Bilbao Rodrigo

Rodrigo Martín Bilbao (Rana)
De promesa trunca a jugador golondrina. Cambió de piel para sobrevivir como futbolista, la profesión que le hizo conocer miles de ciudades. La otra que le quedaba era borrarse el apellido y convertirse en cantante de una banda de glam-pop. Pero a otro pibe, con el mismo nombre, ya se le había ocurrido.
Surgió en el Vélez de Bianchi como una alternativa del Pacha Cardozo en la temporada 1993/94. Desde su debut hasta su partida definitiva, en 1998, solo pudo actuar en 14 oportunidades. En el medio, fue prestado a otras instituciones con la excusa de la falta de fogueo. En la temporada 1995/96, por ejemplo, estuvo en Douglas Haig de Pergamino. Después, siguió en la B Nacional pero con los colores de Atlanta (1996/97), donde jugó 26 encuentros. En su último regreso al Fortín se quedó un tiempo y ganó el Clausura ’98 de la mano de Marcelo Bielsa. Luego recaló en Tigre (1999-2000) y nunca más volvería a pisar la máxima división de nuestro país. Durante 18 partidos vistió la casaca del Matador (se dio el lujo de estar al lado del Luifa Artime) y después emprendió su primer viaje largo para jugar en el exterior. Lo fichó el UE Lleida de España (2000/01), conjunto que le dio la chance de conocer al venezolano Miguel Ángel Mea Vitali.
Dicen que después anduvo por los Tigres de México, aunque por estos pagos recién supimos de él cuando volvió a la Argentina y enfiló para la sede de Instituto de Córdoba. En la Gloria disputó 22 cotejos de la temporada 2002/03 y entonado se fue a Almagro (2003/04), siempre en la B Nacional. En el Tricolor ganaría prestigio tras obtener el ascenso a Primera con compañeros como Martín Bernacchia, Alejandro Baigorria, Claudio Filosa y Lucas Sparapani, y aprovechando el envión firmaría con un grande de la segunda división, Huracán de Parque Patricios. En el ultimo semestre de 2004 disputó 12 partidos para el Globo y como de costumbre, armó las valijas buscando nuevos horizontes.
Desembarcó en enero de 2005 en Venezuela y vistió los colores de los Mineros de Guayana. La experiencia sólo duró 6 meses pero al menos se lo recuerda como uno de los tantos argentinos que poblaron las canchas ese año (otros fueron Hernán Vigna, Rodrigo Riep, Pablo Rodríguez y Juan Ramón Fleita). Cuando se abrió el libro de pases no lo pensó dos veces y retornó a su tierra con la intención de seguir sumando minutos en el ascenso. San Martín de Mendoza lo tuvo en sus filas en la 2005/06 hasta que, quizás guiado por una voz interna que le pedía un poco de cordura, el Rana Bilbao aceptó bajar por primera vez a la tercera división para defender la divisa de Sarmiento de Junín. Allí permanece en la actualidad, marcando, corriendo, jugando, y haciéndole cruces a su mapamundi para tratar de ver que otro lugar le queda por conocer.

Juan Pordiosero

Williams Leonardo

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Leonardo Fabián Williams

El destino estaba escrito: sus momentos de máxima popularidad tenían que estar relacionados con Vélez Sarsfield. Después de una vida compartiendo divisiones inferiores con Mariano Passini y Mauro Cantoro, entre otros, le llegaría el turno de debutar en Primera División. Fines de 1996, los de Liners se encontraba en plena definición de la Supercopa, y Osvaldo Piazza no quería arriesgar: mayoría de suplentes y juveniles para encarar los últimos partidos del Torneo Apertura.

De esta manera, Williams, con 20 años cumplidos, disputó sus únicos 5 partidos en la máxima categoría, junto a jóvenes valores como Juan Darío Batalla, Rodrigo Marangoni y Rubén Rivero. Con su presencia en cancha, el equipo obtuvo un sólo punto: fue en su presentación, en una igualdad frente a Gimnasia de Jujuy. El resto, todas derrotas (los rivales fueron Estudiantes, Colón, San Lorenzo y Ferro). Por lo menos, fue testigo directo del debut del Poroto Cubero (frente al Pincha, el 17 de noviembre de aquel año), hoy hombre récord de presencias con la camiseta del Fortín.

El destino ya había sido escrito: ese puñado de encuentros fue el súmmum de su carrera. Y, aunque al poco tiempo dejó el club, pronto volvería a aparecer en las búsquedas “Williams + Vélez” en AltaVista.com (?). Fue en 1998, cuando jugaba para All Boys. En un encuentro frente a El Porvenir, recibió un tremendo codazo de Rubén Forestello, lo que le provocó su derivación a Vélez Sarsfield. ¿Regresó al club donde vivió sus momentos de gloria? No: su destino fue el hospital Vélez Sarsfield, donde se le diagnosticó una fractura en el maxilar superior. Basta, Williams. #Soltar.

Abete Santiago

Santiago Abete
Arquero de condiciones promisorias que rápidamente fue descendiendo escalones para convertirse en uno más de los tantos que deambulan por los bancos de suplentes de equipos del ascenso.
De las inferiores de San Lorenzo, fue partícipe de la Selección Argentina sub 17 que logró el cuarto puesto en el Mundial de Trinidad y Tobago, en 2001. Aquel equipo que tenía en sus filas a jugadores luego consagrados como Carlos Tévez, Javier Mascherano, Maxi López y Pablo Zabaleta, también contaba con el malogrado Lucas Molina y otros que después tendrían menos éxito como Rubén Salinas y Lucas Correa.

Al finalizar la competencia, un desilusionado Hugo Tocalli declaró sobre el pibe: «no se pudo mostrar. Tiene mucha personalidad. Y gran porvenir. Debe mejorar la potencia en sus piernas«.
Ese detalle marcado por el entrenador (que también fue arquero) era insignificante si se tenía en cuenta que con 17 años ya estaba entre los mejores arqueros del país a nivel juvenil. Es más, ese año salió campeón de la sexta división con San Lorenzo junto Gonzalo Rodríguez y Hernán Mattiuzzo.
La gran chance de mostrarse le llegaría en septiembre de 2001, cuando el combinado nacional dirigido por Marcelo Bielsa se preparaba para jugar ante Brasil, por las eliminatorias para el Mundial de Coreea-Japón 2002. El entrenador hizo una práctica con varios juveniles (alguno de los titulares, como Germán Burgos, no habían llegado) y al arquerito del Ciclón le tocó actuar en el conjunto titular que formó con Abete; Ayala, Samuel y Vivas; Zanetti, Simeone, Sorín y Aimar; Claudio López, Crespo y Cristian González. En el segundo tiempo, Bielsa cambió algunos nombres pero mantuvo al pibe bajo los tres palos. El equipo alineó a Abete; Pochettino, Samuel y Placente; Zanetti, Almeyda, González y Gallardo; Aimar, Cruz y Gustavo López.
Semejante antecedente le dio un handicap que años más tarde le permitió subir al plantel superior del Cuervo. Allí estuvo peleando por un lugar en la temporada 2003/04, pero las presencias de José Ramírez, Agustín Orión y Nereo Champagne le negaron la posibilidad de debutar en la máxima categoría.
En julio de 2004 pasó a San Miguel, en la Primera C, junto a otros valores de las inferiores azulgranas como Claudio Verino y Gabriel Juárez. Aunque tuvo la chance de jugar, en el Trueno Verde no hizo demasiado. Eso si, se dio el lujo de actuar al lado del ex Lanús Emiliano Gianunzio.
Parecida fue su situación en Tigre (en la primera parte de 2005), donde cosechó amistades como Oscar Alsina y el Chino Carlos Luna, pero no jugó en el equipo que terminó ganando el ascenso al Nacional B, por estar detrás de sus colegas Campestrini y Ardente.
Como si fuera poco, a su poco productivo periplo por Sportivo Barracas (2005/06) le sumó un traspaso al fútbol marplatense, para defender los colores de Alvarado en el Torneo Argentino B. Y ahí, claro, también fue suplente.

ACTUALIZACIÓN
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Después de años de ostracismo, el 1° junio de 2008 le tocó ser titular en Alvarado de Mar del Plata, equipo que, al ya estar clasificado para las finales del Torneo Argentino B, alineó suplentes y juveniles ante Bella Vista de Bahia Blanca.

El equipo marplatense (que hacía de local en Tandil y a puertas cerradas), caía 1 a 0 cuando a los 49 minutos del segundo tiempo tuvo un tiro libre a favor. Santiago Abete fue a buscar la bocha al área y tuvo recompensa cuando le quedó el rebote en la puerta del área y estampó el empate con un derechazo. Sí, el arquero baldosero hizo un gol.

A continuación, una nota publicada en el Diario La Capital:

La tarde soñada para Abete
«Esta fue la primera y me parece la última»

Santiago Abete fue, sin lugar a dudas, el hombre de la tarde de Tandil. El arquero fue el centro de todos los festejos de Alvarado y, por supuesto, el objetivo de todos los periodistas para dialogar en el final. «Recuérdenlo porque esta fue la primera y me parece la última que voy a meter. Creo que nunca más volveré a hacer un gol. Hay que disfrutarlo. Sobre todo porque este es un grupo y los chicos demostramos que tenemos tantas pelotas como los titulares que nos llevaron a jugar una final por el ascenso», señaló, feliz y locuaz, la figura del partido a LA CAPITAL.

-¿Por qué fuiste a buscar el centro?
Fui porque el partido se jugaba en la mitad de la cancha y tenía una impotencia bárbara porque nos habían llegado poco y nos habían convertido un gol. Me tuve fe, me quedó ahí, le pegué, entró y listo.

-¿Fuiste alguna vez delantero de pibe?
-Nunca fui jugador de campo en inferiores. Sólo que cuando tuvimos que venir acá a jugar contra Grupo Universitario, con muchos jugadores lesionados, Philipp me probó como marcador central en una práctica, jugamos un amistoso frente a Once Unidos y también metí un gol. Jamás jugué de delantero porque en inferiores tenía un técnico que se llamaba Fabián y siempre me cortó las piernas.

-Salvaste una tarde que antes tuvo noventa y pico de minutos muy aburridos…
-Uno no tiene mucha idea de cómo se da el partido. Igual, si hubiéramos perdido, Alvarado tenía igual muchos motivos para festejar porque está viviendo un presente que hace mucho no vivía. Por todos los chicos mejor que no perdimos. Y mejor empatar en el último minuto así la gente tiene más motivos para celebrar.

-Te vemos muy feliz por lo de hoy, te imaginamos ilusionadísimo por lo que viene…
-Este es un momento histórico que va a vivir Alvarado y Mar del Plata. Esta ciudad merece tener equipos más arriba y Alvarado particularmente. Todavía falta, estamos muy cerca e hicimos méritos de sobra para llegar a la final.

Actualizado Noviembre 2012

Donato Hugo

Hugo Daniel Donato
Curiosa la historia de este volante por derecha nacido en 1974 que comenzó en las inferiores de Talleres de Remedios de Escalada y con los 15 años debutó en la primera del club.
Es que siendo un promisorio juvenil fue vendido a Banfield (1993-1994) junto a un desconocido lateral llamado Javier Zanetti, por lo que hasta ese momento tuvieron una historia similar pero que a simple vista terminó muy diferente.
Según cuenta una leyenda, para llevar a cabo la transacción se realizó una colecta entre 16 personas que pusieron 10.000 dólares cada una para el desembarco de un posible titular y un suplente que iría de relleno. Obviamente al que esperaban con ansias era al propio Donato y el Pupi iría como suplente.
Reforzó al Taladro recién ascendido junto a nombres importantes como el mencionado «Pupi» y también Angel Comizzo, Oscar Acosta, Taffarel, Ciancaglini, Cozzoni, Claut, Leo Ramos, Turdo, Alegre, Mannarino y Juan José Rossi.
No tuvo grandes chances y debió probar suerte en otro lado. Aunque no se puedo constatar, se lo relacionó a Ferro, pero parece que, vaya paradoja, seguía estando verde.
En 1996 partió a Italia aunque no para jugar con su buen amigo Zanetti, sino para hacerlo en el Pro Sesto de la Serie C2. Se desconocen sus actuaciones allí y recién volvió a aparecer en los medios en cuando firmó para el descendido Huracán de Corrientes (1998-1999) para formar un gran plantel junto a Adrián Fernández, Roberto Lugo y Ricardo Rentera.
Al año siguiente completó una temporada en Estudiantes de Caseros (1999-2000) teniendo la fortuna de conseguir el ascenso el Nacional B en compañía de Pablo Solschaga y Javier Cordone.
Sin embargo, decidió continuar en la tercera categoría del fútbol argentino para una aventura cargada de sentimiento: volver a Escalada y ponerse la de Talleres (2000-2001).
No obstante, todo lo que pudo haber realizado en su carrera queda chico al lado de una anécdota increíble que le sucedió en el 2002.
A punto de retornar a Italia, recibió una llamada telefónica de un periodista que fue la siguiente:
P- ¿Donato? Soy de Clarín.
D- ¿Cómo sabías mi celular?
P- Eso no se dice. ¿Estuviste en la operación de Vivas?
D- No. ¿Por qué?
P- En el Inter me dijeron eso.
D- No, ¡qué mentirosos!
P- Bueno, ¿vos bien?
D- Sí, por suerte con trabajo.
P- ¿Vivas no juega el Mundial y decís eso?
D- ¿Y qué querés que haga?
P- Tenés razón ¿cuándo vuelve Vivas?
D- ¿Yo qué sé?
P- ¿Pero sos Donato?
D- Sí, Hugo Donato, el ex Banfield, ahora pasé a Italia.
P- Pensé que eras Donato Villani, el médico de la Selección.
Ya en el 2006 volvió al país y nuevamente a Talleres, donde es referente.

Cucu (Gracias Fierita)

Ramos Carlos

Carlos Alberto Ramos (El Negro)
Cumplió el sueño de varios nostálgicos del fútbol noventoso: jugar en Mandiyú. Y aunque por cuestiones generacionales no lo hizo en el mítico equipo de Manuel Rivero, Roberto Ulrico Muller, Ramón Andrés Escobar, Lino Billordo, Pablo Suárez, Sergio Umpiérrez, Roberto Lugo y Julio César Marinilli, al menos se puso la casaca del aggiornado conjunto algodonero, con nueva denominación y la presencia del interminable Mario Obregón en Boca Unidos, el histórico rival.
Iniciado en Racing, asomó como un veloz lateral derecho con gusto por la proyección, algo que en el caótico plantel académico de fin de siglo alcanzaba y sobraba. Por esa razón la dupla López-Cavallero lo largó a la cancha el 19 de noviembre de 2000, ante el River de Saviola y Ortega.
Recibió su premio cuando integró el plantel que se consagró campeón del Torneo Apertura 2001 (no jugó ni un minuto) de la Mano de Mostaza Merlo, pero recién comenzó a tener chances de tapar huecos con otros entrenadores como Osvaldo Ardiles, Angel Cappa y el Pato Fillol. Siempre tuvo por delante a otros laterales (Vitali, Galliquio, Orozco) que habían costado dinero y por lo tanto había que justificar su contratación. Así y todo superó la decena de partidos con la casaca albiceleste y se dio el lujo de participar, en 2002, de la recordada remontada que terminó con una victoria por 4 a 3, en la Bombonera, con una destacada actuación de Bastía y Mariano González.
En septiembre de 2004 pasó a Textil Mandiyú en condición de prestado, y se encontró con un viejo conocido de las inferiores como Juan Manuel Barrientos. Ni bien pisó Corrientes tiró un poco demagogia para asegurarse unos añitos de tranquilidad.»Es un equipo grande. Yo recuerdo cuando era chico y Mandiyú jugaba en Primera. Uno de mis objetivos es que el equipo vuelva a ser lo que era antes«, declaró Lito, como también lo apodan al viejo y querido Negro Ramos.

Juan Pordiosero

Squadrone Leonardo

Leonardo Gastón Squadrone
Clásico lateral izquierdo de intensa aunque poco difundida carrera en el ascenso y con sus escasos minutos de fama en la Primera División que le otorgan un lugar en este sitio.
Iniciado en Estudiantes de La Plata, pudo debutar en 1992, donde pegó continuidad y alcanzó la nada despreciable suma de 17 partidos jugados. Sin embargo, al año siguiente fue cedido a Lanús (1993-94), con la esperanza de que se fogueara con otra camiseta y que volviera renovado. El plan salió a medias, porque si bien retornó al Pincha a la temporada siguiente, en el Granate solo pudo disputar 10 encuentros. Para colmo, cuando regresó a la ciudad de las diagonales el León estaba en el Nacional B, asi que no le quedó otra que participar de aquel buen equipo (1994-95) que contaba con el Mago Capria, Juan Sebastián Verón y José Luis Calderón, entre otros.
En la 1995-96 pasó a Huracán Corrientes, junto al Coco Capria, integró el plantel que ascendió a la máxima división con valores destacados como el Viejo Sosa y Umpiérrez.
Lo curioso es que cuando muchos imaginaban que lo contrataría otro equipo con ansias de ascender, lo fichó el New England Revolution, firmando de esa manera su pasaporte a la baldoseridad eterna. Primero jugó dos partidos a préstamo para el Worcester Wildfire, de la A-League, pero después volvió a la institución dueña de su pase. Allí se hizo respetar a base de temperamento, ya que tuvo que soportar algunas lesiones y críticas por su falta de velocidad. Con la casaca número 6 del equipo yanqui jugó 23 partidos a la par de Alberto Naveda, ex compañero suyo en alguna Selección Sub-20 de comienzos de los 90’s.
Cipolletti de Rio Negro lo repatrió para jugar el Nacional B en 1998 y allí permaneció hasta 2000, cuando se fue a Independiente Rivadavia de Mendoza (2000/01) para actuar en la misma categoría. Recobraría su buen nivel en Huracán de Tres Arroyos (2001/03), convirtiéndonse en referente por desempeño y madurez. Incluso tuvo la chance de lograr otro ascenso a Primera División, pero Lanus, su ex equipo, le frustró el sueño tras imponerse en la Promoción de 2002. Como recuerdo, le quedarán jornadas históricas al lado de Luciano Nicotra, en un buen conjunto que tenía, entre otros, al Novillo García y Rodrigo Palacio.
En 2003 se incorporó a Unión de Santa Fe, que recién había descendido al Nacional B. Su arribo, junto al de otros como Juan Ignacio Brown, Walter Coyette, Ceferino Díaz, Julio Marchant y Sebastián Bueno, representaron una luz de esperanza que pronto se fue apagando. Es más, Squadrone decidió su retiro antes de finalizar la temporada.
En octubre de 2005, y con más de un año de inactividad, dio una nota al diario El Día de La Plata y opinó al respecto: «Los dos primeros meses me costó asumir que no iba a jugar y ahora no me quita el sueño, pero al principio me costó un montón porque siempre pensé que iba a estar preparado para dejar de jugar y cuando me tocó el momento se me vinieron un montón de cosas que iba a perder. Eran 15 años de tener todos los fines de semana ocupados, la obligación de la semana de levantarte para ir a entrenar, y de un día para el otro te quedás sin eso. La verdad que me costó. Uno cree que se está preparando, pero dejás de hacer algo de un día para el otro y es difícil. Pensá que empezamos desde muy chiquitos a jugar, después hacés inferiores, pasás muchas cosas, crecés, tenés alegrías, muchas vivencias. Yo pensé que iba a estar preparado, pero no«.
Y agregó sobre sus posibilidades de volver a jugar: «Aún tengo la expectativa de que aparezca algo que me convenza. A mí también me tocó estar por todos lados. Yo terminé jugando en el Nacional ‘B’ que es un torneo que me encanta, pero las posibilidades que surgieron después era bajar de categoría y no quería terminar de esa forma. Sabía que era para jugar uno o dos años más y no iba a tener ningún rédito, ni personal ni económico. Entonces preferí terminar en un club lindo como es Unión de Santa Fe y quedarme con ese recuerdo«.
Paradójicamente, tres meses después dejó de lado el prejuicio de la última imagen y al recuerdo de Unión lo borró con los colores de Villa del Parque de Necochea, equipo que le dio la oportunidad de ponerse los pantalones cortos otra vez. A comienzos de 2006 se sumó al conjunto que intervenía del Torneo Argentino B y luego de un par de partidos que le dieron la pauta de lo que verdaderamente era jugar en esa categoría, abandonó la práctica activa y se puso del otro lado del mostrador, para ser ayudante técnico de Hernán Casais. Hace dos semanas, quedó como único entrenador tras la renuncia de su compañero y desde su modesto Villa del Parque intenta clasificar a la segunda fase.

Juan Pordiosero

Zaidelis Luciano



Luciano Javier Zaidelis
Delantero de fugaz paso por la Primera División del fútbol argentino, aunque con una historia digna de detallar.
Iniciado en Nautico Hacoaj, llegó a las inferiores de River a fines de los 80’s y representó a la institución en Quinta y en Cuarta. Incluso se dio el lujo de entrenar con los grandes bajo la tutela de César Luis Menotti. También compartió prácticas con Passarella y Batistuta. A pesar de contar con el aprecio de hombres del club, como el Tolo Gallego, tuvo que buscar otros rumbos cuando cambió la comisión directiva.
El Millonario lo dejó en libertad de acción y se fue a probar a Platense. Allí le dio el visto bueno el legendario Enrique Topini y lo ficharon para jugar en Cuarta y en Tercera (hizo dupla con David Trezeguet). La llegada al Calamar de José Yudica le abrió las puertas del ansiado debut en la máxima división. Zaidelis disputó tres partidos oficiales (y uno en la Copa Centenario) en la temporada 1992/93, entre ellos, uno ante Ferro que le dio la grata posibilidad de ingresar por el Bichi Borghi. También actuó junto a Cascini, Coudet, Bellini, Baena y Broggi, entre otros.
Luego de su paso por Vicente López bajó de categoría para actuar en Tigre (Nacional B) y en Laferrere (Primera B) junto a Garrafa Sánchez. Aunque no pudo sumar muchos minutos tuvo el gran honor de enfrentar a Maradona, en un amistoso ante el Boca de Bilardo.
Su último partido fue ante Atlético Campana con la camiseta de Lafe. A la semana siguiente se fracturó los meniscos de la rodilla derecha y en medio de la recuperación decidió su retiro.
Con sabor a poco pero orgulloso por lo hecho en el fútbol, paralelamente comenzó a estudiar de noche para recibirse de abogado. Finalmente lo logró y alejado de las canchas hoy se especializa en el derecho civil, comercial y deportivo.

Juan Pordiosero

Moreiras José

José Manuel Moreiras
Este joven volante hizo todo bien como para ser figura del fútbol argentino. En primer lugar nació en Rosario, cuna de grandes jugadores, y siendo parte de las divisiones inferiores en Rosario Central, fue convocado por Merlo para integrar la Selección Argentina Sub 17 que disputó el Mundial de Japón 1993.
En ese combinado de estrellas tuvo la fortuna de conocer a Burtovoy, Milton Acosta, Vilariño, Orrego, Diez, Grande, Biagini, Cantoro, Lutman, Ariel Ruggeri, Romay, Cantero, Pablo Rodríguez y Della Sala, entre otros.
Todo hacía prever que lo esperaba una gran carrera, sobre todo porque en forma ordenada llegó a la primera Canalla en 1995. Sin embargo, luego de estar una sola pero histórica temporada (obtuvieron la Copa Conmebol) dejó el club al año siguiente.
En 1997 jugó en el Blooming de Bolivia, lo que sería una experiencia en el exterior pero no la única. Duró poco allí, porque a la temporada siguiente volvió al país, aunque no tuvo que viajar demasiado porque se quedó en Jujuy para disputar nuevamente primera división.
En Gimnasia y Esgrima (1999-2001) jugó bastante, siempre acompañado por Mencia, Aguírrez, Sandy, Piro, Ruscitto y Cartés. Lamentablemente el equipo no aguantó y perdieron la categoría, pero se quedó y jugó también en la B Nacional.
Ya para el 2001 volvió a irse, esta vez a Ecuador para vestir los colores del Olmedo hasta el 2002 junto a Eduardo Iachetti y dirigido por Fernando Donaires. En ese semestre participó de la Copa Libertadores y llegaron a la decorosa instancia de octavos de final.
El 2003 lo encontró en Millonarios de Colombia y en el 2005 cayó en Unión La Calera de Chile, que disputaba la segunda división. Allí llegó luego de caérsele una oferta China y lo presentaron como «un tipo sencillo y con una clara disposición al trabajo. Esperemos que logre ponerse a punto y que con el correr del tiempo pueda desarrollar al máximo su capacidad futbolística y sea un real aporte para el plantel calerano. Por ahora sólo resta desearle suerte».
Lo cierto es que no anduvo nada bien y seis meses fueron necesarios para irse a Ecuador, más precisamente a Liga de Portoviejo (2005-2006) en el que hoy en día brillan Kelvin Castro, Cibor Nazareno y Luis «Bertoni» Zambrano.
Curiosa la historia de Moreiras, un volante que prometía llegar lejos pero terminó jugando el ascenso de ligas sudamericanas. Por ello, en la actualidad, sólo su señora María Isabel y sus dos nenas de nombre cool, Delfina y Bernardita, lo siguen a donde va.

Cucu