
Llegó al aeropuerto, se encontró con los dirigentes, le entregaron una camiseta para la foto, dio un par de vueltas y volvió al lugar de arribo para despegar otra vez. Así de intensa fue la estadía de Cristian Sánchez Prette en la ciudad que cobija al Atético Bucaramanga, el club que tenía todo listo para contratarlo. Pero en un mismo día, así como el volante argentino llegó, se marchó sin dar explicaciones.
El jugador pisó suelo bumangués alrededor del mediodía del miércoles 29 de enero de 2014. Cuentan testigos (?) que estaba todo acordado para alojarlo en la ciudad, y que incluso los directivos del club ya le habían comunicado que al día siguiente le realizarían los exámenes médicos. Pero de repente, el mediocampista desapareció. Así lo relató el presidente Héctor Cárdenas: “A las 8:00 de la noche me llamó el empresario Sergio Espíndola a decirme que no pudo retener al jugador, que se le había volado para el aeropuerto y la única explicación que me da es que recibió una llamada de otro equipo, le hicieron una oferta y el jugador dejó tirado al empresario y al club.”
Ese nuevo equipo que apareció en el medio era el Club Deportivo Águila, de El Salvador, que finalmente se hizo de los servicios del argentino. El ofrecimiento de un contrato más jugoso hizo que tomara un vuelo que lo llevara a Bogotá y de ahí otro a Centroamérica. Al llegar, vendió un poco de humo al declarar: “No podía decirle que no al equipo más popular. Estaba allá cuando me habló mi empresario, Mario Paniego, de venir a jugar acá, a un club grande y con muchísima historia y mucha gente.”
Un tiempo después, ya afianzado en El Salvador, Sanchez Prette dio su versión de lo sucedido en Colombia: “En realidad yo nunca hablé con nadie del Bucaramanga. Nunca firmé nada, estaba la posibilidad y tenía que ir a hablar con ellos. Llegué, me fueron a buscar al aeropuerto y luego prácticamente me dejaron solo, no me llevaron a ningún hotel. Fueron un montón de situaciones que me llevaron a irme de ahí; incluso si no se hubiera presentado la propuesta del Águila me hubiera regresado a Argentina.” Si decía que la publicidad de la camiseta le daba vergüenza ajena, era más creíble.