Así formó Racing en la previa de un partido amistoso frente a Talleres, jugado en la cancha de Ferro, en julio de 1986. A simple vista, parecen estar vestidos todos con la misma indumentaria, pero no. Algunos, como Néstor Fabbri, llevaban el logotipo de adidas en negro, sobre uno de los bastones blancos. Otros, como Hugo Lamadrid, lucían solo el clásico trefoil en blanco, sobre fondo celeste. Y los más radicales (?), como Gustavo Costas, directamente no tenían símbolo alguno que identificara a la marca alemana. Camisetas similares, pero de distintos juegos.
Sin embargo, esta fue una desprolijidad menor ante lo sucedido unos minutos después, cuando el árbitro detuvo el partido y obligó a uno de los equipos a cambiar sus casacas. ¿Qué pasó? Algo que ya fue contado en este sitio. Así que hacé click acá y te enterás, purrete (?).
El Atlético de Madrid tenia un difícil compromiso en su visita al Estadio de los Juegos Mediterráneos: con la punta de la Liga Española en juego, debía enfrentar al Almería, que cumplía una discreta campaña. Pero lo peor para el equipo de Simeone pasaba por su propia portería: el confiable arquero belga Thibaut Courtois era baja por lesión y su lugar lo debía ocupar el inseguro Dani Aranzubía.
Y así fue hasta el minuto 84, cuando el dubitativo guardameta (que no se había mostrado firme en el primer gol del partido) falló al momento de jugar con los pies y le cometió penal a Zongo. O por lo menos eso fue lo que interpretó el colegiado (?), que encima le mostró la tarjeta roja. Con los tres cambios realizados, Gabi ocupó el arco del Aleti y no pudo hacer nada ante el disparo de Verza.
Los minutos restantes solo sirvieron para cumplir con el reglamento: no hubo más ocasiones de gol, para alivio del pobre mediocampista devenido en reemplazante del reemplazante del arquero bueno.
Lo de Atlético Rafaela durante el Campeonato de Primera División 2015 fue más que flojo. A las apenas 4 victorias en 30 partidos se pueden agregar otros datos negativos, como los cambios de técnicos (pasaron 3 entrenadores sin conseguir buenos resultados), la gran cantidad de goles en contra (solo le convirtieron más a Crucero del Norte) y el hecho de que el goleador del equipo haya sido el Malevo Ferreyra. Un verdadero papelón. Casi tan frustrante como lo que pasó el 29 de septiembre, cuando la Crema perdió un partido increíble.
A los 35 minutos del primer tiempo, los dirigidos por Leonardo Astrada le ganaban 2 a 0 a Unión, que encima jugaba con uno menos. ¿Partido liquidado? Ni ahí: el Tatengue lo emparejó y lo dio vuelta faltando poco para el final del partido. Para colmo, cuando ya se jugaba tiempo de descuento, el arquero Carlos De Giorgi se fue expulsado y su lugar lo tuvo que tomar un jugador de campo: Adrián Bastía, que tenía la misión de enfrentar a Claudio Riaño en la última jugada del encuentro: un penal.
Sin más que la estadística en juego, ya que la victoria del visitante estaba asegurada, el delantero y el mediocampista devenido en protector del arco se pusieron cara a cara. El disparo fue suave, a la izquierda del pelado pelilargo (?), que de manera poco ortodoxa pero efectiva, rechazó hacia un costado. Pitazo final y sonrisa socarrona para el Polaco, uno de los pocos que se salvó de los reproches en aquella malograda tarde del equipo rafaelino.
La agotadora gira realizada por el campeón de Primera División 1929 tuvo su paso por las Islas Canarias, donde disputó 5 partidos en 15 días. El 7 de enero de 1931, los argentinos llegaron al puerto de Santa Cruz de Tenerife en el vapor Reina Victoria Eugenia, para trasladarse luego a Las Palmas, donde jugarían todos sus compromisos.
Dos de estos partidos fueron frente al Marino Fútbol Club, por entonces el equipo más popular de la región. Ambos encuentros fueron victorias para Gimnasia y Esgrima La Plata. En el primero se impusieron por 3 a 2 y en el segundo la victoria fue contundente: 4 a 0, con dobletes de Demaría y Díaz. La imagen corresponde a este último enfrentamiento, donde se lo puede ver a Juan Botasso (arquero de Argentino de Quilmes incorporado para la travesía) rechazando un envío aéreo.
Se jugaba el partido por la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Barcelona ’92 entre Ghana y Australia. Los africanos habían sido la sorpresa de la competencia y se decía que algunos jugadores tenían más de la edad declarada. Sólo prejuicios (?).
Entre los ghaneses, el que se destacaba era Nii Lamptey, aquel que años más tarde tendría un paso por Unión de Santa Fe. Pero hubo un compañero suyo que llamó más la atención: el arquero Ibrahim Dossey fue a disputar una pelota de manera temeraria. La consecuencia del impacto con un rival australiano fue una lesión en el africano, que soportó el dolor hasta el minuto 62, cuando pidió el cambio. Y aquí llegó el papelón.
Simon Addo estaba listo para ingresar, pero su vestimenta no: además de utilizar un buzo genérico de adidas con un diseño diferente al del guardameta titular, tenía el mismo número que lucía el jugador reemplazado. La solución, propia de Boca una nación tercermundista: le pintaron con fibrón un 2 para conformar el 12 en su espalda.
De esa manera, Ghana aguantó el 1 a 0 parcial para quedarse con su único podio en los Juegos de la XXV Olimpiada.
Una Selección Cafetera que llega como candidata a un torneo y se va con las manos vacías. La misma historia de siempre, repetida en diferentes competencias: Mundial, Copa América y también Juegos Olímpicos. Entre estos últimos, las malas experiencias fueron moneda corriente. Pero, sin dudas, el golpe más fuerte fue el que sufrió en Barcelona ’92.
Es que, luego de una gran actuación en el Preolímpico de Paraguay (donde Argentina fracasó con La Banda del Gol y el Toque), Colombia llegaba con grandes expectativas. La ilusión era tan grande que los hinchas y la prensa daban por segura la obtención de una medalla. Pero el ego y la falta de experiencia para encarar este tipo de competencias, los traicionó a todos: el equipo no pasó de la primera ronda. Una desilusión que se reeditaría con varios de estos jugadores dos años después, en el Mundial 1994.
Para ser sinceros, los colombianos tenían nombres de sobra: Miguel Calero, Faryd Mondragón, Jorge Bermúdez, Faustino Asprilla y Víctor Aristizábal eran algunas de las figuras del equipo. Grandes jugadores, pero faltos de humildad. Así lo reconoció Iván René Valenciano: “Teníamos el ego por encima. Llegamos agrandados, nos sentíamos las estrellas y eso nos jugó una mala pasada. Faustino y yo ya estábamos vendidos a Europa, creíamos que ya teníamos la medalla de oro colgada en el cuello”.
La presentación del conjunto sudamericano no pudo ser peor: derrota 4 a 0 frente a España. “Nos sorprendió todo”, explicó el delantero. “Nosotros nos creíamos los mejores, pero no sabíamos que España tenía a Guardiola, Luis Enrique, Kiko, Abelardo… No sabíamos ni cómo jugaban ellos, solo creíamos en lo nuestro, y cuando nos encontramos con otra realidad en la cancha, ya era tarde”.
Los próximos rivales, Qatar y Egipto, daban margen para la recuperación. Pero otra vez, la soberbia les dio un cachetazo: fue empate frente a los asiáticos y derrota contra los africanos. “En el partido contra Egipto nosotros estábamos completos y ellos solo tenían siete jugadores porque los había dejado el transporte. Empezamos a jugar y les íbamos ganando 2 a 0. Fueron llegando poco a poco, parecía un partido de barrio, y nos ganaron 4 a 3”, contó Iván René. De esta manera, Colombia terminó última en su grupo.
Entre las causas del revés, los futbolistas admitieron que la concentración era inadecuada. Esto, combinado con la ausencia de un método nutricional, formó un coctel explosivo. La Villa Olímpica fue el hospedaje elegido, a diferencia de otras escuadras que planificaron mejor la preparación y se concentraron en lugares más apartados. “Lo de nosotros no era una verdadera concentración. Era muy difícil controlarnos en ese lugar, donde había hasta discoteca”, consideró el mediocampista Víctor Pacheco.
Además, los jugadores que en condiciones normales peleaban con la balanza tuvieron demasiadas tentaciones y constantemente se escapaban de la habitación. “Había 10 restaurantes, siempre alguno abierto. A los pocos días ya estábamos todos pasados de kilos. Mucha distracción para unos muchachos que no éramos tan profesionales”, confesó Valenciano, uno de los más glotones.
La maldición de Barcelona (?) dejó secuelas no sólo en el ámbito deportivo: varios jugadores del plantel perdieron la vida antes que el fútbol cafetero consiga participar de otros JJOO. Omar Cañas fue asesinado por sicarios en 1993, mientras que Jairo Zulbarán encontró el mismo destino en 2002. Ese mismo año, Herman Gaviria falleció luego de que un rayo cayera a metros suyo. El último en despedirse de este mundo fue Miguel Calero, quien en 2012 sufrió un infarto cerebral.
Fracasos futbolísticos y muertes violentas: dos costumbres colombianas que parecen inseparables.
A pesar de la crisis que se le venía encima, el mítico New York Cosmos no detenía su marcha. La costumbre de jugar amistosos cada vez que el calendario lo permitiera fue exprimida al máximo por el ex equipo de Pelé, que en aquel 1984 se enfrentó, por ejemplo, a Barcelona, a Juventus, a Hamburgo y al combinado del Resto del Mundo. Pero también hubo lugar para los choques con conjuntos más humildes, como Argentinos Juniors.
El Bicho todavía no había vivido su hora más gloriosa, aunque en ese momento se encontraba disputando el Torneo Metropolitano que lo consagraría campeón, y ya no contaba con Diego Maradona, figura la primera vez que los de La Paternal estuvieron cara a cara con los yanquis, en 1980.
Esta vez, el 22 de agosto de 1984, y ante más de 13 mil espectadores en el Giants Stadium de Nueva York, el local se impuso con goles de Johan Neeskens, Roberto Cabañas y Hernán Borja, descontando Pasculli y Olguín para los de Roberto Marcos Saporiti, que aprovecharon la fecha libre del certamen doméstico para viajar al norte y hacerse unos pesos extra.
Si la victoria conseguida ante el Real Madrid unos días antes había sido un verdadero batacazo, lo de Gimnasia Y Esgrima La Plata ante el Barcelona fue directamente una hazaña. Es que el rival era el vigente subcampeón de la Primera División de España y, para colmo, una de las figuras de los argentinos no pudo estar presente: se trataba del arquero Juan Botasso, incorporado especialmente para aquella gira.
Cuenta la leyenda que al otro guardameta de la delegación, Felipe Scarpone, se le dio la noche libre a sabiendas (?) de su segura suplencia. El problema surgió cuando Botasso sufrió una lesión a poco del comienzo del partido, por lo que tuvo que dejarle el arco a su trasnochado compañero. Para que el mito sea completo, falta la mejor parte: Scarpone se atajó todo lo que tiraron, posibilitando así la victoria del Lobo, con goles de Morgada y Díaz.