
“No me trate de boliviano, señor Laverni. «Bolivianos» a mis jugadores, les dijo. ¡Viva Jujuy!”, desencajado como nunca en su vida, Raúl Ulloa, presidente de Gimnasia y Esgrima de Jujuy gritaba ante los micrófonos de la televisión. Unos minutos antes en la Tacita de Plata, aquel sábado 20 de septiembre de 2008, el Lobo y Argentinos Juniors habían empatado 1 a 1 (goles de Juan Arraya para los locales y Juan Fernández para la visita), con un flojísimo arbitraje de Saúl Laverni, pésimamente asesorado por el juez de línea Ernesto Soto, que había pifiado feo anulando otro tanto legítimo de Arraya y uno de Mariano Martínez para el Bicho. Además, se habían ido expulsados el DT del conjunto norteño, Omar Labruna, y su ayudante de campo, Nelson Pumpido. Completito.
Según el mandamás jujeño, ante el tumulto generado por sus jugadores al final del encuentro, el referí se los habría sacado de encima diciéndoles “dejen de molestar, bolivianos”, algo que fue desmentido en ese momento y, hasta el día de hoy, por integrantes del plantel. Al parecer, la bronca de Ulloa con Laverni era personal y venía de antaño. En octubre de 2007, Gimnasia cayó por 3 a 0 ante Independiente en el Cilindro (sí, en cancha de Racing), en un partido que venía parejo hasta la expulsión de Daniel Ramasco, a 20 minutos del final. “En Independiente también les dijo “bolivianos”, cuando nos dirigió y no lo expulsó al que le pegó una piña a Ramasco”, repetía un enajenado Ulloa, que un rato después, en conferencia de prensa, presentaría su renuncia indeclinable a la presidencia del Lobo: “Renuncio al fútbol argentino, renuncio a mi cargo de presidente de Gimnasia de Jujuy y denuncio al árbitro Laverni por discriminación. Quiero denunciar a este señor por haber tratado de bolivianos a los jugadores de mi club”. Y continuó con el show: “Si la AFA tiene que echarlo, Gimnasia va a poner la plata para indemnizarlo aunque tenga que vender una tribuna completa. No puede estar más”.
Ulloa además trinaba porque siempre que le tocaba pitar a su cuadro, Laverni se alojaba en Salta, empíricamente demostrando su desprecio a los jujeños (?), a lo que Guillermo Marconi, capo del SADRA, salió a responder: «Los árbitros se hospedan en Salta cuando tienen que dirigir en Jujuy porque así lo ordena la AFA. Y si alguno de nuestros árbitros cometió xenofobia con los bolivianos, voy a pedir que se investigue porque no tenemos nada que ocultar».

El escándalo no tardó en cruzar la frontera y llegar a Bolivia que, a través de su cónsul en la Argentina y de su vicecanciller, pidió explicaciones a la AFA sobre los dichos de Ulloa, a los que consideró un acto xenófobo. «Pedimos una reunión con Julio Grondona y planteamos el reclamo y la queja. Es una manifestación inequívoca de un racismo, de una xenofobia, de un desprecio hacia el boliviano», expresaba el cónsul José Alberto González.
La que tampoco se perdió la oportunidad de figurar un rato fue la siempre sorprendente María José Lubertino, por aquel entonces titular del INADI (Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo), que citó a declarar al árbitro y al presidente: «Laverni manifestó que no había tenido ninguna actitud discriminatoria en el partido de Gimnasia y Argentinos, mientras que Ulloa reconoció que, en ese partido, Laverni no tuvo ningún acto de discriminación, pero insistió en que durante un partido anterior contra Independiente sí hubo un hecho discriminatorio, por lo cual en relación a los hechos no tuvimos un acuerdo pleno», aclaraba Majo.

¿Cómo terminó todo? Ante la atenta mirada de Julio Humberto Grondona, el dirigente y el referí hicieron las paces. Ulloa siguió al frente de Gimnasia y Esgrima de Jujuy hasta 2011, cuando luego de 23 años anunció que no se presentaría como candidato en las elecciones. Por su parte, Saúl Laverni continuó impartiendo injusticia, con su nombre constantemente en el ojo de la tormenta, hasta su retiro en diciembre de 2016.














