Medina Leonardo

Leonardo Medina (El Búfalo)

Fiel representante del jugador golondrina, aquel que vuela de un lugar a otro en busca de un nido pasajero que le de la posibilidad de subsistir durante algunos meses, hasta que se aburre y entonces continúa su tradición migratoria. De Montevideo al Mundo, con escala en Parque Patricios. Con ustedes, Leonardo Medina.

Nacido en 1977, debutó en 1998 con la camiseta de Sud América, la primera de su vasta colección, que incluye varios equipos de su país. A saber: Rentistas (1999/2000), Deportivo Colonia (2002/03), Liverpool (2004/06), Miramar Misiones (2010/11), Cerro (2011/12) y Rampla Juniors (2012/13). Salvo en Deportivo Colonia y en Liverpool, en el resto de los clubes no hizo mucho.

En el exterior, por supuesto, también repitió la fórmula de comer algo y rajar enseguida. Pasó por Real Cartagena (2002) y Deportivo Pereira (2008) de Colombia; Jaguares de Chiapas, México (2006); Audax Italiano de Chile (2007/2008, con goles en copas internacionales), Oriente Petrolero de Bolivia (2009) y Cienciano de Perú (2010). Uffff, ¿algo más? Sí, claro, sino no estaría en este sitio.

A comienzos de 2009 recibió un llamado para sumarse a Huracán. Por aquel entonces se estaban gestando Los Ángeles de Cappa (?) y la mayor preocupación del Globo era la falta de un delantero con gol, deficiencia que mostraría el equipo hasta el final del torneo.

Medina llegó con su bolsito, todavía con las etiquetas y la assist card colgando (?), le tiraron la camiseta número 7 y lo mandaron a la cancha. O mejor dicho, al banco de los suplentes. Jugó muy pocos minutos hasta la fecha 14 de aquel Torneo Clausura, cuando le dieron por fin la titularidad en el duelo ante River. Y el tipo pagó con un gol, el único que hizo en nuestro país. Llevándosela por delante y casi de casualidad, pero en definitiva fue el segundo de la goleada 4 a 0.

Después de aquel partido fue titular en las victorias ante Banfield y Rosario Central, pero regresó al banco para la fecha 17 y nunca más apareció. ¿A qué temible goleador tenía por delante? A Federico Nieto. Todo dicho.

Su momento de fama, sin embargo, no lo logró con el Huracán campeón 2009, sino en el fútbol boliviano, con otro episodio que se viralizó gracias a Youtube y las redes sociales.

Nos situamos en el estadio Ramón Tahuichi Aguilera Santa Cruz de la Sierra, donde Oriente Petrolero, el equipo de Leonardo Medina, se enfrentaba al Blooming en el clásico regional. Todo empezó bien para el uruguayo, que a los 38 minutos puso el 2 a 0 parcial y desató la alegría en las tribunas. Pero todavía faltaba lo mejor…

Llegando al final del primer tiempo, cuando parecía que Oriente estaba sobrando a su rival, el Búfalo se quiso pasar de listo provocando al morrudo defensor Sergio Jáuregui. Sin dudas, una mala decisión. El hombre de Blooming no se contuvo y lo fue a buscar con ira, Medina se quiso defender agarrándolo de la camiseta, pero terminó cayendo al piso y tirándole una patada. ¿Resultado? Ambos jugadores expulsados. Parecía que en el revoleo terminaba ganando Oriente, pero nada que ver…

Jáuregui, caliente como una pipa, esperó que el delantero se fuera tranquilito al túnel y justo antes de que ingresara le aplicó una patada voladora al cuello. Hermosa, por donde se la mire. Y no queremos justificar la violencia, pero a lo mejor estuvo bien merecida (?).

Lo que vino después también fue entretenido. Blooming reaccionó después de eso y el partido terminó 2 a 2. Pero eso no es todo, porque el ex atacante del Globo terminó internado y a Jáuregui, pese a que pidió las disculpas del caso, lo suspendieron por un año. Bue, tampoco era para tanto (?).

Desde mediados de 2013 que no hay más noticias del Búfalo Medina, este uruguayo raro que tiene un solo nombre y un solo apellido. Quizás, a los 36 años, haya encontrado un buen nicho nido para quedarse definitivamente.

Ledesma Cristian

Cristian Rolando Ledesma (La Pantera)

En el mundo, se sabe, hay unos 4 millones de Cristian Ledesma, de los cuales sólo la mitad se dedica al fútbol de manera profesional, algunos hacen carrera en Europa, otros se conforman con seguir envejeciendo en el ámbito local, y una porción no menos importante adopta la costumbre de baldosear. En este último escalafón ubicamos a Cristian Ledesma ¿Cuál de todos? El que pasó sin suerte por Independiente.

Nacido el 11 de febrero de 1987 en la localidad paraguaya de Lambaré, en el Gran Asunción, Cristian se formó como futbolista en Olimpia y creció al lado de su abuela, quien lo crió para que llegara a ser un hombre hecho y derecho. «Okaru porã, ha’uka chupe kumanda so’o, ipokue, vorivori, pollo, ovaléva la pena, rokaru ápe oñondivemi» (?), llegó a decir la Ña Antolina al ser consultada por la prensa, que enseguida encontró una nota de color con el futbolista que aún vivía con su nona…¡que encima era fanática de Cerro Porteño! «Che cerrista de corazón, toperde operdeháicha jepera’e» (?). Más o menos se entiende todo. Traductor de Google, LTA.

En 2005 debutó en su club y rápidamente el periodismo guaraní lo puso en el pedestal de los jugadores con más futuro. Exageraban un poco, porque en los foros del Decano no se cansaban de putearlo. Tras un par de años en el que hizo algunos goles, en 2007 le llegó la gran oportunidad de su carrera: jugar en Argentina. ¿El equipo? Un grande, Independiente. Parecía que aquello del gran futuro se hacía realidad, pero no.

En plena pretemporada con el equipo que dirigía Troglio, el juvenil atacante sufrió la rotura de meniscos en una de sus rodillas, una dura lesión que lo alejó de las canchas durante dos meses. De esa manera, recién pudo debutar en la 9º fecha del Apertura ’07, en la victoria 3 a 1 ante Colón, en Santa Fe. Ese día reemplazó en el segundo tiempo al goleador Germán Denis.

Ya en el Clausura 2008 Ledesma siguió estando disponible en el plantel, pero las oportunidades que le dieron fueron mínimas. Jugó algunos minutos en las últimas cuatro fechas del torneo, aunque no tuvo incidencia en el juego. Peor le fue en el Apertura de ese año, donde apenas fue al banco una vez. Lastimosamente pobre, como dicen los paraguayos.

De nuevo en Olimpia (2009 a 2010), intentó recomponer su imagen pero no pudo hacerlo. Pasó todo el 2011 y de Ledesma casi no hubo noticias. Recién a comienzos de 2012 reapareció en una prueba de Sportivo Luqueño…donde no quedó. Lo peor de todo es que a esa altura seguía perteneciendo a Independiente, que recién ahí se acordó que tenía un jugador boyando por el mundo y entonces la dirigencia mandó un escribano al entrenamiento rojo para constatar su ausencia y poder dejarlo libre, sin (?).

Con nada de ritmo futbolístico, en 2012 el delantero se sumó al Rubio Ñu de su país, pero unos meses más tarde pegó un viaje a Chile para incorporarse al Coquimbo Unido, elenco de la Primera B. Tras unos amistosos, lo dejaron ir al Naval de Talcahuano, otro equipo de ascenso cuyos hinchas son denominados Los Choreros. No sabemos si le habrán querido decir algo (?).

En 2013 regresó a Coquimbo y ahí permanece, esquivando catástrofes en el under trasandino.

Paz Germán

Germán Paz (El Pescadito)

Culo, Orto, Ojete, Cortachurros, Llamamoscas, Ano, Ocote, Caquero, Nalgas, Cachas, Poto, Tirapedos, Pan Dulce, Asterisco, Hoyo, Opi, Manzana, Colectora, Upite, Trasero, Cola, Totò… eso es, precisamente, lo que muchos de nuestros venerados baldoseros ostentaron para llegar a hacer su aparición en Primera División… Y no es que uno quiera contradecir a sus defensivos típicos lugares comunes, tales como: “esto es un premio al esfuerzo de mi familia” o “al fin pude concretar el sueño de mi vida” pero, con una mano en el corazón, la carrera de varios de ellos habla por si sola… y la conclusión la mayorìa de las veces es la misma: culo.

Por ejemplo, así fue caso de Germán Paz, un volante por derecha de Estudiantes de La Plata, quien asomó sus narices contra Banfield por la décima fecha del Clausura 2006, beneficiado por la lesión de varios compañeros titulares y también por su técnico, Jorge Burruchaga, quién decidió guardar al resto de su “primera línea” para el decisivo choque ante Independiente Santa Fe de Bogotá por la Copa Libertadores.

Y así, de esta manera, el joven categoría ’84 realizó su debut compartiendo un dinámico mediocampo de cinco volantes junto al Gatito Esmerado, Marcos Gelabert, Diego Galván y El Chelo Carrusca. Nuestro homenajeado fue reemplazado a los 64 minutos por Lenny Kravitz Cardozo, sin imaginar que esta derrota 1 a 0 ante El Taladro también significaría su despedida de la elite, muy a pesar de la crítica de el diario El Clásico, que le obsequiaba un buen augurio (?): “Germán Paz no terminó de acomodarse nunca en la cancha y estuvo perdido en varios pasajes del partido. Nervios, ansiedad y ganas que esta vez le jugaron en contra; pero no dejó de mostrar mucha garra y actitud para remontar su flojo rendimiento de cara al futuro”.

Si bien integró el banco de suplentes de El Pincha en otras cuatro ocasiones; que luego formó parte del plantel de Huracán de Tres Arroyos que descendió del Nacional B al Torneo Argentino A (2006/07) y que también acreditó un paso fantasmal por El Linqueño (2008), su nombre desapareció completamente del mapa hasta que Victoria Álvarez nos lo devolvió en forma de envidia… ¿Quién? Victoria Álvarez, la excelentìsima ganadora del Bikini Open Reef Classic 2011 en Mar del Plata

Y así, cuando no lo esperábamos, volvimos a tener novedades de Germancito Paz, aquel que alguna vez en su vida disfrutó de un impresionante Culo, Orto, Ojete, Cortachurros, Llamamoscas, Ano, Ocote, Caquero, Nalgas, Cachas, Poto, Tirapedos, Pan Dulce, Asterisco, Hoyo, Opi, Manzana, Colectora, Upite, Trasero, Cola, Totò… y que también jugó un partido en Primera División…

Torres Mariano


Mariano Néstor Torres

Producto genuino del Xemiverso de Boca Juniors, Mariano Torres cargó durante varias temporadas con el rótulo ineludible de promesa que, salvo contadas excepciones, a la larga termina siendo sinónimo de fracaso y un karma para el futbolista en cuestión.

Debutó extraoficialmente de la mano de Miguel Ángel Russo, ante el Real Salt Lake de Estados Unidos en la gira de invierno de 2007. Ese día, reemplazó a Jesús Dátolo cuando quedaban poco más de 15 minutos, con el partido 1 a 1, y no pudo hacer demasiado para cambiar el resultado.

Conscientes de que al pibe de la categoría ’87 se le estaba pasando el tren a toda máquina y no tenía espacio en el plantel profesional xeneize –ni chances concretas de ganárselo en un futuro cercano-, los dirigentes salieron desesperados a buscarle un lugar donde pudiera mostrar su nivel. Se ve que no confiaban mucho en las condiciones del enganche, porque lo mandaron a la liga de Austria. En ese país, junto a su compañero Matías Rodríguez, vistió los colores del siempre candidato LASK Linz (2008).

Tras un brevísimo paso por Godoy Cruz de Mendoza (2008), volvió a Boca (2009). En el verano actuó un rato en el triunfo ante Independiente, pero nunca más fue tenido en cuenta por Carlos Ischia. Finalmente, emigró al fútbol brasileño. Como parte de un negociado por la transferencia de Matías Defederico al Corinthians (2009) -ambos jugadores compartían representante-, también arribó a ese conjunto paulista. Claro que ni bien aterrizó en São Paulo, y mientras al ex Huracán lo recibían con honores, a Torres le dieron otro pasaje a su nombre con un destino inconfundible: Pernambuco.

Semanas atrás ya había estado cerca de arreglar con el Sport Recife, pero de buenas a primeras apareció en la contra: Náutico (2009). Allí sumó algunos pocos minutos en cancha, aunque jamás estuvo cerca de ganarse la consideración del entrenador, Geninho, que lo ponía porque no tenía otras alternativas. No hace falta aclarar que aquel equipo se fue al descenso varias fechas antes del final del campeonato.

De nuevo en Corinthians, volvieron a ponerle un estampilla con la inscripción “No devolver”. Lo subieron a un bondi y se bajó en Santo André (2010), donde estuvo bien lejos de las grandes actuaciones que le auguraban.

Una temporada en Primera con la 9 de Huracán (11 partidos –casi siempre como suplente- sin goles en la 2010/11) fue la excusa perfecta para que los hinchas del Globo entendieran a los brasileños.

Luego regresó sin éxito a Boca Juniors, pero como cantaba Gustavo Cerati, “tarda en llegar y al final hay recompensa en la zona de promesas”. Así fue que, a comienzos de 2013, Torres cruzó la Cordillera de Los Andes para sumarse al Cobresal chileno. Allí sigue hasta hoy..

Dobler Mauro

Mauro Javier Dobler

Arquero de pelo largo y de la misma raza que Bernardo Leyenda: suplente por naturaleza. De todas maneras, supo llamar la atención en Primera División gracias a un par de participaciones que, por supuesto, fueron de la línea de cal hacia afuera. Todas esas caraterísticas lo convierten en un baldosero deluxe. Repasemos su historia.

Nacido el 3 de enero de 1983 en la localidad entrerriana de Gualeguaychú, Maurito llegó a las inferiores de Estudiantes de La Plata con edad de Quinta y ahí permaneció varios años, esperando que la lesión o la venta de un compañero lo posicionara en el arco del Pincha. Eso nunca sucedió, claro, y tan sólo tuvo la posibilidad de ir al banco en un partido ante Rosario Central, en 2005.

Ya en ese entonces pintaba para ser tercera opción for ever, por eso lo dejaron ir a Atlanta (2005/06), el único club que realmente le dio la chance de jugar como titular. En el Bohemio, Dobler disputó 23 partidos y compartió vestuarios con Julián Mosquera, Sergio Meza Sánchez, Ezequiel Andreoli y Walter Ferrero, el hermano menor de Alexis. ¿La performance del equipo? Muy pobre, como era de suponer.

Después de aquel episodio de la B Metro en el que por fin descubrió que había que bañarse después de jugar un partido, Maurito regresó a Estudiantes…para seguir siendo suplente. O mejor dicho, tercer arquero, porque generalmente actuaba en la Reserva, donde permaneció hasta el Clausura 2009 inclusive. En el medio, le tocó ir al banco de la Primera en algunas oportunidades e incluso en la última etapa le dieron el buzo número 1. Irónico el utilero.

La gran chance de su carrera le llegaría en el Apertura 2009, cuando Caruso Lombardi llevó adelante, como de costumbre, una prueba de jugadores para tratar de reforzar de forma barata a su equipo. En este caso, el Racing Club de Avellaneda. ¿Alguien dijo 15%? No sean mal pensados, tal vez haya sido mucho más (?). De hecho La Academia no necesitaba sumar hombres en ese puesto.

Detrás de Santillo, De Olivera y Martínez Gullota, el pobre Dobler se tuvo que conformar con ser el cuarto en discordia…y rezar para que Matías Piñal no siguiera escalando posiciones. Imaginate encarando en un boliche diciendo que sos quinto arquero…¡y en Racing! No da (?).

Un año más tarde las cosas cambiaron un poco, pero no demasiado. Si bien se fueron un par, también llegó el Gatito Fernández desde Paraguay. ¿Y Dobler? Ahí, metiendo banco de vez en cuando, pero de atajar ni hablemos.

Fue entonces que en 2011 su nombre saltó a la fama. ¿Por un partido? No, por situaciones fuera de lo normal que ocurrieron en las prácticas. Bah, un muerto y una pelea, tampoco tan fuera de lo normal si pensamos en Racing (?).

El primer cimbronazo se dio en enero de 2011, cuando un rayo cayó en el entrenamiento, provocando la muerte del masajista César Nardi. Dobler, que estaba a pocos metros, zafó de casualidad: “Me aturdía el oído derecho, sentí un cosquilleo en las piernas y cuando me di vuelta ví dos personas tiradas, pero a mí no me alcanzó a tirar”.

Dos meses más tarde el arquero volvió a vivir una situación tensa, aunque en este caso por pelearse con su compañero Teo Gutiérrez. Poco se sabía en aquel tiempo del carácter del colombiano y entonces nadie imaginó que sería un anticipo de lo que vendría un año más tarde.

Ya con Saja afirmado como titular y De Olivera haciendo la plancha, Dobler siguió estando relegado hasta mediados de 2012, cuando no le quedó otra que marcharse en busca de un mejor horizonte. O al menos un banco más cómodo.

Lo mejor que encontró fue Almirante Brown, elenco de la B Nacional. ¿Y ahí sí le tocó jugar? Ni a palos. Estuvo detrás de Gastón Losa desde que arribó y recién en abril de 2013 pudo debutar oficialmente gracias a una suspensión del titular.

Desde hace un año, ya con el pelo corto, pelea el puesto con Ezequiel Cacace en La Fragata y, aunque hoy sale a la cancha con el once inicial, no sabemos cuánto le puede durar. Ya sabemos que la suplencia se lleva en la sangre.

Toja Juan Carlos

Juan Carlos Toja

Señalado en su momento como una verdadera promesa del fútbol colombiano, no demoró mucho en estrellarse frente a sus compatriotas, apurando de esa manera un largo periplo internacional que se inició en Argentina.

Había debutado con la camiseta roja de Santa Fe en 2003 y rápidamente llamó la atención. ¿Por su juego? No, por un doping positivo por consumo de marihuana. Doce partidos de suspensión tuvo que comerse el volante multifunción, comprometiendo el futuro de su carrera. Sin embargo, lograría despegar…para tener un vuelo fugaz.

Algunos rendimientos positivos en su club lo llevaron a la Selección sub 20 a comienzos de 2005. Tras un buen Sudamericano, en el que Colombia obtuvo el título con nombres como Radamel Falcao y Freddy Guarín, también participó del Mundial de la categoría y agrandó aún más su currículum. Sólo faltaba que algún equipo grande del extranjero cayera en la trampa se embelesara con su talento. Y esa institución fue ni más ni menos que River Plate.

Toja recaló en el Millonario a principios de 2006, donde tuvo que ponerse las órdenes de Mostaza Merlo. De entrada, el colombiano hizo un gol contra Oriente Petrolero y generó algo de entusiamo. Pero fue lo único aceptable que hizo en sus 3 partidos por Copa Libertadores, porque también lo expulsaron en el choque ante Libertad, en Paraguay, cavándose la fosa para siempre en el cuadro que, ya en aquel entonces, dirigía Daniel Passarella.

Por torneos locales sólo fue al banco en un match ante Gimnasia del Clausura 2006. ¿Y en el Apertura? Nada de nada, apenas deambuló por la Reserva. Su destino ya estaba marcado.

Aceptando a temprana edad su condición de baldosero, viajó hasta los Estados Unidos para defender la camiseta del Dallas FC (2007 a 2008). Después pegó el salto a Europa, pero no hablamos de España o Italia, sino de la poco prestigiosa liga rumana. Ahí, aunque sea, pudo vestir los colores de un grande: el De este agua no he de beber Steaua de Bucarest (2008 a 2010). Dos añitos se la bancó en el país de Drácula. Chupando sangre, obvio.

¿Y después? Más equipos falopa: Aris Salónica de Grecia fue su casa en la temporada 2011/12. En el medio, el mundo recibió una dura noticia: había muerto Juan Carlos Toja, pero no él, sino su abuelo, antiguo jugador del Cúcuta. Luego, la crisis económica europea empujó al ex River a volver al único lugar donde podía pasar desapercibido: la MLS.

De nuevo en el fútbol yanqui, Toja jugó y durmió con el New England Revolution (2012 a 2013), hasta que los directivos lo dieron de baja mucho antes de terminar el año.

Pese a que en 2014 se lo mencionó como posible refuerzo de algunos equipos, el Rockstar no ha firmado con ninguno y en la actualidad es un futbolista libre. Libre de todo, menos del humo.

Especiales: Botero Joaquín


Joaquín Botero Vaca (El Chacal)

Tres goles en aquel recordado 6 a 1 de Bolivia a la selección argentina de Diego Maradona en la Paz convirtieron a Joaquín Botero en el enemigo público número uno de 40 millones de personas. No era la primera vez que el delantero se transformaba en el verdugo de los argentinos, ni mucho menos. Tres años atrás había hecho sapo categóricamente con la casaca del Ciclón.

«Es un jugador interesante al que conozco mucho», dijo el cometero técnico Oscar Alfredo Ruggeri cuando todos se preguntaban quién era ese boliviano que venía a reforzar el sector verdulería del Carrefour de avenida La Plata vestir la camiseta de San Lorenzo en el segundo semestre de 2006. Su llegada, a préstamo por un año (y gratis porque venía con el pase en su poder), se sumaba a la del peruano Roberto Malingas Jiménez en ese paquete de contrataciones falopa latinoamericanas que armó el actual panelista estrella de #elprogramadeFantino.

Para ese entonces, y si bien era casi un desconocido por estas tierras, el Chacal, un delantero de raza, nacido en diciembre de 1977, llevaba un buen rato en la selección y acumulaba pasos en su país por el Mariscal Braun (1997), Club Deportivo Municipal de La Paz (1998), Bolívar (1999 a 2003, en 2002 había sido el goleador a nivel mundial) y por México en los Pumas de la UNAM (2003 a 2006), aunque su carrera ya pintaba en declive.

«Soy un delantero con mucha movilidad, que corre muchísimo, que le gusta y vive del gol. Soy un oportunista del gol», se presentó ante los que no lo ubicaban y dejó un par de perlitas como «El técnico, los dirigentes, los jugadores y los jefes de la hinchada (sic) me recibieron muy bien» y «Tengo 10 hermanos: mi papá tenía tan buena puntería como yo». Eso sí, ya adelantaba que lo iban a tener que esperar un ratito: «Todavía no estoy para jugar. Hace un mes que estoy parado. Pero calculo que la adaptación será bien rápida». Y sí, en los entrenamientos se lo veía bastante regordete.

Debutó casi un mes más tarde, todavía visiblemente fuera de forma física, el 18 de agosto, ante Belgrano en Córdoba (empate 2 a 2). Esa noche, el Boli reemplazó al peruano Malingas Jiménez y tuvo una actuación discreta, tirando a floja. Es más, sobre el final del partido, con Germán Montoya -el arquero del Celeste– ya vencido, se perdió lo que hubiera sido el triunfo del Ciclón. Mala suerte.

Reapareció cuatro días más tarde, ahora como titular, ante Banfield por la Copa Sudamericana, conformando la dupla de ataque con Malingas. Ese día, San Lorenzo ganó 2 a 1 y Boterito rindió bien hasta que salió reemplazado por el Pocho Ezequiel Lavezzi. Parecía que se le iban a abrir un par de puertas, pero…

Misteriosamente, Ruggeri lo mandó al freezer. Recién volvió a jugar en la revancha ante el Taladro, el 12 de septiembre. El partido terminó 0 a 0 y Botero se fue reemplazado por Leandro Ulloa (con todo lo que eso significa). En las instancias siguientes de la Sudamericana, ante Santos y Toluca, reemplazó a Adrián González, pero siempre pasó desapercibido.

La despedida quedó para la fecha 13, ante Vélez en Boedo Almagro el Bajo Flores, cuando le tocó ingresar por Ulloa. Más allá de que entró con un 0-2 abajo y se fue con el encuentro empatado 2 a 2, tuvo otra noche olvidable. Y así jamás volvería a vestir la camiseta azulgrana. Ese torneo, el Ciclón tuvo un desempeño discreto y terminó noveno, aunque no le fue tan mal en cuanto a goles convertidos. Pese a contar con Peirone, Botero y Ulloa entre sus delanteros, metió 30 tantos. Apenas cinco menos que el campeón, Boca Juniors Estudiantes de La Plata.

Sin espacio, y decepcionado con el Cabezón, se marchó antes del final del Apertura. «Ruggeri me pidió y después no me dio muchas chances. Habrá que preguntarle a él porque no jugué», argumentó el Chacal, que reconoció que llegó muy fuera de forma y eso le jugó en contra. Solo 6 partidos (nunca la metió, obvio) alcanzaron para conocerlo y pedirle un remís que lo regresara a su casa.

Lejos de Buenos Aires, siguió su derrotero por Deportivo Táchira de Venezuela (2007), Bolívar (2008) y Correcaminos de la UAT de México (2009). Quizás, esa tarde iluminada ante la Argentina le sirvió para viajar por el mundo en 2010. Primero jugó en Al Arabi de Kuwait y luego pasó al Henan Jianye Football Club de China.

En 2011, claro, ya estaba de nuevo en Bolivia, defendiendo los colores del San José, aunque se tuvo que marchar a los pocos meses por las constantes lesiones. A comienzos de 2012 surgió la posibilidad de ir a robar disputar la liga de la India con otras figuras del fútbol boliviano, como Joselito Vaca y Limberg Gutiérrez, pero todo quedó en la nada.

A mediados de 2012, Bolívar, donde es ídolo, lo tentó para volver, pero no hubo acuerdo. En enero de 2013, cuando todo parecía indicar que regresaba al conjunto celeste tras casi un año y medio de inactividad, los dejó de garpe y se fue a Sport Boys de Warnes, en la segunda división del altiplano, donde al cierre de la temporada consiguió el ascenso a la máxima categoría con goles en los partidos importantes.

Castigado por las lesiones, pasó los últimos seis meses relegado el banco de suplentes, viendo cómo su lugar era ocupado por el eterno Bichi Fuertes. Ah, sí, todavía ni piensa en retirarse.

Peirone Hernán


Hernán Gastón Peirone (El Látigo)

Tras el retiro del Beto Alberto Federico Acosta, la hinchada de San Lorenzo vio desfilar una enorme cantidad de delanteros que intentaron, generalmente con muchísima más pena que gloria, hacerse un lugar en la ofensiva del club del Bajo Flores. Así pasaron, entre tantos otros, Ariel Carreño, el Lobo Cordone, Damián Luna, Matías Urbano, Alfredo Guevara, el Toto Cornejo, Rodrigo Astudillo, Román Díaz, Germán Herrera, Juan Manuel Olivera, Ezequiel Lavezzi y Hernán Peirone. Sí, sí, Deportivo En Una Baldosa.

Un hat-trick ante Boca Juniors en el Clausura 2005 elevó justamente a Peirone al status de estrella. Eran épocas complicadas y la irrupción del Látigo, de tan solo 19 años, aparentaba ser la solución a buena parte de los problemas de ataque del Ciclón. «Tiene el gol en el alma», aseguró el violín técnico Héctor Rodolfo Veira tras aquella tarde de gloria en el Nuevo Gasómetro.

Apenas unos meses antes, en la despedida del Apertura 2004, ante Racing, el delantero había convertido su primer triplete. Casualmente ante La Academia, en marzo de ese año, le había tocado debutar oficialmente en una parada brava. Ese día, los de Avellaneda sacaron a pasear a San Lorenzo y lo golearon 4 a 0. Desde entonces y hasta comienzos de 2007, el Látigo disputó 51 partidos con la camiseta del Cuervo y marcó 12 tantos. En el medio, sufrió bastante con las lesiones.

La bomba estalló en marzo de 2007, cuando Peirone fue separado del plantel profesional que dirigía Ramón Díaz por negarse a firmar la renovación de su contrato si antes no le pagaban una deuda originada entre 2005 y 2006. Luego de mandarlo a practicar con el Selectivo, la decisión de la dirigencia azulgrana fue la de marginarlo por completo.

«El tema me tomó por sorpresa, por eso estaba mal anímicamente. Pero no queda otra que enfrentar la situación. Me dolió, pero confió en que todo se va a arreglar», decía por aquel entonces. «No me quiero ir. Nunca voy a querer irme, porque nací en este club y lo quiero mucho. Además tengo contrato hasta 2008».

Tras entrenar cuatro meses por su cuenta en su Córdoba natal, cuando arregló los números, en noviembre, se reintegró al grupo, aunque muy lejos de su mejor forma física.

Luego de una buena pretemporada a inicios de 2008, comenzó a ganar minutos en Reserva. Pero Ramón Díaz no lo tenía en cuenta y buscó cambiar de aire. Lo quiso Tigre para reemplazar a Leandro Lázzaro, pero no llegó. A mediados de año, estuvo muy cerquita de pasar a Racing, aunque el pase se cayó por aquella vieja deuda. Las cosas empezaron a cambiar, muy lentamente, con la llegada de Miguel Ángel Russo.

En marzo de 2009, más de dos años después de su último partido, reapareció por la Copa Libertadores, ante Libertad de Paraguay. Luego, rapiñó algunos minutos más ante Racing por el campeonato local y se despidió para siempre del Ciclón por la Copa, ante Universitario de Perú. En total, en el Bajo Flores fueron 54 encuentros y 12 goles. Poco, teniendo en cuenta que seis tantos los marcó en dos juegos.

Lejos de la Argentina, no sin antes inhibir al Cuervo, emprendió un viaje latinoamericano para ver si afinaba la puntería. Arrancó en el Emelec de Ecuador (2009/10), pero apenas convirtió tres veces -una en el clásico ante Barcelona- en 17 presentaciones y le rescindieron el contrato antes de tiempo. Recaló en el San Luis de Quillota chileno (2010), donde tuvo algo de efectividad, aunque no pudo hacer demasiado para evitar la pérdida de categoría. Una de cal y una de arena.

Con la moral renovada, a comienzos de 2011 se unió al Alianza Lima peruano. De entrada, vendió cantidades industriales de humo. “Alianza Lima será mi trampolín para volver a selección argentina”, dijo. Y es que en el Sudamericano Sub 20 de 2005, un tal Lionel Messi era suplente suyo.

¡Quince partidos! tuvieron que pasar para que el Látigo Peirone convirtiera sus primeros goles en tierras incaicas. Fueron dos (los únicos que hizo en todo el año, claro) ante Sport Boys en una goleada 5 a 0. Esa tarde, el delantero repartió besos a los que lo bancaron y palos para los detractores. “Acá fueron muy duros, nunca viví una prensa igual, yo sabía que tarde o temprano iba a marcar, pues hasta Palermo pasó una mala racha”, sentenció. Ojo, algo de razón tenía. “El desempeño del atacante de Alianza Lima es pobre en todo: no agarra aún ritmo futbolístico y las veces que queda de cara al gol, la pelota la manda a cualquier lado, menos adentro del arco. Tiene el apodo de “Látigo”, pero necesita un latigazo para que despierte”, había escrito sobre él el diario Líbero. Durísimo.

Las actuaciones deslucidas se repitieron en Unión Temuco de Chile (2012/13) y Brasil de Farroupilha (2013). Durante su breve paso por Estudiantes de Río Cuarto (2013), en el Argentino B, enderezó un poco el rumbo. Marcó 6 goles y se convirtió en una de las figuras del equipo. Suficiente como para volver a probar suerte en otro lado.

Así fue que en enero de este año cruzó, nuevamente, la Cordillera de Los Andes para sumarse al Unión San Felipe de la segunda división de Chile. Por estos días, y para no quedar afuera de la moda, nos cuenta un poquito de su vida a través de su cuenta de Twitter.