afuera de la línea de cal.
Trabajó en Unión Huaral de Perú y en 2005, en una de sus últimas apariciones mediáticas, declaró al diario deportivo Olé que le da pereza raparse para mantener la prolija calva. Hoy forma parte del cuerpo técnico de su compañero de andanzas Luigi Islas, y está a la espera de una oportunidad que le devuelva el brillo que supo tener en la pelada y que tanto le costó conseguir en su carrera.

Juan Pordiosero

Castillo Luciano

Luciano Ariel Castillo
Lateral derechó que jugó interrumpidamente durante varios años en la Primera de Racing. Siempre aprovechando los huecos ocasionados por lesiones o suspensiones de sus compañeros, pero casi nunca por la confianza de los técnicos, algo que sin dudas influyó para que se carrera no se haya extendido en los primeros planos.
Nacido en 1978 en la ciudad de Merlo, debutó con la camiseta de La Academia en 1999, cuando la situación económica provocaba malas noticias a diario y la aparición de algunos juveniles era la salida más rápida, aunque no la correcta. De la camada de chicos quemados en esa época sólo Adrián Bastía y en menor medida Maximiliano Estévez (ambos habián debutado en un año antes) pudieron sobrevivir con algo de brillo. El resto se las arregló como pudo. Y Castillo bastante hizo. No sólo integró el plantel del equipo que se consagró campeón en 2001, sino que además disputó 30 encuentros desde su aparición hasta su despedida del club de Avellaneda, a fines de 2003. En una oportunidad, incluso, se dio el lujo de desplazar de su puesto tradicional al Coco Reinoso, que pasó a jugar de 3 en un partido ante Belgrano, donde también actuaron los pibes Principiano, Pessacq, Gonzalo Rodríguez y Julio Suárez.
En marzo de 2004 recaló en Sport Boys de Perú junto al ex Vélez Aníbal Roy González y allí estuvo ganándose el mango. Justo cuando ya se lo empezaba a olvidar por estos pagos, regresó a la Argentina y en 2005 se unió a los jugadores libres del CEFAR. A mediados de este año arregló de palabra para incorporarse a San Martín de Tucumán, pero a último momento se arrepintió y manifestó sus deseos de jugar en cualquier equipo de Buenos Aires. Las razones eran claras: había nacido su hija y quería estar cerca de su familia.
Finalmente, optó por jugar en Cañuelas en la temporada 2006/07 de la Primera C, una categoría que podría quedarle chica teniendo en cuenta sus antecedentes. Pero, como se suele decir, los pingos se ven en la cancha. Y Castillo tendrá que demostrar que sus escaladas por la banda derecha, están pidiendo un regreso a las grandes ligas.

Juan Pordiosero (Gracias cfc.com.ar)

Gimnasia/Estudiantes 1991

El proceso de experimentación con las casacas alternativas durante la decada del ’90 tuvo quizás su primer indicio con la indumentaria de los equipos platenses, en 1991. Tanto Gimnasia como Estudiantes utilizaron un diseño de adidas bastante particular, que se caracterizó por aferrarse los colores tradicionales, aunque con un formato un tanto extraño. Manteniendo un tono fuerte en los hombros y en parte del pecho, el resto de la casaca estaba adornado por un cuadriculado difìcil de visualizar desde lejos pero facilmente identificable desde cerca. La camiseta no tuvo demasiado éxito en ninguno de los dos equipos y rápidamente pasó al catálogo de rarezas.
En la foto 1 la luce el Indio Ortíz y en la 2 el Chivo Peinado, que también viste el pantalón del curioso conjunto.

Juan Pordiosero

Mattis Ricardo

Ricardo Omar Mattis
Marcador central derecho nacido en Villa Ballester, que inició su carrera en un grande del fútbol argentino y no pudo consolidarse para hacerse de un nombre importante. Asomó en la Primera de River en 1987. Pero recién tuvo más continuidad en la temporada 1989/90, cuando disputó 3 partidos y formó parte de aquel plantel que se consagró campeón de la mano de Merlo (las primeras 19 fechas) y Passarella (las restantes). Se fue del Millonario con 5 presencias y ninguna flor.
Después recaló en Atlanta y tuvo más minutos de juego (peleaba el puesto con Zappia y Bonadies), aunque no pudo evitar la pérdida de la categoría en la temporada 1990/91, con un equipo que tenía a varios talentosos como el Pepe Castro y a otros no tan reconocidos como Spotorno y Juan Bautista Chumba.
Con el regreso del Bohemio a la Primera B se tuvo que despedir de sus compañeros (entre ellos Ragg y Manusovich) y nunca más se supo de él, en una injusticia histórica y sin precedentes.
Años más tarde, su nombre apareció en un caso policial en Villa Maipú. Aunque, claro, él no tuvo nada que ver y sólo fue testigo. En diciembre de 1997, una nena de 7 años murió al ser embestida por un patrullero mientras circulaba en bicicleta con su abuelo. Ricardo Omar Mattis declaró luego, en la causa, que presenció el accidente porque en su condición de remisero circulaba detrás de un colectivo por la calle Estrada y que observó que ese vehículo de transporte se tiró hacia la derecha, acercándose al cordón. Entonces, al no poder sobrepasarlo porque había autos estacionados a ambos lados de esa arteria, que es muy transitada, observó que venía un patrullero hacia él, a contramano. Agrega que el móvil policial, al ver que no podía pasar por sobre el colectivo, hizo una maniobra para esquivarlo queriendo tomar la calle Villegas y volvió a hacer otra maniobra. Aclara que también la calle Villegas la iba a tomar a contramano y que entonces embistió a la bicicleta, cuyo conductor estaba «como queriendo cruzar la calle Estrada» y parado, supone, «esperando que pase el colectivo«. Agregó que «no vio luces ni escuchó ninguna sirena» y que por la calle Estrada circulan dos o tres líneas de colectivos, entre ellas, la 111 y la 176.
Bajón al margen, si alguno se toma un remis y el chofer tiene cara de Mattis, que le llegue un saludo de parte de En Una Baldosa.

Juan Pordiosero