
Federico Ezequiel Turienzo
“Su cerebro inflamado es como un grano de arroz”. Así lo definió el místico (y mítico) expresidente de Gimnasia y Esgrima La Plata Juan José Muñoz a Federico Turienzo, alto delantero (no por su juego ni por su eficacia, sino por su casi metro noventa de altura) que vistió la camiseta del Lobo entre 2002 y 2005.
Nacido en la ciudad de las diagonales en febrero de 1983, Turienzo debutó en la Primera del Tripero 19 años después, el 3 de febrero de 2002, en el empate 2 a 2 frente a Huracán, en un partido correspondiente a la postergada última fecha del torneo Apertura 2001. Esa tarde, de la mano de Carlos Ramacciotti, el pibe, que ya venía entrenando con los grandes desde la última etapa de Carlos Timoteo Griguol, reemplazó al Colorado Facundo Sava.
La semana siguiente fue la figura de Gimnasia, que derrotó a Unión de Santa Fe por 3 a 2, con dos goles suyos y otro de Teté González. Después de una violenta sequía, recién volvería a convertir a mediados de mayo, en la última fecha del Clausura, ante Huracán, en otro empate 2 a 2. En aquel torneo, sus números cerraron en 11 partidos y 3 tantos.
En la segunda mitad del año vivió grandes momentos de gloria al lado del Caio Enría. En septiembre fue uno de los goleadores de Gimnasia junto a Gonzalo Choy González y Jorge San Esteban en la victoria por 3 a 1 ante Estudiantes. En noviembre le marcó un gol a River en un triunfo por 2 a 0. En ese campeonato redondeó 14 presencias y marcó 3 veces.
En el primer semestre de 2003 jugó la Libertadores y en el verano casi pasa al Racing de Ardiles. «Racing es una buena vidriera y sería una linda posibilidad, pero todavía no sé nada», dijo. Obviamente no pasó nada y se quedó en el Lobo. En el Clausura, campeonato en el que compitió por un lugar en la delantera con Enría, el Pampa Sosa, Nicolás Furlanetto, Brian Robert y el malogrado paraguayo Derlis Florentín, disputó 11 partidos y convirtió un gol. En la segunda mitad del año, con Griguol otra vez en el banco, brilló por su ausencia y apenas ingresó a la cancha desde el banco de suplentes en dos encuentros.
A fines de un 2004 flojo (3 juegos en el Clausura y 9 en el Apertura), Muñoz lo marginó del plantel profesional al igual que Enzo Noce, Martín Pautasso, el Facha Gustavo Bartelt y Gonzalo Plaqueta Choy González, y le espetó la frase que ilustra el comienzo de este post. Hasta entonces había disputado 51 encuentros y convertido 7 goles. Además, por torneos internacionales, sumó otras 5 presencias a su currículum.
En enero de 2005 viajó a Italia para sumarse al Venezia, pero no arregló. Siguió deambulando por Europa y pegó un mal pase en el Roda holandés. Finalmente, regresó al Lobo para entrenarse con los apartados y ser indultado en abril, gracias a la intervención de Pedro Troglio, Ricardo Rezza y el Coco San Esteban.
A mediados de año, el polaco (no, este no) Zbigniew Boniek (ex Juventus y Roma) lo recomendó al Brighton & Hove inglés (2005/06) y los piratas no dudaron mucho en comprar el buzón y firmarle un contrato por dos años. «Es una apuesta a futuro, lo vimos jugar una vez, lo observamos en los entrenamientos y vimos un video suyo y quedamos impresionados», comentaba el entrenador Mark McGhee, obnubilado por la destreza de algún editor que hizo magia con los compilados de Fútbol de Primera del joven Turienzo.
Dick Knight, publicista y presidente por aquel entonces del Brighton & Hove, todo un especialista en eso de vender espejitos de colores, fue un poco más cauto. «Federico viene con muy buenas credenciales y fue recomendado por gente que respetamos mucho. Es un muy buen proyecto, pero los hinchas no tienen que esperar demasiado de él tan pronto», tiró. Y agregó: «El jugador se tiene que acostumbrar a una nueva cultura, aprender el idioma y adaptarse al estilo de juego del fútbol inglés».
No hace falta agregar que Turienzo casi ni jugó (apenas estuvo presente en 4 partidos), pasó más tiempo lesionado que dentro de la cancha y ni le hizo falta adaptarse, porque un año después se tomó el palo. Estimamos que al menos aprendió a decir «injury», «pain», «ankle», «knee» o «leg», pero no podemos asegurarlo.
A mediados de 2006 pasó al Teramo (2006/07), de la C1 del ascenso italiano, donde disputó 17 encuentros y se fue sin conocerle la cara a Dios. El 2007 lo encontraría defendiendo los colores del Salernitana, en lugar de otro baldosero, Juan Manuel Aróstegui. Allí levantó un poco la puntería: entre 2007 y 2009 jugó 26 veces y marcó 2 goles.
En enero de 2009 siguió su viaje por Italia y firmó con el Arezzo, club que lo cobijó durante 11 juegos, en los que solo convirtió un gol. Desde julio de ese año, y con un poco más de efectividad (8 tantos en 49 partidos), forma parte del plantel del Cavese.
En La Plata, algunos lo extrañan.