
Sergio Luis Genaro (el Torito)
Hay jugadores que están condenados a ocupar el banco de suplentes de por vida. En el caso de los arqueros, esta tendencia se acentúa, incluyendo torturas mayores: es muy raro que ingresen por una decisión táctica, dependen de una desgracia del arquero de turno y aún así deben rezar para que el DT no haya hecho los 3 cambios y se den situaciones como éstas. Y es así como los Sodero, los Saccone, los Crudo y los Leyenda ven pasar sus carreras al lado del cuerpo técnico, ya que hasta sus compañeros los aíslan: mientras unos juegan, otros calientan a un costado. Un icono de este desgraciado destino es el homenajeado del día.
Sergio Genaro nació el 12 de julio de 1962 en Corral de Bustos. Llegó a Boca cuando terminaban los 70’s junto con su coterráneo Oscar Ruggeri y se instalaron en La Candela. «Los primeros tiempos fueron duros. En tren o a dedo hacíamos Buenos Aires-Corral de Bustos”, recordó alguna vez el Torito. Pero el sacrificio valía la pena: Genaro fue campeón en sexta y comenzó a destacarse en cada categoría. Decían los que saben que el pibe prometía, tenía buenas condiciones y podía llegar. Tanto que en 1981 fue convocado a la Selección Sub-20, para disputar el Sudamericano en Ecuador y el Mundial en Australia. Claro que no todo le salió bien: Argentina quedó eliminada en primera ronda de la cita mundialista y Genaro no jugó. Fue suplente de un tal Sergio Goycochea.
Pero su hora en Primera División había llegado: el 11 de diciembre de 1983 debutó frente a Unión. Empezó con el pie izquierdo. Boca perdió 3-2 y Genaro recién jugaría su segundo partido en septiembre del siguiente año. En 1987 tuvo una corta racha como titular, con el Toto Lorenzo como DT. Esta seguidilla de partidos incluyó un histórico 2-3 contra River que lo condenó de por vida. Al año siguiente llegó CFNM y Genaro dejó el club donde, en sus casi cinco años en primera, fue suplente de Gatti, Barisio y Balerio. En total, disputó 27 partidos y le convirtieron 44 goles.
Entre 1988 y 1990 jugó en Talleres, donde fue suplente de Ruiz Díaz, pero tuvo más oportunidades que las que le dio Boca: alcanzó a disputar 41 partidos antes de llegar a Chaco For Ever para la temporada 1990-1991. En este caso, le tocó ver como atajaba Ciancaglini. Genaro dijo presente en apenas 5 partidos, y no pudo hacer nada para evitar el descenso del equipo chaqueño. De esta manera, con apenas 29 años, le puso fin a su carrera profesional. Pero no todo está perdido: hoy, su hijo Kevin deslumbra como delantero en las inferiores de Boca. Dicen los que saben que el pibe promete, tiene buenas condiciones y puede llegar. Bueno, lo mismo decían del padre y miren dónde terminó.