Fanari Mauro

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Mauro Andrés Fanari
La vida futbolística de este delantero rosarino bien podría haber sido una historia de película, con un complicado comienzo, algún altibajo y un final feliz. Sin embargo, la última parte del guión quedó pendiente y por ello el homenaje.
Con tan sólo 5 años, este admirador de Batistuta se fracturó el fémur derecho y temió no poder jugar más a la pelota. Un compañero del jardín lo tiró desde el tobogán al piso sin escalas y cayó con todo el cuerpo encima de su pierna.
Pero con trabajo y confianza se recuperó y no volvió a sentir dolores. Tras apostar por el fútbol y pasar por los clubes de su ciudad, Oriental y Tiro Federal, le llegó la prueba de fuego y viajó a Buenos Aires.
Fue en 1999 cuando fichó para Independiente de Avellaneda y a fuerza de goles bajo la tutela de Néstor Rambert, se ganó la consideración del técnico de la primera Osvaldo Piazza y sobre todo la de Hugo Tocalli, entrenador de la Selección Argentina Sub 17.
Este jugador, del cual los expertos destacaban su personalidad, temperamento, actitud, agresividad y pegada, quedó fuera del Sudamericano de Arequipa, pero tuvo su revancha mundialista en Trinidad y Tobago en el 2001.
Y ese desquite no fue exagerado, ya que Fanari marcó el gol de oro a Malí en cuartos de final. «Fue lo mejor que me pasó en la vida. La verdad, todavía no lo puedo creer y nunca me olvidaré de esto«, dijo en aquel momento. Y también habló su madre Mónica en los diarios: «Estoy orgullosa, emocionada. Sufrí como loca, casi me explota el corazón».
En aquel plantel se destacaron el fallecido Lucas Molina, Zabaleta, Mascherano, Maxi López y Carlos Tévez. Pero también lo conformaban Mattiuzzo, Salina, Correa, Argüello, Gorostegui, Osella y Abete.
Sin embargo, y como se remarcó al inicio, la luz de ese emocionante comienzo se apagó de repente, como un barco en contrabando. Es que nunca llegó a debutar en la primera del Rojo y en el año 2005 y con apenas 20 años fue cedido por un semestre al The Strongest de Bolivia en compañía de Juan Ramón Fleita.
En ese corto proceso, fue suplente y no ingresó en 4 partidos de la Copa Sudamericana, mientras que marcó 1 gol en el torneo local. Tras no convencer, volvió a Avallaneda y a pesar de sonar en Atlanta, fue nuevamente prestado al fútbol suizo para ser compañero de Osella, Senger y Hassell.
El club que lo contrató es el oscuro y sospechado Locarno (2006) de la segunda división, institución que figura en AFA como dueña de los pases del «Piojo» López, Nicolás Cabrera y Gustavo Cabral, Gonzalo Higuaín, Fernando Belluschi, Augusto Fernández.
Con 23 años y aún haciendo sus primeras armas, este hincha de Newell’s con apellido sospechado de «afanar», deberá remarla mucho para poder revertir su historia, o al menos modificar parte del guión. Mientras tanto, sólo le alcanza para un corto.

Cucu

Fabbro Darío

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Darío Raúl Fabbro
Presentado en 1996 por la revista El Gráfico como uno de «los dueños del futuro», junto a Pablo Aimar, el Pampa Sosa, Panchito Guerrero, Guillermo Morigi, Ariel Montenegro, Pablo Trobbiani, Lautaro Trullet, Cristian Centeno, Martín Fúriga y Ariel Graña, no pudo soportar el lastre de ser una promesa y terminó regalando sus condiciones en ligas poco competitivas.
Nacido en la localidad cordobesa de General Deheza, debutó con 19 años en la Primera de Huracán (ante Banfield, el 19 de junio de 1995) actuando como número 10 y dando indicios de una buena técnica: «Me gusta jugar a un toque, tirar caños, llegar al arco rival y hacer goles. Le pego con ambas piernas«. Aprovechando su parecido físico con el Dany Garnero logró algo de continuidad y pudo marcar 2 tantos en una veintena de encuentros en el Globo, pero extrañamente desapareció y por un tiempo no se lo volvió a nombrar. Recién 10 años después nos enteraríamos, de boca suya, qué había estado haciendo en aquel lejano 1997.
Almagro lo tuvo en su histórico rejunte un año más tarde pero no duró mucho ya que otro conjunto del Nacional B, Godoy Cruz de Mendoza, lo contrató para la temporada 1999/2000. Al finalizar su estadía cuyana le dijo adiós (no en forma definitiva) al ascenso de nuestro país y se fue a conquistar el Mundo. Un paso por el Emelec de Ecuador (2000/01), otro por el Deportes Concepción de Chile (2001/02), y 18 meses en Estados Unidos con los colores de Kansas City Wizards (2002/03) y New England Revolution (2003) le dieron el valor suficiente para no dejar registros durante un largo rato y reaparecer en 2005 con la camiseta de Temperley, nuevamente en nuestro querido fútbol de los sábados.
Una temporada en la Primera B al lado de Mariano Pasini, Gustavo Nuñez y Gabriel del Valle Medina no debe significar nada la comparamos con el placer de recalar en el Platense de Honduras, previo paso por el CEFAR a principios de 2007, y aclarar finalmente, luego de tanta incertidumbre, dónde se había metido en aquel 1997: «estuve en el Barça hace diez años, bajo las órdenes del técnico, Xara Rechax (¿¿¿???), allí coincidí con algunos jugadores que luego llegaron al primer equipo, entre ellos Xavi, Gabri y Puyol, quien por cierto jugaba de puntero derecho y no de defensor«. Y agregó, sincero, que «no acostumbro a prometer goles, el que hace eso es un mentiroso, si pudiera asegurar que voy a meter tantos goles por torneo estaría en el Milán«. Si su hermano Jonathan termina en esta página no se quejen, tiene a quien salir.

Juan Pordiosero

López Hernán

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Hernán Darío López
A pesar de que su andar por la Primera División fue escaso, este defensor puede sentirse realizado en la vida. Sus días en Huracán de Parque Patricios (1996) los pasó al lado de Miguel Reynoso, Eduardo Castro, Cristian Ferreyra, Walter Mari Gauto, Sergio Arias, Gabriel Lettieri y el Guapo Flores. Lo que se conoce como Doctorado en Baldoseridad.
Además, como si le faltara algo, conoció los primitivos peinados del Chipi Barijho. Y no descartamos que él mismo, a juzgar por la foto, le haya recomendado al ex Boca hacerse los claritos.
Disputó 2 partidos en el Globo pero si les decimos que nunca jugó nos creerían igual. Acostumbrado a pasar desapercibido, se confundió entre la multitud aprovechando su nombre de pila y su apellido, ideales para camuflarse entre tantos seres humanos, incluso futbolistas consagrados, de idéntica gracia.

Juan Pordiosero

Ginóbili Sebastián

Sebastián Ginóbili
Eligió mal el deporte. Lo suyo era la zona pintada, la pelota número 7 y chapear con el apellido. De cabeza dura nomás le dio a la número 5 y así le fue. Por su nombre, más de uno pensará que se trata del Sepo Ginóbili, el base de Quilmes de Mar del Plata, más conocido por ser el hermano de Manu. Pero no. Este ni siquiera nació en Bahía Blanca, sino que lo hizo en Casilda, provincia de Santa Fe.
Un buen día llegó a Capital, se fue a probar a Boca Juniors y quedó. Dentro de su gran intrascendencia logró llamar la atención de Carlos Bianchi, que en su vuelta al club a comienzos de 2003 lo llevó a la pretemporada. Como si esto fuera poco lo hizo jugar desde el arranque ante San Lorenzo en Salta, en un encuentro televisado, y en una formación donde la mayoría ya había tenido largos minutos en cancha. A los 59 minutos Matías Donnet ingresó en su lugar y , otra vez, se alejó de las cámaras. Siguió alternando en Reserva hasta que a mediados de 2004 pasó a préstamo Estudiantes de Buenos Aires. En el Pincha de Caseros disputó 25 encuentros y convirtió 2 goles.
Mientras Manu ganaba su segundo anillo en la NBA con los San Antonio Spurs, el Sepo trucho pegaba la vuelta a La Ribera y lo dejaban libre.
Se perdió durante un tiempo hasta que lo volvimos a encontrar a comienzos de este año defendiendo la divisa de Belgrano de Arequito, donde es compañero de un baldosero ilustre como José María Pastorutti.
Hasta acá la trayectoria de un Ginóbili que los únicos triples que conoció fueron los de miga.

KeyserSoze

Armesto Pablo

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Pablo Ulises Jorge Armesto
Nacido en 1980, rápidamente sus padres, los responsables de esos nombres, dieron cuenta que tenía olfato de goleador y tras una buena decisión, lo llevaron a probarse a las inferiores de Vélez Sársfield, institución en la que estuvo hasta el año 2000 y en la que debutó frente a Talleres en reemplazo de Rodrigo Marangoni.
Justamente a Talleres, pero de Remedios de Escalda, fue donde recaló a partir de convenios entre clubes. Allí estuvo dos años y fue dirigido por Horacio Bidevich.
Finalizado su contrato, anduvo entrenando en El Porvenir pero finalmente firmó en Estudiantes de Caseros (2002-2003) donde conoció a Arnaudo. Tras una temporada pasó al ascendido multicolor Colegiales (2003) plagado de baldoseros como Cameroni, Alfonso Ayala y Zaccardo.
Su carrera comenzó a desvirtuarse en forma vertiginosa y tratando de empezar de nuevo, retornó a su Misiones natal para jugar en Guaraní Antonio Franco.
Sin embargo allí tampoco hizo pie y pasó a la Liga Obereña defendiendo los colores de Tigre de Santo Pipó en primer orden y de Aristóbulo del Valle (2005) posteriormente.
Así se desarrolla hasta ahora la carrera de este muchacho de apellido Armesto, que tiene dos cualidades: jugó en Franco y es honesto.

Cucu

Bastianini Pablo

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Pablo Bastianini (La Bestia)
Atacante nacido en Zárate y fruto de las inferiores de Independiente que moldeó una curiosa trayectoria salpicada por un hecho confuso.
Compinche de Maxi Ayala y Emanuel Rivas en las divisiones menores del Rojo, compartió con ambos la experiencia de la primera pretemporada, allá por julio de 2001, en el complejo RCT de Chapadmalal.
Ilusionado, le decía a Olé: «Estamos al lado de jugadores que tienen más de diez años en Primera y te hacen sentir uno más. Ojalá podamos hacer la mitad de su carrera«. Y no estuvo lejos su pronóstico.
A mediados de 2002 el Tolo Gallego pasó la escoba para armar su equipo campeón y en la volteada cayeron juveniles como Tissera, Orellana, Marchesini, Carraro y el mismísimo Bastianini, que no llegó a debutar oficialmente.
Hasta ahí la carrera de cualquier pibe sin demasiadas oportunidades de mostrarse. Pero en el medio hubo un episodio poco difundido que involucró al jugador con un coterráneo, gloria del club.
Unos meses antes de su despedida de Avellaneda, en los medios de comunicación estalló una bomba bastante difícil de digerir: se decía que el padre del delantero había abonado 26 mil pesos para que su hijo llegase a Primera. ¿El destinatario del dinero? Ni más ni menos que el ídolo de Independiente, Ricardo Bochini.
Diarios como La Nación, Olé y Clarín se hicieron eco de ese rumor (en algunos casos, la cifra variaba entre los 30 y los 40 mil pesos) y en cuestión de horas el dirigente que habría deslizado la información, Carlos Bandrés, terminó renunciando.
Claro que no fue el único que voló. Un empleado del club llamado Eduardo Garbarini también acusó al Bocha y se tuvo que ir por la puerta de atrás. Un par de años más tarde daría su versión al periódico Río Negro: «De una vez por todas tenemos que desenmascarar a alguien que nos dio todo como jugador pero que como persona le hizo muy mal al club. Yo escuché cómo a los gritos el padre de Bastianini le dijo: ‘Te pagué 40 mil pesos y al pibe lo tenés en el banco‘». Y agregó «El padre de (Pablo) Bastianini fue al predio y dijo: ‘Estos hijos de p… me las van a pagar. Le di plata a él (por Bochini) y a Simonian para que pongan al pibe. Mañana si no me atienden los dirigentes los mato a trompadas a todos‘. Al día siguiente lo reciben Ducatenzeiler, Clausen y doce miembros de Comisión Directiva. Tras una fuerte discusión, el padre se va y yo hago pública la denuncia de lo ocurrido, que fue tomado por diferentes medios gráficos y radiales…Bochini entró a la reunión de Comisión Directiva y reconoció haber recibido el dinero pero dice no haberle echo mal al club. El presidente Ducatenzeiler reconoce que no puede salir a denunciarlo porque se trata de Bochini y que van a hacer silencio todos los miembros de la Comisión Directiva. Esto lo tengo grabado y es una prueba más de cómo se ocultan este tipo de cosas«.
El caso se cajoneó y nunca más se volvió a hablar del tema. De hecho, según dijo Garbarini, el padre de Pablo Bastianini desistió de seguir con el juicio que le había iniciado a él, a Bandrés y los medios involucrados, porque no tenía forma de refutar las pruebas.
El camino del pibe, manchado en su honor («Me quieren ensuciar gratuitamente, diciendo que yo pagué por jugar. Es injusto. Nunca le pagué a nadie«), continuó en el Nacional B con la camiseta de Defensores de Belgrano (2002/03) y luego recuperó altura con un pase a Quilmes (2003 a 2005) donde prometió en Reserva para que le den minutos innecesarios en el torneo local, la Copa Libertadores y la Sudamericana, convirtiéndose (según el foro de los hinchas cerveceros) en uno de los jugadores más puteados de la historia reciente.
Para agregarle otra cuota de rareza a su carrera jugó una temporada en el Yeovil Town (2005/06) del ascenso inglés y allí se dio el lujo de compartir charlas con Meloño, el ex Independiente Lucho Álvarez y un viejo aventurero que andaba por ahí.
¿El 2007? Bien, tranquilo. Sólo pasó un semestre en el Ionikos de Grecia y ahora intenta romperla en el Celano de Italia. Intuímos que en esa institución, habitué de las divisiones más bajas, dará sobradas muestras de su calidad y no estará ausente a la hora de meter la pierna fuerte. Si Bastianini tiene que poner, pone.

Juan Pordiosero

Bahamonde Marco

Marco Antonio Bahamonde
Sabido es que en 1996 Marcelo Salas cruzó la Cordillera de los Andes para jugar en Boca Juniors y que Carlos Bilardo rechazó su contratación alegando que el chileno no triunfaría en nuestro país. En eso apareció River, se quedó con el jugador y el resto ya es historia conocida.
Con la lección aprendida, dos años más tarde, Boca se aseguró a dos juveniles chilenos con aparente futuro de selección, Alberto González y Marco Antonio Bahamonde.
Ambos venían del Provincial Osorno y se incorporaron a las divisiones inferiores xeneizes como una apuesta a un futuro no tan lejano. De González nunca se supo nada, y del homenajeado del día, muy poco.
Como de costumbre, en 2000, Carlos Bianchi hizo del torneo de verano un banco de pruebas y mandó a la cancha a varios pibes que pedían pista a gritos. Así Bahamonde disputó algunos minutos ante Racing y Vélez. Sin embargo, su noche de gloria la vivió ante el River de Ramón Díaz el 9 de febrero.
Aquel día, el conjunto de la Ribera formó con: Abbondanzieri, Méndez, Burdisso, Marchesini, Imboden, Marchant, Battaglia, Pinto, Bahamonde, Ruiz y Moreno. En el banco esperaron Caballero, Báez, Barbosa, Rey, Pérez y Bonvin. El resultado fue de 2 a 1 a favor del xeneize y provocó la salida del segundo riojano más famoso dos días después. Para Bahamonde, fue la última vez que se calzó la azul y oro.
A mediados de año, pasó a préstamo a El Porvenir junto con Juan Aróstegui, Guillermo Báez, Domingo Cardozo y Gabriel Amadei. En Gerli casi ni jugó y la temporada siguiente retornó a Provincial Osorno. En 2003 estuvo a prueba en la Universidad de Chile pero no convenció y volvió a su club, donde permaneció hasta el año siguiente.
Pasaron varios años hasta encontrarlo de nuevo en una cancha de fútbol. Fue en 2007, defendiendo los colores del Arauco, un club de la desprestigiada tercera división del país vecino.

KeyserSoze

Calbanese Fernando

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Fernando Gabriel Calbanese
Mediapunta mellizo de Walter (ex Laferrere), nacido en 1967 que surgió de San Lorenzo y aún permaneciendo en esa institución durante varios años, quedó totalmente en el olvido.
Con los pelos al viento estilo Leon-O, apareció en la primera del Cuervo en 1986 de la mano de Nito Veiga pero ante la falta de oportunidades fue curiosamente cedido a préstamo al Toshiba Sapporo de Japón en 1987, algo que harían también con Bernuncio tiempo después.
Tras un año del que sacó poco rédito, retornó al Ciclón y se quedó hasta 1990. En esa etapa compartió planteles junto a históricos como Chilavert, Malvarez, Giunta, Zandoná, Bernuncio, Perazzo, Moner y hasta tuvo la oportunidad de ser dirigido por el «Bambino» Veira.
Pero a pesar entrenar y esmerarse, apenas jugó 34 partidos en los dos procesos y su único momento de gloria fue un gol a Boca Juniors en un amistoso.
Dejó a un azulgrana en crisis y partió hacia Deportivo Laferrere (1991-1994) donde inmediato conoció Karabín y se quedó largo tiempo. Jugó hasta 1995 en la B Nacional y sufrió el descenso habiendo participado en 6 partidos con 1 gol.
Tras una temporada en Primera B pasó a la C para defender a Liniers (1996-1997) y luego habría tenido un paso por el poderosísimo Carlos Manucci de Trujillo (Perú). Posiblemente continuó su carrera por otros lugares, pero es probable que por la vergüenza de desfilar por equipos de ínfima relevancia, una mano negra haya borrado todos los registros que faltan.
En el 2006 integró un equipo veterano de San Lorenzo y en 2007 apareció un Fernando Calbanese goleador del torneo Olé, jugando para O.B.S.B.A., que se presume que sea él.
Según se indica, convirtió 33 veces en 13 partidos contra duros equipos como La Escobita, Lanús United, Los Tanos, Cachilo F.C, Los Vagos de Urquiza, La Loca de Warnes, Buena Cosecha, Cuantró, La Resaca, Los Delirantes, Roquefort y Subcomisión Deportes Casino. Vaya paradoja los últimos dos, porque Calbanese era un queso y estaba jugado.

Cucu