Córsico Mariano

Mariano Córsico (Nano)

La imagen, ya un tanto añeja, nos parece actual. Juan José López en la mitad de la cancha, con la mirada perdida, tratando de entender lo inentendible, sacando cuentas para saber cuál de todos los puntitos inteligentes lo traicionó. Ahí, en el centro de la escena, rodeado de un grupo de jugadores que se va la B, de su mano. Y no hay tu tía.

Hoy River, ayer Instituto, Unión o Talleres. Siempre hay un ayer oscuro en la carrera de Jota Jota. Y entre los cientos de futbolistas que tuvieron la desdicha de acompañarlo, hay un poco de todo: figuras con cartel, otras sin tanto renombre, consagrados, desconocidos, juveniles, promesas y baldoseros, obvio.

Uno de tantos fue Mariano Córsico, un volante central cordobés que de entrada pidió credenciales para integrar el sitio: en 2000 debutó extraoficialmente con Gareca en un amistoso ¡contra Los Angeles Galaxy!

El debut posta, sin embargo, le llegaría mucho tiempo después, porque en el medio tuvo que ver como pasaban entrenadores que no le daban cabida, como el Checho Batista, e incluso probó suerte en México e Inglaterra. Su estreno en Talleres se produjo un partido ante Lanús, correspondiente a la última fecha del Clausura 2003.

Un gol ante Racing ese mismo año (el único que hizo en Argentina) le dio la fama efímera, que luego fue perdiendo, como la titularidad. Llegó el descenso tras la promoción ante Argentinos Juniors, un paso al Chateauroux de Francia (2004/05), una breve segunda vuelta con Talleres en el Nacional B (2005) y un viaje a Perú, donde logró lo que nunca antes, actuar en dos clubes del mismo país: Sport Boys (2006) y Deportivo Municipal (2007).

A comienzos de 2008 le tiraron la chance de ir a jugar a Chipre. Miró hacia atrás y no encontró demasiadas razones para negarse. Entonces firmó con el Olympiakos Nicosia, pero unos meses más tarde terminó yéndose al FC Zwolle, del under holandés. Ahí le perdimos el rastro, bastante lo seguimos. Tampoco vamos a andar actualizando la carrera a todos los que descienden con Jota Jota López. No nos alcanzaría la vida.

Reina Jorge

Jorge Fabián Reina (El Colo)

Atacante oriundo de Ciudadela que pasó de las inferiores de Vélez a Gimnasia y Esgrima de La Plata, donde prometió a fines de los 80’s, sin llegar a cristalizar todo lo bueno que se esperaba.

Sus antecedentes de artillero en Cuarta y Tercera le dieron la oportunidad de debutar como titular en 1987, en la victoria 4 a 2 ante Racing de Córdoba, en la que convirtió el último tanto. Se perfilaba bien.

En los años posteriores obtuvo otras oportunidades para mostrarse, pero salteadas. Desde su estreno hasta su despedida del Lobo, en 1990, apenas pudo disputar 15 encuentros y marcar 2 goles (el otro se lo hizo a a Platense, en su último partido).

Bajó al Nacional B para remontar su trayectoria pero la cosa no fue sencilla. Un año en Talleres de Remedios de Escalada (1990/91), otro en Lanús (1991/92) y un paso por Laferrere (1993) luego de una estadía en La Serena de Chile (1992, junto a Carlos Castagneto), terminaron borrando la proyección que había tenido en sus comienzos.

Tras su pronto retiro, siguió ligado a la familia tripera, siendo socio, haciendo donaciones para las inferiores y, desde este año, integrando el departamento de fútbol de Gimnasia. En la B, sí, pero con público visitante. Tomen, giles (?).

Nieves Diego

Diego Marcelo Nieves

No es noticia que muchos jugadores tengan una destacada trayectoria en divisiones inferiores y que luego carezcan de suerte al llegar a Primera División. El caso de Diego Nieves podría incluirse dentro de este tipo de jugadores.

Había comenzado su carrera en las juveniles de Ferro Carril Oeste y perteneciendo al equipo de Caballito estuvo en el plantel que disputó el segundo torneo sudamericano de Selecciones sub-16 disputado en Perú en 1986. El equipo argentino logró llegar a la fase final de cuatro selecciones pero quedó en el último lugar y no clasificó para el Mundial.

Después llegó a las inferiores de Argentinos Juniors, donde obtuvo títulos de la mano de José Pekerman y compartió plantel con Leonel Gancedo, Christian Dollberg y Leonardo Asencio, entre los mas destacados que llegaron a Primera.

Su momento de gloria en el Bicho se dio el 1º de octubre de 1991. Por la primera fase de la Supercopa, el equipo de La Paternal enfrentó como local al Santos Fútbol Club de Brasil en el estadio de Ferro. Con Carlos Goyén, Fernando Batista y Carlos Javier Mac Allister suspendidos para torneos internacionales por la recordada Batalla del Centenario, César Mendoza, Héctor Cejas y Diego Nieves tuvieron la responsabilidad de suplantarlos.

Argentinos alineó a César Mendoza; Héctor Cejas, Fernando Cáceres, Osvaldo Rodríguez y Diego Nieves; Walter Zermattén, Leonel Gancedo, Diego Cagna y Christian Trapasso; Enrique Sánchez y Antonio Vidal González. En el entretiempo, Cristian Traverso (también debutó en Primera aquella noche) reemplazó a Cáceres y a los seis minutos del complemento el arquero nacido en Zambia, Efford Chabala, ingresó por el lesionado Mendoza en el arco, jugando así sus únicos 39 minutos en Argentinos Juniors. El técnico de aquel equipo era José Yudica. Santos ganó el partido 2 a 1. En el desquite jugado en Brasil el marcador finalizó con empate en cero y Santos pasó a la siguiente ronda.

A mediados de 1992 fue dejado en libertado de acción y pasó a Sportivo Desamparados de San Juan. Luego tuvo su momento en el exterior, jugando algunos meses durante el primer semestre de 1993 para el Étoilé Carouge de Suiza, filial del Servette, en Segunda División. Más tarde, al volver a Argentina, jugó en Rivadavia de Necochea y General Belgrano de Santa Rosa, La Pampa. En 1995 volvió al fútbol de AFA al fichar para Defensores de Belgrano y finalizó su carrera en 1997 en Juventud Antoniana de Salta.

Quizás un común denominador de grandes figuras en inferiores, con pasado por selecciones nacionales juveniles, pero que no logran asentarse en la máxima categoría de nuestro fútbol.

(Publicado originalmente en «¿Te Acordás Bicho?«)

Bonhoff Fabián

Fabián Eduardo Bonhoff

Promesa surgida en Newell’s Old Boys que pese a los buenos augurios que cargaba desde inferiores no pudo consolidarse en la Primera División de nuestro fútbol, teniendo que emigrar al mercado europeo, donde tampoco fue gran cosa.

Debutó como marcador central en La Lepra allá por 1986, pero enseguida lo prestaron a Huracán de Parque Patricios (1987/88) para que se curtiera en el Nacional B. Allí convivió junto a Pedro Fóppoli, Hebert Birriel, Carlos Torino y Ariel Paolorossi, entre otros, pero apenas pudo disputar 10 encuentros, en los que llegó a marcar 1 tanto.

Volvió a Newell’s (1988/89) pero apenas pudo agregar otro match a su legajo. En busca de una posibilidad economica más grande, marchó al Viejo Continente para sumarse al Castellón, conjunto español del ascenso que también contaba con el experimentado Luis Mario Cabrera. En su temporada inicial Bonhoff fue titular, marcó 2 goles y logró subir a Primera. Todo un éxito. Quizás el único de su efímera carrera.

En la máxima división del país ibérico, claro, la cosa no fue tan sencilla. No sostuvo su puesto en la defensa (apenas 11 encuentros desde el arranque) y a pesar de que el equipo logró el objetivo de mantenerse, al comenzar la temporada 1990/91 debió buscar nuevos horizontes. El Palamós lo cobijó en Segunda, donde terminó zafando del descenso por diferencia de 1 punto. Casi casi.

Tras varios años en los que no supimos nada de él (ojo, tampoco es que lo buscábamos todos los días), en junio de 2010 reapareció en los medios cuando fue convocado por la dirigencia de Newell’s para la inauguración de un complejo de canchas de césped sintético. Sintético, sí, como su andar en el fútbol.

Villarreal Claudio

Claudio Martín Villareal

Fantasmal atacante que pasó sin pena ni gloria por la Primera División de nuestro fútbol, teniendo la oportunidad de compartir momentos, como se observa en la imagen, con el rubio Ademir, aquel fino volante que incorporó Racing luego de que obtuviera la Supercopa con el Cruzeiro.

Lo de Villita (?) en La Academia fue poco más que intrascendente. Nacido el 28 de mayo de 1972, hizo el camino de inferiores y pudo debutar con la camiseta albiceleste cuando ya era bastante grandecito, el 18 de diciembre de 1992, en la victoria 2 a 0 sobre Talleres de Córdoba. Ese fue, por supuesto, también su partido despedida en la máxima categoría.

Ya en el Nacional B, actuó para Arsenal de Sarandí (1993/94), en la época en la que no usaban los pantalones de Quilmes. Sólo fueron 6 partidos. ¡Pero qué 6 partidos! Si hasta hizo un gol (?).

Hoy está desaparecido y esperamos que, sea cual sea su paradero, se mantenga mejor que Ademir.

Herrera Horacio

Rafael Horacio Herrera

Se vivían momentos complicados en Boca Juniors allá por 1984. A las formaciones decadentes y el incendio masivo de juveniles, podríamos agregarle miles de matices más que lo tuvieron al borde de la desaparición. Que ese año hayan usado un fibrón para dibujar los números de la camiseta pinta también la delicada situación que atravesaba el club, así que no nos vamos a andar asustando (?) porque Rafael Herrera, el protagonista de este post, en la foto ni siquiera tiene la misma indumentaria que su compañero Ruggeri.

Puntero derecho surgido de las inferiores xeneizes, tuvo un paso breve pero intenso en la máxima categoría. Entre 1984 y 1985 disputó apenas 10 partidos, pero al menos se dio el lujo de marcarle un gol a River que provocó que un cabeza hincha, sumido en la emoción, dejara caer a su hijo de dos años al foso. Grosso (?). Para colmo ese día el Millonario ganó 4 a 1.

Paradójicamente, pasó el tiempo y la vida lo encontró en el ascenso y con la camiseta de la banda roja, pero no se confundan (?), hablamos de Guaraní Antonio Franco, equipo misionero en el que jugó sólo 6 encuentros del Nacional B en la temporada 1986/87.

Rescatado por Ferro Carril Oeste (1987/88), tuvo su revancha en la A pero agregó nada más que 5 presentaciones sin tantos. De regreso en la segunda división, sumó 35 partidos y 4 goles con Estación Quequén (1988/89), para bajar luego a la Primera B, donde actuó para el Deportivo Merlo y Estudiantes de Caseros (1992/93), equipo que le dio la oportunidad de conocer a Domingo Irala Sarabia.

Como habrán visto, una trayectoria que no da para tirar fuegos artificiales ni manteca al techo. Pero sí pendejos al foso (?).

Méndez Waldemar

Enrique Waldemar Méndez

Miraba para arriba y tenía a Teresa Cencelarich. Miraba para el costado y tenía al Mono Burgos. Miraba para atrás y tenía al Bebé Rocha. El problema de Waldemar Méndez era que miraba mucho. Y haciendo vista hizo banco hasta que se cansó.

Nacido en Laprida en 1971, tuvo su momento de gloria unos 20 años más tarde, cuando robó un lugarcito en el póster del Ferro noventoso que conducía Timoteo Griguol. Allí conoció a Oscar Garré, Jorge Cordon, Claudio Cristofanelli, Fabio Radaelli, Luis Santillán y Fabián Tisocco, entre otros. Para completarla, fue al banco de suplentes en 10 partidos de la temporada 1991/92, pero nunca tuvo la chance de estrenarse oficialmente.

Después hizo carrera en Chile con los buzos de Ovalle (1995), Unión La Calera (1994, 2001 y 2005), La Serena (1996 a 1999, donde fue despedido por criticar al nuevo entrenador), Melipilla (2000), Temuco (2002), Osorno (2003) y O’Higgins (2004).

Tras su retiro, se dedicó a hablar de táctica en programas deportivos de radio y TV del país trasandino, e incluso ejerció el papel de director técnico en el fútbol universitario. Acá les dejamos su cuenta en twitter por si le quieren recordar que Rocha debutó en Ferro y él no (?): @WaldeMendez.

Turienzo Federico

Federico Ezequiel Turienzo

“Su cerebro inflamado es como un grano de arroz”. Así lo definió el místico (y mítico) expresidente de Gimnasia y Esgrima La Plata Juan José Muñoz a Federico Turienzo, alto delantero (no por su juego ni por su eficacia, sino por su casi metro noventa de altura) que vistió la camiseta del Lobo entre 2002 y 2005.

Nacido en la ciudad de las diagonales en febrero de 1983, Turienzo debutó en la Primera del Tripero 19 años después, el 3 de febrero de 2002, en el empate 2 a 2 frente a Huracán, en un partido correspondiente a la postergada última fecha del torneo Apertura 2001. Esa tarde, de la mano de Carlos Ramacciotti, el pibe, que ya venía entrenando con los grandes desde la última etapa de Carlos Timoteo Griguol, reemplazó al Colorado Facundo Sava.

La semana siguiente fue la figura de Gimnasia, que derrotó a Unión de Santa Fe por 3 a 2, con dos goles suyos y otro de Teté González. Después de una violenta sequía, recién volvería a convertir a mediados de mayo, en la última fecha del Clausura, ante Huracán, en otro empate 2 a 2. En aquel torneo, sus números cerraron en 11 partidos y 3 tantos.

En la segunda mitad del año vivió grandes momentos de gloria al lado del Caio Enría. En septiembre fue uno de los goleadores de Gimnasia junto a Gonzalo Choy González y Jorge San Esteban en la victoria por 3 a 1 ante Estudiantes. En noviembre le marcó un gol a River en un triunfo por 2 a 0. En ese campeonato redondeó 14 presencias y marcó 3 veces.

En el primer semestre de 2003 jugó la Libertadores y en el verano casi pasa al Racing de Ardiles. «Racing es una buena vidriera y sería una linda posibilidad, pero todavía no sé nada», dijo. Obviamente no pasó nada y se quedó en el Lobo. En el Clausura, campeonato en el que compitió por un lugar en la delantera con Enría, el Pampa Sosa, Nicolás Furlanetto, Brian Robert y el malogrado paraguayo Derlis Florentín, disputó 11 partidos y convirtió un gol. En la segunda mitad del año, con Griguol otra vez en el banco, brilló por su ausencia y apenas ingresó a la cancha desde el banco de suplentes en dos encuentros.

A fines de un 2004 flojo (3 juegos en el Clausura y 9 en el Apertura), Muñoz lo marginó del plantel profesional al igual que Enzo Noce, Martín Pautasso, el Facha Gustavo Bartelt y Gonzalo Plaqueta Choy González, y le espetó la frase que ilustra el comienzo de este post. Hasta entonces había disputado 51 encuentros y convertido 7 goles. Además, por torneos internacionales, sumó otras 5 presencias a su currículum.

En enero de 2005 viajó a Italia para sumarse al Venezia, pero no arregló. Siguió deambulando por Europa y pegó un mal pase en el Roda holandés. Finalmente, regresó al Lobo para entrenarse con los apartados y ser indultado en abril, gracias a la intervención de Pedro Troglio, Ricardo Rezza y el Coco San Esteban.

A mediados de año, el polaco (no, este no) Zbigniew Boniek (ex Juventus y Roma) lo recomendó al Brighton & Hove inglés (2005/06) y los piratas no dudaron mucho en comprar el buzón y firmarle un contrato por dos años. «Es una apuesta a futuro, lo vimos jugar una vez, lo observamos en los entrenamientos y vimos un video suyo y quedamos impresionados», comentaba el entrenador Mark McGhee, obnubilado por la destreza de algún editor que hizo magia con los compilados de Fútbol de Primera del joven Turienzo.

Dick Knight, publicista y presidente por aquel entonces del Brighton & Hove, todo un especialista en eso de vender espejitos de colores, fue un poco más cauto. «Federico viene con muy buenas credenciales y fue recomendado por gente que respetamos mucho. Es un muy buen proyecto, pero los hinchas no tienen que esperar demasiado de él tan pronto», tiró. Y agregó: «El jugador se tiene que acostumbrar a una nueva cultura, aprender el idioma y adaptarse al estilo de juego del fútbol inglés».

No hace falta agregar que Turienzo casi ni jugó (apenas estuvo presente en 4 partidos), pasó más tiempo lesionado que dentro de la cancha y ni le hizo falta adaptarse, porque un año después se tomó el palo. Estimamos que al menos aprendió a decir «injury», «pain», «ankle», «knee» o «leg», pero no podemos asegurarlo.

A mediados de 2006 pasó al Teramo (2006/07), de la C1 del ascenso italiano, donde disputó 17 encuentros y se fue sin conocerle la cara a Dios. El 2007 lo encontraría defendiendo los colores del Salernitana, en lugar de otro baldosero, Juan Manuel Aróstegui. Allí levantó un poco la puntería: entre 2007 y 2009 jugó 26 veces y marcó 2 goles.

En enero de 2009 siguió su viaje por Italia y firmó con el Arezzo, club que lo cobijó durante 11 juegos, en los que solo convirtió un gol. Desde julio de ese año, y con un poco más de efectividad (8 tantos en 49 partidos), forma parte del plantel del Cavese.

En La Plata, algunos lo extrañan.