Ya hemos mostrado en este sitio como varios personajes del ambiente baldosero se las han arreglado para subsistir colgándose de la figura de Gabriel Batistuta. Desde el primo que entrenó en la Fiorentina, pasando por el delantero que aprovechó el parecido físico, hasta el entrañable Piquetero Arce, quien era vendido en la página de su representante como un jugador de «fantasía, experiencia y técnica» (?) junto a…¡una foto de Bati!
Lo que no esperábamos a esta altura del partido (?), era encontrarnos con la historia de Gustavo Masat. ¿¿¿Quién??? Bueno, no se hagan los distraídos. Todo el mundo conoce a Gustavo Masat como el amigo de la infancia de Batigol. Y si bien no le sirvió para hacer una prolongada carrera como futbolista, pudo aprovechar el contacto y destacarse en otras actividades.
Nacido en Reconquista, se formó como defensor y llamó la atención de Jorge Griffa, que se lo llevó para Rosario, aprovechando que tenía que fichar a otro pibe de ese lugar, un gordito adicto a los alfajores de apellido Batistuta. Y ahí, dónde los más parecido a un alfajor era ésto, los dos pibes pueblerinos fortalecieron su amistad, se ayudaron cuando se hacían falta. En fin, amigos.
Uno llegó a la Primera de Newell’s, pasó a River, baldoseó en Italiano (?), explotó en Boca, la rompió en Italia y robó en Qatar. El otro arrancó muy bien, entrenó con el plantel superior de La Lepra, fue convocado por Pachamé a la Selección sub 20 que participó del Mundial de Arabia Saudita en 1989 (¡usando la 10!) y…desapareció de un día para el otro.
Los historiadores (?) hablan de las malditas lesiones que lo marginaron. Lo cierto es que Gustavito no se hizo drama y con los años se abocó a su otra pasión, el golf. Actualmente participa de distintos torneos a nivel nacional y cada tanto tiene la suerte de jugar un rato con Ángel Cabrera y su amigo Bati, quienes seguramente deben pelear para explicarle cómo se le pega con un fierro.
Mediocampista uruguayo surgido de la camada de Bella Vista como una de las jóvenes promesas del fútbol charrúa de principios de los 80’s. Con este humilde club logró la clasificación a la Copa Libertadores de 1981, aunque fue eliminado en primera ronda. Al tiempo paso a Danubio, donde jugaría otra vez la copa, en 1984. Un par de años más tarde, la historia se repetiría, esta vez defendiendo los colores de Montevideo Wanders. Y esto no todo, ya que en 1983 había ganado los Juegos Panamericanos con su selección, de la mano del Maestro Tabárez. Además, entre 1985 y 1986 jugó 6 amistosos para la Celeste. Con semejantes logros, era hora de dar un paso adelante y aventurarse en el fútbol argentino
Y así fue, aunque tal vez no como lo deseaba. Es que el destino estaba escrito. Si al menos se hubiese afeitado el bigote, tal vez la historia habría sido diferente, podría haber pasado desapercibido, quien sabe. Y la portación de apellido lo terminaba de condenar: a pesar de tener una carrera medianamente aceptable, antecedentes interesantes y una experiencia hecha en el fútbol de su país, a la hora de cruzar el charco no llegó a ningún equipo con aspiraciones de campeonato, sino al humilde Deportivo Armenio, debutante absoluto en la Primera A en la temporada 1987/88.
Por lo menos, pudo conocer a sus compatriotas Rubens Francovig, Miguel Gardarián, Carlos Maldonado y Alex Rodríguez. De jugar, poco y nada. Sumó apenas 11 partidos (incluido el debut absoluto del club en Primera División, un empate frente a San Lorenzo) y le dijo adiós al fútbol argentino.
Llegado el siglo XXI se destacó en su nueva faceta como director técnico, sobre todo cuando volvió a su querido Bella Vista, con el que hizo notables campañas, incluyendo la obtención de una Liguilla Pre Libertadores. También entrenó, con buenos resultados, a Cerrito (fue campeón del Torneo Clausura en 2º división en 2008) y a Rentistas (alcanzó la clasificación al octogonal final en 2009). Lindos antecedentes para que, algún día, Noray Nakis le de la oportunidad de tomarse revancha. Soñar no cuesta nada. Y menos cuando se sueña con tan poco.
No fue el primero ni será el último, pero estamos ante uno de los tantos casos en que un jugador de fútbol queda pegado a la suerte o desgracia de un director técnico. Así que si Franzoia es La Volpe y un Miguelito Caneo es Bianchi (?), no hay vueltas que darle: Juan Carlos Donná es Zurdo López. Pobre Donná entonces, marcador de punta izquierdo clase ’61 proveniente de las inferiores boquenses en tiempos de La Candela y nacido en Morón, provincia de Buenos Aires.
Y pobre porque se fue al fondo del mar atado a ese yunque que terminó siendo Miguel Ángel López promediando la segunda rueda del Metro 83. Repasemos (?). Aunque su debut había tenido lugar a mediados de septiembre de 1983 jugando unos diez minutos en pleno interinato de Ernesto Grillo, el martes 1º de noviembre nuestro homenajeado recibió la buena nueva de arrancar como titular desde el comienzo por primera vez. Y la cita, Nueva Chicago en cancha de Vélez por la fecha 27, si bien no era para relajarse, tampoco era para suponer ni la cuarta parte de lo que terminó pasando: una catátrofe de la que Donná fue partícipe pero no responsable.
A los 23 minutos Boca hacía agua, ya perdía 2 a 0 y con la roja del árbitro hincha de San Lorenzo Calabria a Pasucci la cosa pintaba jodidísima. Encima quedó con un marcador central menos pero el técnico ordenó seguir con los tres del fondo que seguían en cancha. O sea el Tano Di Natale, Huguito Alves y un Donná que hizo lo que pudo persiguiendo de atrás las contras del Torito de Mataderos. Igual a los 15 minutos del segundo tiempo y tras la inyección anímica del Loco Gatti atajando un penal, el técnico decidió suicidarse pero bien (?). Así que tal vez para preservarlo, sacó a Donná y puso al Gallego Vázquez con el objetivo de llegar al descuento como sea. Maniobra que salió pésimo ya que Nueva Chicago terminó alzando un histórico 5 a 0 a favor en una paliza que dejó al Zurdo López colgado de las bolas y nos guste o no, a Donná semi-incendiado.
Lo de semi es porque a los cinco días se completó la faena (?). En cancha de Atlanta, Boca hizo de local con Temperley y el Zurdo, ya con el agua al cuello, se la jugó con Di Natale de cuatro, Bachino y Mouzo como centrales y nuestro querido Donná de tres. Si a los 40 del primer tiempo el partido iba 3 a 0 para el Gasolero y con olés bajando de la tribuna, muy poco queda para agregar. O sí. Que no podés ni loco poner a Bachino de central Miguel Ángel López inexplicablemnete se mantuvo en el cargo hasta mediados de 1984 pero que Donná desapareció de Boca para siempre con apenas 3 partidos oficiales jugados. El tiempo lo mostró tratando de buscar revancha en el ascenso con las camisetas de Banfield, Tigre y San Miguel.
Tener como nombre Adrián y como apellido Fernández es una situación que si bien no te asegura la baldoseridad, te acerca mucho a ella. Lo empezamos a sospechar cuando repasamos la carrera de aquel arquero de futsal que tuvo Banfield en los 90’s y tuvimos muchas más certezas cuando nos chupamos los dedos devorando la riquísima trayectoria del Carucha, aquel delantero que se transformó en sinónimo de fracaso tras la Cordillera.
¿Hay otro Adrián Fernández baldosero? Sí, créannos. En este caso, el homenajeado también tuvo un andar de pocas luces, aunque mucho más breve y en silencio. Debutó como defensor en Ferro, el 7 de febrero de 1988, en una igualdad sin goles ante Banfield (a esta altura estamos casi seguros de que todo aquel que jugó para Oeste estuvo en un 0 a 0). Sólo disputó otros 4 partidos para el conjunto de Caballito y luego se incorporó al Deportivo Armenio (1988/89), donde arrancó teniendo la camiseta 3 titular en aquel histórico triunfo 1 a 0 en La Bombonera (último partido de Gatti), pero luego fue perdiendo chances y apenas si sumó 4 partidos más.
A su paso insignificante por la Primera A, le agregó unos años en el ascenso. Armenio lo tuvo en sus filas incluso en la Primera B (1991/92) y después se lo pudo ver en Tristán Suárez (1994 a 1996), con el que también conoció las canchas de la C. ¿Que cayó muy bajo en pocos años? Se llama Adrián Fernández, no esperábamos otra cosa de él.
Catalogado alguna vez como el nuevo Maradona, jamás consiguió demostrar en Primera las cualidades futbolísticas que exhibió en las inferiores y, con actitudes infantiles y excusas increíbles, sepultó el futuro promisorio que se le auguraba y se transformó en un enganche trotamundos con escaso (más bien nulo) poder de gol.
Su nombre se hizo conocido allá por 1997, cuando, con 15 años, Boca Juniors se lo compró a Argentinos Juniors en aquel paquetazo que incluía a Juan Román Riquelme, César La Paglia, Fabricio Coloccini, Pablo Islas y Emanuel Ruiz, entre otros. En la Ribera apenas tuvo tiempo para disputar un partido en Reserva (ante Independiente, en agosto de 1999) y, con 17 pirulos, fue vendido en un millón y medio de libras al Middlesbrough de Inglaterra.
Debutó en la victoria por 1 a 0 ante el Sheffield Wednesday, pero después se le hizo difícil conseguir un hueco entre los 11 titulares. A duras penas disputó 42 encuentros y anotó sólo 2 goles. Muy poco para lo mucho que se esperaba de él.
En enero de 2003 fue prestado al Torino italiano. A pocas semanas de su arribo, el club de Turín debía enfrentar al Milan y el técnico Carlo Ancelotti dijo que de su rival le preocupaban dos cosas: «su carácter y Marinelli». Como era de esperarse, Milan ganó 2 a 0.
En el Calcio tampoco pudo hacer pie y, después de irse a la B, retornó a Inglaterra con siete partidos en su curriculum. Antes de pegar la vuelta a Argentina, jugó 1 partido más para el Boro y convirtió en una derrota ante el Fulham.
A comienzos de 2004 cumpliría su sueño de vestir oficialmente la camiseta de Boca. «Me fui del país con el sabor amargo de no poder jugar en la Primera de Boca. Ahora quiero hacerlo mejor para poder quedarme», decía por aquellos días, al lado de Mauricio Macri. «Quizás la diferencia que exista entre mi anterior paso por Boca y éste que vamos a iniciar es que ahora tengo una buena experiencia de mi paso por el fútbol europeo», comentaba ante la prensa.
Tuvo un arranque prometedor (algunos incluso le cuentan un gol a Vélez, que en realidad fue de Walter Alcaraz en contra), pero una tonta expulsión ante Lanús, jugando en Reserva, hizo que Carlos Bianchi perdiera la confianza en él. Así, tuvo que conformarse con partidos en Tercera al lado de Joel Barbosa, Mikael Yourassowsky, Pablo Doffo, Miguel Caneo y Víctor Ormazábal.
Frustrado su sueño de triunfar en el club de sus amores, buscaría una segunda oportunidad, no tan lejos, y con otros colores. En Racing (segundo semestre de 2004) tampoco rindió. Después de 11 encuentros dijo adiós y, con bronca, regresó al Torino: «Tuve que pagar para volver, pero estoy contento por estar nuevamente en este club. De mi paso en 2003 mantengo un gran recuerdo y fue eso lo que me impulsó a rescindir el contrato que tenía con Racing hasta junio próximo», dijo en su vuelta a tierras italianas. Mientras hacía lo que podía en la Serie B, aprovechó una entrevista de la revista El Gráfico para pegarle a Carlos Bianchi y sus ex compañeros con frases dignas de un Oscaruso de Oro como:
«¿Cómo me va a enseñar (Carlos Bianchi), si no me hablaba?. Nunca me dio ni una sola indicación». «Tenia preferencias. Yo llegué me saludó y no me habló más». «Algún referente del plantel seguro que hizo algo para que me fuera». «Hay que ser amigo de la prensa para que te pongan buenos puntajes. Algunos ni la tocaban y les ponían 6 o 7 puntos». ”En Inglaterra al lugar te lo ganas jugando, no yendo a comer con los hinchas”.
Después de esas declaraciones, Marinelli la rompió, fue campeón de todo, se ganó un lugar en Alemania 2006 y Sudáfrica 2010, Argentina logró el tetracampeonato y las canchas de Boca y Argentinos Juniors llevan su nombre siguió con su carrera barranca abajo. Pasó por el SC Braga de Portugal (2005/2006), pero jugó muy poco. Tuvo algo más de continuidad en el poderosísimo Kansas City Wizards (2007/2008) de la MLS estadounidense y a fines de 2008 se sumó al Millonarios colombiano. Arrancó bien, con una buena actuación y un gol en un amistoso ante Argentinos Juniors. Claro que luego, por los puntos, se vio su verdadera cara. 10 partidos de bajo rendimiento y ¡tres expulsiones! bastaron para que, en abril de 2009, los directivos del club colombiano rescindieran su contrato. Ah, del país cafetero también se fue tirando mierda. Esta vez, el destinatario, según nos contaron los amigos del Bestiario de Balón, fue el periodista Iván Mejía Álvarez. «No triunfé por la constante crítica de un periodista gordito», dijo Carlitos. Mejía Álvarez, obvio, se cagó de risa.
De vuelta en Argentina, entrenó un mes en Huracán, durante la etapa de Ángel Cappa, y luego en Argentinos Juniors, con Claudio Borghi. En el Bicho, incluso, estuvo cerca de firmar contrato, pero todo quedó en el olvido. Reapareció en 2010, pero una categoría más abajo, en la B Nacional, con la camiseta de Aldosivi de Mar del Plata. En MDQ (?) demostró lo de siempre, bajo rendimiento y lesiones. En el segundo semestre se marchó al fútbol de ¡Hungría!, para ponerse la camiseta del Gyori ETO FC, aunque tampoco duró mucho. «La cultura de ese país es distinta. Mi familia no se acostumbró. Si ellos no están cómodos, yo no me quedo tranquilo. Por eso decidí terminar mi contrato», dijo después de irse. En realidad, cuenta la leyenda que quiso echarle la culpa a algún periodista húngaro, pero nunca se aprendió los nombres.
Desde hace algunas semanas, el pibe de 28 años es la principal figura (?) del Club Deportivo Universidad de San Martín de Porres, que disputa la Copa Libertadores. Apenas llegó a Perú, le pusieron un micrófono y tiró: «Yo soy Carlos Marinelli, no Pablo Vitti». No se hable más. Baldosero de por vida.
Para el futbolero medio, hablar de Fischer es hablar del LoboRodolfo Fischer, aquel delantero que jugó en San Lorenzo en las décadas del ’60 y ’70. Para el lector promedio de En Una Baldosa, hablar de Fischer es traer a la memoria al Lobito Juan Matías, el pibe, delantero también, que intentó, con más pena que gloria, hacer pie en la Primera de Boca Juniors a mediados de esta década.
Es cierto que no apareció en el mejor momento. A mediados de 2004, Boca se preparaba para una época de transición. Venía de perder la final de la Libertadores contra Once Caldas, había renunciado Carlos Bianchi, había caído en la final de la Recopa ante el Cienciano de Perú y el equipo de Miguel Ángel Brindisi no encontraba el rumbo en el torneo local y hacía lo que podía en la Sudamericana (que después terminaría ganando, de la mano del ChinoEscupitajo facial Benítez).
A esa altura, Fischer era un pibe de 19 años (categoría ’85) que ya llevaba un tiempo largo en las inferiores del Xeneize, luego de pasar por River Plate… de Junín, su ciudad natal. Un poco para incendiarlo foguearlo, un poco por necesidad, Brindisi lo mandó a la cancha el 31 de octubre de 2004, ante Instituto de Córdoba, en la mismísima Bombonera. Esa tarde, en la fecha previa al superclásico, Brindisi empezó a quemar pibes y Fischer, que disputó los 90 minutos, no fue la excepción.
Con la salida del actual técnico de Huracán, en el vestuario del Monumental, y la llegada del Chino Benítez, Fischer no fue uno de los jugadores más activos. Apenas sumó a su curriculum otros 62 minutos en la derrota ante Arsenal en la fecha 16 del Apertura.
En 2005, estaba más que claro, su futuro estaría lejos de La Bombonera. Armó las valijas y se fue a buscar rodaje al exterior. Apareció en Bolivia, en La Paz. Parecía que la altura sería su rival más complicado. Pero no. Con la camiseta del Bolívarla rompió. Hizo goles de todos los colores y fue ídolo. ¿Lo compraron? No, terminado el préstamo no hubo acuerdo entre los dirigentes y Fischer volvió a Boca.
Si alguno pensaba que su buen desempeño en el fútbol boliviano le daría, al menos, la chance de pelear por un lugar en Boca, se equivocó. Durante el primer semestre de 2006 se pegó el embole de su vida. En el verano redondeó 82 minutos entre Racing y San Lorenzo. Además, sumó otro minuto (sí, 60 segundos) en la victoria ante el Maccabi Haifa israelí, cuando ingresó a los 89 minutos en lugar de Martín Palermo, durante la gira de invierno. En el medio, metió un mal pase a Peñarol de Uruguay.
Lejos de La Boca intentó, como pudo, llevar adelante una carrera digna en Primera División. Arrancó bien, porque lo contrató Nueva Chicago (2006), y terminó mal, porque apenas disputó 5 encuentros del torneo Apertura. Y no convirtió goles, claro.
El sueño de romperla en la A se esfumó rápido y para 2007 aceptó bajar a la B Nacional. Vistió las camisetas de Chacarita, primero, y Almirante Brown (2007/08), después. Al año siguiente bajó otro peldaño y aceptó pelarse el lomo a la Primera B Metropolitana. Volvió a Junín, y se sumó a Sarmiento (2008 a 2010). Ahí pareció revivir, hizo varios goles y logró el ascenso a la B Nacional alcanzó a disputar la Promoción ante el Deportivo Merlo. Claro que enseguida volvería a caer a la B Metro. A mediados de 2010 pasó a Deportivo Español, donde lo declararon prescindible a fines de diciembre. Hace algunas semanas sonó como posible refuerzo de Comunicaciones.
Aunque tenga apenas 26 años, ya nadie espera que explote.
La gente no sabe muy bien por qué carajo se hace un Facebook. Algunos se lo hacen porque escucharon por ahí que sirve para garchar hacer nuevas amistades. Otros porque quieren reencontrarse con ex compañeros de la secundaria para garchar recordar viejos tiempos. Y están también los que se lo hacen para seguir garchando no quedar afuera y dicen «total, todo el mundo garcha tiene…¿cómo no voy a garchar tener?«.
Alguna de todas estas diversas (?) opciones seguramente llevó a Marcelo Mayuli, un ex puntero derecho de San Lorenzo de Almagro, a hacerse uno. Y tal vez 420 caracteres le alcanzaron (y le sobraron) para contar su fugaz momento en Primera División con algo parecido a: El 18 de abril de 1987 ingresé por Fabián García cuando faltaban 3 minutos para que terminara la goleada 5 a 2 del Ciclón sobre Talleres de Córdoba, con 3 tantos de Ortega Sánchez. Nunca más jugué. Suficiente para robar 3 ó 4 «Me gusta«.
Lo que seguramente él no pensó a la hora de hacerse uno, es que de no haberlo hecho jamás hubiésemos conseguido su foto y por lo tanto este post nunca hubiese salido. Ah, el post claramente es un garche una garcha. ¿Pero qué quieren? Lo sacamos de Facebook.
Bautizado alguna vez como El Conejito, alcanzó a afanarle casi todas las letras al apellido de Javier Saviola, pero ni siquiera las ordenó bien (?). Savoia sorprendió en Primera, tuvos sus quince minutos de gloria y luego desbarrancó baldoserilmente.
Delantero surgido en las inferiores de Colón de Santa Fe, subió muy chico a las pretemporada con los profesionales pero luego de una rotura de ligamentos cruzados, recién pudo debutar cuando tenía casi 21 años…para 22 (?).
Detrás de Fuertes, Carignano, Blanco, Maceratesi y otros atacantes del Sabalero, tuvo su estreno en 2003 y al poco tiempo encontró su primer gol, que casualmente significó su momento de mayor exposición mediática: se produjo en el minuto 89 del partido de ida ante Boca, por los octavos de final de la Copa Sudamericana. Si hasta Comizzo lo gritó. Llegaron luego las felicitaciones, los flashes, las entrevistas, la risa boluda de Omar Porcel (?), los buenos augurios…¿y la clasificación? No, tampoco la pavada. En la revancha se impuso el Xeneize y al pibe se le terminó el sueño.
Al ver que las posibilidades se le iban achicando, en 2004 lo mandaron a préstamo a Universitario de Perú, sólo por 6 meses. A su regreso se incorporó a Gimnasia y Esgrima La Plata (2005), donde tan sólo convirtió 1 tanto en 11 partidos. Entonces pasó a Olimpo de Bahía Blanca (2005/06), pero la cosa no mejoró: 0 gol en 10 partidos. Ni martillándole un dedo le sacaban un grito. Y encima el Aurinegro descendió.
Dos días le duró la precaución. En 2008 firmó para Cobreloa de Chile y eso lo relajó (?), pero a nosotros también, porque perdimos el rastro de una carrera en declive que vale la pena repasar: Ponte Preta de Brasil (2009) y después el under español, con los colores del Córdoba (2009/10) y el Atlético Baleares (2010/11), equipo al que siempre amó (?). En fin, un baldosero de lujo.