Brasil con la camiseta de Boca Juniors e Independiente (1937)

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Hoy en día, un duelo entre Brasil y Chile no supone ningún tipo de riesgo desde la vestimenta. Sin embargo, no era tan así hace casi ochenta años, en 1937, cuando se enfrentaron por la segunda fecha del Campeonato Sudamericano.

Aquella vez, en el viejo estadio de Boca, los brasileños salieron al verde césped con su hasta entonces tradicional camiseta blanca con vivos azules en las mangas. El problema se originó cuando Chile asomó por el túnel, también de blanco. Por eso, el árbitro del encuentro no tuvo otra que hacer un sorteo para decidir quién debía cambiar su vestuario. Y el triunfo fue para los trasandinos, que mantuvieron su color.

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Jubilada en la década del 50, la camiseta blanca de Brasil solo volvió a ser utilizada durante 45 minutos en 2004, en un amistoso contra Francia por el centenario de la FIFA.

Como solo contaban con un juego de indumentaria, los utileros brasucas se vieron obligados a buscar una alternativa. Cuenta la leyenda que uno de los directivos de la delegación había pegado buena onda con un colega de Boca Juniors y por eso la branquinha (?), a excepción del goleiro, jugó con la azul y oro.

En la cancha, en un entretenido partido, fue victoria del Scratch por 6 a 4 con una destacada actuación de Patesko y Luizinho, que marcaron dos goles cada uno. Carvalho Leite y Roberto completaron la faena. José Avendaño, Raúl Toro -2- y Guillermo Riveros anotaron para Chile.

Curiosamente, ese no fue el único percance de la utilería brasileña durante el Campeonato Sudamericano. Unos días antes, en el debut ante Perú, los dos equipos aparecieron de blanco y, tras perder el sorteo, la hoy Canarinha tuvo que vestir de prestado la casaca de Independiente.

Mal Pase: Veira al Palmeiras (1976)

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Para inicios de 1976, Héctor Rodolfo Veira ya estaba en cualquiera. No, todavía no se le había dado por invitar gente a su departamento para firmarle un autógrafo. Con apenas 29 años, ya en el ocaso de su carrera y diezmado por las lesiones, llegó a Brasil para vestir la camiseta de uno de los clubes más populares de ese país: el Palmeiras, que se había consagrado campeón del Brasileirão en 1972 y 1973 y del Paulistão en 1972 y 1974, y buscaba reforzarse en posiciones clave para mantener su hegemonía.

El Bambino venía de un par de temporadas en las que se había dedicado más a recaudar algunos billetes que a otra cosa. Prueba de eso fueron los pasos con un sabor amargo por el Sevilla español y el Comunicaciones de Guatemala. Lejos habían quedado los años dorados, repletos de goles defendiendo los colores de San Lorenzo y Huracán, entre otros.

Consciente de que las chances de llevarse un fiasco eran bastante altas, el Verdão, dirigido por el ex Boca Dino Sani, le propuso entrenar durante unos días, jugar un puñado de amistosos y recién ahí confirmar si contaría o no con sus servicios. El Bamba no puso objeciones. Actuar en Brasil, además, le daría la oportunidad de reencontrarse con un viejo conocido, el Loco Narciso Doval, que ese año había abandonado el Flamengo para pasar a su archirrival, Fluminense.

El primer test fue el 28 de enero, en Anápolis, en el estado de Goiás, ante el ignoto Anapolina. Ese día, Veira fue titular y compartió equipo con figuras como el arquero Emerson Leão o el eterno Ademir da Guia. El cuadro paulista se impuso por 2 a 0 y el delantero marcó el segundo gol a los 20 minutos del complemento, dejando una buena imagen.

Tres días más tarde, Palmeiras derrotó por 1 a 0 al Araçatuba, del interior de São Paulo, y Veira fue nuevamente parte del once inicial. Al igual en su debut extraoficial, tuvo una digna actuación y en la segunda etapa fue reemplazado por Erb.

Cuando parecía que la historia tendría un final feliz y que el Bambino vestiría la casaca verde durante el campeonato paulista, apareció Vicente Matheus. ¿Quién? Unos de los históricos presidentes del Corinthians, club que para ese entonces arrastraba una larga sequía de más de 20 temporadas sin títulos. Lo cierto es que Matheus llegó con los billetes uno arriba del otro (50 mil dólares) y se quedó con el pase del argentino, a quien siempre llamó “Vieira”, dejando pintado a su eterno rival.

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¿Qué pasó en 1976? Palmeiras fue campeón estatal otra vez, Veira jugó poco y nada en el Timão (apenas convirtió 4 goles en 20 encuentros, ante equipos de nombres inverosímiles como Madrugada, Pato Branco y la selección de Cuiabá -capital del estado de Mato Grosso-) y hasta se llevó una tontísima expulsión por sacarse la camiseta para festejar luego de una asistencia, siete minutos después de haber ingresado en un partido del Brasileirão contra Operário de Campo Grande. Tras rescindir su contrato en enero de 1977, terminó emigrando a la Universidad de Chile, antes de retirarse con los colores de Oriente Petrolero en 1978.

Olushola Fatai

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Fatai Olamide Olushola

Se los conoce como “Diamantes negros”. Son más de 20 mil y están desperdigados por Europa. Todos tienen ciertos puntos en común: un origen pobre en África, las condiciones para convertirse en el nuevo Samuel Eto’o o Didier Drobga y, generalmente, la mala fortuna de haber caído en las garras de un representante inescrupuloso. Apenas un puñadito logrará su objetivo de destacarse en el fútbol. La gran mayoría quedará a la deriva, sin papeles, techo ni comida.

Oriundo de Lagos, la ciudad más poblada y antigua capital de Nigeria, hincha de River y fanático del Diego, Fatai Olushola dejó su tierra natal en 2009, a los 17 años, cuando un agente argentino que lo había visto en un torneo intercolegial fue a seducirlo con la promesa de llevarlo a probarse al Viejo Continente.

Antes, sin embargo, este delantero debía mostrar sus condiciones en Sudamérica. Y así fue que terminó en una pensión de Ituzaingó, en el gran Buenos Aires, donde la pasó realmente mal. «En esa casa vivíamos casi al aire libre. Teníamos mucho frío y no teníamos nada para comer», relataba al sitio Sporting Africa.

La primera chance de comprobar que era bueno en serio fue en Banfield. Y quedó. Cuando estaba por firmar el contrato, le dijeron que había surgido un problema y que no iban a ficharlo. Cabizbajo, y sin entender demasiado qué pasaba, agarró sus cosas y siguió peleándola. Tiempo después, cuando ya vestía la 9 de la Cuarta División de Huracán, supo la verdad: su representante había pedido una cantidad de dinero irrisoria, boicoteando su llegada al Taladro.

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Luego, desfiló por un sinfín de clubes: Atlético Paraná, Maronese -foto- (formó parte del plantel que ganó la liga de Neuquén en 2009), Rosario Central y River Plate. “Me fui a probar a River y quedé. Fue algo increíble. Pero cuando ya me estaba ilusionando, me dijeron que me tenía que ir”. Otra vez la persona que manejaba su carrera le había jugado una mala pasada. Al menos, tuvo tiempo para pegar onda con el camerunés Many Essomba y los mellis Rogelio y Ramiro Funes Mori.

A comienzos de 2011, un abogado amigo de Julito Grondona le consiguió una prueba en Arsenal de Sarandí. Anduvo bien en algunas prácticas y lo ficharon para la Cuarta División. Tras una buena secuencia en la Reserva, le llegaría la hora del debut profesional.

El 21 de marzo de 2012, en el estadio Florencio Sola, justamente donde Fatai había dado sus primeros pasos en el fútbol argentino, Arsenal quedó eliminado de los dieciseisavos de final de la Copa Argentina tras caer por 2 a 1 ante Sarmiento de Resistencia (Chaco). Esa tarde, Gustavo Alfaro mandó a la cancha a Catriel Orcellet; Sergio Sena, Danilo Gerlo, Víctor Cuesta, Cristian Trombetta; Diego Torres, Gastón Esmerado, Juan Manuel Cobo y Claudio Mosca; Julián Cardozo y Gustavo Blanco Leschuk. En el entretiempo (con el resultado 0-2 abajo), Darío Benedetto reemplazó a Cobo y enseguida el Bicho Gómez entró en lugar del cantante Diego Torres.

Con el descuento de Mosca, Alfaro se decidió a quemar las naves en busca de la heroica: sacó a Cardozo y metió a Olushola. Enseguida, el negro se hizo cargo del ataque y habilitó a Benedetto, que se perdió el empate solito frente al arquero rival.

“Alfaro me hablaba en inglés para que yo entendiera mejor sus indicaciones. Las veces que entrené con el primer equipo me trató muy bien y me dejó una muy buena impresión”, decía el morocho, que no tuvo más chances en la zona sur del Gran Buenos Aires y se fue practicar con un combinado de jugadores libres, hasta que se sumó a Sarmiento de Ayacucho (2013/14).

Allí, protagonizó un hecho histórico: se convirtió en el primer futbolista africano en marcar un gol en la Copa Argentina. Fue justamente ante América de General Pirán, equipo que le daría asilo desde 2014, en las profundidades del Torneo Federal B, conformando una constelación de baldoseros al lado de Gabriel Christovao, Leonardo Tambussi y Junior Ischia.

Ahí jugaba hasta hace algunos meses, cuando el DT Hugo Tenaglia pasó el escobazo y se lo llevó puesto junto con su compatriota Chukwunonso Evans Ugwunwa, de previo paso por San Lorenzo de la mano de Félix Orode, y Junior Ischia, entre otros.

[Go home] RePartidos: Estados Unidos 2 – Olimpia 0 (1991)

En marzo de 1991, la selección de Estados Unidos estaba lejos de pasar su mejor momento. Había quedado eliminada rápidamente en el Mundial de Italia 1990 y llevaba un buen rato (siete partidos, más precisamente) sin marcar goles. Ni hablar de ganar.

Tras la salida de Bob Gansler, la USMNT era dirigida interinamente por John Kowalski, que venía del futsal. Ese equipo no suponía mayores riesgos para Olimpia de Paraguay, el campeón vigente de la Copa Libertadores, que se encontraba de gira por el país del norte.

En el Tampa Stadium de Florida, Marcelo Balboa, tras un delicioso pase de pecho, puso el 1 a 0 para los yanquis. En el segundo tiempo, Peter Vermes aprovechó todos los horrores defensivos del cuadro guaraní y convirtió el 2 a 0 definitivo.

Un puñadito de meses más tarde, en casa, y ya con el inmenso Bora Milutinović como entrenador, Estados Unidos sería el campeón de la primera edición de la Copa de Oro de la Concacaf al derrotar en la final, por penales, a Honduras.

[Go home] BaldoHero: Paul Caligiuri (1989)

Domingo 19 de noviembre de 1989. Estadio Hasely Crawford, de Puerto España. Última fecha de las eliminatorias de la CONCACAF para Italia 1990. Tras siete presentaciones, Trinidad y Tobago y Estados Unidos cosechaban 9 puntos, producto de tres victorias, tres empates y una derrota. La diferencia de gol, sin embargo, inclinaba la cancha para los Soca Warriors: +3 contra +2 de los Yanks, que estaban obligados a vencer.

A los 30 minutos del primer tiempo, Paul Caligiuri sorprende al arquero Michael Maurice con un remate desde lejos y convierte el tanto que clasifica a los estadounidenses a una Copa del Mundo tras 40 años de ausencias.