Cartamán Jorge

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Jorge Bernardo Cartamán

Delantero con apellido de superhéroe que tuvo un fugaz paso por el fútbol argentino. Nacido en Paraguay el 20 de agosto de 1965, comenzó destacándose en Sol de América, el club que le posibilitó llegar a su selección. A la sub-20, claro. Jugó el Mundial 1985 en Unión Soviética al lado de Eumelio Palacios y José Paniagua, convirtiendo un gol en el empate frente a Inglaterra, en el único partido que Paraguay no perdió. Semejante antecedente (?) hizo que Independiente posara sus ojos en él. Si a esto le agregamos que en su país natal era apodado «Superman», la transferencia no se hizo esperar.

La temporada 1986/87 lo encontró teniendo un arranque demoledor en el Rojo. El 3 de agosto convirtió su primer gol, contra Rosario Central. Una semana después, frente a Gimnasia, le sacaron del ángulo un bombazo espectacular. Siete días más tarde, marcó el que sería su último gol en Independiente, en un empate frente a Argentinos. Por esa época la revista Solo Fútbol se animaba a comprarlo con Arsenio Erico. Por suerte, Cartamán daba muestras de sobrada humildad: «Creo que mi fuerte es la pegada. Gracias a eso siempre convertí goles. Cuando llegué a Independiente iba segundo en la tabla de goleadores en Paraguay. Otra virtud diría que es la tranquilidad con que entro a la cancha.» Sin embargo, la buena impresión que había causado duró poco: después de ese gol contra el Bicho no volvió a convertir, redondeando 2 tantos en 12 partidos. Y desapareció de Argentina.

¿Qué fue de su destino? ¿Habrá vuelto a Paraguay? Seguramente. ¿Siguió con el fútbol? Es muy probable, ya que dejó Independiente siendo aún muy joven, a los 21 años. ¿Y después? No lo sabemos. Pero es posible que hoy esté trabajando en el Correo Nacional de Paraguay.

Selección Córdoba 1 – Argentina 3

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El 16 de mayo de 1978 se inauguró el Chateau Carreras con un amistoso entre la Selección Argentina y un Seleccionado Cordobés formado por futbolistas de esa provincia. El equipo nacional, que se preparaba para disputar el Mundial’78 formó con: Fillol; Olguín, Luis Galván, Pasarella, Tarantini; Ardiles, Gallego, Velencia (Ortiz); Bertoni (Houseman), Luque y Kempes. El Matador abrió la cuenta, empató Moreschini, y luego Houseman y Luque pusieron el 3-1 definitivo.

Vélez Daniel

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Daniel Ricardo Vélez

En 1983 River sufrió una profunda crisis que se vio reflejada en la mala campaña que realizó en el torneo Metropolitano. Un grupo de pibes tuvo que poner la cara para jugar ese torneo, entre ellos el homenajeado del día. Pero las derrotas constantes y humillaciones ante equipos que en otras épocas eran goleados por el Millonario, no fueron nada al lado de lo que ocurrió una lloviosa noche ante Platense. Aunque Vélez habitualmente era suplente, o directamente no entraba entre los convocados, esa jornada le tocó estar presente, jugando como lateral derecho. La victoria por 2 a 1 fue algo anecdótico al lado de lo que le ocurrió: chocó con su compañero Roberto Diéguez, provocándose un grave problema renal, y de no ser por el doctor Horacio Cavalieri, la cosa se hubiese complicado aún más.

Al año siguiente, retornó en un partido ante Temperley y declaró: “De aquella lesión, no tengo el menor rastro. El riñón me preocupaba, pero más temía que se frustrara mi carrera. Por mi situación económica, yo tengo que llegar o llegar. No estudié, no aprendí ningún oficio, aposté todo al fútbol y tengo que ganar, porque si no habré tirado a la calle años de sacrificio y el esfuerzo enorme de mis viejos.” ¿Y llegó? Más o menos. Porque en River solo completó 3 partidos y se marchó a Tigre, donde jugó 24 encuentros convirtiendo un solo gol, a Rosario Central. Luego desapareció del mapa.

Sin embargo, puede decirse que no hizo mal en dedicarse exclusivamente al fútbol, ya que años más tarde se recibió de Director Técnico y hoy trabaja en el Club Deportivo Tigre, enseñándoles los secretos del balompié a los más chicos. Así que si se quieren sacar la misma duda que tenemos nosotros, solo hay que dirigirse hasta esa institución y preguntarle: «Daniel… ¿algún parentesco con Nazarena?».

Japón 2 – Independiente 3

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En febrero de 1977, Independiente viajó hasta Japón para disputar un par de amistosos contra su selección. Era habitual que este país invitara a conjuntos sudamericanos para enriquecer su fútbol aún en pañales, aunque costaba atraer al público. Por lo menos en esa fría jornada, el Estadio Olímpico de Tokio lucía semivacío. Yendo a lo estrictamente futbolístico, Independiente se impuso por 3-2, con goles de Bochini, Galván y Larrosa de penal.

Bevilacqua a Boca 1988

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Mayo de 1988. Boca busca reforzar su delantera, y para eso posa sus ojos en uno de los puntas más codiciados de la época: Mario «Pastor» Bevilacqua. Las negociaciones venían viento en popa, y parecía estar todo arreglado. De hecho, el jugador hasta posó con Heller para las cámaras. La operación ya estaba arreglada: Talleres lo iba a ceder en 350.000 dólares, 250.000 en efectivo y el resto en dos partidos amistosos a jugarse en Córdoba, más un jugador a elección. Un empresario pagaba los 250.000 dólares, lo adquiría para sí, y luego se lo presta a Boca. Pero algo pasó, porque Bevilacqua nunca se puso la azul y oro. Al contrario, esa misma temporada terminó jugando para River Plate.

Bellini Diego

Bellini

Diego Aníbal Bellini

Mediocampista que arribó, junto a su hermano Felipe, a Platense en 1973, para comenzar el largo camino de las inferiores. No fue por decisión propia que llegó al Tirapiedras Calamar, sino más bien por iniciativa de su padre, quien tuvo varios cargos en el club, como Presidente del Fútbol Amateur e Infantil, DT de las divisiones menores y entrenador del equipo que disputó el Proyección’86. Con un papá así, ¿cómo sus hijos no iban a llegar  Primera?

El caso del hermano mayor es más conocido: durante años marcó el lateral derecho de la zaga Calamar. Mientras que lo del más chico no fue tan fácil. A pesar de que en 1983 declaró “soy todo lo contrario a mi hermano, porque me considero más bien habilidoso y con creatividad”, solo disputó un partido, en 1985. Ya se lo había advertido el padre: “No les puedo asegurar ningún futuro, porque en el fútbol es algo incierto. Para triunfar se necesitan condiciones, suerte, disciplina y una excelente preparación física. Todo depende de ellos”.

Como se le iba a complicar mucho en la A, Diego la hizo bien: se fue a probar suerte a distintos torneos de ascenso. En el interior, por ejemplo, jugó para Estudiantes de Río IV, donde en 1988 se ganó al público al convertirle un golazo al siempre difícil (?) Sportivo Huerta Grande. ¿La consagración? No, todavía hay más. Sus buenas actuaciones en el equipo riocuartense le dieron una oportunidad en el Nacional B. Jugó 24 partidos en Laferrere (1991/92), marcando dos tantos. Buscando nuevas experiencias, se fue a la más chica de las categorías de AFA, para vestir las camisetas de Fénix, FC Urquiza y Acassuso. Aquí sí se consagro: por su parecido físico con Maradona llamaron «el Diego de la D».

Para redondear una carrera digna de buscavidas, paso por el under italiano (jugó para el Viterbesse) y por el competitivo fútbol canadiense, donde fue cobijado por el Hamilton Steelers. Finalmente, en 1995 retornó a Estudiantes de Río IV como refuerzo junto a su hermano. Aquel que no era tan hábil como él, pero jugó más de 10 años en la máxima categoría.