[Go home] La regla «Eddie Gaven»

Aunque ya se había abolido el inolvidable desempate por shootouts, la Major League Soccer todavía mantenía un reglamento propio, que hacía de esta liga algo distinto a lo que se jugaba en el resto del planeta. Una de esas diferencias era la realización de un tiempo suplementario si el partido terminaba empatado: se jugaban dos tiempos de 5 minutos cada uno con Gol de Oro, y si se mantenía la igualdad repartían puntos.

Sin embargo, la norma que permitió la creación de esta polémica regla fue el permiso para realizar un cuarto cambio, aunque únicamente el arquero era el que podía ser reemplazado si ya se habían realizado las tres modificaciones permitidas. Pero así como se hizo la ley, se hizo la trampa.

El culpable de manipular esta disposición para su propio beneficio fue Bob Bradley, quien en 2003 dirigía a New York Metrostars. El momento elegido fue ni más ni menos que un partido frente al DC United, uno de los rivales con los que más pica tienen los neoyorquinos. El 5 de julio de aquel año, los 90 minutos terminaron empatados, por lo que se debió jugar la mencionada prórroga. Semejante adefesio (?) iba a resultar, por lo menos ese día, en una emocionante e inolvidable definición.

Justamente, al inicio del suplementario se produjo la “trampa”. Con todas las sustituciones hechas (menos el cambio extra del arquero), la lesión del defensor Mark Lisi obligaba a los de Nueva York a jugar con uno menos. Pero el DT tenía un as bajo la manga: mandó al maltrecho futbolista a  intercambiar posiciones con Tim Howard, el Nº 1. Así, la modificación del guardameta fue posible. El que ingresó y se puso los guantes fue Eddie Gaven, un joven mediocampista que tuvo que comenzar el overtime bajo los tres palos, mientras el verdadero dueño del arco se ubicaba en algún sitio aleatorio (?) del campo de juego.

Pitazo inicial, mueve el DC United, a los 10 segundos el MetroStars recupera la pelota e inmediatamente se produce un momento mágico: puntinazo absurdo al lateral que en circunstancias normales hubiese sido motivo de insultos como “Donkey son of a bitch, you have round feet” (?). Pero en este caso fue causa de alivio para los de La Gran Manzana: el juego se detuvo, lo que posibilitó que Howard y Gaven intercambiaran posiciones.

Así lo contó el improvisado arquero: “Ellos movían del medio. Yo, la verdad, estaba nervioso: podían intentar un remate  y quién sabe lo que ocurriría después de eso. Por suerte, no lo hicieron. Trataron de dar un pase y la terminaron perdiendo. Alguien del equipo la mandó afuera, e hicimos el cambio: fui muy feliz cuando vi como esa pelota se iba a la tribuna”. La “estafa”, bautizada como Regla Eddie Gaven, había concluido. Para los que piensan que todos los chanchullos (?) se inventaron en Argentina.

Este partido quedó en la historia, ya que fue fundamental para que al término de la temporada la MLS suprimiera el cuarto cambio. Además, por sus pocos segundos con los guantes, Eddie Gaven se convirtió en el arquero más joven de la historia de la Liga (¡16 años y 8 meses!).

Como si esto fuese poco, aquel día el adolescente anotó el Gol de Oro que le dio la victoria a su equipo, en lo que fue su segundo partido como profesional, alcanzando otro record: jugador de menor edad en convertir en la historia de la franquicia neoyorquina. Todo, gracias a una particular lectura del reglamento. God Bless America.

[Go home] Fuera de Stock: los Shootout

Al recordar aquellos años en los que el soccer desembarcó con fuerza en Estados Unidos, tanto en los 70’s con la llegada de figuras extranjeras, como en los 90’s con el Mundial en ese país y la creación de la MLS, las primeras imágenes que se vienen a la cabeza son canchas pintadas arribas de las de fútbol americano, camisetas de extraños diseños, árbitros usando números como si fueran de la NFL y todo el show que los yanquis pudieran implementar, desde porristas hasta mascotas de cada equipo. Pero, sin dudas, en el aspecto futbolístico, los estadounidenses siempre serán recordados por su método de desempate: el shootout.

El procedimiento era similar al usado en el hockey sobre hielo: consistía en un mano a mano que comenzaba con el jugador atacante a 35 yardas (32 metros) del arco, teniendo 5 segundos para acercarse a la meta e intentar convertir. Este formato favorecía a los jugadores habilidosos, ya que podían intentar amagues frente al guardameta, aunque era más difícil de anotar que un tradicional penal. La final de la North American Soccer League de 1981, por ejemplo, fue definida de esta forma.

Esta no era la única regla que, por lo menos en los inicios de la NASL, pasaba por encima de lo estipulado por FIFA: también se permitía un mayor número de sustituciones, el reloj corría a la inversa (como en el básquet) y el offside era válido únicamente desde la zona de shootout y no desde la mitad de la cancha como en todo el mundo no civilizado (?). ¿Lo más insano? El sistema de puntuación: 6 puntos por la victoria, 3 por el empate y 1 de bonificación por cada gol anotado (con un máximo de tres por partido). Pero esto no iba a durar mucho…

A partir de 1975, los dueños de la Liga se volvieron a cagar en la International FA Board y le demostraron quien la tenía más larga (?): decidieron eliminar los empates. Así, todos los partidos tenían que tener un ganador. Y si el marcador final terminaba igualado, los penales determinarían al ganador del mismo, como ocurriría en Argentina durante la temporada 1988/89. Pero la verdadera revolución llegó en 1977. Ante la ausencia de un marcador victorioso en el tiempo reglamentario, se pasaban a jugar dos tiempos suplementarios de 7’ 30’’ cada uno. Y si no había ningún grito (se aplicaba la regla del Gol de Oro), al shootout.

A pesar de los retos de Havelange y compañía, este sistema se mantuvo hasta que la Liga desapareció en 1984, y tuvo su continuación en la MLS durante 4 temporadas (de 1996 a 1999). A partir de 2000, se dejó de lado esta extraña forma de definir, para amoldarse definitivamente al reglamento convencional.

[Go home] Deformaciones: Team America (1983)

team america

La norteamericanidad al palo. En una simple oración, así se puede explicar este invento en forma de equipo al que le sobraban condimentos yanquis: su indumentaria, sus integrantes, su lugar de pertenencia, su visión del espectáculo. Todo, menos su deporte: en lugar de dedicarse al béisbol o al football, optaron por el soccer. Tuvieron sus razones, claro. Aunque también sobraron los motivos para que así como surgieron de un momento para el otro, desaparezcan con la misma rapidez.

Hacia 1983, la NALS se caía a pedazos por la falta de sponsors e interés del público, y la creación del Team América suponía volver al furor causado por la redonda en los 70’s. Así como la popularidad se había alcanzado con la llegada de grandes figuras extranjeras, esta vez la cosa sería inversa: una franquicia rebosante de patriotismo haría revivir la pasión de la gente. Por otro lado, ante la proximidad de los Juegos Olímpicos a disputarse en Los Ángeles, en 1984, la Federación también dio el visto bueno, ya que el equipo estaría conformado en su totalidad por jugadores estadounidenses, con el objetivo de armar la base del plantel que iría por una medalla (¡ja!) al año siguiente.

A pesar de la expectativa, varios de los futbolistas de la Selección se negaron a dejar sus clubes para ingresar en la nueva franquicia, así que la nómina se completó con jóvenes procedentes de ligas menores, universitarias e incluso del campeonato de fútbol indoor. Ricky Davids, una de las figuras de la época, fue una de las voces que se alzó en contra del proyecto: “¿Estamos realmente haciendo algo para ayudar al jugador estadounidense, o estamos haciendo algo para ayudar a la liga a añadir otro equipo?”.

En cuanto a la dirección técnica, el designado para el puesto fue el griego Alketas Panagoulias, que complementaba su función con la de entrenador del conjunto nacional. Al asumir, derrochó optimismo: «Creo que Estados Unidos es, en este momento, un gigante dormido en el fútbol internacional. Pronto vamos a lograr una posición más fuerte en el plano mundial.» USA Positive (?).

Para demostrar el compromiso hacia deporte nacional, los muchachos visitaron al presidente Ronald Reagan, posaron frente al Capitolio y fueron locales en el Robert Kennedy Memorial Stadium, de Washington D.C. Estadio que les quedó gigantesco, ya que la media por partido fue de 11.000 espectadores, cuando la capacidad total era cinco vences mayor. La mejor concurrencia en su cancha se dio frente a Ft. Lauderdale Strikers, cuando asistieron más de 50.000 personas. Obviamente, el interés del público no pasaba por ver muchas patadas, pocas anotaciones y empates: al término del encuentro tocaban los Beach Boys, y con la entrada al juego te quedabas a ver el recital. Un golazo.

En cuanto a lo futbolístico, la campaña fue de mayor a menor. Luego de un gran arranque en las primeras fechas (incluyendo una victoria frente al Cosmos con este insólito gol en contra de Franz Beckenbauer), el equipo se derrumbó, cosechando 15 derrotas en los últimos 17 partidos. Obviamente, finalizaron en el lugar más bajo de la tabla. Aunque se dieron el gusto de terminar invictos en los juegos amistosos, al cosechar igualdades frente al Wattford (Inglaterra), Dynamo Minsk (USSR) y Juventus (Italia). Como curiosidad, se puede destacar que el partido frente a los ingleses fue disputado en… ¡Jamaica!

A esta altura, el objetivo principal, potenciar a la Selección, había quedado totalmente de lado: durante 1983 el equipo nacional apenas jugó un partido (victoria 2 a 0 frente a Haití) y al momento de la gran cita en Los Ángeles el Team América la había racingueado toda (?): ya no existía. La disolución llegó al concluir la amarga temporada, entre los pésimos resultados y el desinterés del público. Mientras tanto, la NALS seguiría, a los tumbos, un año más. Al fin y al cabo, estaban en Estados Unidos. Y el show debía continuar.

Racing 0 – Polonia 1 (1986)

La visita de la Selección de Polonia a nuestro país en el verano de 1986 será siempre recordada por un gol extraordinario, dentro de un partido electrizante. Pero la estadía de los europeos fue mucho más que aquel encuentro.

Además de su paso por Mar del Plata, también estuvieron en Córdoba (aunque no pudieron jugar ni frente a Belgrano ni con Talleres debido a un paro de transporte) y en Buenos Aires.

El 14 de febrero de aquel año, en la cancha de Vélez y bajo el arbitraje de Francisco Lamolina, Racing salió a jugar con Wirtz; Vázquez, Costas, Fabbri, W. González; Attadía, Ortíz, Colombatti; Acuña, Olivera y Walter Fernández. Ingresaron en el segundo tiempo: Piris, Héctor Fernández y Otermín.

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Esa noche no hubo goles de chilena, pero sí muchas situaciones de peligro: la mayoría a favor de La Academia. Pero como Racing era Racing hasta en los amistosos (?), no entró ninguna. Y en una de las pocas llegadas de los polacos, la pelota terminó adentro.

Tan grande fue la superioridad de los argentinos que la revista partidaria que cubrió el choque calificó al arquero Kasimierski con un 10. Como Rinaudo a Laverni, pero sin ironía.

Real Madrid 2 – Gimnasia 3 (1931)

real madrid

Reciente campeón, jugando en Europa y ganándole al Real Madrid. Sí, aunque parezca salido de un libro de ciencia ficción, esto sucedió con Gimnasia y Esgrima La Plata antes de inicio del profesionalismo.

Una agotadora gira en barco llevó al conjunto tripero hasta el viejo continente, para asombrar con su fútbol a los europeos, quienes más de una vez terminaron ovacionando a los argentinos.

El primer partido en aquellas tierras fue a principios de 1931. Bien al principio: el 1º de enero de ese año el Lobo venció al Merengue en el Estadio de Chamartín, con dos goles de Leonardo Sandoval (jugador de Quilmes incorporado para este viaje) y otro de Jesús Díaz. Para los locales marcaron Lazcano y Galé.

Al día siguiente, la prensa española tituló: “Los argentinos parecen haber nacido para jugar al fútbol”. Y no, no fue un chiste de gallegos.

Banfield con V verde (1960)

banfield 1960

De verde y blanco, pero con infinitos diseños. Así parece ser la historia de las camisetas de Banfield. Desde las más típicas, con bastones verticales o con la banda transversal, pasando por infinidad de combinaciones que incluso cuesta recordar.

Una de esas variantes fue la de 1960, con una V verde sobre el manto blanco. La camiseta estilo Vélez fue usada, por ejemplo, en un partido frente a Temperley. En la foto se puede observar a Anglese y Galván persiguiendo a Diz, aunque la mayor curiosidad la encontramos en el margen izquierdo, con Osvaldo Zubeldía quemando sus últimos cartuchos como jugador. Es más, por ese entonces ya dirigía a Atlanta. Sí, ¡al mismo tiempo!

Años más tarde, el Taladro seguiría innovando: usó una camiseta con franjas horizontales, otra a mitades y algunas con diseños más extravagantes. Eso sí, manteniendo el verde y el blanco en su uniforme titular. Desprolijos, pero con respeto por los colores.

DT Error: Carlos Bianchi en Atlético de Madrid (2005/06)

atletico madrid

Luego de un año sin estar al frente de un plantel (su último partido había sido el 1º de julio de 2004, la noche en la que Dios cambió el número de celular y las medallas para el subcampeón quedaron sin dueño), Carlos Bianchi se animó a enfrentar una nueva aventura en tierras europeas. La anterior, en Roma, había sido un trago amargo. Y esta no sería muy diferente.

El argentino fue presentado como la gran esperanza del Atlético de Madrid para volver a disputar competencias internacionales, luego de hacer una Liga mediocre, que lo había dejado en mitad de tabla. «La temporada pasada el Atlético terminó undécimo. Ahora, debe reencontrarse con Europa», manifestó el Virrey durante su presentación, fijando como objetivo principal terminar entre los equipos españoles que clasificaran a  la Champions League o a la Copa UEFA.

Para eso se requerían refuerzos de categoría, y el DT lo sabía: pidió a Javier Mascherano, al Conejito Saviola y, obviamente, a Juan Román Riquelme, de quien dijo: “Yo con Román hablo constantemente; nos tenemos aprecio mutuo y sé que desearía jugar en Atlético de Madrid.”. Obviamente, no llegó ninguno de los tres. Sin embargo, arribaron nombres destacados como Maxi Rodríguez, Martin Petrov, Mateja Kežman y Luciano Galletti, entre otros. «Pienso que, con este grupo, merecemos figurar entre los mejores», pareció darse por hecho el entrenador, destacando que «aunque el Real Madrid y el Barcelona son más ricos, el Atlético hizo una buena inversión con los nuevos fichajes».

atl bianchi

Las expectativas eran altas, la ilusión era grande, pero a la hora de jugar, lo del Colchonero fue bastante opaco. La campaña de Bianchi constó de modificaciones permanentes, chicanas constantes con la prensa y resultados que no estuvieron a la altura de lo que todos pretendían. A continuación, el repaso por algunos momentos destacados (no por lo bueno, precisamente) de su estadía en Madrid:

  • «Me cago en la concha de todos, es la segunda vez que nos roba». Así se refirió el técnico al colegiado (?) en el partido frente al Athletic Bilbao, al que se le fue la mano con el descuento permitiendo el empate de los vascos.
  • Una constante en la temporada fue que al Atlético le convirtieran goles de cabeza. El 11 de diciembre de 2005, el Alavés (último en ese momento) le empató un partido a pocos minutos para el final de esa manera. Al ser cuestionado por los periodistas, Bianchi encontró la solución: «habrá que fichar a Michael Jordan”, manifestó.
  • En pleno invierno europeo, hubo que visitar al Osasuna. En una cancha que había sufrido una fuerte nevada, los madrileños cayeron sin atenuantes y Carlitos eludió responsabilidades: «con un campo normal podía haber sido otra historia, pero ellos están más acostumbrados». Como si Pamplona quedara en Finlandia.
  • Por otro lado, es cierto que la fortuna no estuvo de su lado: en el mencionado partido, los cuatro arqueros principales estuvieron ausentes por diferentes motivos y tuvo que atajar Roberto Jiménez, el quinto en la lista, quien habitualmente defendía los colores del el Atlético Aviación, el segundo equipo filial del club.
  • En enero de 2006, otra muestra de que cuando la cosa viene torcida, no hay vuelta que darle: 14 jugadores del plantel fueron afectados por una intoxicación que les causó una gastroenteritis aguda, provocando la postergación del partido frente al Zaragoza, por la Copa del Rey.

Los malos resultados, sumados a declaraciones que no cayeron del todo bien («En la Argentina, siempre me han entendido. No quiero pensar que el jugador argentino es más inteligente que el de acá», dijo en una oportunidad), pusieron en jaque a Carlos, quien luego de haberse jugado mencionado encuentro (derrota en casa por los Octavos de Final) fue despedido con silbidos, pañolada y el infaltable gritó «Bianchi, vete ya».

Ahí nomás, la Junta Directiva decidió ponerle fin al ciclo de argentino, que dejó la capital española con el equipo en el 12º puesto y un acumulado de 9 partidos sin ganar (7 empates y 2 derrotas), ubicándose a sólo cuatro puntos de la zona del descenso. Su récord fue de 6 victorias, 8 empates y 7 derrotas. Números suficientes para que el Virrey tomara una sensata decisión: había llegado la hora de dormir la siesta.