Torres Mariano


Mariano Néstor Torres

Producto genuino del Xemiverso de Boca Juniors, Mariano Torres cargó durante varias temporadas con el rótulo ineludible de promesa que, salvo contadas excepciones, a la larga termina siendo sinónimo de fracaso y un karma para el futbolista en cuestión.

Debutó extraoficialmente de la mano de Miguel Ángel Russo, ante el Real Salt Lake de Estados Unidos en la gira de invierno de 2007. Ese día, reemplazó a Jesús Dátolo cuando quedaban poco más de 15 minutos, con el partido 1 a 1, y no pudo hacer demasiado para cambiar el resultado.

Conscientes de que al pibe de la categoría ’87 se le estaba pasando el tren a toda máquina y no tenía espacio en el plantel profesional xeneize –ni chances concretas de ganárselo en un futuro cercano-, los dirigentes salieron desesperados a buscarle un lugar donde pudiera mostrar su nivel. Se ve que no confiaban mucho en las condiciones del enganche, porque lo mandaron a la liga de Austria. En ese país, junto a su compañero Matías Rodríguez, vistió los colores del siempre candidato LASK Linz (2008).

Tras un brevísimo paso por Godoy Cruz de Mendoza (2008), volvió a Boca (2009). En el verano actuó un rato en el triunfo ante Independiente, pero nunca más fue tenido en cuenta por Carlos Ischia. Finalmente, emigró al fútbol brasileño. Como parte de un negociado por la transferencia de Matías Defederico al Corinthians (2009) -ambos jugadores compartían representante-, también arribó a ese conjunto paulista. Claro que ni bien aterrizó en São Paulo, y mientras al ex Huracán lo recibían con honores, a Torres le dieron otro pasaje a su nombre con un destino inconfundible: Pernambuco.

Semanas atrás ya había estado cerca de arreglar con el Sport Recife, pero de buenas a primeras apareció en la contra: Náutico (2009). Allí sumó algunos pocos minutos en cancha, aunque jamás estuvo cerca de ganarse la consideración del entrenador, Geninho, que lo ponía porque no tenía otras alternativas. No hace falta aclarar que aquel equipo se fue al descenso varias fechas antes del final del campeonato.

De nuevo en Corinthians, volvieron a ponerle un estampilla con la inscripción “No devolver”. Lo subieron a un bondi y se bajó en Santo André (2010), donde estuvo bien lejos de las grandes actuaciones que le auguraban.

Una temporada en Primera con la 9 de Huracán (11 partidos –casi siempre como suplente- sin goles en la 2010/11) fue la excusa perfecta para que los hinchas del Globo entendieran a los brasileños.

Luego regresó sin éxito a Boca Juniors, pero como cantaba Gustavo Cerati, “tarda en llegar y al final hay recompensa en la zona de promesas”. Así fue que, a comienzos de 2013, Torres cruzó la Cordillera de Los Andes para sumarse al Cobresal chileno. Allí sigue hasta hoy..

Son decisiones: Castellano corriendo a Lunati (2007)

Uno, dos, tres, cuatro, cinco, ¡seis minutos de descuento! marcó el cartel electrónico del cuarto árbitro, Mauro Biasutto, cuando se cumplieron los noventa reglamentarios. En el Monumental, y ante un sol que rajaba la tierra, River Plate y Rosario Central empataban 2 a 2 por el Apertura 2007.

¿Era para tanto? En el segundo tiempo solo hubo dos cambios (ambos en la visita y antes de la reanudación del juego) y si bien es verdad que los jugadores del Canalla pasaron un buen rato tirados en el piso, seis minutos parecía un exceso.

Para esa altura, todo Rosario Central estaba re caliente con la actuación del juez, el Loco Pablo Lunati, reconocido hincha de la banda, que había obviado un clarísimo penal de Nicolás Sánchez, que desvió el balón con la mano en su propia área.

El que tenía la pelota era el local, pero el que se puso en ventaja, a los 94, fue Central, gracias a un gol de Ronald Raldes. Para aguantar el resultado, Carlos Ischia, DT de los rosarinos, llamó a Juan Manuel Azconzábal para que entrara en lugar de Martín Arzuaga. Pero Lunati hizo oídos sordos a los gritos de todo el banco canalla y siguió el partido como si nada.

Faltaban segundos para que se cumpliera el tiempo adicionado y River se venía al frente como una tromba. Con un córner a favor del Millonario, el Rifle Castellano (¿cuándo no?) explotó y reclamó el ingreso del defensor con algunas palabras que no le gustaron del todo al referí. «Está loco este, es es un loquito», exclamó el arquero ante las cámaras, y la siguió «Sos un loquito, sos un delincuente». El árbitro se acercó al banco visitante y, una vez más, expulsó al eterno suplente. Ah, además adicionó dos más.

El partido siguió y a los ¡98 y medio!, Radamel Falcao García clavó el 3 a 3. Castellano, que no había abandonado el terreno, salió disparado a buscar a Lunati, pero lo frenaron justo. En el medio de ese caos, el Loco Pablo informó por exabruptos al preparador físico, Diego Rousse, y el DT de la reserva, Angel Celoria. En cambio, y pese a lo comentado en la transmisión de TV, no mencionó al Pejerrey Gonzalo Belloso, quien aparentemente le habría arrojado un golpe al colombiano Falcao.

Cuando retornó la calma, al menos dentro del campo de juego, el encuentro ya estaba en tiempo recontra cumplido. Sin embargo, Lunati lo hizo seguir hasta los 101 minutos. Tras el pitazo final, el Rifle metió un pique tremendo para cruzarse con el árbitro. Mientras tanto, un grupo de hinchas de Central empezó a romper las butacas de la Centenario alta y a arrojarlas hacia abajo. Uno de los hierros que une los asientos golpeó en la bandeja inferior a un hincha de River, que sufrió fractura de clavícula y un corte en la cabeza.

¿Qué dijo el Loco Pablo? «Me quedé corto con los seis minutos; después pensé que tendría que haber dado ocho o más». O lo que en la jerga se conoce como “hasta que lo gane River”.

Especiales: Botero Joaquín


Joaquín Botero Vaca (El Chacal)

Tres goles en aquel recordado 6 a 1 de Bolivia a la selección argentina de Diego Maradona en la Paz convirtieron a Joaquín Botero en el enemigo público número uno de 40 millones de personas. No era la primera vez que el delantero se transformaba en el verdugo de los argentinos, ni mucho menos. Tres años atrás había hecho sapo categóricamente con la casaca del Ciclón.

«Es un jugador interesante al que conozco mucho», dijo el cometero técnico Oscar Alfredo Ruggeri cuando todos se preguntaban quién era ese boliviano que venía a reforzar el sector verdulería del Carrefour de avenida La Plata vestir la camiseta de San Lorenzo en el segundo semestre de 2006. Su llegada, a préstamo por un año (y gratis porque venía con el pase en su poder), se sumaba a la del peruano Roberto Malingas Jiménez en ese paquete de contrataciones falopa latinoamericanas que armó el actual panelista estrella de #elprogramadeFantino.

Para ese entonces, y si bien era casi un desconocido por estas tierras, el Chacal, un delantero de raza, nacido en diciembre de 1977, llevaba un buen rato en la selección y acumulaba pasos en su país por el Mariscal Braun (1997), Club Deportivo Municipal de La Paz (1998), Bolívar (1999 a 2003, en 2002 había sido el goleador a nivel mundial) y por México en los Pumas de la UNAM (2003 a 2006), aunque su carrera ya pintaba en declive.

«Soy un delantero con mucha movilidad, que corre muchísimo, que le gusta y vive del gol. Soy un oportunista del gol», se presentó ante los que no lo ubicaban y dejó un par de perlitas como «El técnico, los dirigentes, los jugadores y los jefes de la hinchada (sic) me recibieron muy bien» y «Tengo 10 hermanos: mi papá tenía tan buena puntería como yo». Eso sí, ya adelantaba que lo iban a tener que esperar un ratito: «Todavía no estoy para jugar. Hace un mes que estoy parado. Pero calculo que la adaptación será bien rápida». Y sí, en los entrenamientos se lo veía bastante regordete.

Debutó casi un mes más tarde, todavía visiblemente fuera de forma física, el 18 de agosto, ante Belgrano en Córdoba (empate 2 a 2). Esa noche, el Boli reemplazó al peruano Malingas Jiménez y tuvo una actuación discreta, tirando a floja. Es más, sobre el final del partido, con Germán Montoya -el arquero del Celeste– ya vencido, se perdió lo que hubiera sido el triunfo del Ciclón. Mala suerte.

Reapareció cuatro días más tarde, ahora como titular, ante Banfield por la Copa Sudamericana, conformando la dupla de ataque con Malingas. Ese día, San Lorenzo ganó 2 a 1 y Boterito rindió bien hasta que salió reemplazado por el Pocho Ezequiel Lavezzi. Parecía que se le iban a abrir un par de puertas, pero…

Misteriosamente, Ruggeri lo mandó al freezer. Recién volvió a jugar en la revancha ante el Taladro, el 12 de septiembre. El partido terminó 0 a 0 y Botero se fue reemplazado por Leandro Ulloa (con todo lo que eso significa). En las instancias siguientes de la Sudamericana, ante Santos y Toluca, reemplazó a Adrián González, pero siempre pasó desapercibido.

La despedida quedó para la fecha 13, ante Vélez en Boedo Almagro el Bajo Flores, cuando le tocó ingresar por Ulloa. Más allá de que entró con un 0-2 abajo y se fue con el encuentro empatado 2 a 2, tuvo otra noche olvidable. Y así jamás volvería a vestir la camiseta azulgrana. Ese torneo, el Ciclón tuvo un desempeño discreto y terminó noveno, aunque no le fue tan mal en cuanto a goles convertidos. Pese a contar con Peirone, Botero y Ulloa entre sus delanteros, metió 30 tantos. Apenas cinco menos que el campeón, Boca Juniors Estudiantes de La Plata.

Sin espacio, y decepcionado con el Cabezón, se marchó antes del final del Apertura. «Ruggeri me pidió y después no me dio muchas chances. Habrá que preguntarle a él porque no jugué», argumentó el Chacal, que reconoció que llegó muy fuera de forma y eso le jugó en contra. Solo 6 partidos (nunca la metió, obvio) alcanzaron para conocerlo y pedirle un remís que lo regresara a su casa.

Lejos de Buenos Aires, siguió su derrotero por Deportivo Táchira de Venezuela (2007), Bolívar (2008) y Correcaminos de la UAT de México (2009). Quizás, esa tarde iluminada ante la Argentina le sirvió para viajar por el mundo en 2010. Primero jugó en Al Arabi de Kuwait y luego pasó al Henan Jianye Football Club de China.

En 2011, claro, ya estaba de nuevo en Bolivia, defendiendo los colores del San José, aunque se tuvo que marchar a los pocos meses por las constantes lesiones. A comienzos de 2012 surgió la posibilidad de ir a robar disputar la liga de la India con otras figuras del fútbol boliviano, como Joselito Vaca y Limberg Gutiérrez, pero todo quedó en la nada.

A mediados de 2012, Bolívar, donde es ídolo, lo tentó para volver, pero no hubo acuerdo. En enero de 2013, cuando todo parecía indicar que regresaba al conjunto celeste tras casi un año y medio de inactividad, los dejó de garpe y se fue a Sport Boys de Warnes, en la segunda división del altiplano, donde al cierre de la temporada consiguió el ascenso a la máxima categoría con goles en los partidos importantes.

Castigado por las lesiones, pasó los últimos seis meses relegado el banco de suplentes, viendo cómo su lugar era ocupado por el eterno Bichi Fuertes. Ah, sí, todavía ni piensa en retirarse.

Em Uma Lajota: Leandro Zárate


Leandro Sebastián Zárate (La Chancha)

Después de romperla en la B Nacional con la camiseta de Unión de Santa Fe, Leandro Zárate sintió que era el momento justo para pegar el salto y hacerse conocido en el exterior. El Botafogo (2008/09), uno de los equipos más grandes de Río de Janeiro, aparentaba ser la vidriera perfecta para eso.

Pero su llegada generó desconfianza entre los torcedores del Fogão, que miraban con recelo su currículum plagado de clubes del ascenso (y apenas un puñado de encuentros en Primera en bajísimo nivel con la casaca de Argentinos Juniors), bien lejos de la jerarquía e historia del conjunto carioca que alguna vez honraron figuras como Garrincha, el Pipa Estévez o Alexis Ferrero.

Para colmo, el día de su presentación muchos se sorprendieron con su contextura física. Es que apenas un semestre atrás se habían llevado el chasco del año con la contratación del ex Boca Luis Miguel Escalada, al que los medios locales apodaron rápidamente Gordinho, que estaba a años luz de su condición atlética ideal y resultó ser un fracaso.

Cuando a las sospechas de los hinchas y el exceso de peso del propio Zárate se les sumaron algunas complicaciones contractuales, el combo fue letal. El delantero tuvo que esperar casi dos meses para debutar oficialmente y las dudas se incrementaron todavía más la noche de su estreno, ante Náutico de Recife, por el Brasileirão.

La Chancha jugó solamente 20 minutos, pero tuvo una actuación olvidable y se fue silbado por su propia gente. El técnico, al mejor estilo Bambino Veira, lo marginó del plantel hasta que se pusiera en forma y recién reapareció varios encuentros más tarde.

Ni siquiera el gol en el triunfo ante el Vitória, por la fecha 29 del campeonato local, calmó un poco los ánimos. Tampoco el tanto que marcó en el empate ante Atlético Paranaense, en la penúltima jornada.

La novela siguió durante el resto del torneo y tuvo sus momentos más turbulentos en el arranque de 2009, cuando Zárate viajó a la Argentina sin avisar, alegando problemas familiares y justificándose en el atraso de los sueldos.

Las idas y venidas, los faltazos y las multas continuaron durante todo el primer semestre de 2009. Finalmente, la Chancha regresó a nuestro país, donde, fiel a su estilo, continúa deambulando por el fútbol de los sábados con suerte dispar y kilos de más.

Son decisiones: Ricardo Caruso Lombardi contra el mundo (2005)

Lunes 7 de noviembre de 2005. Estadio Tomás Adolfo Ducó. Huracán – Tigre. Esa noche (ni antes ni después, esa misma), Ricardo Caruso Lombardi, por entonces DT del Matador, hizo su ingreso triunfal por la puerta grande del fútbol argentino cuando, frente a las cámaras de televisión en vivo y en directo para todo el país por la pantalla de TyC Sports, estalló de bronca (y casi literalmente) por el pésimo arbitraje de Walter Díaz.

La furia del Richard comenzó a desatarse en el primer tiempo, cuando Díaz, a instancias del línea Omar Bisso, le anuló un gol legítimo a Tigre luego de la enérgica protesta del Turco Mohamed y sus dirigidos.

La jugada ocurrió a los 35 minutos, cuando Nicolás Torres ejecutó un tiro libre que terminó en el fondo del arco defendido por Elías Gómez (que había ingresado por el expulsado Diego Pozo), después de que Juan Carlos Blengio -habilitado- y Diego Castaño -en offside- se interpusieran en el recorrido de la pelota, aunque sin tocarla. El árbitro, tras sancionar el gol, dio marcha atrás por los reclamos de la gente de Huracán y se excusó en que Castaño «interfirió la visual del arquero». Caruso Lombardi vio la tarjeta roja por sus quejas desmedidas.

El partido, correspondiente a la decimocuarta fecha de la B Nacional 2005/06, estuvo suspendido durante 15 minutos por incidentes en la tribuna visitante que motivaron el lanzamiento de gases lacrimógenos por parte de la policía.

En el inicio del segundo tiempo, con los ánimos ya muy caldeados y quizás para compensar aquel error, el referí convalidó el único tanto del equipo de Victoria, tras una clara posición adelantada de Matías Giménez. En el transcurso de la segunda etapa, el árbitro le expulsó a tres jugadores al Matador: Daniel Muñoz, por doble amonestación, Diego Castaño, por exceso verbal, y Diego Minor, por juego brusco.

Cerca del final del encuentro, el juez sancionó un penal inexistente para Huracán, de cuyo rebote Joaquín Larrivey marcó el 1 a 1 parcial. Ya sobre la hora, un zapatazo de Walter Coyette puso el 2 a 1 definitivo para los de Parque Patricios.

Desatado y ante la atenta mirada de las cámaras de televisión, el Richard siguió con su show. Esperó a que sus dirigidos dejaran de rodear a Walter Díaz y luego encaró al árbitro, lo tomó de la camiseta y le preguntó a los gritos: «¿Por qué nos hiciste ésto?, ¿por qué nos robaste?».

Minutos después, ante el periodismo y al borde de un síncope, dio cátedra y escupió uno de los diálogos más recordados del fútbol moderno:

Ricardo Caruso Lombardi: No dirijo más, no dirijo más. Mi renuncia hoy, yo no dirijo más. ¿Sabés por qué? Porque a este señor le dan una fecha y yo me tengo que ir (balbuceo inentendible) a putearme con todos los negros. Lo que hizo este hombre hoy…
Periodista: Tranquilo, tranquilo, pero sos el conductor, sos el conductor.
Ricardo Caruso Lombardi: ¡QUE LO ECHEN DE LA AFA! ¡QUE-LO-E-CHEN! Por favor te lo pido, que lo echen, que no dirija nunca más. ¿Sabés por qué? Porque él le hace daño, le hace daño a mucha gente, a mucha gente. Y me deja sin trabajo y yo soy honesssssssto.
Periodista: Pensá en tus hijos, pensá en tus hijos.
Ricardo Caruso Lombardi: Sí, ¿Y él tiene hijos? Él tiene hijos también, ¿no?

La charla terminó abruptamente cuando algún desalmado se llevó al DT para el vestuario. Un rato después, ya más tranquilo (?), siguió declarando: «Yo renuncio por más que los dirigentes no quieran. Me voy, no dirijo más porque no me quiero morir en una cancha y, realmente, estoy muy asustado que algún día pase. Me voy porque soy leal y me siento estafado. Si algún día tengo ganas de dirigir y algún equipo me viene a buscar, dirigiré…».

¿En qué quedó todo? Caruso Lombardi siguió siendo el entrenador de Tigre hasta fines de 2006, cuando fue reemplazado por Diego Cagna, que logró el ascenso a Primera División a mediados de 2007 tras derrotar en la Promoción a Nueva Chicago.

Peirone Hernán


Hernán Gastón Peirone (El Látigo)

Tras el retiro del Beto Alberto Federico Acosta, la hinchada de San Lorenzo vio desfilar una enorme cantidad de delanteros que intentaron, generalmente con muchísima más pena que gloria, hacerse un lugar en la ofensiva del club del Bajo Flores. Así pasaron, entre tantos otros, Ariel Carreño, el Lobo Cordone, Damián Luna, Matías Urbano, Alfredo Guevara, el Toto Cornejo, Rodrigo Astudillo, Román Díaz, Germán Herrera, Juan Manuel Olivera, Ezequiel Lavezzi y Hernán Peirone. Sí, sí, Deportivo En Una Baldosa.

Un hat-trick ante Boca Juniors en el Clausura 2005 elevó justamente a Peirone al status de estrella. Eran épocas complicadas y la irrupción del Látigo, de tan solo 19 años, aparentaba ser la solución a buena parte de los problemas de ataque del Ciclón. «Tiene el gol en el alma», aseguró el violín técnico Héctor Rodolfo Veira tras aquella tarde de gloria en el Nuevo Gasómetro.

Apenas unos meses antes, en la despedida del Apertura 2004, ante Racing, el delantero había convertido su primer triplete. Casualmente ante La Academia, en marzo de ese año, le había tocado debutar oficialmente en una parada brava. Ese día, los de Avellaneda sacaron a pasear a San Lorenzo y lo golearon 4 a 0. Desde entonces y hasta comienzos de 2007, el Látigo disputó 51 partidos con la camiseta del Cuervo y marcó 12 tantos. En el medio, sufrió bastante con las lesiones.

La bomba estalló en marzo de 2007, cuando Peirone fue separado del plantel profesional que dirigía Ramón Díaz por negarse a firmar la renovación de su contrato si antes no le pagaban una deuda originada entre 2005 y 2006. Luego de mandarlo a practicar con el Selectivo, la decisión de la dirigencia azulgrana fue la de marginarlo por completo.

«El tema me tomó por sorpresa, por eso estaba mal anímicamente. Pero no queda otra que enfrentar la situación. Me dolió, pero confió en que todo se va a arreglar», decía por aquel entonces. «No me quiero ir. Nunca voy a querer irme, porque nací en este club y lo quiero mucho. Además tengo contrato hasta 2008».

Tras entrenar cuatro meses por su cuenta en su Córdoba natal, cuando arregló los números, en noviembre, se reintegró al grupo, aunque muy lejos de su mejor forma física.

Luego de una buena pretemporada a inicios de 2008, comenzó a ganar minutos en Reserva. Pero Ramón Díaz no lo tenía en cuenta y buscó cambiar de aire. Lo quiso Tigre para reemplazar a Leandro Lázzaro, pero no llegó. A mediados de año, estuvo muy cerquita de pasar a Racing, aunque el pase se cayó por aquella vieja deuda. Las cosas empezaron a cambiar, muy lentamente, con la llegada de Miguel Ángel Russo.

En marzo de 2009, más de dos años después de su último partido, reapareció por la Copa Libertadores, ante Libertad de Paraguay. Luego, rapiñó algunos minutos más ante Racing por el campeonato local y se despidió para siempre del Ciclón por la Copa, ante Universitario de Perú. En total, en el Bajo Flores fueron 54 encuentros y 12 goles. Poco, teniendo en cuenta que seis tantos los marcó en dos juegos.

Lejos de la Argentina, no sin antes inhibir al Cuervo, emprendió un viaje latinoamericano para ver si afinaba la puntería. Arrancó en el Emelec de Ecuador (2009/10), pero apenas convirtió tres veces -una en el clásico ante Barcelona- en 17 presentaciones y le rescindieron el contrato antes de tiempo. Recaló en el San Luis de Quillota chileno (2010), donde tuvo algo de efectividad, aunque no pudo hacer demasiado para evitar la pérdida de categoría. Una de cal y una de arena.

Con la moral renovada, a comienzos de 2011 se unió al Alianza Lima peruano. De entrada, vendió cantidades industriales de humo. “Alianza Lima será mi trampolín para volver a selección argentina”, dijo. Y es que en el Sudamericano Sub 20 de 2005, un tal Lionel Messi era suplente suyo.

¡Quince partidos! tuvieron que pasar para que el Látigo Peirone convirtiera sus primeros goles en tierras incaicas. Fueron dos (los únicos que hizo en todo el año, claro) ante Sport Boys en una goleada 5 a 0. Esa tarde, el delantero repartió besos a los que lo bancaron y palos para los detractores. “Acá fueron muy duros, nunca viví una prensa igual, yo sabía que tarde o temprano iba a marcar, pues hasta Palermo pasó una mala racha”, sentenció. Ojo, algo de razón tenía. “El desempeño del atacante de Alianza Lima es pobre en todo: no agarra aún ritmo futbolístico y las veces que queda de cara al gol, la pelota la manda a cualquier lado, menos adentro del arco. Tiene el apodo de “Látigo”, pero necesita un latigazo para que despierte”, había escrito sobre él el diario Líbero. Durísimo.

Las actuaciones deslucidas se repitieron en Unión Temuco de Chile (2012/13) y Brasil de Farroupilha (2013). Durante su breve paso por Estudiantes de Río Cuarto (2013), en el Argentino B, enderezó un poco el rumbo. Marcó 6 goles y se convirtió en una de las figuras del equipo. Suficiente como para volver a probar suerte en otro lado.

Así fue que en enero de este año cruzó, nuevamente, la Cordillera de Los Andes para sumarse al Unión San Felipe de la segunda división de Chile. Por estos días, y para no quedar afuera de la moda, nos cuenta un poquito de su vida a través de su cuenta de Twitter.

Especiales: Nicolás, el Higuaín que no llegó


Nicolás Jorge Higuaín

Cuando todos creíamos que el Higuaín baldosero malo era Federico, En Una Baldosa, una vez más, desempolva sus archivos secretos y trae la historia de Nicolás, el mayor de los hijos del Pipa.

Sin la destreza futbolística de Gonzalo ni el carisma (?) de Fede, y sin chances de escaparle a la tradición futbolera familiar, al igual que su padre eligió el puesto de defensor para desempeñarse en la cancha.

Arrancó su carrera en las divisiones inferiores de River Plate y luego pasó por Atlanta y Almagro, cuando actuaban en la B Nacional, en los noventa. Lejos de los flashes, debutó oficialmente en San Telmo, en la B Metropolitana, a fines de 1999, y tras un brevísimo paso por Defensores Unidos de Zárate, en 2002, colgó los botines.

Años después, se convirtió en ayudante de Norberto Cacho Recasens, el representante de sus hermanos, hasta que en el Mundial de Sudáfrica 2010 se reencontró con Marcelo Achile, el presidente de Defensores de Belgrano, que le ofreció volver al fútbol en el Dragón y Nicolás ni lo dudó. Es más, hasta se perdió el partido ante Alemania por regresar a Buenos Aires.

La ilusión duró apenas seis meses. Si bien fue al banco de suplentes en varios partidos de la B Metropolitana, nunca llegó a debutar y, a comienzos de 2011, rescindió su contrato para convertirse en el representante de su hermano Gonzalo.

Son decisiones.

Quintana Matías


Andrés Matías Quintana

Andrés Matías Quintana tenía apenas 16 años cuando Chiche Sosa lo largó a la cancha a ver qué onda en un partido que su club, Quilmes, perdía 3 a 0 frente a Racing por el Clausura 2006. Con un cagazo evidente (y entendible, propio de su juventud), el pibe, que jugaba como delantero y había reemplazado al Tweety Carrario a quince del final, fue el blanco perfecto para las puteadas de los impacientes plateístas, enojados por el desempeño de un plantel que rumbeaba derechito al descenso y del que se salvó solamente porque estaban Instituto de Córdoba y Tiro Federal de Rosario.

Quintanita, oriundo de Neuquén, arribó al Cervecero en 2004, a los 14 años. Atrás habían quedado sus inicios en las ligas comunitarias y conjuntos como Ruca Hueney e Independiente. En solo un par de temporadas se había convertido en uno de los proyectos más interesantes de las divisiones inferiores del club de la zona sur y Miguel Ángel Tojo lo convocaba con frecuencia a la Sub 17.

Justamente durante su paso por las juveniles de la selección se hizo conocido, aunque no por su juego. Ante Brasil, en el Sudamericano de Ecuador 2007, sufrió un fuerte golpe en la cabeza, que le produjo una amnesia parcial. Estuvo internado en Ibarra y Quito y recién luego de varios días pudo retornar a Buenos Aires, todavía con evidentes secuelas de aquel porrazo. A partir de ahí, todo se le hizo cuesta arriba.

Un grupo empresario (hay quienes dicen que estaba vinculado con dirigentes del propio Quilmes) compró su pase a mediados de 2007 y lo ubicó en Boca Juniors, el club de sus amores, que ya había intentado llevárselo dos años atrás.

En el Xeneize entrenó con las inferiores y hasta llegó a realizar la pretemporada con la Reserva, pero no tenía espacio y, en marzo de 2008, regresó a Quilmes… para jugar en quinta división.

“Fue un error muy grande haberme ido a Boca, ya que mi lugar estaba en Quilmes. Creo que tenía que haber crecido mucho más y después haberme ido, pero todo esto me sirvió para aprender”, reconoció a la vuelta. “Lo charlé con el psicólogo y también con mi representante porque quería estar en Quilmes debido a que no la estaba pasando bien en Boca y por eso bajé mucho el rendimiento. Por suerte, todo se arregló y volví para empezar de cero y tratar de ganarme un lugar en mi división».

Sin mayores chances de progresar en el Cervecero, donde no volvió a actuar tras el debut, en 2009 viajó a España para formar parte de un scouting del Espanyol de Barcelona. Algunas versiones (incomprobables, desde ya) aseguran que no le fue para nada mal, pero una oferta de Tigre le hizo pegar la vuelta. Según publicaron medios españoles, el equipo de Diego Cagna estaba dispuesto a abonar 100 mil dólares por Quintana.

Semanas después, algunos problemas personales lo obligaron a volver a su tierra natal y estuvo a punto de cerrar contrato con Independiente de Neuquén. “La idea es estar seis meses acá y después volver a Buenos Aires, donde el grupo inversor va a decidir dónde juego. Tengo que arreglar con Independiente e informarle a mi representante dónde voy a jugar así autorizan el préstamo sin cargo”, comentaba Quintanita por aquel entonces. Pero apareció un interés del Durazno (2009/10), de la segunda división de Uruguay, y los problemas personales se solucionaron mágicamente.

Obvio que el hijo pródigo (?) volvió al barrio. En 2011 se incorporó al Club Atlético Maronese, donde disputó el Torneo Argentino B hasta abril de 2013, cuando descendieron al Torneo del Interior. Allí sigue hasta hoy, engalanando el campeonato de la Liga de Fútbol del Neuquén.