Manzano Marcelo

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Marcelo Gustavo Manzano
No aguantó. Suficiente tenía con vestir la truchísima casaca Sportlandia que utilizaba la Reserva de Vélez Sársfield, para que encima lo cargaran por el apellido.
Las concentraciones no eran fáciles al lado del Ratón Zárate y el Coyo Almandoz. Que «si vas al kiosco traeme un Cepita«, que «seguro sos fanático de Armando Manzanero«, que «vos no te drogás porque sos un man sano» y demás. De esa manera al pibe lo pudrieron, lógico. Y sólo pudimos ver a este defensivo volante en un partido oficial de 1988.

Juan Pordiosero

Mores Aldo

Aldo Andrés Mores
Extraordinario valor de la cantera de Boca Juniors que de haber usurpado o inventado un parentezco con el Maestro Mariano Mores hubiese logrado, al menos, un poco más de reconocimiento en los medios de comunicación.
Su sinceridad y su hombría de bien conspiraron contra ese propósito y se la bancó sin aducir supuestos lazos de sangre con el abuelo de Mariana, aunque, a decir verdad, silenciosamente le fue rindiendo distintos homenajes.
Marcador central y figura de las inferiores, integró un plantel Sub 19 xeneize que estuvo en Suiza y luego anduvo por China, en Mayo de 2001, junto a algunos pibes que ya habían debutado como Adrián Guillermo, Martín Andrizzi y Juan Aróstegui; y otros menos mediáticos como Silvio Dulcich, Nicolás Xicoy, Guillermo Valdez, Federico Pignata y Federico Carballo.
A su vuelta, Carlos Bianchi le guiñó un ojo y después de hacerlo entrenar varias veces con los grandes lo llevó al banco de Primera en la última fecha del Torneo Clausura de ese año (empate 1 a 1 con Estudiantes).
Sin embargo, la buena imagen que había dejado en su aventura europea le abrió las puertas del Lucerna suizo, que lo probó junto a Julio Alcorsé en agosto de 2001.
Cuando el Virrey se enteró lo hizo regresar y le dio la chance de practicar nuevamente con los consagrados pero nunca le dio la oportunidad de entrar en un partido oficial.
Aterrado por la idea de seguir vegetando exclamó «Adiós, Pampa mía» y comenzó su periplo internacional luego de un incomprobable paso por Ferro. Conoció el Persija de Indonesia (2003) y el Selangor de Malasia (2004/05) antes de caer en el Bolivar de Bolivia (2005/06), donde vivió buenas y malas, imposibilitado de estar «frente al mar«.
Si bien se dio el lujo de salir campeón y disputar la Copa Libertadores, también vivió una «tarde gris» y la crítica lo destrozó: «Culpable del primer gol. La pelota había sobrado a Ribeiro y Sánchez. Mores era quien debía cubrir las espaldas y lo hizo de manera deficiente. Después de ese tanto, suponemos que Aragonés les pidió que no subieran ni en los tiros de esquina. Al final fue un manojo de nervios«. Durísimo.
En septiembre de 2006 viajó a Rumania y jugó en el Otelul Galati, pero cuando le comentaron que faltaba casi un año para que llegara el Ogro Fabbiani al país (Aldo creía que tenía algo que ver con su falsa prima) se tomó el palo.
En 2007 comenzó a circular la versión de que se iría a Perú para actuar en un equipo importante y cuando «Uno» comenzaba a imaginar que se sumaría al «Cristal«, firmó para el Deportivo San Martín de Porres, donde tiene de compañeros al ex Boca Enzo Gutiérrez y a Juan Manuel Zandoná. Quizás allí el Chinito, un experto en estas cuestiones, lo convenza de hacer uso indiscriminado del apellido. Tal vez acepte. En cualquier «Cafetín de Buenos Aires» la gente sabe que en el fútbol la lucha es cruel y es mucha. Y ya nadie hace la carrera de taquito.

Juan Pordiosero

Gasparini Sebastián

Sebastián Horacio Gasparini
Poco interesante y bastante monótona la trayectoria de este defensor nacido en Pergamino el 18 de agosto de 1980.
Habiendo completado con éxito el arduo camino de las divisiones inferiores en Rosario Central y llegado a la mayoría de edad, a mediados de 2001 firmó el primer contrato con un grupo de jugadores que pasaron inadvertidos por Arroyito.
Así fue que puso el gancho al igual que Cristian Campestrini, Marcelo Márquez, Gustavo Suárez, Ceferino Bernabé Ferreyra, Maximiliano Raschetti Sánchez, Ricardo De Alberto, Carlos Gumersindo (!) Aquino, Germán Acurso, Mauro Marchano, Pablo Vacaría y el hombre de la Lazio, Lucas Correa, entre otros.
Siguió rompiéndola en Reserva hasta que tuvo la oportunidad de hacerlo en la categoría grande. Fue en el Clausura 2002 y bajo la dirección técnica de Daniel Teglia.
Con la llegada de César Luis Menotti no fue tenido en cuenta y ni siquiera participó de la pretemporada. Recién con Miguel Ángel Russo disputó unos miserables 16 minutos en los que se ganó una tarjeta amarilla y fueron el cierre de su carrera en la Primera División.
Sin mucho más que hacer en Arroyito ni zonas aledañas (bien podría haber jugado en Central Córdoba, pero no) se dedicó a frecuentar la conexión aérea Argentina-Italia. A mediados de 2003 pasó al Truentina Castel di Lama del ascenso tano. En la temporada siguiente defendió la divisa del reconocido Cosenza.
Dos años después de su partida pegó el salto de calidad cuando se unió al Milan, pero al de Pergamino, claro. En Douglas Haig batalló durante toda la 2005/2006 teniendo como compañero a Gustavo Sandoval y siendo dirigido por Miguel Echecopar (que nada tiene que ver con el puteadísimo Baby).
Una vez culminada la misión cerca de los suyos, volvió a tomarse un avión. Durante algunos meses jugó en el ignoto Petacciato Calcio (2006) hasta que nuevamente fue tentado por el Cosenza.
Punto final para la historia de este fantasma del fútbol, que sin grandes actuaciones, ni declaraciones vendehumo logró hacerse un lugar en este decálogo de historias truncas llamado En Una Baldosa.

KeyserSoze

Pretel Raúl

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Raúl Agustín Pretel (Coco)
Hay prioridades, por supuesto. La AFA tiene muchas urgencias que solucionar antes de prestarle atención a otras dificultades. Pero si algún día sobra un poco de tiempo en las oficinas de la calle Viamonte sería bueno que se trate un ítem fundamental: el derecho de admisión en los partidos de Reserva. ¿Aplicado a los simpatizantes? No, a los jugadores.
Es una vergüenza que en el último escalón que tienen los juveniles antes de llegar a Primera se acepten futbolistas de barba candado. No es coherente. Es una ridiculización de los valores. Si fuera bigote todavía. Pero no, es barba, y el sentido común indica que el que la usa tiene que jugar con los grandes, no con los chicos de 18 años.
Por obviar ese tema los simpatizantes de Banfield tuvieron que soportar que la Tercera de su club estuviese integrada, en el año 2001, por dos hombres barbudos. Uno, el criminal Cebolla Giménez. El otro, menos conocido, el Coco Raúl Pretel, un delantero que había debutado con El Taladro en el Nacional B y que una vez en la Primera A no fue beneficiado con la confianza de los entrenadores.
Antes del Apertura ’01 firmó su contrato junto a Pablo Lezcano, Fabián Peruscina y Mauricio Vieto, pero al darse cuenta de las pocas chances que había logrado con 22 años (un solo partido oficial, ante Lanús, ingresando por Sebastián Bueno) en noviembre de ese mismo año se fue a Austria para probarse en equipos de Segunda División.
Al rato volvió, pero su vínculo con el club del Sur finalizó en junio de 2002, cuando fue dejado en libertad de acción y empezó a buscar su lugar en el Mundo. Lo encontró bien lejos y en ligas de menor relevancia, vale aclarar.
Desde la temporada 2004/05 hasta la actualidad se ha consolidado en la Primera Andaluza de España con los colores del Iliturgi, un conjunto que le ha dado la oportunidad de mantener el laburo pese a haber convertido 3 goles en 2 años, según un sitio partidario.
A pesar de todo el amor que ha recibido en esa institución, intuímos que fue otro equipo ibérico el que más prestigio le sumó a su trayectoria. Y no hablamos de Mancha Real ni de Los Llanos. Tampoco de Banfield. Nos referimos a la Unión Deportiva…¡Barbastro!
Y sí, no hay con que darle. En Europa está la coherencia que le hace falta a la AFA.

Juan Pordiosero

Martínez Juan Manuel

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Juan Manuel Martínez
Fantasmal. Su integración al plantel superior de River Plate, en el Clausura 2001, lo llevó a figurar en la Guía Olé de ese campeonato. Ahí, poniendo la cara ante los lectores, sonreía tímidamente y daba algo más de credibilidad a su data, ya de por sí sospechosa: lugar de nacimiento, Avignon (Francia).
¿Qué hacía un francés al lado de Pipino Cuevas, José María Paz y Eduardo Lermee?. No sabemos, pero estaba. Nacido el 4 de enero de 1979, acusaba antecedentes de defensor en las inferiores millonarias, compartiendo su camada con jugadores que luego se destacaron, como el Chino Garcé.
Lo cierto es que después de un semestre en el que no tuvo la oportunidad de debutar con Gallego, llegó Ramón Díaz y quedó libre junto a Carlos Chacana, Pablo Sabbag, Jorge Chica Muñoz, Luis Nunes Duarte y Juan Font, un pibe que había hecho buena letra.
Ojalá sea el mismo Juan Martínez que después estuvo en Santiago Morning de Chile (2003), El Linqueño de Lincoln (2004) y Atlético Villa Gesell (2006). Sería una prueba más de que un francés (así haya estado 2 horas en Europa) puede sucumbir ante la extraña tentación de pasar penurias en el fútbol sudamericano, aunque eso luego de lugar a la idea de tirarse desde arriba de un puente.

Juan Pordiosero

Ruggeri Cristian

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Cristian Mauro Ruggeri
Tras los truncos intentos con Ariel, Gabriel y Franco, al fin logramos dar con un pariente de Oscar Alfredo, que además simboliza uno de los casos de mayor acomodo que se conocen.
Es que el juvenil en cuestión, también oriundo de Corral de Bustos, llegó a San Lorenzo en enero de 1997 con el tío aún siendo jugador y su propio representante. Tras jugar en inferiores y hacer buena amistad con Saric y el «Pipa» Estévez, fue llamado para ser parte del plantel profesional, con la casualidad de que el «Cabezón» era el nuevo entrenador.
En aquella oportunidad, un medio deportivo les realizó una nota a ambos en donde el pibe aseguró: «No tengo ni tendré coronita, es mi tío, sí, pero acá es mi técnico». Por su parte, el entrenador fue claro: «Es muy simple. Tiene que luchar y, si fracasa, se vuelve al pueblo».
En el verano del ’99 habría participado en Catamarca de un encuentro a beneficio de un hospital, pero el verbo es en potencial porque en dos diarios se anunció la realización de dicho evento, pero al día siguiente no apareció ninguna noticia alusiva. Esa tarde estaba previsto que juegue de entrada junto a Campagnuolo, Pihuela, Omar Gallardo, Romagnoli; Borrelli, Yoder y Esquivel, entre otros.
Para agosto y sin haber ni siquiera debutado, el entrenador de Platense, “Chamaco” Rodríguez inducido por algún buen interés, lo pidió como refuerzo al igual que al “Topo” Gómez, Andrés Bressán, Alfredo Graciani, Guido Alvarenga y Walter Lemma.
Sin embargo, Cristian fue inscripto en Almagro que se aprestaba a debutar en primera división y al cual fueron varios juveniles del Cuervo.
No jugó y desapareció del mapa, al menos en lo futbolístico, ya que un hecho muy particular protagonizado por su padre lo volvió a tener en los medios.
Su viejo Raúl quedó detenido tras participar de una pueblada en Corral de Bustos en donde arrojaron bombas molotov que incendiaron el Palacio de Tribunales e incineraron el automóvil del juez Jorge Farías. El motivo de la misma fue tras conocerse que una nena de tres años que había muerto por golpes, también había sido víctima de una violación y nadie hacía nada con los sospechosos.
Tras ser liberado junto a siete hombres aún con los cargos de incendio doblemente calificado, lesiones leves en riña, fabricación y tenencia de bombas o materiales capaces de causar estragos, su hijo afirmó emocionado: “Acá se acabó el miedo” y confesó que su papá estuvo “muy depresivo”.
Pero esa no fue su última aparición mediática, ya que años después se supo que entrenaba fútbol femenino en torneos que se disputaban en Tigre y San Isidro y a un diario reconoció: «Es la primera que vez que dirijo mujeres, es una experiencia diferente, también desde las reacciones que tienen».
Mientras juega fútbol intercountries y defiende las cualidades de su tío nosotros buscamos a un Ruggeri más para homenajear, una especie del Quinto Beatle pero hablando de costado.

Cucu

Ayala Cristian

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Cristian Damián Ayala (El Ratoncito)
Barbita metrosexual, parentezco ineludible y por consiguiente un apodo en diminutivo. ¿Algo más para ser baldosero? Sí, una trayectoria en orden descendente que aún no tocó fondo y que promete contarnos en muy poco tiempo qué hay allá abajo, entre el Torneo Argentino C y los confines del infierno.
Marcador central como su hermano Roberto Fabián y su padre Roberto Camilo, una vieja gloria de Atlético Paraná de Entre Ríos, también inició su carrera en las divisiones menores de ese club. Una vez crecido y con el Ratón consolidado como jugador de Selección, se incorporó a las inferiores de Ferro Carril Oeste, donde tocaría la Primera División en el Apertura ’99.
Alto, cabeceador y con Gustavo Mascardi de representante, no se entiende como no llegó a más. Quizás lo afectó el hecho de compartir el departamento con Roberto Galant, un arquero del conjunto de Caballito que posiblemente lo haya invitado más de una a vez a pasar al «living del amor».
La mala época en el verdolaga lo obligó a perder la categoría después del Clausura 2000 junto a otros chicos incendiados como Rodrigo Lagos, Félix Décima y Juan Cracco. Permaneció un tiempo con la institución en el Nacional B pero luego se sumó a ese paraíso fiscal llamado Locarno (2001), de la segunda división suiza.
En Los Andes conocerían sus condiciones en la temporada 2002/03. Allí se recuerda una expulsión heroica tras un planchazo al jugador de Defensa y Justicia, Damián Cirillo. Heroica desde el momento en el que se hizo de público conocimiento la reputación de los Cirilos.
No pasaría mucho tiempo para un inevitable retorno a Ferro, en 2003, donde vivió dos años alternando buenas y malas (algún gol en contra, para no romper la tradición de sangre), con una rotura de ligamentos que le impidió sumar millas en cualquier paquete especialmente preparado por su apoderado.
Bajo esas condiciones, no puso muchos peros para volver a las fuentes. En 2005 llegó a Paraná y se puso la camiseta de Atlético, el equipo donde, en teoría, se tendría que retirar para hacer de esta historia un lindo cuento familiar. Pero no, acaba de pasar a Central Córdoba de Santiago del Estero, que participa del Torneo Argentino B.
Se sabe que los Ayala no son amigos de los buenos finales. Y esta no es la excepción.

Juan Pordiosero

Camara Zakaria

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Zakaria Camara
Misterioso jugador de origen africano que estuvo en Racing en el crudo invierno de 1997. Aunque a la distancia el caso parezca extraño, en aquel entonces las bizarreadas se superaban unas a otras en el club de Avellaneda. Simultáneamente, mientras el hombre de Mali probaba sus condiciones, también lo hacía el camerunés Cyrille Bella, la hinchada estrenaba la bandera más grande del Mundo, La Academia se preparaba para disputar las semifinales de la Copa Libertadores ante el Sporting Cristal y el plantel reclamaba sueldos atrasados. Bien a lo Racing.
Iniciado en el AS Real de la ciudad de Bamako, uno de los más importantes de su país, debió luchar contra la lógica ya que en su tierra el fútbol es mucho menos que semi profesional. Cansado de tener un trabajo paralelo, cuando cumplió 22 años tomó la determinación de expandirse internacionalmente y agarró la primera oportunidad que tuvo: una prueba en la Argentina.
El Coco Basile lo evaluó pero no le gustó. El delantero, morocho y grandote, había tenido la chance de mostrarse en algunos amistosos de la Reserva y entrenamientos de la Primera.
Luego jugó en equipos de Francia y Portugal, hasta que entendió que lo suyo estaba fuera de la línea de cal y se dedicó a robar como coach en escuelitas estadounidenses. Hoy está en la Soccer Field Academy, donde chapea con la nacionalidad francesa y un pasado en el fútbol argentino.
Se comenta que cada vez que vuelve a Mali los parientes le preguntan «¿Por qué nunca traés fotos?». Y él, apesadumbrado responde: «si tuviese Cámara Zakaría«.

Juan Pordiosero