Fue un simple amistoso, pero con ribetes libertadorescos. Nadie hubiera apostado que aquel encuentro entre Olimpia de Honduras y Boca Juniors terminaría tan caliente. Y mucho menos, con una derrota de los Xeneizes.
Corría mayo de 2006. El exitoso equipo de Alfio Basile, bicampeón en Argentina y ganador de la Copa Sudamericana, se encontraba de gira por Centroamérica, pero también por por Israel. ¡¿Cómo?! Sí, el plantel tuvo que dividirse para poder cumplir con todos los compromisos. Mientras el equipo con mayoría de figuras y comandado por Ribolzi jugaba en Israel, los suplentes dirigidos por el Coco visitaban al también bicampeón hondureño, en el Metropolitano de San Pedro Sula.
Aquella noche, el Xeneize formó con Ezequiel Medrán; Pablo Ledesma, Matías Silvestre, Daniel Díaz y Juan Krupoviesa; Sebastián Battaglia, Fernando Gago, Neri Cardozo y Federico Insúa (Sebastián Rusculleda); Daniel Bilos (Oscar Trejo) y Andrés Franzoia (Mariano Tripodi).
¿Los hondureños? Alinearon un 11 alternativo porque los titulares se estaban guardando para el partido que les daría el tricampeonato en su país.
A los 30 minutos, Bilos abrió el marcador y todo parecía encaminarse a un triunfo tranquilo, pero en el segundo tiempo la cosa se desmadró.
El técnico del León de Tegucigalpa reaccionó como lo haría cualquiera, metiendo 7 cambios (?). Hasta ahí todo bien, porque era lo que habían acordardo. El tema es que los hondureños quisieron meter un octavo relevo, nada más y nada menos que Danilo Tosello, entonces todo se fue al carajo.
El Panadero Díaz tuvo que saltar a impedir la falta al reglamento, que ya de por sí era bastante laxo. Tosello no pudo entrar y entonces el match se puso calentito. A los 84′, Figueroa empardó las cosas con un zurdazo desde afuera del área. Y cinco minutos más tarde, Gago se fue expulsado por bajar al autor del golazo hondureño.
Pero si a esa altura ya era inesperado el resultado, ni hablar cuando Diego Armando Barahona clavó otro zapatazo, dándole credito a su apodo de El Pistolero (?). Hablando de eso, fierros no hicieron falta porque Basile, un señor en la materia, terminó declarando que le habían ganado bien. Después de todo, era solo un amistoso.












