Altamirano Manuel


Manuel Altamirano

El contexto no era el más alentador. Aquel Apertura 2005 fue un torneo malo para Rosario Central y si bien faltaba bastante para el descenso, el promedio comenzaba a apretar cada vez más. Quizás la única alegría de esas 19 fechas para el olvido haya sido haber terminado en el 15° puesto, apenas dos puntos por encima del rival de toda la vida, Newell’s Old Boys. Consuelo de tontos, pero consuelo al final.

La mala campaña precipitó la salida de Ariel Cuffaro Russo tras la fecha 15 y, sin demasiada ideas, la dirigencia del equipo rosarino optó por el camino más fácil: llamar al Viejo Ángel Tulio Zof. Conciente de que no lo iban a putear por un par de derrotas más, Don Ángel, una deidad por esos pagos, y a pesar de los achaques lógicos de la edad (ya tenía 77 años), aceptó el desafío y encaró su ¡noveno paso! como DT de Central.

El rererererererere (?) debut fue el 20 de noviembre, ante Arsenal de Sarandí, en el Gigante de Arroyito. Esa tarde calurosa, el pueblo Canalla, desmotivado por el magro presente, se acercó a su casa para recibir al ídolo. Zof, por su parte, retribuyó el cariño (?) y paró en la cancha a Juan Ojeda; Paulo Ferrari, Juan Grabowski, Ronald Raldes y Ricardo Moreira; Leonardo «pasa que» Borzani, Damián Ledesma, Emiliano Papa, Emiliano Vecchio; Pablo Vitti y Emanuel Villa. Luego ingresaron Lucas Moya (por Papa), Marco Ruben (por Villa) y el homenajeado del día, el mediocampista Manuel Altamirano, por Vitti.

El pibe, categoría ’84, venía de salir campeón en 2004 de la cuarta división, al lado de otros baluartes del club rosarino que, mal que mal, luego hilvanaron una carrera casi sin baches como Eduardo Marcelo Aguirre, Germán Alemanno, Diego Calgaro, Gonzalo De Porras, Andrés Díaz, Alejandro Faurlín, Martín García, Federico Pallaro, Cristian Villagra, Diego Villagra y José Vizcarra, entre otros.

El partido en sí fue un dolor de huevos ojos. Arsenal se puso en ventaja a través de Juan Pablo Caffa a los 25 del segundo tiempo y se dedicó aguantar el resultado. Lógicamente, le salió mal. Sobre la hora, Emiliano Vecchio metió un tiro libre desde la derecha, Marco Ruben se anticipó a todos, puso la cabeza, la pelota rebotó en el cuerpo de Ibrahim Sekagya y dejó sin chances a Esteban Dreer, el 1 de Arsenal. Fue 1 a 1.

Lo que siguió para Altamirano, que todavía estaba un poco verde para debutar entre los grandes, fue un camino de ida, sin retorno a las ligas mayores. Sin lugar en los planes de Zof, que renunciaría a su cargo pocos meses después, ni Leonardo Astrada -el sucesor-, volvió a la Reserva del Canalla, donde jugó cada vez menos.

Hasta acá sería otra historia de una carrera que pintaba para más de lo que finalmente fue, si no fuera por un pequeñísimo detalle: Altamirano debutó con la camiseta número 14. Sí, la maldita. La misma que usaba Mariano Herrón cuando le explotó un termo en la pierna, la que tenía Renzo Ruggiero cuando se rompió todo, la del Sapito Encina cuando se partió al medio, la que le dieron al Chino Garcé cuando después le anularon al contrato y la que vistió Andrés Imperiale cuando en la víspera del clásico Carlos Ischia lo colgó simplemente por el número de su casaca. Y justo ahí saltó la ficha.

Con 45 minutos oficiales en el lomo, Manu podría haber agarrado el pasaporte y partir hacia una experiencia cheguevarista (?) por Sudamérica. Pero no. Se quedó a pelearla acá. Eso sí, bajó varias categorías de un saque. Boca Unidos de Corrientes, que por aquel entonces jugaba en el Torneo Argentino B, le dio asilo durante la temporada 2006/07. En lo colectivo sería algo positivo, Bokita (?) ascendió al Argentino A, pero en lo personal a Altamirano le quedó un sabor agridulce porque lo dejaron libre al final del torneo.

En 2008 apareció en uno de los clubes más turbios de la historia del fútbol argentino, Real Arroyo Seco, comandado por el excéntrico Patricio Gorosito (que en 2012 estuvo preso en España, acusado de contrabando de cocaína, y que tiempo atrás se había cargado al Plaza Colonia uruguayo), que estaba en el Argentino A y que no paraba de crecer desde su creación, peeeero…

La pésima campaña y la decisión de Gorosito de no presentarse a disputar varios partidos terminaron con el descenso al Argentino B. Esa temporada pasaron por el banco de Real Arroyo Seco, entre otros, Teresa Cancelarich, Rubén Olle, Daniel Killer y Arsenio Ribeca (que había ascendido con ese cuadro en la 2005/06 y que conocía a Altamirano de su paso por Boca Unidos), pero ninguno pudo torcer el rumbo.

Luego de que Ribeca se fuera hinchado las pelotas “porque no se daban los resultados; no le hacíamos un gol a nadie y estaba cansado de pelear todos los días con Gorosito”, de la mano de Rogelio Nardoni, Altamirano siguió jugando salteado hasta que se marchó del club, que para esa altura ya era un quilombo institucional, en 2010.

Reapareció a comienzos de 2011 en Mitre de Santiago del Estero, en el Torneo del Interior, porque siempre se puede caer más bajo. Oh casualidad, el gerenciador del equipo santiagueño era el mismo de Real Arroyo Seco, Patricio Gorosito. Y esa fue la última vez que tuvimos noticias suyas.

Arrieta Luis


Luis César Arrieta

Por estos días, el espectro del jugador de fútbol post retiro es bastante amplio. Hay quienes deciden ser directores técnicos, entrenadores de arqueros, ayudantes de campo, relatores del Fútbol Para Todos, conductores de televisión, mediáticos, comentaristas en TV, radio o gráfica, entre otras tantas opciones. Si el personaje en cuestión es un poco más entrador chanta, puede ser manager de algún club, representante o intermediario. Mal que mal, todo dentro de la ley.

El caso de Luis Arrieta, nacido en agosto de 1973, es atípico por donde se lo mire, poco frecuente en el mundo de la pelota. Como futbolista en la máxima categoría, apenas disputó 11 partidos (10 por torneo local y 1 por la Copa Conmebol) como defensor con la camiseta de Huracán entre 1994 y 1995.

Lejos de las grandes actuaciones, tampoco es rememorado por haberse mandado cagadas importantes. Es más, muy pocos hinchas quemeros lo recuerdan. Simplemente estuvo ahí en el momento indicado, jugó y se fue sin que nadie se diera cuenta.

En la temporada 1996/97 sumó otros nueve encuentros a su currículum con la casaca de Estudiantes de Buenos Aires en el ascenso y se retiró joven, a los 24 años.

Lo curioso es que Arrieta cambió la número 5 por una 38. Pasó del verde césped al paravalanchas para formar parte de la barrabrava del conjunto de Caseros. Desde entonces, cada tanto, se dedicó a aparecer en los diarios, ya no en deportes, sino en policiales, gracias a su accionar.

Como en 2008, cuando irrumpió en el vestuario para pedirle plata al plantel y se encontró con la resistencia del técnico de aquel entonces, Julio César Gaona, que se llevó una paliza. Dentro del club, y como muestra de su impunidad, también manejaba un puesto de choripanes. Parece que en el inframundo de los forajidos el Loco Luis (así le dicen en la barra) pudo hacer la carrera que se le negó como jugador: hoy es uno de los principales laderos de Mauro Martín y Maximiliano Mazzaro, líderes de los violentos de Boca, y maneja el grupo de Caseros, uno de los más numerosos de La 12.

Arrieta fue noticia hace algunos meses, cuando en la víspera del partido entre el Xeneize y Unión por el Inicial 2012 ligó un balazo en la mano. Su nombre volvió a aparecer en los medios en los últimos días, cuando la dirigencia de Boca le solicitó al Ministerio del Interior que sacara sus huellas digitales del sistema Sabed, aquel que controla el derecho de admisión en las canchas del fútbol argentino, para permitir su ingreso a los estadios donde juegue el equipo de camiseta violeta azul y amarilla.

Porque hay una cosa que los dirigentes tienen bien clara: a los violentos se los combate desde adentro. Insólito.

Em Uma Lajota: Keirrison

Keirrison de Souza Carneiro (Keirrison)

A esta altura del partido, ya hay un par de certezas sobre los brasileños: son todos una manga de putos son fanáticos de los nombres excéntricos. Al mismo nivel del ya homenajeado Creedence Clearwater Couto y Allan Dellon, Keirrison de Souza Carneiro, también atacante de profesión, forma parte de ese selecto club de futbolistas con denominaciones estrambóticas.

Nacido en diciembre de 1988 en Dourados, una localidad de Mato Grosso do Sul, estado ubicado en el Centro-Oeste de Brasil, y bautizado con un mix entre Keith Richards, guitarrista de los Rolling Stones, y Jim Morrison, cantante de The Doors, Keirrison dio sus primeros pasos como delantero en el Clube Esportivo Nova Esperança (CENE), equipo que pertenece a la Iglesia de la Unificación del polémico Guillermo Moreno reverendo Moon, fallecido hace algunos meses.

Se ve que ahí estaba cómodo, porque salió de su tierra natal recién a los 17, cuando se incorporó al Coritiba (2005 a 2008), un club acostumbrado a pelear en la mitad de tabla, pero que en esa época estaba en segunda división. A comienzos de 2006, después de haber disputado la Copa São Paulo de juveniles y algunas fechas del campeonato paranaense, una grave lesión en los ligamentos de la rodilla derecha, por la que tuvo que ser operado dos veces, lo marginó de la temporada.

Ya recuperado, en 2007 comenzó a demostrar que la cosa iba en serio. Fue el goleador del Coxa en el estadual y una de las piezas fundamentales del plantel que logró el ascenso a Primera división, gracias a los 12 tantos que marcó en la Serie B.

Es más, en diciembre Dunga lo convocó para disputar un amistoso de la selección brasileña que se preparaba para los Juegos Olímpicos de 2008. Ese duelo ante un combinado de estrellas de la Serie A fue la primera y última vez que vistió la verdeamarelha.

Envalentonado por el buen rendimiento que había mostrado los años anteriores, encaró 2008 para romperla. Y así fue. En el primer semestre, Coritiba se quedó con el campeonato paranaense y Keirrison fue el máximo anotador (perforó las redes (?) 18 veces) y figura del torneo.

Durante la segunda parte mantuvo el nivel y terminó la temporada como uno de los artilleros del Brasileirão con 21 goles, al igual que Kleber Pereira y Washington. En el certamen nacional la rompió en los partidos contra Santos (al que le hizo siete en dos choques). Para esa altura, al mejor estilo CR7, RFM9 o MR7, ya le decían K9 y había convertido en 65 ocasiones en poco más de 120 encuentros.

Con ese promedio envidiable, no faltaba mucho tiempo para que terminara jugando en unos de los equipos grandes de Brasil. Era cuestión de días. Fue Palmeiras, justamente el club que lo había buscado en 2008, el destino que la empresa Traffic, dueña de sus derechos federativos, eligió para foguear a K9. El arranque fue demoledor. En su debut ante Mogi Mirim, por ejemplo, convirtió por duplicado. En el Paulistão de 2009 marcó 13 veces y tenía condiciones para ser ídolo del Verdão, pero todo se desvaneció pronto…

Sus buenas actuaciones tanto en el torneo local como en la Copa Libertadores, donde Palmeiras fue eliminado en cuartos de final por Nacional de Montevideo, lo pusieron en boca de todos. Los hinchas lo pedían de nuevo para la selección y los clubes más importantes del exterior apuntaron los ojos a aquel pibe de apenas 20 años, que estaba viviendo en un cuento de hadas (?)

Apenas cinco meses después de su llegada, Barcelona (2009) puso sobre la mesa 15 millones de euros (más de 40 millones de reales brasileños) y se lo llevó junto al defensor Henrique. Vanderlei Luxemburgo, por aquel entonces técnico del Verdão, se quejó públicamente y lo rajaron al día siguiente. En pocas horas, Palmeiras se quedó sin entrenador (luego pasaría sin pena ni gloria Muricy Ramalho, que venía de ganar todo con el São Paulo) y su máxima figura, que llevaba nada menos que 24 goles en solo 35 partidos (a los 13 tantos del estadual le sumó 6 por Copa Libertadores y 5 en las primeras fechas del torneo nacional).

Como el Barcelona lo compró como una apuesta a futuro (lo presentaron como el nuevo Romário), y sin lugar en el plantel profesional blaugrana por el cupo de extranjeros, lo mandaron a préstamo, con opción, al Benfica portugués (2009). Pero claro, adelante tenía a atacantes de primer nivel como Javier Saviola, el paraguayo Tacuara Cardozo, Nuno Gomes, entre otros, y se le hizo muy difícil jugar. En un semestre entró a la cancha apenas siete veces y tuvo que partir a otras tierras para encontrar oportunidades.

La Fiorentina italiana le abrió las puertas en enero de 2010 para ocupar el lugar del rumano Adrian Mutu, suspendido provisoriamente por gediento doping positivo. En 12 partidos marcó dos goles, uno a Lazio en su debut y otro al Inter. Sin embargo, su rendimiento no alcanzó las expectativas del equipo violeta, que en junio rompió el contrato que lo vinculaba por dos años.

En declive, y solo doce meses después de haber abandonado Palmeiras por la puerta de atrás, volvió a São Paulo para vestir la camiseta de otro grande brasileño: Santos (2010). Llegó en silencio y fue suplente durante casi toda la temporada. Al menos, formó parte del plantel que ganó la Copa Libertadores, de la mano de Neymar y Paulo Henrique Ganso.

A mediados de 2011 retornó a Barcelona, que le puso un moño en la cabeza y lo devolvió a Brasil con la misma velocidad que lo habían contratado. Cruzeiro se interesó en el jugador, pero como el período de transferencias internacionales ya estaba cerrado le pidió a Santos que renovara el préstamo para después poder transferirlo entre clubes brasileños. El amor se terminó súbitamente cuando después de 8 juegos con la camiseta azul, Keirrison convirtió apenas una vez.

Cuando ya se vislumbraba que no formaría parte de los planes del Raposa para 2012 (ni siquiera era convocado para los últimos enfrentamientos del Brasileirão 2011), en un entrenamiento sufrió una grave lesión en los meniscos y otra en el ligamento cruzado de la rodilla derecha, por lo que se tuvo que quedar en el conjunto de Belo Horizonte mientras se recuperaba.

En marzo del año pasado dejó Cruzeiro y regresó a préstamo por dos temporadas al club que lo vio triunfar, Coritiba (2012). En agosto, sin haber debutado todavía y mientras terminaba de ponerse a punto físicamente, se rompió el ligamento cruzado anterior de la rodilla derecha por tercera vez en su carrera, por lo que tuvo que pasar otra vez por el quirófano.

Hoy, mientras intenta salir de la cama sin partirse al medio, sueña con jugar la Copa del Mundo en 2014. Total, no cuesta nada.

Publicado en simultáneo con UnMundialParaEnUnaBaldosa.com

Schleig Pablo


Pablo Daniel Schleig

Consumado otro campeonato de la concha de su hermana subcampeonato para Gimnasia LP, en diciembre de 1998, Carlos Timoteo #Griguol #Paenza armó las valijas para tomarse unas merecidas vacaciones (bien men*mistas, eso sí) en Miami, Estados Unidos.

Claro que antes de partir a la tierra del Tío Sam, el Viejo Timoteo había comenzado a delinear lo que sería el modelo ’99 del conjunto platense. Así, junto a su inseparable primo Mario, y luego de diagramar una violenta depuración, confeccionó una lista de 13 pibes prometedores de las divisiones inferiores que formarían parte del plantel profesional el año siguiente. A saber: Sebastián Barclay (de la categoría 78), Diego Deering, Juan José Romero, Claudio Páez, Jorge Reguera, Rodrigo Ruiz Díaz y Sebastián Acosta (de la 79) y Miguel Manzi, Ariel Brites, Lucas Giménez, Hernán Micosis Ocampos, Héctor Méndez y nuestro homenajeado del día, Pablo Schleig (todos de la 80). Sí, una fábrica de cerámicas completa.

Nacido en Oliveros (provincia de Santa Fe) en febrero de 1980, Schleig, fanático rabioso de Newell’s, se desempeñaba como lateral izquierdo de la quinta cuando, en julio de 1998, Mario Griguol lo convocó de urgencia para disputar la Copa Conmebol.

Como ya contamos hace tiempo en Deformaciones, los dirigentes se habían colgado (?) y Timoteo junto a los profesionales estaban robando juntando guita durante la pretemporada en Estados Unidos, por lo que el Lobo tuvo que reunir de apuro a varios juveniles para enfrentar al Jorge Wilstermann boliviano por el certamen internacional. Los famosos Lobitos.

En la ida en Bolivia, Gimnasia formó con Juan José Romero, Claudio Páez, Marcelo Kobistyj, Miguel Angel Córdoba, Pablo Schleig, Sebastián Acosta, Leonardo Mansilla, Federico Martínez, Diego Deering, Enrique Velázquez y Sebastián Barclay. También ingresaron Héctor Méndez y Sergio Urquiza, mientras que Jorge Reguera, Roberto Verza y Federico Molinari quedaron en el banco de los suplentes. Griguol plantó un 4-5-1 y a aguantar. Y no salió mal: el partido terminó 0 a 0 y la igualdad fue festejada como un triunfo. Además, los pibes se aseguraron la titularidad para el partido de vuelta. Todos, menos Marcelo Kobistyj (estaba colgado) ¡qué quedó libre días antes de la revancha! y que debió ser reemplazado por Sergio Urquiza.

En La Plata, el encuentro terminó 1 a 1 y fueron a penales. En esa instancia, los bolivianos ganaron 4 a 2 y Los Lobitos que no tuvieron la culpa, casi en su totalidad, terminarían homenajeados en este sitio.

En 1999 Gimnasia volvió a clasificar a la Copa Conmebol (dejó de disputarse ese año), pero decidió no participar y lo que siguió para Schleig fue un largo derrotero entre entrenamientos con la Primera (nunca debutó en el ámbito local, pese a que se bancó varias veces el triple turno de la pretemporada en Estancia Chica), partidos con la Reserva y la cuarta. En 2001, cuando ya parecía que no tendría otro camino que la puerta de salida, sufrió una grave lesión y tuvieron que renovarle el contrato. Ojo, tampoco duró mucho. Lo aguantaron hasta que se recuperó, en enero de 2002, y quedó libre junto a Sebastián Osito Ferrero.

¿Qué fue de su vida después? Intuímos que se trata del mismo Pablo Daniel Schleig que en 2005 apareció como candidato comunal suplente por el partido Confluencia Santafesina en las elecciones provinciales de ese año. Lo más probable es que se trate del mismo Pablo Schleig que, más acá en el tiempo, aparece como vocal del club Sportivo Belgrano de su Oliveros natal. MIS-TE-RIO.

Rivera Germán

Germán Ricardo Rivera (Cogote)

El artículo 2 del manual «Cómo quemar a un juvenil en pocos pasos y no morir en el intento» lo dice bien clarito: «Mandarlo a la cancha en un clásico en un puesto que no es el suyo». Claro que a veces la necesidad tiene cara de hereje (?) y no queda otra opción.

El 29 de octubre de 2006, Rosario Central recibía a su eterno rival, Newell’s Old Boys, en el Gigante de Arroyito por la fecha 13 del torneo Apertura. La Lepra, dirigida por Nery Pumpido -que por ese entonces comenzaba esa racha nefasta en el fútbol argentino que se prolonga hasta hoy- y necesitada de puntos, improvisó un mediocampo armado con el paraguayo Diego Gavilán, Hernán Bernardello, Adrián Peralta y Germán Rivera, un defensor central, ocasionalmente lateral izquierdo, que esa tarde tuvo que actuar como volante porque simplemente no tuvo otra.

El experimento, como era de esperarse, no salió muy bien. Después de un inicio parejo, Central se adueñó de la mitad de la cancha y despacito, despacito les rompimos el culito inclinó las acciones al arco que defendía el paraguayo Justo Villar. Los cuatro fantásticos no pararon a nadie y Newell’s se fue al descanso tres grados bajo cero 3 a 0 abajo con tantos de Eduardo Coudet, la Cobra Wanchope y Marco Ruben.

Como si eso no fuese semejante humillación, en medio de ese desconcierto generalizado que era el vestuario leproso, el que pagó los platos rotos fue el pobre Cogote, que se había equivocado feo en el gol de Marco Ruben, que dejó su lugar para que entrara Sebastián Arrieta. Ojo, peor fue lo que le hizo Pumpido a Bernardello, que salió a los ¡tres minutos! de la segunda etapa para que ingresara Hugo Colace… que encima se fue echado media hora después. Así y todo, la Lepra, que terminó con nueve jugadores por la expulsión de Tacuara Cardozo (también rajaron a Adrián Lucero, que estaba en el banco de suplentes) mejoró su rendimiento, pero el clásico terminó 4-1 a favor del Canalla. Ah, como siempre, hubo tángana en la tribuna.

Esa tarde olvidable marcó un punto de inflexión para el pibe nacido en Villa María (Córdoba) en 1985, que había debutado en Primera poco más de un año atrás, el 26 de agosto de 2005, ante Gimnasia en Jujuy. En el medio alternó algunas buenas actuaciones con malas y otras peores. En total, hasta su despedida a mediados de 2007, con la camiseta rojinegra disputó 17 partidos (2 por Copa Libertadores) y convirtió un solo tanto, ante Arsenal de Sarandí, en un encuentro que terminó 2 a 2. Ese gol sirvió para rescatar un punto, pero fue más que nada un desahogo para Rivera, que unos días antes había sufrido el fallecimiento de su madre.

Sin espacio en Newell’s, pasó a préstamo a Talleres de Córdoba (2007) para disputar la B Nacional. Esa temporada, el conjunto de La Docta salvó el pellejo con lo justo en la Promoción ante Racing de Córdoba. Un año más tarde, ya sin Rivera, La T se iría al Argentino A sin escalas.

De nuevo en la Lepra, estuvo seis meses colgado. En 2009 juntó sus bártulos y, perdido por perdido, partió al FC Cisnadie de la tercera división de Rumania para su primera experiencia europea. Como si la C rumana no fuese un destino demasiado exótico, al año siguiente (tras quedar libre de Newell’s) se fue a Italia para seguir descendiendo escalones. De un saque, bajó cuatro. El Misano FC de la séptima categoría del Calcio le dio asilo durante el primer semestre de 2010 y en la segunda parte pasó al A.S.D. Città di Marino de la sexta división.

Guillermo Rivarola (curiosamente ambos eran representados por la misma empresa –Calcio 21-) lo devolvió al mágico mundo de la Primera en 2011 en Sporting Cristal de Perú. «Mi meta aquí es ser campeón con Cristal y jugar la Libertadores en 2012», tiró apenas llegó (entre otras tantas declaraciones candentes). De más está aclarar que los representantes peruanos en la Copa del año siguiente fueron Juan Aurich, Alianza Lima y Sport Huancayo. Ah, sí, tampoco salió campeón. Al menos, se dio el gusto de reencontrarse con viejos conocidos, como Germán Alemanno, Pablo Vitti y el paraguayo Walter Fretes.

En lo deportivo las cosas salieron más o menos, a veces mejor, a veces peor, pero fuera de la cancha la rompió. Cogote, ni lerdo ni perezoso, conquistó a Giannina Luján, la ganadora del concurso Miss Reef de Perú en 2011. Pulgar arriba.

Costó seguirle el rastro tras su salida del Cristal. En un tobogán sin precedentes, regresó al under italiano para vestir otra vez por unos meses la camiseta del A.S.D. Città di Marino (2012). Después de probar suerte sin éxito en el fútbol chipriota, a comienzos de 2013 volvió a Italia para sumarse al Porto Corallo de la liga Eccellenza, la sexta categoría del fútbol tano. Y su debut, hace pocos días, no podría haber sido mejor: se fue expulsado.

Nosotros, por las dudas ya somos fans de él en Facebook. Dale, si te gusta, Cogote.

Pedano Mauricio


Mauricio Pedano

El Clausura 2007 fue un torneo olvidable para un Banfield que se había malacostumbrado más a disputar competiciones internacionales que a tener que viajar a Misiones para jugar contra Crucero del Norte por la B Nacional. El Taladro terminó 15° y apenas sumó 19 puntos, producto de 5 triunfos, 4 empates y 10 derrotas. Entre medio de ese desempeño irregular, el técnico, Pablo Vitamina Sánchez, aprovechó para prender fuego foguear a algunos pibes de las divisiones inferiores que venían pidiendo pista hacía rato.

Uno de los perjudicados beneficiados de esa movida fue el mediocampista (ocasionalmente marcador central) de la categoría ’87 Mauricio Pedano, surgido de la cantera del Club Atlético y Biblioteca Bell cordobés. Si bien para los hinchas de Banfield era un perfecto desconocido, supo ser una figurita repetida en las convocatorias del sub 20 argentino dirigido por Francisco Ferraro (incluso fue como sparring al mundial de Alemania en 2006, donde conoció al putito de Lionel Messi).

El debut, digamos, le llegó en buena hora. El 29 de abril, por la fecha 12, en uno de sus escasos momentos lúcidos del campeonato, Banfield goleaba 3 a 0 a Newell’s con una actuación demencial de Darío Cvitanich, que había convertido los tres tantos. Cuando apenas quedaban 10 minutos, Vitamina mandó a la cancha a Pedano en lugar de Daniel Quinteros. Enseguida, Martín Andrizzi metió el 4 a 0 y era casi todo risas.

Unos días más tarde, en el Cilindro de Avelleneda frente a Racing, rapiñó un par de segundos más cuando reemplazó a Pantriste Andrizzi en tiempo de descuento, aunque no pudo revalidar su buena suerte (?) y el partido terminó 1 a 1.

Ante el ya descendido Quilmes, por la fecha 16 y en el Florencio Sola, Sánchez creyó que ya era el momento de mandarlo desde el arranque. Si bien el Taladro esbozó una levantada en los últimos minutos, cayó por 3 a 2 con la participación estelar de Pedano.

Así y todo, volvió a aparecer a la semana siguiente, esta vez ingresando desde el banco en lugar de Fabián Santana, ante Gimnasia de Jujuy. Ese día, Banfield ganó por 1 a 0 y el pibe se despidió de la máxima categoría del fútbol argentino. A Vitamina, pocos meses después, los hinchas de Central se encargarían de escupirlo. Justicia divina (?)

Sin más oportunidades en el Sur, Mauri (que no es Macri) armó las valijas y partió al Viejo Continente. El Matera del ascenso italiano había armado un equipo para revolucionar el under europeo y contrató, entre otros, al ex Racing Manuel Conde García y varios jugadores locales con pasado en categorías superiores. El proyecto arrancó bien, pero comenzó a desmoronarse pocas fechas más tarde y finalmente fue un fracaso: el Matera ni siquiera clasificó a los playoffs. Está más que claro que volaron todos.

Deportado (?), Pedano volvió a Sudamérica para jugar un semestre en la segunda división de Colombia con el Bucaramanga (2009), pero rápidamente regresó a Europa. Esta vez el destino lo llevó a Grecia, donde estuvo paseando, porque de fútbol casi ni hablar, varios meses enfundado en la casaca del Ionikos (2010).

De nuevo en la Argentina, emprendió la vuelta a su tierra natal. Leones le abrió las puertas a comienzos de 2011 para disputar la liga bellvillense. Más tarde ese mismo año lo contrató Huracán de Tres Arroyos, ya en el Argentino A, pero duró muy poco. Llegó lesionado y se fue mal, peleado con el gerenciador, el presidente y el DT por defender a sus compañeros marginados. Al final, quedó libre por falta de pago.

Después de probarse sin éxito en el Sportivo Carapeguá de Paraguay, en marzo de 2012, de un día para el otro, se sumó a Los Andes, de la Primera B Metropolitana, dirigido por Alfredo Cascini. Parecía el resurgir de su carrera, pero la ilusión se desvaneció rápido y luego de un puñado de actuaciones pobres quedó libre en julio.

A mediados de año estuvo a prueba en Estudiantes de Río Cuarto. Esa fue la última vez que tuvimos noticias suyas. Para no extrañarlo, cada tanto nos pegamos una vuelta por su canal de YouTube -atención al sonido ambiente-. Porque sí, en el fondo, bien en el fondo, somos unos tiernos.

Baigorria Manuel


Manuel Alberto Baigorria

La idea de triunfar en la Primera de un equipo grande seduce a cualquier jugador. Más cuando se trata de Boca Juniors, uno de los clubes más importantes del mundo. Para un chico que viene del interior, la alegría o la decepción, en caso de no lograr el objetivo, es doble. No es fácil armar el bolso, dejar atrás a la familia y pasar a vivir en una pensión con centenares de jóvenes que se tienen que pisar la cabeza para quedarse con ese lugar de privilegio al que pocos llegan. Para Manuel Baigorria, un pibe nacido en Las Tordillas (Córdoba) en 1985, las cosas nunca fueron fáciles. Desde el vamos, tuvo que cargar con el apodo clásico, fastidioso e inevitable: Granadero. A partir de ahí, a este mediocampista/delantero, todo se le hizo cuesta arriba. Con los años, pasó de ser una promesa de las inferiores xeneizes a desaparecido en acción.

En 2002, con apenas 16 diciembres en el lomo, y en tiempos del Maestro Tabarez, ya solía formar parte del grupo de juveniles que entrenaban con los grandes, a la par de otras estrellas del cosmos baldosero como Raúl Osella, Victor Magnago, Leonardo Verón, el Pollo Herrera y el primo de La Sole, José Pastorutti. Dos años más tarde, ya con Carlos Bianchi en el banco de suplentes, formó parte del selectivo que estuvo a punto de viajar a la pretemporada, pero una fractura en el pie derecho le robó la ilusión. Aquella vez, estuvo acompañado por Ariel Colzera, Leandro Díaz, los baldoserísimos Mario Sosa, Adelquis Ruffini y el excéntrico belga Mikael Yourassowsky.

Sin embargo, la oportunidad de debutar oficialmente le llegaría recién en 2005, de la mano del Chino Benítez. El rey del escupitajo facial Velasco denunciame (María Eugenia Zorzenón dixit) lo bancó luego de que sufriera un grave esguince en el tobillo derecho que lo marginó de la pretemporada y lo mandó a la cancha ante Independiente, el 20 de marzo. Esa tarde, el pibe reemplazó a Fabián Vargas sobre la hora y pese a que ni bien ingresó el Rojo logró el descuento, Boca se quedó con los tres puntos. «Entré y justo vino el gol de Independiente. Me quería morir. Allí sí sentí nervios, quería agarrar rápido la pelota para serenarme. La verdad, casi ni la toqué», se sinceró apenas terminó el encuentro.

Volvió a jugar dos meses más tarde, esta vez ante Estudiantes en La Plata y como titular, formando la dupla de ataque con Edgar Fabián Espíndola. El Xeneize y el Pincha no pudieron salir del cero y Baigorria le dejó su lugar a Andrés Franzoia, como un presagio de lo que sería su trunca carrera, cuando faltaba poco para el final del partido.

Estuvo entre los once iniciales otra vez ante Newell’s, ya con Abel Alves en el banco tras la bochornosa salida del Chino Benítez. Esa tarde, con mayoría de suplentes y juveniles, Boca cayó ante la Lepra por 1 a 0 y el Granadero intentó durante 75 minutos, sin éxito, asistir a Rodrigo Palacio y Espíndola. Salió para el ingreso de Mauro Boselli y nunca jamás volvió a vestir la camiseta azul y oro en un partido oficial.

La caída libre comenzó en 2006 cuando pasó a Juventud Antoniana de Salta en la B Nacional, donde no pudo evitar el descenso al Argentino A, aunque en lo personal no anduvo mal. Disputó 17 encuentros y marcó 4 goles al lado de Wally Martínez Gullotta, Sergio Tahuichi Albornoz, Yamil Garnier y uno de los convocados por Alejandro Sabella a la selección en los últimos meses, el defensor Matías Rodríguez.

Al menos, le alcanzó para quedarse en la categoría y para la temporada temporada 2006/07 pasó a Huracán. El Globo quería volver a Primera y para eso contrató a Baigorria. 19 partidos y dos goles más tarde, le dijo adiós al equipo de Parque Patricios, que finalmente lograría el ascenso.

En Ecuador, con el manto sagrado del Olmedo (2007) conoció las mieles de disputar la Copa Sudamericana, pero el llamado de Juventud Antoniana lo hizo pegar la vuelta a comienzos de 2008. Seis meses más tarde metió otro roadtrip (?) sudamericano para jugar Deportes Quindío. de Colombia. Demoró mucho en debutar en el equipo cafetero y cuando le tocó entrar en acción no colmó las expectativas y lo dejaron libre.

Ya en declive, en 2009 firmó contrato con Estudiantes de Buenos Aires, en la tercera categoría, donde no dejó mayores recuerdos. La última noticia que tuvimos de él fue que a mediados de 2010 se entrenaba en General Paz Juniors, el club que lo vio nacer, a la espera de alguna oferta de la B Metropolitana que nunca llegó.

Rivas Nelson


Nelson Enrique Rivas López (Tyson)

Hubo una época, ya bastante lejana en el tiempo, en la que los hinchas de River pregonaban el buen juego por sobre todas las cosas. No servía solo ganar. Había que jugar bien al fútbol, mantener una identidad. El resultado llegaría solo. La garra, el triunfo a cualquier precio, incluso con trampa, era para los de la vereda de enfrente, los bosteros. El estilo que impuso «La Máquina» en la década del ’40 marcó una forma de sentir el fútbol, el denominado paladar negro (tan venerado en la tribuna San Martín baja), que el equipo de Núñez intentó replicar, con más aciertos que errores, a lo largo de las décadas siguientes.

En los últimos años, los malos resultados del Millonario (incluso cuando nadie sospechaba que se podía ir al descenso) hicieron que esa idea de jogo bonito quedara, al menos por un rato, marginada en segundo plano. Y así aparecieron con fuerza los ídolos de cartón y los vendehumo, esos que con dos o tres partidos buenos en el verano o declaraciones llenas de monóxido de carbono dignas de Ricardo Caruso Lombardi tuvieron su nombre ovacionado por los hinchas de uno de los equipos más exigentes del mundo. En ese último grupo, por ejemplo, entran Cristian Fabbiani y el homenajeado del día, el colombiano Nelson Rivas.

Nacido en el Valle de Cauca en marzo de 1983, el morocho en su país había construido una carrera interesante desde sus orígenes en el Deportivo Pasto (2002), luego el Deportes Tolima (2003), donde no tardó mucho en recalar en un equipo grande: el Deportivo Cali (2004 a 2006), que lo catapultó a la selección mayor, de la que se automarginó poco después.

En la tierra del vallenato forjó la estampa de defensor duro, recio, aunque sin mala intención, más bien burro bruto, de esos que seguramente hubiese buscado Boca a principios de la década pasada. Pero por esas vueltas del destino, Nelson Rivas apareció en nuestro país para jugar en River Plate (2007), dirigido por Daniel Passarella, y recomendado por Omar Labruna, que lo había entrenado en el Cali. «Soy una mezcla entre Mario Yepes e Iván Córdoba», tiró Nelson (al que en su país apodaban Yepesito) cuando lo presentaron y cerró con un «Vengo para ser campeón». Así, sin más preámbulos, se metió a la gente en el bolsillo. Mucho humo.

Sus primeros minutos (tres, cronometrados) con la banda roja en el pecho fueron ante Racing en la pretemporada. Días más tarde, también por el Pentagonal –del que River saldría campeón-, fue de la partida ante San Lorenzo y Boca. Allí escuchó los primeros «Olé, olé, olé, olé, Negro, Negro» que bajaron de una hinchada necesitada de títulos que para ese entonces ya aplaudía a cualquier monigote que pudiera frenar a un rival, aunque fuera de una patada. Símbolo inequívoco del fin de una era.

En esos pocos partidos de pretemporada, su velocidad, el buen cabezazo y su aspecto intimidante (para colmo Olé lo bautizó Tyson y al él le gustó) hicieron ilusionar a los simpatizantes, que lo aplaudieron a rabiar cuando se hizo expulsar por doble amonestación en la revancha contra Boca tras un duro cruce con Martín Palermo. El amor veraniego estaba en su punto más alto y algunos descerebrados lo pedían para la selección argentina (?).

No sorprendió que fuera titular en la primera fecha del torneo Clausura, el 11 de febrero de 2007, ante Lanús. Esa tarde (con la camiseta número 23, que años más tarde usaría el twittero Cristian Ogro Fabbiani) como zaguero central compartió la defensa con Danilo Gerlo, Eduardo Tuzzio y Paulo Ferrari y fue una garantía en el fondo. Sacó todo.

Se mantuvo en el once inicial con altibajos hasta la quinta fecha, cuando lo reemplazó el Colorado Federico Lussenhoff. Ingresó desde el banco en la séptima ante Gimnasia de Jujuy y apenas tres minutos después corrió ¡30 metros! desde atrás a Mario Turdó (que no se caracterizaba precisamente por su velocidad) que convirtió el gol que le dio la victoria al Lobo. Luego, el Kaiser lo mandó al freezer. Reapareció en la decimocuarta jornada, ante San Lorenzo, como lateral izquierdo, puesto en el que jugó dos partidos. Ante Vélez, por la última fecha, disputó sus últimos segundos (entró a los 89′) en Argentina.

En el medio, sumó cinco presentaciones a su currículum por la Copa Libertadores, pero el Millonario quedó eliminado en primera ronda (se le recuerda un duelo nefasto ante el Caracas en Cúcuta) y el fuego sagrado de la pasión por Tyson, cuyo rendimiento fue de mayor a menor, se apagó tan rápido que nadie se dio cuenta.

De un día para el otro, y cuando parecía que se iba al Bologna, su representante, Fernando Hidalgo (lento para los mandados), lo ubicó nada menos que en el Internazionale de Milán (2007 a 2009). Rivas, que había sido marginado por Passarella por bajo rendimiento, no lo podía creer.

En una de las primeras prácticas con el equipo italiano se desmayó y hasta se especuló con su retiro por un problema cardíaco. «Estábamos en una práctica, ahí, con el balón, y, según cuentan, me desplomé. Me dijeron que me fui al suelo nomás, y que algunos se me acercaron a hablarme, y nada, yo nada, desmayado. Cuando abrí un poco los ojos ya estaba en la ambulancia. Me internaron, me hicieron estudios en el corazón, el cerebro, de todo. Tuve un problema con el azúcar, me explicaron, pero no entendí muy bien. Estuve dos meses y medio sin jugar, y recién había llegado», esgrimió más tarde.

Para sorpresa de todos, el técnico portugués José Mourinho lo utilizó bastante en la temporada 2008/09, pero se rompió los ligamentos y al año siguiente perdió continuidad y se fue cedido al Livorno (2009/10), donde alcanzó cierta regularidad. Tras rescindir su contrato con el Inter (2010), pasó un tiempo en el FC Dnipro Dnipropetrovsk ucraniano (2011), pero casi no tuvo acción.

Con varios euros en su cuenta bancaria decidió cruzar nuevamente el océano en 2012 para jugar en América, tentado por una oferta del Montreal Impact, equipo canadiense que participa de la MLS, el torneo de fútbol de Estados Unidos. Allí se mantiene hasta estos días, jerarquizando (?) la liga al lado del interminable tano Alessandro Nesta y David Beckham.

Hace algunos meses fue noticia cuando, emulando a Zinedine Zidane en la final de Alemania 2006, perdió la chaveta (?) y le metió un terrible cabezazo a Antoine Hoppenot, de los Philadelphia Union, por lo que recibió una sanción de tres partidos.

Hay quienes dicen que el tiempo es sabio y pone las cosas en su lugar. Solo basta mirar un ejemplo, al ladrón de Rivas el tiempo, sabio como pocos, lo puso en Cana-dá.