Lisandro Oscar Sacripanti (Lichi)
Arrancó demasiado bien. El torneo Clausura de 2002 encontró en el delantero Lisandro Sacripanti a uno de los puntos altos del Newell’s que dirigía el Negro Julio Zamora. Antes, el pibe que había llegado a las divisiones inferiores de la Lepra desde el Club Alumni de Casilda, su ciudad natal, se había convertido en el goleador histórico entre los juveniles de AFA. No estaba nada mal. Para un muchacho de apenas 20 años era un augurio de una gran carrera.
Sacripanti tuvo su estreno entre los grandes el 10 de febrero de 2002 ante Banfield (derrota 3 a 0) y en ese torneo Clausura anotó 7 goles en 18 encuentros. Se ganó la titularidad en el Apertura 2002, pero su rendimiento mermó de manera notable. Apenas 3 tantos en 19 partidos dejaban un sabor amargo. Para el Clausura 2003, el Bambino Veira le perdió la confianza y Lichi jugó a cuentagotas. Solo 91 minutos diseminados en 5 juegos, entrando siempre desde el banco de suplentes. Muy poco para un pibe que algunos meses antes era el nuevo Batistuta y ahora se convirtía en material descartable.
A mediados de 2003 cruzó la Cordillera y fue a buscar continuidad a Chile. Se sumó al Cobreloa, donde estuvo una temporada y se consagró campeón del torneo Clausura. Regresó un año más tarde para vestir la camiseta de Argentinos Juniors (2004). Dirigido por el Checho Batista primero y luego por Chiche Sosa, solo disputó 4 partidos y no convirtió goles.
En 2005 se fue a Israel para jugar en el Hapoel Nazareth Illit y regresó al continente a mediados de año para hacer la revolución con la casaca del Blooming boliviano (2006/07), bajo la dirección técnica de Gustavo Quinteros. Allí también formó una dupla de temer con el Gordo Germán Real y conoció a Andrés Carevic y al genial Joselito Vaca.
Algunos goles en tierras de Evo Morales le dieron la chance de conocer México, enfundado en la divisa del Morelia B (2006). Cansado de juntar millas, y ante el llamado de Gustavo Quinteros, regresó a la Argentina. San Martín de San Juan lo tuvo entre sus filas durante el primer semestre de 2007, pero le soltó la mano luego del ascenso. Después de caerse su pase al Tolima colombiano, recaló en Independiente Rivadavia, pero no se destacó y volvió a armas las valijas.
El Espoli de Ecuador le abrió las puertas y el propio Lichi se encargó de cerrarlas un puñado de meses después por bajo rendimiento. A mediados de 2008 cumplió el sueño de ir a robarla jugar a Europa. ¿España? ¿Italia? ¿Francia? ¿Alemania? ¿Inglaterra? No, Eslovenia. Allí estuvo en el Celje (2008/09), al lado de Carlos Chacana y Martín Saric, hasta que lo mandaron con un moño a Córdoba, donde actuó hasta hace algunas semanas, con suerte dispar, en Talleres (2010/11) en el Torneo Argentino A.
NdR: Esta es hasta el momento la carrera del jugador-canción Lisandro Sacripanti, el pibe al que, al menos para quien escribe estas líneas, seguiremos recordando cada vez que escuchemos Sacrificio y rock ‘n’ roll de Pier. Sacripanti y rock ‘n’ roll.







