
Mariano Néstor Torres
Producto genuino del Xemiverso de Boca Juniors, Mariano Torres cargó durante varias temporadas con el rótulo ineludible de promesa que, salvo contadas excepciones, a la larga termina siendo sinónimo de fracaso y un karma para el futbolista en cuestión.
Debutó extraoficialmente de la mano de Miguel Ángel Russo, ante el Real Salt Lake de Estados Unidos en la gira de invierno de 2007. Ese día, reemplazó a Jesús Dátolo cuando quedaban poco más de 15 minutos, con el partido 1 a 1, y no pudo hacer demasiado para cambiar el resultado.
Conscientes de que al pibe de la categoría ’87 se le estaba pasando el tren a toda máquina y no tenía espacio en el plantel profesional xeneize –ni chances concretas de ganárselo en un futuro cercano-, los dirigentes salieron desesperados a buscarle un lugar donde pudiera mostrar su nivel. Se ve que no confiaban mucho en las condiciones del enganche, porque lo mandaron a la liga de Austria. En ese país, junto a su compañero Matías Rodríguez, vistió los colores del siempre candidato LASK Linz (2008).
Tras un brevísimo paso por Godoy Cruz de Mendoza (2008), volvió a Boca (2009). En el verano actuó un rato en el triunfo ante Independiente, pero nunca más fue tenido en cuenta por Carlos Ischia. Finalmente, emigró al fútbol brasileño. Como parte de un negociado por la transferencia de Matías Defederico al Corinthians (2009) -ambos jugadores compartían representante-, también arribó a ese conjunto paulista. Claro que ni bien aterrizó en São Paulo, y mientras al ex Huracán lo recibían con honores, a Torres le dieron otro pasaje a su nombre con un destino inconfundible: Pernambuco.
Semanas atrás ya había estado cerca de arreglar con el Sport Recife, pero de buenas a primeras apareció en la contra: Náutico (2009). Allí sumó algunos pocos minutos en cancha, aunque jamás estuvo cerca de ganarse la consideración del entrenador, Geninho, que lo ponía porque no tenía otras alternativas. No hace falta aclarar que aquel equipo se fue al descenso varias fechas antes del final del campeonato.
De nuevo en Corinthians, volvieron a ponerle un estampilla con la inscripción “No devolver”. Lo subieron a un bondi y se bajó en Santo André (2010), donde estuvo bien lejos de las grandes actuaciones que le auguraban.
Una temporada en Primera con la 9 de Huracán (11 partidos –casi siempre como suplente- sin goles en la 2010/11) fue la excusa perfecta para que los hinchas del Globo entendieran a los brasileños.
Luego regresó sin éxito a Boca Juniors, pero como cantaba Gustavo Cerati, “tarda en llegar y al final hay recompensa en la zona de promesas”. Así fue que, a comienzos de 2013, Torres cruzó la Cordillera de Los Andes para sumarse al Cobresal chileno. Allí sigue hasta hoy..






