
Carlos Diego Escudero
«Una casa será fuerte e indestructible cuando esté sostenida por estas cuatro columnas: padre valiente, madre prudente, hijo obediente, hermano complaciente«, dijo el filósofo chino Confucio, un día que estaba viendo cómo carajo reducir el presupuesto que le habían pasado los albañiles. Unos años más tarde, Pipo Gorosito inmortalizaría el «padre boludo, hijo boludo«. Pero esa es otra historia.
Desde chico y a la sombra de su hermano Marcelo (luego también opacado por su otro hermano, el amigo de Ronaldo), el no tan reconocido Carlos Diego Escudero intentó ser una de las imaginarias 4 columnas de su hogar y al mismo tiempo, ganarse un lugar en el fútbol.
Fue así que, en abril de 1996, dos meses antes de cumplir 16 años, debutó como volante en la primera de Sporting de Punta Alta, donde se mantuvo hasta 2003, con algunas interrupciones. Una de ellas, claro, la que le da forma a este homenaje.
Su incursión por la máxima categoría fue breve y extra oficial, porque si bien integró el plantel de River Plate, su único momento importante se dio en el verano de 2000, cuando Ramón Díaz aprovechó un encuentro televisado, ante Vélez, para mandar a la cancha a varios pibes y algunos rezagados, como Norberto Acosta, Víctor Zapata y Ariel Franco. Esa noche, paradoja del destino, Diego reemplazó a su hermano y pese a que Olé lo calificó con un 5 (estuvo a tono con el resto del equipo), nunca más volvió a vestir la camiseta del Millonario.
Según la Confederación Brasileña de Fútbol, en 2003 habría jugado en el majestuoso Tiradentes Esporte Clube de Santa Catarina y luego regresó a Sporting. En 2004 pasó a Villa Mitre de Bahía Blanca, donde logró el ascenso a la segunda división, siendo una de las figuras del equipo y convirtiendo goles con frencuencia. En 2006 se sumó a Huracán de Tres Arroyos y una temporada más tarde (2007/08) se sacó el gusto de vestir los colores de Almirante Brown en la B Nacional, aunque no pudo evitar el descenso por la quita de puntos que sufrió el equipo de Isidro Casanova debido a los incidentes contra Estudiantes de Buenos Aires.
A mediados de 2009 armó el bolso y salió a conquistar, de una buena vez por todas, el fútbol brasileño al lado de otro argentino, Martín Minadevino. Ambos cayeron en el Joinville, donde conquistaron la Copa Santa Catarina, que otorga una plaza para el torneo de cuarta división de 2010.
Dicen por ahí que Minadevino tuvo una actuación discreta y que por eso tuvo que emigrar una vez finalizado el campeonato. El mismo destino corrió Escudero, aunque jamás pudo jugar oficialmente. «Tuve problemas con la dirigencia, no me cumplieron en algunos aspectos y decidí volverme porque no me gusta cuando no cumplen lo que prometen. No llegué a jugar porque este inconveniente se suscitó previo al arranque de la competencia», contó en una entrevista hace algunas semanas, cuando se incorporó al plantel de Villa Mitre, que intenta volver a la B Nacional.
«Exígete mucho a ti mismo y espera poco de los demás. Así te ahorrarás disgustos«, dijo también Confucio. A lo mejor hay que darle bola.