Fernando Javier Coccimano
Lo podrían haber apodado «el mudo». Vaya uno a saber si hablaba o no en la cancha. De lo que estamos seguros, es que no gritaba. Por lo menos goles, no gritaba. Ni propios, ni de sus compañeros: en Primera División jugó 4 partidos (todos por el Clausura 1992) y su equipo nunca convirtió con él en la cancha.
Surgido de las inferiores de Quilmes, debutó en ese equipo el 26 de abril de 1992, unos días después de haber cumplido 21 años, frente a Rosario Central. Aquella tarde, el Cervecero formó con Mulet; Leonardo Morales, Grelak, Cocimano, Kalujerovich; Sergio Albornoz, Alberto Rodriguez, Martín Di Diego (Antonio Dabundo), Colombo; Latrechina y Víctor Hugo Ávalos. Nuestro homenajeado salió reemplazado en el entretiempo por Leonardo Alessi. Y el Canalla se impuso por 1 a 0.
Los siguientes partidos de este defensor central también terminaron en derrota: por la 10º fecha, Racing venció a Quilmes 2 a 0; por la 11º, Gimnasia lo despachó por 3 a 0. La despedida de la A la vivió en la 15º jornada, con un empate frente a Ferro que, obviamente, terminó 0 a 0. En resumen: 315 minutos (su medio partido en el debut, más tres encuentros como titular) sin abrir la boca para emitir esa palabra que empieza con G, tiene una O en el medio y termina con L. Salvo para comentar ocasionalmente con un compañero el nuevo auto de Volkswagen (?).
Habiendo dejado atrás su efímero paso por el equipo más importante de la ciudad, supo deambular por otros clubes de la zona sur del Gran Buenos Aires. Primero, vistió los colores de Argentino de Quilmes (1993). Al poco tiempo, apareció en El Porvenir (1993), donde jugó un solo partido. Quiso afianzarse en Los Andes (1994) pero no lo logró: apenas cuatro presentaciones en los del Lomas. Duró más tiempo en Defensa y Justicia (1995/96), donde fue dirigido por su hermano Rubén.
Las influencias del mayor de los Coccimano también le sirvieron para llegar a Ecuador, sumándose la Liga Deportiva Universitaria de Portoviejo (1996). Sin embargo, una vez retirado hizo su propio camino y, nadie sabe cómo, apareció como entrenador en las divisiones inferiores del Lugano, de Suiza. Y si no es él, es alguien con su mismo nombre. Por las dudas, lo felicitamos. La verdad, pasar de “mudo” a dar indicaciones en italiano, no es para cualquiera.









