Giménez Pablo Junior

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Pablo Junior Giménez

Dicen que llegó a la Argentina así, con los ojos cerrados. Y lo más triste para el pueblo cervecero es que los dirigentes tampoco quisieron ver lo que estaban contratando. Su currículum decía que había hecho muchos goles en Paraguay. Suficiente para que se comieran el caramelito.

Surgido en Guaraní (2001 a 2004), integró la selección albirroja sub 23 que obtuvo la medalla plateada en los Juegos Olímpicos de Atenas y de ahí pegó el salto al fútbol brasileño, donde vistió la camiseta de Atlético Mineiro (2005) de manera casi delictiva, sin anotar goles.

Al año siguiente regresó a su país para defender los colores de Cerro Porteño (2006) y tras un semestre aceptable le surgió la posibilidad de jugar en San Lorenzo (unos años antes había sido ofrecido a River). De hecho llegó a decirse que su pase ya estaba concretado, pero nunca firmó con el Ciclón y unos días más tarde desembarcó en Quilmes junto a su compatriota Derlis Gómez, para disputar el Apertura ’06.

De movida, el atacante paraguayo anduvo bien en la pretemporada y convenció al técnico Mario Gómez, que convengamos no es muy ofensivamente pretencioso que digamos. Por eso Giménez fue titular al principio, pero luego el DT se marchó y el delantero guaraní, que convirtió 2 goles en 12 partidos, poco hizo para despegarse de aquella banda que apenas sumó 9 puntos en 19 encuentros.

Los últimos años los pasó en Cerro Porteño (2007 a 2008), Querétaro de México (2009), Guaraní (2010) y desde este año se muestra un poco más entrado en kilos en el Deportes Tolima de Colombia. Y sí, parece que cuando le ponen un plato adelante abre los ojos (y la boca) bien grandes.

Díaz Michael

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Michael Díaz

Italiano, de nombre Michael e hijo de Ramón Díaz y Mirta (?). ¿Algo más? Sí, también hermano de Emiliano, otro baldosero. Las condiciones para estar en este sitio las tuvo desde el vamos. El nivel futbolístico, de última, lo único que hizo fue grabarle a fuego el dibujo de un pulgar hacia abajo en medio de la frente. Con ustedes, Michael Díaz.

Nacido el 12 de marzo de 1986 en Avellino, donde actuó Ramón como jugador, no pudo sacar provecho de su condición de futbolista internacional hasta 2005…cuando se sumó junto a su hermano al plantel del Oxford United inglés, dirigido por su padre, claro. Pero la experiencia en el ascenso europeo duró poco y ni siquiera pudo disfrutar de las apuestas deportivas online betting at BetUS. Al año siguiente fue ofrecido a la dirigencia de San Telmo, que aceptó la propuesta con los ojos cerrados. El paso de Michael por el Candombero fue insignificante, apenas tuvo un puñado de encuentros. El ser «hijo de…» no le sirvió para llamar la atención en la Primera B, pero sí para luego firmar con un grande de Primera División. Increíble.

En 2007 su papá se hizo cargo del plantel de San Lorenzo de Almagro y luego de la obtención del título en el primer torneo que le tocó (Clausura ’07), no dudó en solicitar la contratación de sus hijos para la segunda mitad del año. Con plata dulce y la sonrisa en la cara, la dirigencia aceptó semejante pedido y así fue como los hijos de Ramón se sumaron a la pretemporada. A Emiliano algunos lo conocían por su fugaz pasado en River. Pero de Michael no se sabía nada, ni siquiera de qué jugaba. «Es lateral derecho» tiró el padre. Ahhhhhhhhhh.

Mientras los resultados acompañaron, no hubo indicios de que la convivencia de los hermanos Díaz con el resto de los compañeros tuviera inconvenientes, pero la cosa cambió mucho cuando llegó el 2008. Aprovechando el torneo de verano, Ramón puso a Michael como titular y dicen que luego se molestó cuando alguien hizo un chiste al respecto. Más tarde, la pelea por los premios, la eliminación de la Copa, el enojo de Orión, la decisión del Presidente Savino de no renovarle contrato a los pibes, las declaraciones de Emiliano en nombre de ambos y el anunciado final. Ramón se fue y los hijos siguieron sus pasos.

En junio de ese año el DT viajó a México para empezar a trabajar en el América. Michael, ni lerdo ni perezoso, lo acompañó pero terminó entrenando para otro equipo más acorde a su calidad (?), los Indios de Chihuahua. Y pese a ser bastante callado, se vendió: «Vengo a hacer lo mejor posible. Marco bastante bien y tengo buena llegada. Si me quedo, haré las cosas lo mejor posible«. Las dudas entre quedarse o no parece que estaban generadas por la posible contratación de Emiliano, que teniendo más experiencia (?) al final prefirió esperar una oferta de Europa. La separación no duraría mucho.

Luego de probarse en el Benevento italiano (obvio, junto a su hermano), mediados de 2009 se sumó a Defensores de Belgrano, donde ya había hecho divisiones inferiores, pero ahí tampoco le dieron bolilla.

Hoy dicen que Emiliano juega en Paraguay. ¿Y Michael? Ni noticias. Pero probablemente esté ahí, viendo de qué carajo laburar. Incluso hasta podría ser vendedor callejero. Total, experiencia no le falta. Desde bebé está acostumbrado a decir «chi pá«.

Gómez Diego

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Diego Fernando Gómez

Los años ochenta, para los hinchas de Argentinos Juniors, siempre serán recordados por diversas causas. Si se va a lo estrictamente futbolístico, nunca podrán olvidar ese gran equipo que ganaba todo lo que jugaba. Pero si de mirar hacia adentro se trata, tampoco hay que dejar de recordar que en esa década las inferiores del Bicho ganaban o peleaban campeonatos hasta el final, al punto que obtuvieron nueve títulos entre 1981 y 1990.

Nuestro recuerdo va dirigido a uno de los tantos buenos jugadores que dieron las categorías ’69 y ’70, las más ganadoras de la historia de las inferiores de Argentinos. De esta última es Diego Fernando Gómez, marcador central o lateral izquierdo que varias veces estuvo cerca de debutar con la Primera División pero que recién le llegó la oportunidad para 1992, cuando ya tenía 22 años cumplidos.

Su puesto siempre estaba cubierto por jugadores destacados como Néstor Lorenzo en la zaga central y Carlos Javier Mac Allister en la punta izquierda. Cuando Lorenzo se fue a Italia, llegó Osvaldo Coloccini y luego recuperó su lugar Osvaldo Rodríguez. Alternaban Juan Andrés Gómez y Leonardo Asencio entre los puestos en los que Diego Gómez solía jugar hasta que le llegó la chance de debutar en Primera. El 22 de marzo de 1992, ingresó por Osvaldo Rodríguez promediando el complemento de una dura y recordada derrota ante Platense en cancha de Vélez por 1 a 0, con un golazo al ángulo de Raúl Alfredo Cascini a un minuto del final.

Seis fechas más tarde fue titular en la derrota como local 1 a 0 ante Belgrano de Córdoba, con gol de Marcelo Bonetto. Fue su momento de jugar, ya que participó de los siguientes tres juegos. Ante Vélez en Liniers (derrota 1 a 0 por el gol de José Turu Flores), contra Ferro en Atlanta (goleada 4 a 1, con goles de Lorenzo Sáez en dos ocasiones, Roberto Mogrovejo y Víctor Molina en contra, luego de arrancar en desventaja por el gol de Daniel González) y caída ante Deportivo Español (0-2 en el Estadio España, doblete del Puma José Luis Rodríguez).

Si bien Diego Gómez había estado en el banco en 1989 y 1990, recién fue tenido en cuenta en el primer semestre de 1992, donde completó cinco partidos y otros tres estuvo como suplente sin ingresar.

Luego su trayectoria fue bastante difícil de seguir. Un paso por el Colo Colo de Chile y la vuelta a Argentina para jugar en el ascenso. Primero estuvo en Excursionistas y más tarde pasó por Atlético de Rafaela y Estudiantes de Buenos Aires.

Hoy el fútbol lo encuentra como Director Técnico en las divisiones menores de Argentinos Juniors. En una etapa en que las categorías infantiles se están volviendo a meter en la pelea de campeonatos, nadie mejor que un conocedor en eso de dar vueltas olímpicas de chico para formar futuros Bichos Colorados.

(Publicado originalmente en «¿Te Acordás Bicho?«)

Correa Carlos

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Carlos Alberto Correa

Una foto del juvenil Correa arribando a la concentración junto a Villarreal, Diego Latorre y el Torito Genaro no es tal vez la imagen que hubiera elegido el pibe oriundo de Merlo. Desde el vamos, hubiese sido mejor una que lo encontrara tirándose a trabar en plena Bombonera. Pero peor es nada, pensando, sobre todo, en que Carlos Alberto Correa jugó sólo 2 partidos en la primera Boca Juniors. Y, obviamente, no hizo goles.

Defensor central que surgió de las inferiores y tuvo su fugaz irrupción en la primera xeneize, haciendo las veces de marcador de punta, allá por comienzos de 1988. El Pato Pastoriza recién había desembarcado y echó mano al pibe para tapar un hueco en el costado izquierdo de la defensa.

Los dos partidos de Correa fueron en la segunda rueda de la temporada 1987/88. Jugó el domingo 6 de marzo en el triunfo 2 a 0 a Banfield, en la Bombonera, y la noche del miércoles 9 en la derrota 2 a 0 frente a San Lorenzo, en cancha de Huracán.

La verdad es que no sabemos cómo siguió su carrera futbolística. No pudimos encontrar dato alguno que certifique si continuó su trayectoria en otro equipo o si lo pensó mejor y colgó los botines. Lo que sí sabemos, y aquí presentamos las pruebas correspondientes, es que el día de su debut, participó en forma bastante activa (y algo fortuita) en el golazo de Villarreal frente al Taladro.

(Publicado originalmente en Imborrable Boca)

Varea Juan Manuel

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Juan Manuel Varea

La historia de Varea es una más entre tantas otras. La del goleador en inferiores y Reserva que llega a Primera, pega un grito y desaparece. Así de fugaz fue el paso de este delantero de la categoría 1986 de Vélez Sarsfield que disputó 5 partidos en el Apertura 2006 y que hoy hace las delicias de grandes y chicos (?) en el culo del mundo el Viejo Continente.

De la mano de Miguel Ángel Russo, debutó en la fecha 15, en el Bosque, ante Gimnasia. Esa tarde reemplazó a Lucas Castromán y mostró destellos interesantes. La semana siguiente, en el Estadio Luis Miguel José Amalfitani, fue de la partida ante Godoy Cruz, conformando la dupla de ataque junto a Mauro Zárate, autor de los 2 goles del Fortín.

Su bautismo en la red llegaría en la fecha 17, en el clásico ante Ferro San Lorenzo Nueva Chicago, en Mataderos. Federico Higuaín había puesto en ventaja al Torito y Varea, a quince de final, batió al sin manos Vega y decretó el empate definitivo para el delirio de los floggers la parcialidad velezana. La titularidad le duró hasta la penúltima fecha, en la que Lanús cacheteó al equipo de Liniers y lo derrotó por 2 a 0. La despedida quedó para la última fecha, en casa, ante River. Esa vez ingresó en lugar de Mauro Zárate a los 30 minutos del primer tiempo.

Lo que parecía ser el principio de la continuidad terminó siendo el principio del fin. Después de pasar seis meses colgado pasó a Social Español (2007). En el Gallego no tuvo un gran rendimiento y, como buen baldosero de ley, en el verano de 2008, armó las valijas y emprendió viaje a Colombia. Allí, junto a otro ex Vélez como Junior Ischia, defendió los colores del Depor Jamundi en el ascenso cafetero y fue dirigido por el Patrón Jorge Bermúdez.

En septiembre de 2008 regresó al fútbol local para romperse el lomo en el Torneo Argentino A enfundado en la camiseta de Central Córdoba de Santiago de Estero y desde mediados de 2009 es una de las figuras del NK Široki Brijeg de ¡Bosnia y Herzegovina!, donde obtuvo el premio al mejor jugador extranjero de la temporada pasada.

Luna Damián

Damián Oscar Luna

No tenía la pegada del Canario, ni el poder de gol del Chino, tampoco estaba bueno como Silvina, pero así y todo, Damián Oscar Luna se las ingenió para jugar un buen rato en la Primera División con los colores de dos equipos grandes.

Con apenas 17 años, de la mano de Rubén Darío Insúa, debutó como volante en San Lorenzo de Almagro, en un partido ante Olimpo de Bahía Blanca correspondiente al Apertura 2002. En 2003 parecía que la iba a romper, se ganó la titularidad y la convocatoria para la selección sub 20 que se preparaba para el Mundial de Emiratos Árabes. Pero quedó afuera.

En el Ciclón, donde había hecho todas las divisiones inferiores, estuvo hasta mediados de 2005 y jugó bastante: 65 partidos y convirtió 6 goles. Por torneos internacionales (ganó la Sudamericana en 2002) disputó otros 14 encuentros y marcó una vez. Su último partido en Boedo fue en febrero de 2005, ante Boca. Esa tarde se rompió y, desde entonces, su carrera se desmoronó. Volvió algunos meses más tarde, en Reserva ante River, pero sufrió una nueva rotura de meniscos en su rodilla derecha que lo marginó una vez más de las canchas.

En medio de una larga recuperación, a mediados de 2006, quedó libre y fue comprado por Independiente. En Avellaneda intentó reflotar su carrera, que alguna vez supo ilusionar a más de uno, pero no pudo. Recién logró debutar en el Clausura 2007 y hasta su despedida, a fines de 2008, apenas sumó otras 8 presencias a su curriculum.

En el verano de 2008, cuando ya habían pasado por el banco Burruchaga, Santoro y Troglio, Lunita se despachó: «Pasa el tiempo y es peor para todos. Que no juegue no le conviene al club ni tampoco a mí. Me desvalorizo como jugador. No me dieron la oportunidad de demostrar si estaba bien, si estaba mal, si podía rendir o no. Y diez minutos, o 15, no los considero una chance para saber si ayudás a tu equipo. No sé si llegué a completar 90». Se ve que ese día en Avellaneda nadie compró el diario, porque, como ya dijimos antes, Luna durante ese año casi ni jugó.

En enero de 2009, sospechado de tener un pasaporte trucho, cruzó la Cordillera de los Andes y se sumó a otro grande: la Universidad Católica de Chile. Debutó en un amistoso antes Olimpia de Paraguay y mostró algunas cosas interesantes. Cuatro meses después, lo de siempre: bajo rendimiento y pelea con el técnico Marco Antonio Figueroa, que responde al mágico apodo de Fantasma. «Ya no aguanto más a este tipo, ya no lo banco. No dice las cosas a la cara, no trata bien a los jugadores y las cosas te las enteras a través de la prensa. Él nunca va de frente. Además, para mí, es alguien que no le ha ganado a nadie», dijo Chilavert Luna. Obviamente, el que se alejó del club fue él.

En agosto armó el bolso y se fue a Brasil. Los dirigentes del São Caetano, de la segunda división, lo habían visto en su veranito de partidos buenos con la Católica y compraron un buzón. Eso sí, no fueron tan boludos. «Esperamos a que terminara su contrato con Independiente para empezar las negociaciones», explicó el presidente del equipo paulista, Nairo Ferreira de Souza. Así, Luna se convirtió en el tercer extranjero en vestir la camiseta de ese club, detrás los colombianos Kilian Virviesc*s y un tal Martín.

Mientras tanto, Lunita vendió un poco de humo: «Quiero hacer historia en el São Caetano. En Argentina siempre escuché hablar bien de este equipo, que es reconocido por haber llegado a la final de la Libertadores en 2002». Un puñado de partidos fue el saldo de la excursión de Damián Luna por Brasil, que no dejó una buena huella. Bueno, en realidad sí la dejó, pero en la humanidad de Max Carrasco, del Ipatinga, a quien le pegó una linda patada que lo obligó a salir de la cancha. Luna, obvio, vio la roja ante la atenta mirada de los 867 hinchas que estaban en el estadio Anacleto Campanella.

A fines de 2009 rescindió el contrato, que era de dos años, y regresó a la Argentina. En el segundo semestre de 2010, luego de analizar ofertas de Almirante Brown, Atlético Tucumán, Olimpia de Paraguay y el fútbol boliviano (de donde lo habían tentado años atrás, y donde jugó su padre, Sergio Oscar), volvió al club de sus amores, Nueva Chicago, para disputar la Primera B Metropolitana.

Villamil Nicolás Servando

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Nicolás Servando Villamil (el Loco)

Arquero argentino que tuvo que hacer carrera en el exterior para ganar algo de reconocimiento. Aquí sólo fue un extra de equipo grande a mediados de los 80’s. Todo lo que vino después caminó entre lo glorioso y lo payasesco.

En nuestro país algunos dieron fe de su existencia en 1986, cuando le tocó integrar aquel equipo que Argentino de Mendoza le alquiló a Racing para jugar el torneo local. Villamil (junto a Dillon y Signorelli) era uno de los pocos jugadores del club cuyano. Y salvo el enganche Edgardo Geoffroy, el resto había desembarcado desde Avellaneda.

Después del fiasco que significó haber quedado en la quinta posición (la idea era clasificar entre los primeros 4 y luego pelear por un ascenso al nuevo Nacional B), Villamil volvió a Buenos Aires con el plantel académico, siempre en su condición de arquero suplente. Detrás de Wirtz y eventualmente luchando el puesto con Pogany o Zubczuk, le tocó salir a la cancha con el buzo número 12, pero sólo para sentarse en el banco.

Las vueltas de la vida lo hicieron cruzar la Cordillera de Los Andes, y allí finalmente pudo llamar la atención. Primero fichó para Universidad de Chile (1987), que enseguida lo mandó a préstamo a Deportes Concepción, donde se hizo querer a base de jugadas excéntricas, empezando por su forma de atajar los penales: ¡de espaldas! A eso le sumó un gol de cabeza a la Católica y algunos pifies memorables.

En 1992 se puso el buzo del Everton, pero luego de su tercera expulsión sufrió el descuento del 50% del sueldo, fue separado del plantel y acabaron por rescindirle el contrato. Pasó por Liga Deportiva Universitaria de Quito y de nuevo en Chile defendió las vallas de Fernández Vial y Ñublense, hasta que en 1999 se retiró y puso una casa de deportes.

Pero su espíritu inquieto, claro, le permitió seguir siendo noticia aún fuera de las canchas. En 2000 gestionó la llegada de Marcelo Vega a Racing. En 2002 lo sorprendieron dando intrucciones (?) al arquero y la defensa de Deportes Concepción en pleno partido. En 2003 tuvo su merecido partido despedida en el Estadio Municipal de Collao y dos años más tarde, en su condición de empresario, cayó con 5 camerunenses para probarlos en la Universidad Católica, de los cuales sólo quedó el baldosero (y ex Tiro Federal de Rosario) Luc Bessala.

Righi Rodolfo

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Rodolfo Leonardo Righi

Frondosa temporada la 1987/88 de la máxima categoría del fútbol argentino en cuanto a hechos baldoseros se refiere. Desde ver a Deportivo Armenio plantarse mano a mano (?) en todas las canchas hasta la corta estadía de Bora Milutinovic como técnico de San Lorenzo y pasando por nada más y nada menos que un barbado Tessone por ejemplo. Claro que Pimpinela no fue el único y acá es donde aparece la rendija por donde se coló nuestro homenajeado, un volante diestro made in (?) Banfield nacido el 27 de enero de 1966 en territorio enemigo, o sea, Lomas de Zamora.

Imaginamos una infancia a pura rivalidad en los potreros, sobre todo teniendo en cuenta que su padre Ediberto fue emblema del arco banfileño en la década del 60. De ahí, a chapear con el apellido probar suerte en las inferiores del Taladro, hubo un paso muy corto. Y el trámite sueño de ir con el bolsito a probar suerte dio resultado.

Tras desandar las inferiores, no hay duda que los astros se alinearon para que Banfield vuelva a la A tras varios años y encima apueste por un técnico que a esa altura casi no puteaba cultor del tiki-tiki. Estaba todo más que dado para que con 22 años, 1,78 de altura, 72 kg en la balanza y sobre todo ese apellido carretillas de ilusión llegara para quedarse. Pero no. De las 38 fechas jugó 1 sola, en definitiva su único partido en las grandes ligas (?). De la mano de los Raffaelli, Vittor y Elbio Vázquez se fue como por un tubo al descenso en ese Banfield que hizo visita de médico (?) en la A.

Hasta donde sabemos, desapareció de la faz de la tierra en lo que se refiere a la práctica activa del fútbol, para aparecer muchos años más tarde y convivir en los últimos años con dos gratas apariciones. Una, como DT de Futsal en Banfield y dos, en un foro del Taladro donde despuntan el vicio en un topic llamado Perros Históricos. No más pruebas, su Señoría.