Bermejo Martín

Martín Sebastián Bermejo

Hay que ver más allá de la imagen. Porque la foto en sí, no dice nada: vistiendo una camiseta Adidas, se puede apreciar a un joven futbolista. Para buscar algún dato adicional, es necesario analizar la escasa información que se tiene. Vamos por partes.

“Vistiendo una camiseta Adidas”: primera mentira. La camiseta es Taiyo. A principios de los 90’s, la marca realizó un modelo muy similar al que usaban varios equipos vestidos por la empresa alemana. Conociendo el uniforme, más el detalle no menor de los colores blanco y marrón, es fácil distinguir el equipo: Platense. Y ahí se empieza a aclarar un poco más el panorama.

“Se puede apreciar a un joven”: hagamos un freno ahí. El joven es bien joven (?). Seguramente, todavía no había debutado. Ni adentro, ni afuera de las canchas. Entonces, adelantamos unos años y llegamos a 1996. Más precisamente al 19 de agosto. Última fecha del Torneo Clausura. El Calamar recibe a Ferro, en un típico partido de los lunes. Y ahí está Bermejo, haciendo su presentación como lateral derecho, en una línea de cuatro que completaban Christian Díaz, Erbín y Montefiore. Platense perdió 1 a 0, pero eso no importaba: todavía quedaba la última palabra.

“Futbolista”: y acá es donde se cae el castillo de naipes. Porque Bermejo no jugó nunca más después de ese agridulce debut. ¿Cómo terminar esto? Empezando de nuevo: ver más allá, ampliar los límites. De nuestra imaginación. O de la única fuente de información con la que contamos: la fotografía.

Ahora, sí. Ahí está el futbolista. Había que ver más allá de la imagen, nomás.

Tarchini Pablo

Pablo Tarchini

Cordobés de pura cepa y surgido en las inferiores de Belgrano… o sea, traducido del lenguaje guaso: «promesa de jamás llamar la atención y de luego pasar rápidamente al olvido en beneficio de jugadores buenos, de jugadores mediocres y de jugadores malos, pero siempre de otras latitudes». Karma. Al menos, claro, eso ocurrió con el 90 % de los futbolistas de esa condición que adornaron los planteles del Pirata de Barrio Alberdi en las décadas de los 80, de los 90 y de los 2000. El caso del lateral izquierdo Pablo Tarchini (11/05/1985) es otra prueba testigo de ello.

El pibe hizo sus primeros bolos, aunque sin ser titular ni jugar en los partidos decisivos, en la temporada 2005/06, aquella que finalizó con Belgrano ascendiendo a Primera División tras vencer a Olimpo en la Promoción. Una vez conseguida la proeza, Tarchini vio como Ramaccioti traía una defensa íntegra de jugadores “foráneos”, a saber: Juan José Serrizuela, el peruano José Moisela, el paraguayo Juan Daniel Cáceres y Ricardo Vaselina Rojas.

Por suerte para él, Rama se fue después de la Primera Fecha del Apertura. Sin embargo, al instante llegó Mario Griguol, quien le dio una palmada en la espalda y le dijo al oído que también estaba por debajo de Gastón Turus, Franco Peppino, Diego Novaretti y Miguel Ángel Martínez. Ante tal desolador panorama, a Tarchini no le quedó otra que hacerse la idea de ser un incordioso espectador de aquel equipo que estaba condenado a descender ya desde la primera de las 38 fechas de la temporada.

Su “veranito” en la elite, por así llamarlo, sucedió promediando el Clausura 2007 cuando -durante tres jornadas- tuvo sus doce días de ensueño. Primero estuvo en el banco de suplentes en la derrota por 2 a 0 ante Newell’s en El Gigante de Alberdi. Después, Daniel Primo lo hizo debutar en el heroico empate 3 a 3 contra Racing en El Cilindro, cuando ingresó a los 82 minutos por Ernesto Maceira con la única misión de aguantar los trapos. Finalmente, fue titular en la derrota 0 – 2 ante Argentinos Juniors en El Chateau, donde fue reemplazado a los 57 minutos por El Mellizo Abel Soriano, tras comerse un baile de novela por parte de Gabriel Hauche. Todo eso, claro, amén del glorioso dorsal número 12 que, desde el vamos, le otorgaba un carnet vitalicio al universo baldosero.

Tras el interinato de Jorge Guyón, la llegada de Pancho Ferraro y la consumación del descenso, poco le quedó por hacer a Tarchini más que bajar varias categorías de un plumazo en la búsqueda de algo de aceptación. Por tal razón, pasó por Sportivo Belgrano de San Francisco del Argentino B (2007/08), General Güemes de Rosario de La Frontera del Argentino C (2009) y San Carlos de Noetinger de la Liga Bellvillense de fútbol, donde se encuentra jugando hoy por hoy, cuando Belgrano sí apuesta a algunos pibes de las inferiores.

Y bueno, si Dios no puede manejar el tiempo, ¿por qué lo va a poder hacer Tarchini?

Carretero Nilo

Nilo Sebastián Carretero

Poseedor de un curioso y original nombre propio que motivó millones de chistes cursis y sin ingenio que lograron que varios hombres adultos queden reducidos a patéticos comediantes infumables hasta en la consideración de nenes de jardín de infantes, el volante zurdo Nilo Sebastián Carretero pasó por el fútbol de Primera División con la seguridad de quien se sabe inolvidable ante los ojos de cualquier lector de Guía de inicio de campeonato.

Nacido en la localidad bonaerense de Trenque Lauquen, Carretero comenzó a jugar en el sugestivo club infantil Las Guasquitas. Con esa mancha en su currículo (?) y convertido casi en una pueblerina celebridad, jugó el Torneo Argentino C para los clubes locales Atlético (2005) y Barrio Alegre (2006). Su prometedor paso por aquella categoría motivó a los dirigentes de Sarmiento de Junín, quienes adquirieron su ficha para la temporada 2006/07 de la Primera B Metropolitana.

A mediados de 2007 y con la certeza de haber encontrado un nuevo Rodrigo Palacio, los dirigentes de Banfield compraron su pase, se prendieron un pucho y se pusieron a fantasear con la guita que iban a sacar por su venta cuando Carretero explotara, cosa que por supuesto jamás ocurrió. El Chocho Llop lo hizo debutar por la primera fecha del Apertura 2007, cuando El Taladro cayó por 3 a 0 ante Estudiantes de La Plata en condición de local. Nilo ingresó a los 78 minutos por Javier Villarreal y, según las crónicas periodísticas, prácticamente ni la tocó.

Nuestro héroe tuvo que esperar hasta el siguiente torneo para ver algo de acción, más precisamente hasta la cuarta fecha del Clausura 2008, cuando ingresó por Andrés Díaz en el entretiempo del partido que Banfield perdió por 3 a 1 ante Arsenal, también como local. Su despedida de Primera División ocurrió al siguiente torneo –Apertura 2008- cuando, otra vez en el Florencio Sola, su equipo cayó derrotado ante San Lorenzo por 3 a 1 y él ingresó a los 68 minutos por Pablo Vergara. Números finales de Nilo Carretero en El Taladro: 3 derrotas como local en 3 partidos de 3 torneos diferentes donde su equipo se comió 3 goles. Jugame al 3333 en Nacional y Provincia nocturna y bajamelá.

Sin ser tenido en cuenta por Jorge Burruchaga, los popes de Banfield comenzaron a ceder al bueno de Nilo a clubes del Nacional B con ansias que su inversión se recupere por generación espontánea. Un semestre en Quilmes (2009), otro en Aldosivi (2009), otro en Tiro Federal (2010) y un año en Gimnasia de Jujuy (2010/11). Sin dejar de ser una promesa, Carretero pasó a préstamo al Deportivo Quito (2011), donde apenas participó de aquel equipo de Carlos Ischia que ganó el torneo ecuatoriano

A comienzos de 2012, el volante consiguió otro préstamo semestral, esta vez en Unión La Calera de Chile, donde su particular apellido le jugó una mala pasada y lo convirtió en un jugador poco confiable, aunque inolvidable en los anales del fútbol trasandino, ya que:

Carretero: dícese de todo joven chileno que gusta y hace un culto de vivir de joda. Boliches, bailes, recitales, alcohol, minas, excesos. Todo es válido y está permitido para quien ama “irse de carrete”. Ejemplo: “¿Como vai a poner en el equipo a Nilo, cachai? Si es flor de carretero ese hueon, po…”

No sabemos si ese significado le hace honores a los dotes y valores de Carretero, pero lo concreto es que durante su paso por el fútbol chileno lo único que se esperó de él fue que se quedase dormido o que vomitara en el medio de un partido. Además, y al igual que en nuestro país, la sola mención de su apellido iba acompañada de chistes y risitas.

En julio de 2012 volvió al lugar que vio su mejor versión: Sarmiento de Junín, donde llegó con una lesión en el quinto metatarsiano del pie izquierdo ocurrida en Chile. Pensando en una rápida vuelta a las canchas, Carretero se sometió a una operación donde le extrajeron hueso de la tibia para ubicarlo en el lugar de la dolencia. Tras un año y medio intentando regresar, a fines de 2013 decidió anunciar su retiro por no poder realizar actividades físicas sin sufrir dolores casi inhumanos. Fue peor el remedio que la enfermedad.

Lo curioso es que durante aquel último periodo en Junín, Carretero conoció a La Cabra Héctor Bracamonte, con quien compuso una canción en honor al Indio Solari en el tiempo que ambos compartían viendo quien estaba más roto (?). Tiemblan Lennon y Mc Cartney.

Hoy, con 29 años, Nilo Carretero es técnico de la reserva de Sarmiento de Junín y aguarda la destitución de Sergio Lippi para llegar al cargo más grosso que hay en el fútbol: Técnico Interino… ¡Adelante, Nilo! ¡Te esperamos!

Liendo Luis

Luis Antonio Liendo Asbún

Muestra testigo del semillero Xeneize de la década de los noventa -donde en el puesto de volante central no surgía ni por casualidad un Andrés Cubas ni un Pichi Erbes y mucho menos un Gago, Banega o Battaglia- el boliviano Luis Liendo (25/02/1978) apareció en la Primera de Boca Juniors gracias al incansable motor de la solidaridad. Aquí su olvidado paso por nuestro fútbol…

Hijo de un ex futbolista argentino y de madre boliviana, con origen palestino, pero nacido en La Serena, Chile; la posibilidad de tener otro futbolista de origen inentendible a lo Trezeguet se cristalizó cuando Liendo se decantó por la nacionalidad altiplánica. Con 18 años recién cumplidos y tras hacer sus primeros palotes en Chaco Petrolero, su padre se lo trajo a probar suerte a la Argentina, donde ya tenía todo cocinado para jugar en Platense pero, tras una prueba en Casa Amarilla, Jorge Griffa lo invitó a sumarse a Boca Juniors, donde obviamente iba a sentirse como en su casa (?).

Y así, a fines de abril de 1998, un Bambino Veira en la cuerda floja lo sumó a una delegación que viajó al Chaco para llevar donaciones ante las trágicas inundaciones que sufrió esa Provincia y para jugar dos partidos de medio tiempo contra Huracán Corrientes y contra Chaco For Ever. Liendo apareció en la delegación para suplir la ausencia de Riquelme quien, aunque pocos lo recuerden, ya estaba proscripto por el entrenador y apartado del plantel por temas contractuales. Además de tener en ese entonces poca onda con la gente, como para acabar con el chamuyo del Romance Eterno

En fin, volviendo a ese viaje, nuestro homenajeado participó del primer mini encuentro –victoria 2 a 0 sobre los correntinos- cuya formación Xeneize fue con: Córdoba; Solano, Bermúdez, Hernán Florentín y Matellán; Fernando Navas, Liendo, Serna (de enganche) y Emanuel Ruiz, Caniggia y Guillermo Barros Schelotto. ¿Cómo le fue? Ni idea, pero según el Diario Clarín, el pibe fue uno de los más destacados de la jornada. Tras aquel, su gran momento de fama, el volante volvió a la Reserva y aguardó a Carlos Bianchi, quien le dijo: “Gracias, felicidades y hasta nunca”.

Lo curioso del asunto por tratarse de un jugador desconocido y con escasa experiencia, es que el Bambino Veira lo apoyó como hizo con tantos otros jóvenes en el pasado y a mediados de 1999 lo incluyó en la lista de Bolivia que participó de la Copa América de Paraguay junto a exponentes de la generación dorada de ese país como: El Diablo Echeverry, Platini Sánchez, Cristaldo, Peña y Quinteros. Liendo solo jugó 8 minutos contra Perú en el segundo encuentro, perdió una marca a los 42 minutos y permitió el gol de Ysrael Zuñiga que decretó la victoria final de los incaicos por 1 a 0. Completito…

Después de eso, el volante se sumó al Bolivar (1999/2000) y entre medio volvió a sentir todo el apoyo del Bambino, quien lo puso de titular en el Preolimpico de Londrina, donde Bolivia fue eliminada en Primera Ronda producto de 4 derrotas en igual cantidad de encuentros.

Tras un paso semestral por The Strongest (2001), Liendo inició un recorrido por la Segunda y la Tercera División de Italia que lo llevó por Ascoli (2001/02), Taranto (2002/03), Spezia (2003/04), Novara (2004/06) y Gela (2006/07). Después se fue a Estados Unidos para jugar para Atlanta Silverbacks (2007/08) de la NASL y finalmente regresó a Bolivia para defender los colores de La Paz F.C (2008/09), Universitario de Sucre (2009/13) y Sport Boys Warnes (2013/14), donde fue compañero y colgó los botines junto al Bichi Fuertes, al Ogro Fabbiani (¿o no?) y a Evo Morales.

Hoy, Luis Liendo está recientemente retirado, trabaja como representante en Bolivia de una empresa yankee que busca nuevos talentos y hace el curso de entrenador por Internet. Además, destaca en cuanta entrevista conceda unos ficticios 4 partidos jugados para Boca por el campeonato local junto a un supuesto paso por el Real Madrid Castilla o “Real Madrid B” en alguna parte del año 2000, dato que -tras buscar en todos los registros, diarios y formaciones de los años 1999,2000 y 2001 y tras hablar e intercambiar material con historiadores y foreros españoles especializados en ese equipo- nos otorga el beneficio de la duda… beneficio de la duda que vamos a utilizar a nuestro favor, a no ser que el aludido presente pruebas. Mentirosín, mentirosín…

Sánchez Portugal Hugo

Hugo Sánchez Portugal

Para bien o para mal y muy a pesar de cada quien, los humanos -más tarde o más temprano- terminamos asemejándonos a nuestros progenitores. De alguna u otra manera. Esto, claro, es algo lógico, natural y hasta diríamos, inexorable. Lo triste del asunto es cuando los supuestos defectos de los padres son marcados a fuego sobre los hijos por la inescrutable mirada ajena: padre garca – hijo garca, padre borracho – hijo borracho, padre boludo – hijo boludo… y así hasta que se acaben los rótulos…

Por esa prejuiciosa actitud ante la vida, no fue de extrañar que a muchos nos cayese mal Hugo Sánchez Portugal aún antes de saber nada del propio pibe. ¿Por qué razón? Básicamente por ser hijo de Hugo Sánchez Márquez alguien que, para completar el círculo, le caía bastante mal a nuestros padres.

De más está decir que Hugol fue uno de los mejores delanteros de América y el máximo exponente histórico del fútbol mexicano. Pero también era el portador de, a la vista ajena, una orgullosa personalidad individualista, egocéntrica, narcisista y poco solidaria desde la mirada deportiva. Además, por supuesto, de vivir cómodamente en un estado de constante bronca, acusaciones y polémica contra compañeros, rivales, técnicos, dirigentes y periodistas. Casi a la medida del programa de Tinelli.

Hugo Sánchez Jr nació en Madrid en 1984 –cuando su padre jugaba para el Atlético- y durante sus primeros seis años de vida pudo ver como El Macho conseguía 5 premios Pichichi, ya con la camiseta del Real. Pese a lo cual, los hijos de Butragueño, Sanchís, Schuster y Tendillo todavía se negaban a jugar a la escondida con él (?).

El tiempo pasó y el chavito comenzó a jugar en las fuerzas básicas de Los Pumas de la UNAM al mismo tiempo que su padre se convirtió en el entrenador del primer equipo. A veces defensor, a veces delantero, la única certeza era que no tenía ninguna condición valedera para la práctica del fútbol profesional. Esto poco le importó al Hugo Senior quien, en 2004, se mandó La Gran Emiliano y lo hizo debutar a los 88 minutos de una victoria por 3 a 2 sobre Monterrey.

Además -en el lapso de un año y medio- lo incluyó en otros cuatro partidos con lo cuál el vástago se proclamó bicampeón del fútbol mexicano. Cuando su padre se alejó del equipo, se acabó la buena estrella de Hugo Jr y, tras pasar por el Atlante sin jugar un segundo, a mediados de 2006 decidió colgar los botines para dedicarse a la comunicación y el modelaje; no sin antes manifestar que la culpa de su fracaso deportivo fue: “de mis compañeros”, “de mi club”, “de haberme cruzado con demasiados lavolpistas” y, por último, “de mi padre, quien no me dejó hacer mi propio camino”.

La historia de Hugo Sánchez Portugal se vinculó con nuestro fútbol cuando, a mediados de 2007, el empresario mexicano Fabián Ventura habló con Antonio Mohamed para que le permitiese entrenar con Huracán, que se encontraba realizando la pretemporada en tierras aztecas.

Pese a que el jugador llevaba más de un año retirado y tal vez por la imagen del legendario Hugol, El Turco aceptó que el pibe se sumase pero, eso si, de entrada le aclaró al jugador que no se hiciera grandes ilusiones de permanecer con el plantel.

Y así, el 19 de julio de 2007, El Globo enfrentó a Pioneros Potrillos de Cancún formando con: Gastón Monzón, Angel Puertas, Hugo Sánchez Jr, Damián Nieto y Walter Gómez; Javier Pastore, Nicolas Sánchez, Alán Sánchez y El Mono Gordillo; Matías De Federico y Andrés Franzoia. La victoria de los mexicanos en el primer tiempo por 2 a 0 por fallas del hijo de la leyenda no dejaron mayores dudas: a Sánchez Portugal no le daba la nafta para ser considerado un futbolista. Más evidente aún, cuando salió en el entretiempo y Huracán terminó ganando por 5 a 2…

Herido en su orgullo por no haber dado la talla, cuando El Globo se volvió a la Argentina, Sánchez Jr estalló contra el empresario: “No sé por que me engañó, quiso lucrar con mi imagen. Me dijo que ya iba a jugar en Huracán, pero hablé personalmente con gente de la AFA y no estoy anotado en ningún lado. Es todo culpa de esta mafia del fútbol. Ahora voy a terminar mi carrera de arquitectura”.

Por su parte, Ventura se defendió de una manera lapidaria: “Nunca hubo contrato. Yo solo le tendí una mano por que se encontraba solo y todos le habían dado la espalda. Mohamed le abrió las puertas para que se entrenara y se volviera a motivar. Es más, lo quiso probar de delantero y Hugo quiso ser defensor. Todos lo queremos ayudar, pero la verdad es que a él le falta y todavía no lo entiende…”.

Tras no volver a insistir con la pelota y con la apariencia de quien no encuentra su lugar en el mundo, Hugo Sánchez Portugal se convirtió en un reconocido personaje de la farándula mexicana. Además, trabajó un tiempo como analista deportivo para Televisa, posó desnudo, salió con la Miss Universo Ximena Navarrete y en 2012 se convirtió en Director de Cultura Física y Deporte de la Delegación Miguel Hidalgo del México D.F.

El 8 de noviembre de 2014, Hugo Sánchez Portugal fue encontrado muerto en su departamento a raíz de intoxicación por monóxido de carbono. Estaba distanciado de su padre, sobre quien en una de sus últimas entrevistas declaró: “Nunca tuve mucho de él como padre, aunque si como entrenador. Casi no lo conocí hasta los seis años y nunca jugó conmigo, por eso me daba bronca verlo jugar con otros niños en los comerciales. De él, no quiero dinero. Lo único que me importa es recibir un poco de cariño”.

Fernández Santiago


Santiago Andrés Fernández (El pájaro loco)

Una serie de malas decisiones convirtieron a este otrora niño prodigio del fútbol rosarino en otro talento desperdiciado, cuya historia se escribe en este compendio de relatos truncos llamado En Una Baldosa.

Nacido en junio de 1990, apenas tres años más tarde ya pateaba la pelota enfundado en la camiseta del Club Provincial de Rosario. A los 4, lo llevaron a Newell’s Old Boys, donde lentamente se convirtió en una de las joyitas de las divisiones inferiores.

“Empecé junto con Federico Laurito, entre otros. Ni me acuerdo qué hacía y si jugaba en aquel tiempo, pero comencé a los tres años. Después fui a Newell´s y así seguí. Jugué en infantiles y juveniles de volante central y hace un par de temporadas pasé de delantero”, contaba Fernández en las entrevistas.

Para esa altura, el enganche ya era un habitué de las convocatorias de las selecciones juveniles argentinas y hasta se daba el lujo de participar de entrenamientos con la Primera de Newell’s. Por aquel entonces, el pibe se presentaba como un jugador rápido, hábil, que manejaba ambos perfiles y que podía retrasarse si así lo pedían las circunstancias del juego. La próxima gran promesa del fútbol rosarino estaba lista para dar el zarpazo. Era solo cuestión de tiempo.

En el verano de 2007 disputó el Sudamericano Sub 17 en Ecuador y se aseguró un lugar en el Mundial de la categoría en Corea del Sur, en el que Argentina alcanzó los cuartos de final, cuando fue eliminada por Nigeria, que luego se quedaría con el título. Allí, Fernández, que tuvo una participación discreta, convivió con jugadores como Mateo Musacchio, Patito Rodríguez, Franco Zuculini, Guido Pizarro, Gastón Sauro, Alexis Machuca y futuros baldoseros como Fernando Godoy, la Tortuga Fernández, Pablo Rolón y Leandro Basterrechea, entre otros.

Sin embargo, la oportunidad de debutar en la máxima categoría con la camiseta de la Lepra no llegaba y el tiempo pasaba. En el verano de 2008, un abogado rosarino le ofreció irse al fútbol europeo mediante la patria potestad y el pibe no dudó. Un puñado de semanas después, estaba probándose en el Real Madrid. No quedó “por un tema de papeles entre los clubes”. Sí lo hizo en el Mallorca, aunque nunca pasó del equipo B.

“Estuve dos años y fue algo muy bueno, una experiencia increíble, la ciudad, el club… Jugaba en Reserva y en un torneo que organizaron los de Mallorca jugué para la Primera. Además, compartí entrenamientos con jugadores argentinos que estaban en ese momento como Ariel Ibagaza, Lionel Scaloni, Germán Lux, Óscar Trejo, Guillermo Pereyra y varios más. También estuve con jugadores de otros equipos, por ejemplo el “Kun” Agüero, a quien conocía de la selección, y Ever Banega. Con ellos estuve en el hotel que se alojaba el Atlético de Madrid y fue algo inolvidable”, decía.

Sin chances de progresar en el fútbol europeo, en enero de 2010 pegó la vuelta a Newell’s Old Boys a préstamo por un año y medio, aunque era la cuarta o quinta opción en la lucha por su puesto y tuvo que conformarse con sumar algunos minutos en Reserva.

En agosto de 2011, con el pase en su poder, se sumó a Atlético Tucumán, que se había armado para volver rápido a Primera luego de su excursión en la temporada 2009/10. Pero las cosas no salieron bien, el equipo del Chocho Llop terminó en la parte baja de la tabla y Fernández fue uno de los que pagó los platos rotos con Mariano Martínez, Federico Barrionuevo, Alejandro Espinoza, Federico Nicosia y Héctor Cardozo.

En 2012 recaló en Tiro Federal de Rosario, del Argentino A, pero tampoco estuvo mucho, eh. En 2013 lo encontramos probándose en el Lyubimets 2007 de Bulgaria. Esa es la última certeza que tuvimos sobre él.

Quizás por estos días el Pájaro loco siga tratando de levantar vuelo.

Sachetto Nahuel

Nahuel Sachetto

Dicen los que saben que una imagen vale más que mil palabras. Y la foto que ilustra este post, con Nahuel Sachetto vendado y sacado entre dos compañeros de Gimnasia y Esgrima de Jujuy, podría ahorrarnos la escritura de esta historia.

Mediocampista por derecha surgido de la categoría 1988 de las divisiones inferiores de Arsenal de Sarandí, Sachetto tuvo un estreno inmejorable: en julio de 2008 en Japón, ante el Gamba Osaka, el día que el conjunto de la familia Grondona levantó la prestigiosa Suruga Bank. Aquella noche nipona, Daniel Garnero lo mandó a la cancha en tiempo de descuento en lugar del Papu Gómez.

Parecía que era el despegue del pibe de Los Cardales, pero no. En aquel Apertura 2008 apenas disputó tres encuentros (ante Gimnasia LP, Newell’s e Independiente, siempre desde el banco y sobre la hora) y tuvo que conformarse con actuar en Reserva al lado de futuras figuras como Hugo Martín Nervo, Víctor Cuesta, Damián Pérez, Iván Marcone, Darío Benedetto y Franco Jara, entre otros.

El panorama no cambió para el Clausura 2009, en el que también participó en tres partidos (Godoy Cruz, Rosario Central y Vélez Sarsfield, este último como titular). Sin mayores oportunidades para mostrarse, en enero de 2010 pasó a préstamo a Gimnasia y Esgrima de Jujuy.

“Hablé con Burruchaga y me dijo que no me iba a tener en cuenta y me comentó que había una posibilidad de venir a Jujuy. Vi a Gimnasia en la última temporada en Primera y me dio toda la impresión de que es un equipo grande del interior que merece tener un lugar en Primera por todo lo que ya demostró».

Con una fuerte tendencia a los desgarros, Sachetto tampoco encontró en el norte de nuestro país la continuidad deseada, aunque en lo poco que jugó mostró algunos destellos interesantes. Por ejemplo, luego de la derrota ante Olimpo de Bahía Blanca (en la que salió lesionado, claro), el técnico del Lobito, Héctor Arzubialde, destacó que “sólo Nahuel Sachetto había interpretado cómo jugar. El resto no estuvo a la altura para pelear desde el arranque el encuentro”.

Quizás por eso no llamó la atención cuando en octubre de 2010 Talleres de Córdoba, dirigido por Arzubialde, intentó contratarlo para disputar el Torneo Argentino A. “Yo tengo mucho interés en sumarme a Talleres, porque necesito lograr la continuidad que no he tenido en Arsenal y en Gimnasia. Gabriel Ruiz, que fue compañero mío en Gimnasia, me habló muy bien de Talleres, pero ni bien me llamó Arzubialde le dije que quería venir, porque sé muy bien lo que significa ese club en el fútbol nacional y la gente que convoca en el Argentino A», declaró un humeante Sachetto ante los micrófonos. Y agregó: “Debe ser hermoso jugar con 20 mil personas en cancha”.

Claro que apenas faltaba un detalle: superar la revisión médica. ¿Y cómo creen que le fue? Sí, no la pasó. «Los éxamenes generaron muchas dudas. Había secuela de lesiones (meniscos) y Talleres no puede darse el lujo de arriesgar», decían allegados a La T. Sachetto siguió entonces en la Reserva de Arsenal por lo menos hasta 2012, cuando participó de la pretemporada con el plantel profesional. A mediados de ese año sonó como posible refuerzo de Atlanta y esa fue la última noticia suya que tuvimos. Un desgarrón.

Bonilla Breyner

Breyner Bonilla Montaño

Apenas tres partidos le bastaron a Breyner Bonilla para ganarse un lugar en la historia negra del fútbol argentino. A mediados de 2009, Boca Juniors creyó encontrar en este moreno espigado categoría ’86, de presunto buen juego aéreo y con llegada al gol al que apodaban Caballo, al sucesor ideal de Juan Forlín, que dejaba un hueco importante en la zaga central tras su partida al Espanyol de Barcelona.

Y no era para menos, el colombiano, que acreditaba pasos por el Depor Jamundi (2006/07) y Atlético Bucaramanga (2008/09) y que venía con un título de técnico en mantenimiento de computadoras bajo el lomo, llegó a la Ribera por recomendación de Jorge Bermúdez, con el aval de Carlos Bianchi y la ilusión de convertirse en el nuevo Patrón del mal que pusiera un poco de orden en la defensa del equipo dirigido por Alfio Basile, que se desmoronaba domingo a domingo.

Pero para el Coco, el morocho todavía no estaba listo para la Primera y, pese a la insistencia del Virrey para que lo tuviera en cuenta, lo mandó a la Reserva de Abel Alves. Allí, Bonilla tuvo algunos momentos interesantes y fue parte del grupo que se terminó quedando con el título de Tercera al final de la temporada.

La oportunidad de debutar, al menos extraoficialmente, le llegó en el verano de 2010, nada menos que en el clásico ante River, tras la renuncia de Basile, cuando Alves se hizo cargo del plantel profesional y lo llamó de urgencia ante la falta de defensores centrales. Si bien el Millonario se quedó con el triunfo por penales, Bonilla redondeó un partido correcto y comenzó a abrirse paso en la lucha por un lugar entre los grandes.

Curiosamente, el estreno por los puntos también fue en un Superclásico: aquel que debió suspenderse a los pocos minutos por un fuerte temporal y que se completó entresemana, en el que Alves no tuvo otra que poner a Bonilla y el brasileño Luiz Alberto en la zaga titular y que Boca venció por 2 a 0 con goles del chileno Gary Medel, que luego se iría expulsado.

«Este ha sido el partido de mi vida. Pero me faltó algo con lo que siempre sueño: marcar un gol. Nunca me imaginé jugar un Superclásico ni jugar en Boca. Las cosas se han ido dando bien, jugar en un equipo como Boca, con la hinchada que tiene, es muy gratificante», tiró el morocho después de que fuera ovacionado cuando salió lesionado a 30 minutos del final. Un puñado de semanas atrás, Carlos Bianchi lo había frenado cuando tenía casi todo arreglado para sumarse a Quilmes.

Recuperado de la contractura que lo marginó del encuentro siguiente ante Chacarita (victoria funebrera por 4 a 1), el oriundo de Cali regresó a la titularidad ante Rosario Central, en una derrota por 2 a 1 por la fecha 12, en la que su rendimiento dejó bastante que desear.

La despedida llegaría unos días más tarde, ante Colón de Santa Fe, en el Cementerio de los elefantes. Esa noche perdió marcas, dejó huecos kilométricos, se cansó de mirarles el número a los delanteros del Sabalero y cerca del final coronó una noche negra con una expulsión por un planchazo a la figura del encuentro, Facundo Bertoglio, por el que recibió dos fechas de suspensión. Pero el tema no terminó ahí: en el túnel, Eduardo Coudet, enajenado, intentó agredirlo, pero fue agarrado a tiempo por los jugadores de Boca.

Días después, ante las cámaras de televisión y entre lágrimas, Bonilla denunció al Bichi Fuertes por haberle dicho “negro de mierda”. En su defensa, el 9 de Colón alegó que solamente le dijo “ahora te voy a agarrar y te voy a romper todo”. Premio Nobel de la Paz.

Lejos de Argentina, a mediados de 2010, el colombiano continuó su carrera en el fútbol peruano con los colores del Sporting Cristal, donde se presentó una vez más como “un jugador rápido, veloz, de buen juego aéreo, mucho gol y un líder en el equipo”. Puede ser que la gran mayoría de esas condiciones tampoco se hayan visto en Perú, excepto una: el gol. Dijo que con la camiseta celeste se le iba a abrir el arco y vaya si cumplió: metió dos golazos inexplicables en contra.

“Un autogol lo convierte cualquier jugador en el mundo. A Puyol le ha pasado infinidad de veces y es uno de los mejores defensas que existen. Uno a veces por apresurado comete errores, luego te das cuenta que podrías haber hecho otra cosa”, comentó en un extrañísimo descargo.

Sin mucho más que hacer en el exterior, regresó a su tierra natal. Desde entonces, no le ha ido mal. En 2011 defendió los colores del Cúcuta Deportivo (llegó para reemplazar al baldosero Pedro Portocarrero) y desde 2012 juega en el Deportes Tolima, donde sigue escribiendo las páginas de su propia novela. Negra, claro.