Emanuelli 1943

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Por la 18º fecha del campeonato de 1943, Boca recibía a Chacarita. Época complicada para los arqueros: se defendía poco y se atacaba mucho. Para colmo, no existían los cambios, y ante cualquier lesión debían aguantar en la valla, o darle su lugar a algún compañero que no estuviera habituado a esa función. Esto le pasó a Isaac López, arquero de los visitantes, que a los 15′ del primer tiempo debió dejar a su equipo con uno menos, pasando Emanuelli, un defensor, a ocupar su lugar. A esa altura, el Funebrero ya perdía 2 a 0, y se intuía que el encuentro iba a terminar en goleada. Y así fue: un lapidario 10 a 1 decretó la segunda mayor victoria de Boca y la peor derrota de Chacarita en la historia.

Especiales: Darío Giuliani

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Darío Alfredo Giuliani

En pocas palabras se puede definir al jugador polifuncional como aquel que es capaz de actuar en varias posiciones. Puede hacerlo mejor en un sector del campo que en otro, obviamente. Pero al fin y al cabo se trata más o menos de lo mismo: un puntero que es capaz jugar de enganche, un marcador central que actúa como lateral, o un volante ofensivo jugando como delantero. Pero hay casos que van más allá, porque una cosa es modificar el lugar dentro del campo de juego, y otra cosa es cambiar directamente de deporte. O peor: no terminar de decidirse y hacer dos cosas al mismo tiempo.

Este es el caso de Darío Giuliani, un sanjuanino nacido el 27 de enero de 1966, que desde chico se vio atrapado por el deporte más popular de la provincia: el hockey sobre patines. Con solo 15 años llegó a la primera del Concepción Patín Club, de San Juan. Pero como también le interesaba el fútbol, se fue a probar a Juventud Alianza. Y quedó. En 1985 debutó en el último Torneo Nacional que se disputó, jugando cuatro partidos como puntero izquierdo y convirtiendo un gol, a Temperley. “Tanto el hockey como el fútbol me apasionan. Por ahora estoy más metido en esto porque estamos en el Nacional”, declaró por aquel entonces. Pero una vez terminada la aventura de los sanjuaninos en el campeonato, Giuliani se sacó los botines y el hockey ganó la competencia.

Esta no es una historia única: años más tarde Panchito Velazquez intentó dejar su huella en ambos deportes, aunque con otra repercusión. Este caso fue más humilde. Es tan así que desconocemos como continuó la carrera de Giuliani con los patines. Lo que sí supimos es que en los últimos años fue entrenador del Centro Valenciano de San Juan y de Andes Talleres de Mendoza. Además, fue asistente del DT Daniel Cocinero en la Selección Argentina. Parece que mal no le fue. En el hockey, claro.

Quilmes celeste 1979

quilmesceleste

Por el Metropolitano 1979, River recibía a Quilmes. Para no confundirse con su rival, el Cervecero salió a la cancha con su tradicional vestimenta azul: la típica camiseta suplente. Hasta ahí todo normal, pero la sorpresa llegó en el segundo tiempo, cuando los visitantes aparecieron con camiseta celeste. La combinación se completaba con pantalones azules y medias blancas, redondeando un mamarracho que jamás se volvió a ver en ese equipo, aunque los memoriosos juran que ya había existido algún antecedente del QAC con camiseta celeste. Preferimos no hacer memoria.

Genaro Sergio

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Sergio Luis Genaro (el Torito)

Hay jugadores que están condenados a ocupar el banco de suplentes de por vida. En el caso de los arqueros, esta tendencia se acentúa, incluyendo torturas mayores: es muy raro que ingresen por una decisión táctica, dependen de una desgracia del arquero de turno y aún así deben rezar para que el DT no haya hecho los 3 cambios y se den situaciones como éstas. Y es así como los Sodero, los Saccone, los Crudo y los Leyenda ven pasar sus carreras al lado del cuerpo técnico, ya que hasta sus compañeros los aíslan: mientras unos juegan, otros calientan a un costado. Un icono de este desgraciado destino es el homenajeado del día.

Sergio Genaro nació el 12 de julio de 1962 en Corral de Bustos. Llegó a Boca cuando terminaban los 70’s junto con su coterráneo Oscar Ruggeri y se instalaron en La Candela. «Los primeros tiempos fueron duros. En tren o a dedo hacíamos Buenos Aires-Corral de Bustos”, recordó alguna vez el Torito. Pero el sacrificio valía la pena: Genaro fue campeón en sexta y comenzó a destacarse en cada categoría. Decían los que saben que el pibe prometía, tenía buenas condiciones y podía llegar. Tanto que en 1981 fue convocado a la Selección Sub-20, para disputar el Sudamericano en Ecuador y el Mundial en Australia. Claro que no todo le salió bien: Argentina quedó eliminada en primera ronda de la cita mundialista y Genaro no jugó. Fue suplente de un tal Sergio Goycochea.

Pero su hora en Primera División había llegado: el 11 de diciembre de 1983 debutó frente a Unión. Empezó con el pie izquierdo. Boca perdió 3-2 y Genaro recién jugaría su segundo partido en septiembre del siguiente año. En 1987 tuvo una corta racha como titular, con el Toto Lorenzo como DT. Esta seguidilla de partidos incluyó un histórico 2-3 contra River que lo condenó de por vida. Al año siguiente llegó CFNM y Genaro dejó el club donde, en sus casi cinco años en primera, fue suplente de Gatti, Barisio y Balerio. En total, disputó 27 partidos y le convirtieron 44 goles.

Entre 1988 y 1990 jugó en Talleres, donde fue suplente de Ruiz Díaz, pero tuvo más oportunidades que las que le dio Boca: alcanzó a disputar 41 partidos antes de llegar a Chaco For Ever para la temporada 1990-1991. En este caso, le tocó ver como atajaba Ciancaglini. Genaro dijo presente en apenas 5 partidos, y no pudo hacer nada para evitar el descenso del equipo chaqueño. De esta manera, con apenas 29 años, le puso fin a su carrera profesional. Pero no todo está perdido: hoy, su hijo Kevin deslumbra como delantero en las inferiores de Boca. Dicen los que saben que el pibe promete, tiene buenas condiciones y puede llegar. Bueno, lo mismo decían del padre y miren dónde terminó.

Kratina Pablo

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Pablo Enrique Kratina

Delantero cordobés de pura cepa nacido el 12 de enero de 1964. Comenzó su carrera en Belgrano, a principios de los 80’s. Época complicada para el Pirata, que disputaba el viejo Torneo del Interior. Sin embargo, una de las más grandes promesas del fútbol cordobés lucía la camiseta celeste: se trataba de Kratina, que con apenas 21 años  se consagró siendo una pieza clave para conseguir el ascenso al Nacional B en 1985.

Fue el goleador de ese equipo, y el tanto que le marcó en el descuento a Unión San Vicente no fue uno más: «En ese momento sentí que fue el gol de mi vida. No sólo porque casi nos clasificamos sino porque al principio del campeonato tuvimos muchos problemas. Hasta la gente me dice que me quedé ronco por ese gol«.

La leyenda afirma que su tono de voz cambió a partir de ese día. Eso puede ser solo un mito. Lo que sí es cierto es que desde entonces, el nivel de Kratina no volvió a ser el de antes. Después de disputar la Liguilla Pre-Libertadores  en 1986 y algunos partidos más en Belgrano al lado de compañeros como Beltrán, J. J. Lopez, Martelotto, Ghielmetti, Blasón, Parmiggiani, Ballarino, Céliz y Villareal, comenzó con la actividad preferida de todo futbolista cordobés: recorrer su provincia con la camiseta de distintos clubes. De esta manera, volvió adonde había tenido sus mejores días: el Torneo del Interior.

Anduvo por Estudiantes de Río Cuarto, General Paz Juniors y Sportivo Belgrano de San Francisco, hasta que decidió probar suerte en el exterior, y se fue a Perú: Alianza Atlética Sullana y Deportivo Municipal lo tuvieron entre sus filas. En 1993 apareció la oportunidad de jugar en una liga más competitiva: la mexicana. El Santos Laguna fue su destino. Allí jugó poco. ¿Cómo lo hizo? Mal ¿Cómo lo recuerdan los hinchas? Así. Con más pena que gloria regresó a Córdoba para disputar algunos torneos regionales y ponerle fin a su carrera.

A partir de ese momento, quiso transmitir sus conocimientos a los más chicos: trabajó en las divisiones menores del club Huracán, del barrio cordobés La France; fue colaborador de Miguel Angel Micó en las inferiores de Racing; y ocupó un puesto en el área de Deportes de la Municipalidad de Córdoba, hasta que en agosto de 2009 le pidieron la renuncia.

Tarantini a Barcelona 1978

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A finales de 1977, el Conejo Tarantini no llegó a un acuerdo para renovar su contrato en Boca y quedó libre, pero sin posibilidad de fichar por otro equipo. Eso motivó que disputara el Mundial ’78 sin pertenecer a ningún club, un hecho muy particular.

Finalizada la Copa del Mundo, firmó un precontrato con el Barcelona. Todo parecía ir viento en popa: Tarantini posó para las fotos, realizó algunos entrenamientos en el Camp Nou, pero a la hora de las formalidades contractuales se encontró con una sorpresa. Los directivos querían que se casara con una modelo catalana para que fuera considerado oriundo y no ocupara plaza de extranjero. El marcador de punta se negó y terminó jugando para el Birmingham de Inglaterra.