Díaz Matías

diazmatiasgaston

Matías Gastón Díaz

Mientras guardaba a sus mejores hombres para disputar el partido de vuelta por la semifinal de la Copa Sudamericana 2007 ante Arsenal de Sarandí, River Plate marcaba tarjeta por la fecha 16 del torneo Apertura ante Huracán en la cancha de Argentinos Juniors con lo que tenía más a mano: un combinado de juveniles con escaso rodaje, muchos debutantes y unos pocos experimentados. Una verdadera Deformación.

Ese sábado a la noche, bajo la dirección técnica y táctica de Daniel Alberto Passarella, salieron a la cancha Juan Ojeda, el colombiano Carlos Alberto Valencia, Mateo Musacchio, Federico Lussenhoff, Emmanuel Martínez, Facundo Affranchino, Matías Díaz, Matías Abelairas, Sixto Peralta, Damián Lizio y Andrés Ríos. En el segundo tiempo ingresaron el Roly Zárate por Abelairas, Mauro Rosales por Ríos y René Lima por Affranchino.

Uno que tuvo su estreno en aquella derrota por 2 a 1 ante el Globo fue el mediocampista central Matías Gastón Díaz, un producto genuino de las divisiones inferiores del Millonario, categoría 1987, que venía destacándose en la Reserva y buscaba el salto definitivo a Primera.

Sin lugar en el plantel campeón del Clausura 2008 que dirigía Diego Pablo Simeone, y antes de la debacle del último puesto en el Apertura de ese año, bajó un escalón para sumar minutos en la Primera B Nacional con la camiseta de San Martín de San Juan (2008/09). Disputó 13 partidos y le marcó un gol a All Boys en Floresta.

Con ese antecedente, a mediados de 2009 pegó la vuelta a Núñez, pero con el regreso de Matías Jesús Almeyda y la presencia de Nicolás Domingo y Oscar Ahumada en su puesto natural, se le hizo complicado ganarse un lugar en la consideración de Néstor Gorosito primero y Leonardo Astrada después.

Para colmo, a fines de ese año, el Jefe le colgó el cartel de prescindible, al igual que a Andrés Ríos, Nicolás Navarro, Rodrigo Archubi, los paraguayos Miguel Paniagua y Javier Cohene Mereles y el pibe Diego Bogado. Algo de razón tenía (?)

Sin embargo, el destino lo dejaría en River. No en el nuestro, claro, donde no sería tenido en cuenta, sino en River de Puerto Rico (2010), dirigido por Walter Zermatten y rodeado de argentos baldoseros como Martín Morello, Maximiliano Vallejo y Juan Manuel Sara, entre otros. Fueron apenas un puñado de encuentros, pero le alcanzaron para ser testigo privilegiado de una preciosa tángana ante el San Juan Jabloteh de Trinidad y Tobago, por el Campeonato de Clubes de la Unión Caribeña de Fútbol, en la que hubo golpes para todos.

A mediados de 2010, junto a Gonzalo Gil, pasó a préstamo al Ñublense de Chile. En los primeros seis meses disputó 15 partidos (13 por el torneo local y otros 2 por la Copa Chile) y su equipo salvó el pellejo por poco: terminó apenas dos puntos por encima de Universidad de Concepción, que debió jugar la Promoción.

En su segundo semestre sumó otras 15 presencias y no pudo repetir el milagro. Ñublense finalizó, sí, último. Díaz no se quedó a ver el descenso de sus ex compañeros porque tenía otro objetivo: buscar el ascenso a la A con Deportivo Merlo (2011 a 2013). ¿Lo consiguió? Ni por asomo. Es más, se fue a la Primera B Metropolitana. Al menos siguió actuando con cierta continuidad.

Ya complemente mimetizado con el fútbol de los sábados, jugó seis meses en la famosa Isla Maciel con la camiseta de San Telmo (2014) y en todo 2015 lo hizo bien cerquita de su casa, en Zárate, con los colores de Defensores Unidos, en la Primera C.

Son decisiones: el no gol de Pereda contra Ferro (1999)

son-decisiones-pereda-ferro

Era todo un mérito desentonar en aquel Boca Juniors de Carlos Bianchi multicampeón de fines de los noventa y principios del nuevo milenio. El Virrey tenía el celular de Dios y la señal nunca lo dejaba de garpe. Ponía al arquero suplente en el Superclásico y era la figura del partido. Se la jugaba por un pibito en una definición de Copa Libertadores y le respondía. Improvisaba con un defensor en la final de la Intercontinental y éste limpiaba de la cancha a uno de los galácticos. La excepción a la regla, claro está, era el peruano José Antonio Pereda Maruyama.

El Chino llegó a Boca desde Universitario de Lima al mismo tiempo que Bianchi, en el invierno de 1998, con el antecedente positivo del Ñol Solano, que se había marchado al Newcastle inglés. Estaba por cumplir 25 años y desde 1996 era un habitué de la selección dirigida por Juan Carlos Oblitas. Se presentaba como un volante ofensivo, bastante habilidoso y con buen manejo de pelota. Un calesitero, bah.

son-decisiones-pereda-peru

Su debut con la camiseta xeneize se dio en la segunda fecha del Apertura 1998, cuando reemplazó al Chipi Antonio Daniel Barijho en una ajustada victoria ante Gimnasia de Jujuy por 3 a 2, una noche en la que Martín Palermo metió dos golazos. Uno a favor y otro en contra. Desde entonces, el peruano se convirtió en una pieza de recambio, utilizada con cierta frecuencia (actuó de 8, de 5 y hasta de enganche), pero generalmente sin grandes resultados.

Con La Bombonera suspendida por los violentos incidentes en el amistoso ante Chacarita, el domingo 7 de marzo de 1999 Boca recibió a un (in)olvidable Ferro Carril Oeste por la primera fecha del Clausura en el Nuevo Gasómetro. Ese mediodía de 36 grados, el Chino se paró de 5 con el Pepe Basualdo a la derecha y Diego Cagna a la izquierda, y redondeó un buen encuentro.

Iban 12 minutos del segundo tiempo y los de Bianchi ganaban 1 a 0 (tanto de Martín Palermo) cuando Pereda protagonizó una de las jugadas más insólitas, fantásticas y baldoseras de la historia del fútbol argentino. Recuperó el balón en tres cuartos de cancha tras una mala salida de Pelotín Vitali, dejó en el camino a medio plantel verdolaga (Carlos Mac Allister, Nicolás Sartori, Gastón Vales, entre otros), esquivó al arquero Martín Herrera y cuando estaba por marcar un gol maradonianole pegó de lleno al pasto y la pelota se fue por la línea de fondo. El efecto desmoralizante fue tan fuerte que el peruano jamás volvería a encarar a una defensa contraria.

A pesar de Pereda, Boca venció 3 a 0 (otro de Palermo y uno de Guillermo Barros Schelotto completaron la goleada) y conquistó los primeros tres puntos de cara al bicampeonato que conseguiría algunos meses más tarde.

Como no podía ser de otra manera, el ciclo del Chino (no, este no) en Argentina se terminó a fines de 2001, con 72 partidos oficiales en el lomo (48 por torneos locales y 24 por copas internacionales), sin goles y 6 títulos. De vuelta en Perú, siguió sumando etapas en Universitario (fueron cuatro en total), pasó por Melgar, Coronel Bolognesi, Cienciano y coronó su trayectoria con un descenso a la enorme Copa Perú con el Real Academia.

Voy al Arco: Paulo Sérgio (1993)

voy-al-arco-paulo-sergio-1993

En febrero de 1993, en el estadio Pacaembu, Corinthians buscaba quebrar su historial reciente contra el São Paulo en una nueva edición del clásico Majestuoso. El Timão llevaba 6 partidos sin ganarle al Tricolor (con 3 empates y 3 derrotas) y en los últimos 5 ni siquiera había podido marcarle un gol. No, nada iba a cambiar esa tarde.

El mítico equipo de Telê Santana ya vencía 1 a 0 con el tanto de penal de Raí, cuando el uno de Corinthians, Ronaldo, se fue expulsado por una falta dentro del área, justamente, al hermano de Sócrates. Como el técnico Nelsinho Baptista ya había realizado los dos cambios permitidos, fue el delantero Paulo Sérgio (que solía actuar como arquero en los entrenamientos) quien se paró bajo los tres palos.

Cuando Raí ya estaba listo para rematar desde los doce pasos, un torcedor corinthiano invadió el campo de juego, se afanó la pelota y la reventó de punta a la tribuna, desatando la locura de los Gaviões da Fiel. Una vez que volvió la calma, Raí Souza Vieira de Oliveira puso el 2 a 0.

Sobre el final, de tiro libre, Dinho marcó el 3 a 0 definitivo para el Tricolor. Un rato antes, Paulo Sérgio, que en 1994 fue campeón en el Mundial de Estados Unidos, tuvo la oportunidad de lucirse ante los remates de Cafú, evitando lo que podría haber sido una goleada histórica.

La mala racha del Corinthians ante São Paulo se acabó en la segunda fase del Paulista de ese mismo año, tras 9 partidos (3 empates y 6 derrotas), cuando el gol de Neto (el primero del Timão en 8 encuentros) le dio el pase a la final, donde enfrentó a su archirrival, Palmeiras, que se quedó con el título.