Coccimano Fernando

Fernando Javier Coccimano

Lo podrían haber apodado «el mudo». Vaya uno a saber si hablaba o no en la cancha. De lo que estamos seguros, es que no gritaba. Por lo menos goles, no gritaba. Ni propios, ni de sus compañeros: en Primera División jugó 4 partidos (todos por el Clausura 1992) y su equipo nunca convirtió con él en la cancha.

Surgido de las inferiores de Quilmes, debutó en ese equipo el 26 de abril de 1992, unos días después de haber cumplido 21 años, frente a Rosario Central. Aquella tarde, el Cervecero formó con Mulet; Leonardo Morales, Grelak, Cocimano, Kalujerovich; Sergio Albornoz, Alberto Rodriguez, Martín Di Diego (Antonio Dabundo), Colombo; Latrechina y Víctor Hugo Ávalos. Nuestro homenajeado salió reemplazado en el entretiempo por Leonardo Alessi. Y el Canalla se impuso por 1 a 0.

Los siguientes partidos de este defensor central también terminaron en derrota: por la 10º fecha, Racing venció a Quilmes 2 a 0; por la 11º, Gimnasia lo despachó por 3 a 0. La despedida de la A la vivió en la 15º jornada, con un empate frente a Ferro que, obviamente, terminó 0 a 0. En resumen: 315 minutos (su medio partido en el debut, más tres encuentros como titular) sin abrir la boca para emitir esa palabra que empieza con G, tiene una O en el medio y termina con L. Salvo para comentar ocasionalmente con un compañero el nuevo auto de Volkswagen (?).

Habiendo dejado atrás su efímero paso por el equipo más importante de la ciudad, supo deambular por otros clubes de la zona sur del Gran Buenos Aires. Primero, vistió los colores de Argentino de Quilmes (1993). Al poco tiempo, apareció en El Porvenir (1993), donde jugó un solo partido. Quiso afianzarse en Los Andes (1994) pero no lo logró: apenas cuatro presentaciones en los del Lomas. Duró más tiempo en Defensa y Justicia (1995/96), donde fue dirigido por su hermano Rubén.

Las influencias del mayor de los Coccimano también le sirvieron para llegar a Ecuador, sumándose la Liga Deportiva Universitaria de Portoviejo (1996). Sin embargo, una vez retirado hizo su propio camino y, nadie sabe cómo, apareció como entrenador en las divisiones inferiores del Lugano, de Suiza. Y si no es él, es alguien con su mismo nombre. Por las dudas, lo felicitamos. La verdad, pasar de “mudo” a dar indicaciones en italiano, no es para cualquiera.

Dalmao Franco

Franco Gaspar Dalmao

La imagen bien podría pertenecer a la apertura de algún programa “teen” de Cris Morena. Ahí, siempre bajo el sol que les pertenece, un puñado de jóvenes relucientes y eternos contrastan su rozagante felicidad con la sombría y lúgubre existencia del telespectador. En primer plano vemos al pícaro petisito encargado de hacer las delicias del grupo; al sexy grandote rudo y de pocas pulgas pero de buen corazón; al moreno castigado por la vida que sale adelante gracias al cariño de sus amigos y al joven aspirante a profesional de buena familia, probablemente el protagonista de la tira.

Nada de eso, claro, es real. La foto nos muestra, básicamente, el ABC de la confección de cualquier plantel profesional del fútbol argentino: un presunto baldosero, un jugador de proyección internacional, un baldosero hecho y derecho más un típico producto de consumo interno… Así es que rodeado por Patricio Pérez, Jonás Gutiérrez y Leandro Somoza, se encuentra, queridos amigos, Franco Gaspar Dalmao (21/02/1984). El baldosero. El único que a nosotros nos interesa…

Volante de tono defensivo e histórico integrante de las divisiones inferiores de Vélez Sársfield, su nombre empezó a sonar para el mainstream futbolero cuando integró la Selección Argentina Sub 20 que participó del Torneo Esperanzas de Toulon de 2003. En aquel torneo, Hugo Tocalli se vio imposibilitado de llevar a todas sus precoces figuras y gracias a ello Dalmao se unió al plantel donde se destacaban Javier Mascherano, Jonathan Bottinelli, El Pitu Barrientos, Lucas Molina, Jesús Méndez, El Coty y La Gata Fernández. Y donde también estaban pibes de otra calaña como Joel Barbosa, Emanuel Rivas, Federico Almerares, Pablo Monsalvo y Marcos Charras, entre otros.

Así las cosas, en el debut frente a Japón (victoria por 1 a 0) Dalmao ingresó a los 26 minutos del segundo tiempo por Casigol Herrera. Luego se quedó en el banco en la histórica victoria Argentina por 8 a 0 sobre Inglaterra y reapareció, también como relevo, en la derrota con baile que les propinó Portugal por 3 a 0. Y ahí, su humanidad se erigió al reino de los cielos al ser el primer argentino en cagar de una patada a Cristiano Ronaldo y recibir una tarjeta amarilla como premio. Un precursor. Un verdadero adelantado.

Nuestro homenajeado no volvió a ver acción en ese torneo (donde Argentina finalizó en Tercer Lugar) y tampoco fue convocado al Mundial de la categoría en los Emiratos Árabes ¿Y qué hizo? Se dedicó a aparecer en el plantel de El Fortín en todas las guías de Olé, Clarín y La Nación, donde su estadística siempre permanecía en cero. Y así estuvo durante más de tres años.

Finalmente, Miguel Ángel Russo se apiadó y en el verano de 2006 lo hizo debutar con La V Azulada. ¿En el campeonato? ¿En un Torneo de Verano? ¿En la Copa Libertadores? No, en un amistoso contra Atlanta (0-0) que sirvió para que El Bohemio celebrara la reapertura de una de sus tribunas y que finalizó con una gresca con heridos por la Avenida Juan B. Justo.

Cansado de esperar, a mediados de 2006 Dalmao se fue a préstamo al Nacional B, más precisamente a Ferro, donde fue suplente en una decena de partidos de aquel equipo del Tata Brown que jugó la Promoción por el descenso frente a Estudiantes de Caseros y en donde “brillaban” Maxi Cuberas, Julián Kmet, Mariano Chirumbolo, Emanuel De Porras y unos incipientes Federico Fazio y Gonzalo Castellani.

Tras recibir la libertad de acción por parte de Vélez y tras no superar una prueba en Nueva Chicago, Dalmao se fue a Deportivo Roca del Argentino B gracias a la gestión de su ex compañero Pablo Batalla, oriundo de la Capital rionegrina. En enero de 2008, tras someterse a otra evaluación, se unió al Jorge Wilstermann de Bolivia. Sin embargo, Los Aviadores le rescindieron el contrato a los dos meses para poder sumar a Renato Riggio. Todo dicho.

Tras entrenarse el resto de 2008 con Defensores de Belgrano de Villa Ramallo –de onda, sin pertenecer al plantel- a principios de 2009 volvió al Argentino B para sumarse a Racing de Olavarría junto a los ex Academia de Avellaneda: Gastón Harguindeguy y Juan Manuel Bordaberry, pero la experiencia duró poco y un par de meses después estaba entrenando con los jugadores libres de Agremiados.

Para sumarle un poco de emoción a su vida, en 2010 se fue al Fk Okimpik Sarajevo de Bosnia, donde lo más destacable fue que vivió en una pensión multiétnica junto al también ex Vélez, Juan Pablo Kresser. Tras aquella aventura en Europa del Este y aunque en Internet hay falsa información sobre pasos suyos por Vila Nova y Sao Caetano de Brasil, desde principios de 2011, Franco Gaspar Dalmao forma parte del plantel del Social Tres Algarrobos que participa de la Liga de Fútbol del Oeste.

Desde acá, nuestro recuerdo al argentino que casi frustra la venta de Cristiano Ronaldo al Manchester United.

Miranda Diego

Diego Armando Miranda

¿Cuántos pibes se habrán llamado Diego Armando por culpa de Maradona? Miles, seguramente. Y mucho más a partir de 1986, cuando la consagración argentina en el Mundial de México convirtió esa combinación de nombres en una virtual contraseña del éxito. O al menos eso habrán pensado varios de los padres que bautizaron así a sus hijos para que les salieran futbolistas. Y de los buenos.

Algunos, como Diego Armando Herner o Diego Armando Barrado, no estuvieron a la altura de semejante responsabilidad, pero al menos pudieron sobrevivir en el fútbol de nuestro país. Claro que, por debajo de la línea de la dignidad, también existen otros especímenes que intentaron (y siguen intentando) jugar al fútbol sólo por llevar esos dos mágicos nombres.

Diego Armando Miranda es la prueba de que al Pelusa lo idolatran en todos lados. Nacido el 20 de enero de 1986, en la localidad paraguaya de Itaguá, Miranda recibió el nombre del ídolo y a los pocos meses de vida pudo ver por qué, aunque recién lo entendió años más tarde. Su padre, fanático del 10, quiso que él también fuera futbolista.

La primera gran distancia con Maradona, además del talento, fue la altura. Miranda se destacó siempre por su tamaño, llegando a superar los 190 centímetros. En consecuencia, la otra diferencia fue la posición dentro de la cancha. Miranda siempre actuó como delantero. Diríamos 9 de área, pero ese dato es bastante discutible.

Después de haberse iniciado en el club 12 de Octubre (2004 a 2007), a comienzos de 2008 llegó a Gimnasia de Jujuy para reemplazar, casualmente, a otro Miranda lungo: Osvaldo Noé, que había partido al fútbol rumano. «Llego con las mejores expectativas de hacer las cosas bien. Todo se dio muy rápido y no dudé en aceptar el desafío», dijo Dieguito, por entonces. Se tenía fe.

Su labor en el Lobo jujeño, de todos modos, fue bastante pobre, aunque le faltó suerte. En su primer torneo, el Clausura 2008, arrancó siendo suplente de Mario Turdó (Pochola Silva estaba lesionado) y apenas si pudo jugar 6 partidos, en los que convirtió 1 tanto (a Arsenal, en Sarandí). El 2 de abril de ese año, chocó con un compañero y sufrió la rotura de los ligamentos cruzados de la rodilla derecha. Operación y todo a fojas cero.

Tras 6 meses de recuperación, regresó a las prácticas, pero recién pudo jugar nuevamente de forma oficial en el Clausura 2009, donde sumó otros 9 partidos en los que no la metió. Como si fuera poco, Gimnasia de Jujuy descendió.

Ya en la B Nacional, el atacante guaraní agregó otras 11 presencias innecesarias en las que tampoco convirtió, haciendo recordar a Chiquito Bullentini, aquel delantero gigante del Lobo jujeño que no le hacía un gol a nadie.

A mediados de 2010, Miranda volvió a Paraguay y comenzó a jugar en Sportivo Trinidense, donde viviría buenas y malas. ¿Buenas? Le hizo un gol de taco a Olimpia. ¿Malas? Sufrió una doble fractura de tibia y peroné tras chocar con el arquero de Libertad. Lo curioso del caso es que al 9 le sacaron amarilla por poner en peligro la integridad del rival (?). ¿Qué dijo del árbitro el Presidente de Trinidense? «Lo voy a reventar, lo voy a reventar… Se va cruzar en mi camino, le va a costar muy caro, esto le va a costar muy caro».

Después de estar un tiempo desaparecido, lo ubicamos cerca de sus pagos, en Sportivo Iteño, conjunto con el que ascendió a la División Intermedia (2º categoría paraguaya), a pesar de haber errado su penal en la definición.

Después de tantas frustraciones y mala fortuna, nuestro homenajeado parece haber encontrado su lugar en el mundo. Googleamos para saber un poco más sobre el Estadio Enrique Soler de Itá y nos encontramos con un Fantasma de la B paraguayo y una belleza autóctona, seguramente fan de Miranda. ¿Que no es una modelo? Y qué importa, si él se llama Diego Armando.

Francica Leonardo

Leonardo Ángel Francica

Ignoto delantero que sumó algunos minutos en Primera División con la camiseta de Huracán gracias a la confianza de Héctor Cuper, quien lo hizo debutar el 13 de noviembre de 1994 en un encuentro frente a Ferro.

Con esa camiseta jugó 4 partidos (2 victorias y 2 empates, todos en el Tomás A. Ducó), marcando un solo gol, a Gimnasia y Esgrima La Plata, en un partido postergado por la 10ª fecha del Apertura 1994. Ese 13 de diciembre, el Globo formó con Rómoli; Arrieta, Gabriel Rinaldi, Corbalán, Pineda; Andrade (Hugo Morales), Fantaguzzi, ContiSergio Arias; Francica (Walter Pelleti) y Daniel Jiménez. Una constelación de baldoseros a los que se podría sumar el árbitro del partido, Rubén Padilla.

Sin lugar en Parque Patricios, apareció jugando en la Primera C para Lamadrid (1997/98) e Ituzaingó (1998/99), sin saberse nada más de sus pasos futbolísticos.

Gracias a San Google sabemos que posteriormente estuvo al frente de Industria y Servicios S.A., una empresa dedicada a la comercialización de aberturas en general en chapa, aluminio y madera, ubicada en Lomas del Mirador. Así que si andan por la zona y justo necesitan una puerta (?), pregunten por él. Pero no digan que van de parte nuestra.

Ferri Hernán

Hernán Norberto Ferri (El Pelado)

Volante central rosarino que pasó fugazmente por la Primera División, para luego encadenar pasos poco exitosos por clubes del ascenso. ¿Le falto talento? Es una posibilidad. ¿Le faltó continuidad? Puede ser. Pero de lo que estamos seguro es que le faltó la confianza del hincha.

Integrante de la Cuarta División campeona de Rosario Central en 2000, supo prometer al lado de otros como Cristian Campestrini, Gustavo Arriola, Marcelo Argañaraz, César Delgado, Luciano Figueroa, Mariano González y Matí­as Lequi.

Al año siguiente, en el Gigante de Arroyito, le llegaría el tan esperado debut en la máxima categoría: entró a los 78 minutos, por Iván Moreno y Fabianesi, en la victoria parcial por 3 a 1 frente a Unión de Santa Fe. ¿Qué pudo hacer esos momentos finales del partido? Apenas ser testigo preferencial de los dos goles del Tatengue que escribieron el 3 a 3 final en la 15º fecha del Clausura 2001. Ese triste estreno también significó su despedida oficial.

Siguió en el plantel canalla un par de torneos más, pero no lo volvieron a utilizar. La llegada de Menotti apuró su salida y tuvo que irse a préstamo a Central Córdoba. Misma ciudad y algunos viejos compañeros, como Mauro Marchano, para que el cambio no fuera tan brusco.

En el Charrúa estuvo hasta enero de 2004, cuando emigró al Espoli de Ecuador, su única experiencia internacional. Allí, en el equipo de la Policía Nacional, se reencontró con otro ex compañero: Fernando Pierucci. El espíritu canalla lo perseguía. Y la balsoseridad también.

El siguiente paso fue aceptarse como un jugador medio pelo, aunque la calva ya lo contradecía. Durante varios años trató de hacer la plancha en la B Nacional, pero no le fue sencillo. Un año en San Martín de San Juan (2004/05), un semestre en Chacarita (2005), seis meses en Aldosivi de Mar del Plata (2006) y un regreso a San Martín de San Juan (2006/07), fue el camino que hizo en la segunda categoría.

Más abajo, ya en el Torneo Argentino, jugó para Gimnasia y Esgrima de Mendoza (2007), hasta que en 2008 pegó la vuelta a Rosario para vestir nuevamente la camiseta de Central Córdoba en la Primera B. Incluso pudo ser parte de aquel dream team del Tweety Carrario.

A comienzos de 2009 tuvo un Mal Pase a Guaraní Antonio Franco de Misiones, pero finalmente decidió quedarse en Central Córdoba en agradecimiento al esfuerzo que habían hecho para retenerlo. De hecho, unos meses más tarde lo volvió a agradecer con un pase a…Argentino de Rosario (?).

En el Salaíto estuvo un año y es recordado por pocos, pero esos pocos se acuerdan bien. Especialmente, Néstor Corombarolli, un hincha fanático que alguna vez, siendo entrevistado por un sitio partidario, declaró:

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¿Cuál fue el jugador mas rústico que viste y cuál el que mas puteaste?

– Rústico han sido todos en algun momento, o por lo menos la mayoría, en el ascenso es muy normal. De tanto meter a veces se te va la pierna. Pero si tengo que nombrar, tengo una lista muy larga, por eso no te voy a decir uno en particular. Y Hernán Ferri fue el jugador que mas puteé dentro de un campo de juego, su paso por Central Cordoba fue mi causa y siempre lo agarraba de punto al pelado.

Cansado, tal vez, de tanto hostigamiento por parte de Nestitor (?), en 2010 Ferri se marchó a un equipo escondido, bien under, lejos de los grandes medios y hasta de las páginas de internet: Americano de Carlos Pellegrini, en la Liga Departamental de Fútbol San Martín, Santa Fe.

Si tenés tiempo y ganas, andá a encontrarlo.

Bocchio Matías

Víctor Matías Bocchio
La agonía de Platense en Primera División -la cuál duró demasiadas temporadas al pedo igual que Lost- le brindó a la posteridad un elenco inolvidable de personajes secundarios quienes, a veces más tarde a veces más temprano, fueron recibiendo aquí mismo su justo y merecido homenaje. Hoy le llegó el turno a uno de los más reconocibles de aquella turba de almas en pena: Matías Bocchio.

Guay (?), cuando decimos «reconocible» nos referímos únicamente a una cuestión física o estética, ya que este zaguero central nacido en Capital Federal el 6 de mayo de 1977 no mostraba ninguna condición destacable para la práctica del fútbol, más allá de su altura, su palidez y su llamativa cabellera rubia. Entonces, cuando cualquier triste lunes noventoso optábamos por aburrirnos mirando a aquel Calamar, sabíamos que el blondo de arriba era Claudio Spontón, el del medio era Sergio Mandrini y el de abajo era, efectivamente, nuestro homenajeado del día.

Así las cosas, tras toda una vida en las inferiores del Marrón, Matías Bocchio debutó en Primera División por la última jornada del Clausura ’97, cuando Carlos Picerni lo puso como titular en una victoria por 2 a 1 sobre Rosario Central en Arroyito. Aquella tarde, el rubio tuvo como compañeros de línea a esos líricos defensores llamados: Humberto Vattimos, Daniel Loyola y Fernando Moner. Demasiados referentes de un mismo estilo como para comenzar a tratar tanto a rivales como a pelota de una única y definitiva manera: con su debido desprecio.

Comenzó el siguiente Apertura como títular y tuvo su primer momento de fama en la segunda fecha, cuando anuló primero al Suchard Ruíz y luego a Pablo Islas en el recordado empate 2 a 2 con Boca, la noche que debutó Oscar Córdoba en el arco Xeneize. Pese a ello, el rendimiento del Maty (?) fue mermando y terminó como recambio de aquella defensa a la que también había que sumarle a Pablo Erbín. El total de 10 presencias transformó a aquel torneo como el más regular de su estadía en la elite.

Con el sello de «suplente de Platense yéndose en caída libre hacía el Nacional B y más abajo» estampado en su frente, Bocchio tuvo su otro gran momento de gloria cuando, por la segunda fecha del Clausura ´98, ingresó en el segundo tiempo de aquel histórico 4 a 0 del Calamar sobre Boca y un impotente Claudio Paul Caniggia se fue expulsado por meterle una patada en el ojete. Literalmente…

Sin ser tenido demasiado en cuenta ni por El Profe Córdoba, ni por El Negro Marchetta, ni por el resto de desquiciados técnicos interinos, Matías Bocchio llegó al número de 28 partidos en su estadística personal y hasta se dio el lujo de ser uno de los últimos amonestados por Javier Castrilli, la tarde que El Sheriff se retiró del referato (Platense 1 -3 Gimnasia de Jujuy, en la foto).

Tras su paso por la «A», Bocchio se fue al Nacional B, donde continuó oscilando entre titular y fantasma. Y así recibió el milenio en All Boys (1999/2000); hizo lo que pudo en Cipoletti de Río Negro (2000/01), se salvó del descenso en la ultima fecha con el épico El Porvenir de Ricky Caruso Lombardi (2001/03) y después deambuló por Defensores de Belgrano (2003/04).

A mediados de 2004 se fue a un lugar más acorde a su facha: Alemania, para meter 22 partidos en el Fortuna Dusseldorf del under (2004/05) y compartir la vida con Mariano Pasini, Víctor Hugo Lorenzón y Walter Otta. En el último semestre de 2005 volvió a  Defensores de Belgrano y este paso testimonial le dio la fuerza necesaria para volver a Germania, jugar 13 partidos en el Waldhof Mannheim durante el primer semestre de 2006 y, sobretodo, para pedirle matrimonio a Jennifer Ocklenburg, una preciosa alemana que nada tiene que envidiarle a la mejor Brigitte Nielsen.

Tras aquel golazo de media cancha, Matías Bocchio decidió retirarse en Platense, pero como en Vicente López ya nadie lo recordaba terminó colgando los botines en Platense de Honduras. A esta altura, mas o menos lo mismo. Hoy, aquel rubio grandote del Calamar vive en Barcelona, trabaja en diferentes empresas de servicios y parece que mal no la pasa. Nos alegra.

Duarte Diego

Diego Antonio Duarte

Ya dentro de esa dictadura que se dio a conocer como “La Revolución Libertadora” -cuyo objetivo primario fue derrocar al Presidente Constitucional, Juan Domingo Perón- el 22 de noviembre de 1955, un grupo comando encabezado por el Teniente Coronel Carlos de Moori Koenig secuestró el embalsamado cadáver de la segunda esposa del depuesto mandatario -María Eva Duarte- del edificio de la CGT, el cual, se presumía, sería la morada transitoria de los restos de La Líder Espiritual de la Nación hasta la construcción de su mausoleo propio.

Nada de aquello ocurrió, claro. Bajo la supervisión del dictador General Pedro Eugenio Aramburu, el cuerpo de Evita anduvo yirando durante más de un año tanto por Capital Federal como por el Conurbano profundo. En depósitos, en casas, en departamentos. Recorriendo Buenos Aires de día y de noche adentro de una camioneta. El cadáver estuvo hasta detrás de la pantalla de un cine donde la alta sociedad de la época se reunía a ver los éxitos del momento.

Una noche cualquiera, cuando el Mayor Arandía había llevado el cuerpo a su casa ya que le había tocado en suerte la tutela del mismo (?), unos ruidos hicieron montar en paranoia al militar, quien empezó a los tiros suponiendo que lo habían descubierto los peronistas. Pero claro, nadie estaba en el lugar y la única depositaria de sus balazos fue su esposa, quien se encontraba embarazada. Tras aquel hecho y ante la creciente superstición de los lacayos de turno, los altos mandos de facto dispusieron el traslado del cadáver de Evita al extranjero…

El 23 de abril de 1957 y con la cómplice ayuda logística de la alta jerarquía tanto de la iglesia nacional como de El Vaticano (incluyendo al Papa Pío XII), se inició el “Operativo Traslado”, que terminó -barco mediante- con los restos de Eva Duarte enterrados en la tumba 41 del campo 86 del Cementerio General de Milán, Italia, bajo el nombre de “María Maggi de Magistris”. Y allí permaneció durante 14 años, gritando en la consciencia de unos pocos. Ignorado por el resto del mundo.

Casi 40 años después del traslado de Evita, más precisamente el 10 de diciembre de 1995, Diego Antonio Duarte (13/03/1975) hizo su aparición en la primera de Rosario Central en un empate 0 a 0 ante Argentinos Juniors en Arroyito. El Canalla -que ante la inminente final de la Copa Conmebol puso suplentes de suplentes y hasta fue dirigido por Néstor Manfredi y no por El Viejo Zof- aquella tarde formó con: El Pato Abbondancieri; Luis Díaz, Rubén Chávez, Percy Olivares y Mario Gori; Duarte, Diego Oyola, Sergio Fernández y Chistian Colusso; Humberto Biazotti y Marito Pobersnik.

Una semana después, contra San Lorenzo en el Nuevo Gasómetro por la última fecha de aquel Apertura ´95, Diego Duarte volvió a ser titular y hasta tuvo su momento de fama al marcar el 2 a 2 final a falta de un minuto para el término del encuentro, luego de ir perdiendo por 2 a 0.

Tras un año y medio enterrado en la CGT afuera de todo registro, este volante derecho recién reapareció el 14 de mayo de 1997 –también como titular- en una derrota por 2 a 1 ante Independiente en La Doble Visera y luego, cuatro días después, ingresó a los 73 minutos de un partido que Rosario Central le ganaba por 3 a 0 a Gimnasia de La Plata y que El Chirola Romero igualó en la jugada final.

¿Y después? Nada. Ni un dato en Rosario Central. Ni alguno en el ascenso y tampoco en el exterior. No se encuentra nada en ninguna red social y ningún hincha Canalla parece recordarlo. Desde acá, en este íntimo acto, damos por finalizada la búsqueda de su paradero y archivamos su legajo de manera definitiva, ya que bajar los brazos parece ser mejor alternativa a seguir con un rastreo estéril y frustrante. ¿Quién sabe? Por ahí Diego Duarte fue a probarse al Inter o al AC Milán y está enterrado en el Cementerio General con otro nombre.

El misterio sigue recubriendo al apellido Duarte…

Zárate Cristian

Cristian José Zárate (El Mago)

Se la hicieron difícil. Y no es que él no le haya puesto voluntad o ganas. Para nada. A mediados de 2000, el querido y querible Daniel Garnero iniciaba su tercera etapa en Independiente, trayendo consigo su talento, mucho amor por la camiseta y también un inmaculado y envidiado récord personal: “Por partidos oficiales nunca perdí contra Racing”.

¿Y El Rojo que le ofreció a uno de sus hijos dilectos? La desconfianza de Osvaldo Piazza, quien no lo había pedido, la indiferencia de los hinchas y la desagradable sorpresa que su histórica camiseta número 10 se la habían dado a Sebastián Rozental, quién llegó a Villa Domínico dos semanas después que El Dany. Además, el pobre Garnero tuvo que entrenar con baldoseros quienes, cual zombies, intentaban tocarlo para contagiarlo y así transformarlo en uno de ellos. Esa era la única meta que tenían gente como Walter León Bustos, Leandro Ávila y el protagonista de este post: Cristian José Zárate, quien hasta se animó a competirle por el puesto en la cancha a Garnero.

Nacido el 29 de septiembre de 1979 en la localidad cordobesa de Isla Verde, este (en teoría) talentoso volante, enganche o mediapunta, sufrió un síntoma que puede ser -como el colesterol- o demasiado bueno o excesivamente malo: el representante prematuro. Y así, tras formarse en Renato Cesarini, a mediados de 1997 apareció en el Sion de Suiza, donde llegó a entrenarse un tiempo con el primer equipo. Sin embargo, su apoderado, La Tota Rodríguez, no pudo arreglar la compra de su pase y así Zárate le dijo adiós a la tierra de Joseph Blatter.

Tras frustrársele -según sus palabras- una prueba en Boca y otra en un equipo italiano, El Mago estuvo un año entrenándose sólo en su pueblo y conoció las mieles del trabajo posta laburando en una metalúrgica hasta que, en junio de 1999, Rodríguez lo acercó a Defensa y Justicia, donde en una temporada del Nacional B metió 16 partidos con un gol y se convirtió en una codiciada promesa. Esto le allanó el camino a su representante, quien se lo enchufó a Independiente como parte de la letra chica del último préstamo de Cristian Domizi.

En El Rojo, Zárate debutó el 6 de agosto de 2000 en el empate 1 a 1 con Almagro por la segunda fecha del Apertura (aunque posteriormente jugaría por la primera jornada ante Belgrano y de ahí la confusión de algunas bases de datos) cuando ingresó a los 72 minutos por Fram Pacheco. Por la acumulación de figuras venidas a menos en su puesto y por la pésima campaña del equipo, El Mago sólo jugó 6 partidos por campeonato siendo titular en apenas uno de ellos. Aunque pudo mostrar su mejor versión, al igual que Piazza como técnico de Independiente, en 5 partidos de la Copa Mercosur de aquel año.

En enero de 2001, los dirigentes le solicitaron a su representante que baje la opción de compra –fijada en dos palos y medio dólar– y, tras la negativa, así finalizaron los días de Cristian Zárate en Primera División. Luego de entrenarse seis meses en El Rojo sin ser tenido en cuenta, a mediados de ese año se unió al Alverca de Portugal, donde pasó sin pena ni gloria. En junio de 2002 firmó con San Martín de Mendoza, donde fue uno de los puntos altos del equipo que llegó a jugar la Promoción contra Talleres de Córdoba. Esa aceptable campaña lo depositó en el Algeciras de la Segunda División Española, donde jugó 23 partidos con 2 goles y compartió asados con Mariano Armentano y Juan Pablo Vojvoda.

Tras la desabrida experiencia ibérica, volvió a San Martín de Mendoza (2004/05), donde se evaporó el buen recuerdo que había dejado en su primera etapa. Sindicado como una promesa que jamás iba a explotar y ya sin un representante que le dicte sus errantes pasos, Zárate se convirtió en un trotacategorías (?) que enamoraba y decepcionaba jornada tras jornada. En el Nacional B también pasó por: Juventud Antoniana (2005), San Martín de Tucumán (2006/07), Atlético de Rafaela (2007/08) y San Martín de San Juan (2008/09).

El Argentino A lo tuvo usando los colores de: San Martín de Tucumán (2006), Unión de Sunchales (2009/10), Talleres de Córdoba (2011), Santamarina de Tandil (2011/12) y Unión de Mar del Plata (2013). Además, en 2012 tuvo un paso fugaz por Jorge Wilstermann de Bolivia. Casi todas esas inestables experiencias tuvieron como hilo conductor la rescisión de contrato de manera anticipada. Una lástima.

Durante el último semestre de 2013, se despidió del fútbol con un paso simbólico por, cuando no, San Martín de Mendoza, su lugar en el mundo que ya se encontraba en el Argentino B. Desde comienzos de 2014, Cristian Zárate forma parte del cuerpo técnico del Yagui Forestello, encontrando algo de estabilidad pero ya muy lejos de aquel pibe que entrenó una temporada con Daniel Garnero, quien lejos de guardar un grato recuerdo aquella caterva de baldoseros, terminó retirándose del fútbol perdiendo 1 a 0 contra Racing en la Doble Visera con un gol de penal del Chanchi Estévez. Y bueno, los récords están para romperlos (?)…