Cauterucchi Leonardo

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Leonardo Pablo Cauterucchi

¿Qué cosas determinan la baldoseridad de un futbolista? La pregunta trae aparejada una compleja y no tan exacta respuesta. Pero hagamos el intento de satisfacer a los curiosos y vayamos por partes.

El apellido. Es sabido que un futbolista llamado González, Fernández, Pérez o Gómez, la tiene que descoser realmente para ganarse un lugar en el altar de los futboleros. Al haber tantos, la mayoría termina convirtiéndose en un jugador del montón. Ni fú ni fá. Por eso es fundamental un apellido raro, que provoque algo. Risa, temor, ruido, nostalgia, asombro, algo. Lo que sea, pero nunca indiferencia. Cauterucchi, en ese aspecto, roba.

Paso por Primera A. Aunque sólo haya sido relleno de plantel, con escasos minutos oficiales o apenas alguna que otra participación en un partido de verano, el paso por la máxima categoría es indispensable. Hay algunos que apenas si debutaron. Otros tuvieron más de 50 partidos, aunque generalmente menos de 100. Cauterucchi, para ser precisos, atajó 11 partidos para Olimpo de Bahía Blanca en la temporada 2007/08, siendo ya un veterano. Antes, había sido suplente en Platense (1994/95).

Haber sido promesa. Algunos desilusionan a lo grande luego de haber sido figura en las inferiores. La rompen incluso jugando en la Tercera de un equipo importante, pero luego llegan a Primera y se cagan en las patas jugando con más de 2000 personas en las tribunas. La solución, en esos casos, es bajar las pretensiones y seguir la carrera en un club chico del ascenso. Cauterucchi actuó con éxito en las divisiones menores de Boca, pero después se desinfló.

Paso por el ascenso. No es condición sine qua non pero casi todos los futbolistas experimentan en algún momento de su vida lo que es el under. Algunos bajan y se afianzan para siempre en esas categorías, zafando de la baldoseridad. Otros, con menos recorrido, sólo agregan más líneas a su post en esta página. Cauterucchi atajó un tiempo en el ascenso, pero no lo suficiente para evitar este homenaje. Vistió los buzos de Atlanta (1995/96, 6 partidos), Aldosivi (1997/98, 16 partidos) y Olimpo (2006/07).

Paso por el exterior. Siempre es de valorar (?) que un baldosero haya representado a su país en otras tierras. Y si fue para mandarse cagadas, mejor (?). Cauterucchi cumplió con la ley del futbolista errante y pasó por la aduana cuando viajó a Chile para jugar en Palestino (2000 a 2002), Universidad Católica (2003/04), Deportes Concepción (2005) y Santiago Morning (2006).

Dato de color. Un parentesco con alguien conocido, un acercamiento a la farándula, una actividad paralela a lo futbolístico, una conflicto, un particularidad física, una jugada histórica, un episodio policial. Todo suma para que un futbolista sea baldosero. Y en este caso, Cauterucchi tiene algunas perlitas.

En el año 2002, un partido entre Palestino y Ranges derivó en una pelea que terminó con Cauteruchi en una comisaría.

El asunto es que Cauteruchi se iba del campo cuando Mondría dio por finalizado el juego. «Volví a discutir con alguien, que no recuerdo, y empezó todo. Repudiable, estuve mal. Fue uno de los peores momentos de mi carrera«, agrega el cuidavallas.

En el acto, el caos: Cauteruchi boxeó a Luis Aravena, Víctor Águila llegó para defender a Aravena, Ariel Macia y Jaime Rubilar hicieron lo propio con su portero y Ángel Carreño lanzó combos a los visitantes… ¿Consecuencia? Los siete fueron detenidos por infringir la Ley de Violencia en los Estadios y debieron prestar declaración en la 10ª Comisaría.

«Nos metieron en un calabozo. Y en el calabozo del lado, estaban los de Rangers… Con Macia estábamos recalientes y puteábamos a los de Rangers hasta que un carabinero nos dijo que si seguíamos nos dejaba una semana. Por suerte nos largaron a las cuatro horas… Recuerdo todo y sí, estuve pésimo. Me castigaron con siete fechas y la directiva me multó con el 50 por ciento del sueldo«, aporta Cauteruchi.

Fuente.

Como si fuera poco, algunos años después se enfrentó a la Anguila Gutiérrez, con quien peleaba por un puesto en Olimpo. El ex de Graciela Borges lo acusó de ser el alcahuete del Presidente Ledo: «Me molestaba entrar al vestuario y verlo. Tuve que convivir con una persona que me tiraba mierda, a la que sólo le interesaba arreglar su parte y despotricar en contra de todos. Con los de más experiencia (Carrario, Fleitas, Monsalvo, entre otros) no tenía diálogo; después lo fueron conociendo los demás. Y si el presidente te dice, el informante es fulano, es porque tanta confianza no le tenía. Cauterucchi ocupó ese lugar mientras le servía. No reaccioné para que no se arme la gorda«.

Por supuesto que eso desembocó en una encuesta baldosera.

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La trayectoria de este arquero (creemos que ya retirado) nos ha dado algunas herramientas para elaborar una pequeña guía con los parámetros que utilizamos a la hora de postear a un baldosero. Guía cuyos puntos más importantes jamás respetamos a rajatabla, porque entendemos que cada caso es particular y todos los homenajes son discutibles. Pero acá sí que no tenemos dudas. Se llama Cauteruchi, muchachos. ¡Cau-te-ru-cchi!

Simon Michael

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Michael Jerome Simon

Tuvo un gran éxito en los 80’s. Incluso, su legado sigue hasta ahora. Su cara, redonda y colorida, es conocida en todo el mundo. Y, como si fuera poco, a sus creadores les hizo ganar muchísimo dinero. Sin embargo, este popular juego de memoria está muy lejos de ser comparado con su tocayo, un ignoto futbolista norteamericano de breve paso por nuestras tierras.

A mediados de 1987, llegó envuelto de esperanza y felicidad al Deportivo Armenio, recientemente ascendido. Todo lo que se supo fue su posición y antecedentes: centrodelantero, proveniente de San José Earthquekes. Mucho más no se pudo rescatar, ya que ni siquiera hablaba castellano. Y así como apareció, se fue sin dejar rastros: no jugó ni un minuto, tapado por jugadores como Walter Oudoukián, Sergio Silvano Maciel, Raúl Wensell, Sergio Buffarini, Gustavo Sigifredo, Juan Sen y el pescador (?) Alex Rodríguez.

Suponemos que volvió cabizbajo a sus pagos, con más pena que gloria. Pobre gringo, ni una oportunidad le dieron. Qué solo se habrá sentido. Para colmo, con todo el tiempo libre que tuvo, se habrá aburrido de practicar el juego que lleva su apellido.

Ezquerra Diego

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Diego Alberto Ezquerra (el Flaco)

Ser arquero suplente no es para cualquiera, está claro. El ostracismo, las pocas ganas de sentarse a esperar una oportunidad y muchas veces el divismo hicieron que algunas figuras del arco se negaran al papel secundario, aún en grandes películas. Y si no pregúntenle a Luis Islas, que se perdió de estar en Héroes II.

Si ser segundón no es para todos, el laburo de tercer arquero, definitivamente, es para muy pocos. Podemos nombrar al Flaco Saccone y a Jeremías Gallego, dos tipos que cumplieron ese rol sin calentarse demasiado. Pero, ¿qué pasa cuando ni siquiera se puede atajar en Reserva?

El nicoleño Diego Ezquerra vivió en carne propia la frustración de ser la 4º opción en un plantel profesional, pero así y todo poder jugar un partido con la Primera. Detrás de Bossio, Noguera y Andersen en Estudiantes de La Plata, luchó durante el lejano 1997 para que lo tuvieran en cuenta, festejó cuando Noguera se fue a Rafaela, pero volvió a su relegada posición cuando se incorporó Tauber.

Su chance de agarrar fugazmente el buzo número 1 le llegó el 21 de enero de 1999, cuando debutó en la Copa Provincia de Buenos Aires y mantuvo su arco en cero en la victoria del Pincha ante Lanús por la mínima diferencia, con gol de Azconzábal. El diario Hoy dijo al día siguiente: «Ezquerra (6): No se puso nervioso pese a que debutaba. Transmitió seguridad y sobriedad«. Lo de la sobriedad, por supuesto, debe haber sido una ironía del periodista. Alcanza con ver ese buzo Olan propio de un payaso.

Nunca más volvió a tener chances concretas de pelear por la titularidad y al año siguiente empezó a rodar por otros clubes como General Paz Juniors de Córdoba (2000/01), el Fútbol San Nicolás de Patricio Hernández (2001/02), Saprissa de Costa Rica (2002/03), Deportivo Morón (2003 a 2005) y Platense (2005 a 2007). Desde hace más de 3 años integra el plantel de Morón….donde el titular es Migliardi.

Paternoster Hugo

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Hugo Fabián Paternoster

A comienzos de la década del ’80, algo muy groso empezó a gestarse en el Club Ferro Carril Oeste. Y no nos referimos ni a la base de un equipazo que pelearía y ganaría campeonatos, ni a la sabiduría de su entrenador emblemático, ni mucho menos a la cantidad récord de socios que practicaron tenis en sus canchas de polvo de ladrillo. Ojo que tampoco estamos hablando de las constantes apariciones televisivas de Rolo Puente. La mención es ni más ni menos que para las ejemplares divisiones inferiores del club de Caballito, un lugar casi soñado para cualquier pibe que quisiera meterse por aquellos años en esto de jugar al fútbol.

El semillero verdolaga marcó una época y empezó a dar jugosos frutos de la talla de los Oscar Román Acosta o Jorge Antonio Martín. Pero cada tanto evidentemente se colaba uno y de repente nos topábamos por ejemplo con un Hugo Fabián Paternoster. Todo bien, pasa en las mejores familias (?).

Mediocampista nacido en 1965 que paseó sus platinados pero escasos (?) rulos en infinidad de entrenamientos, concentraciones y dobles turnos en Pontevedra. Pero lo que se dice en partidos de fútbol, tuvo apenas 90 minutos para hacerlo. Así que en 1982, mientras Ferro era la sensación del campeonato local, nuestro homenajeado se las rebuscó para tener su único partido en la máxima categoría. A su favor podría decirse que las formaciones del Verdolaga salían prácticamente de memoria domingo tras domingo, y para un pibe con cero rodaje era casi imposible pelearle un puesto a Cacho Saccardi, Arregui o el paragua Adolfino Cañete, en un mediocampo que marchaba como un relojito.

Sobre lo que vino después hay muy pocas certezas. Los que más saben nos juran de supuestos pasos con las camisetas de Laferrere (1986/87), Comunicaciones y Almirante Brown, ya sin los rulos al viento. Así que quedamos a la pesca de cualquier información que ande boyando por ahí y pueda ayudar a completar este descarado robo post.

Lemmi Iván

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Iván Maximiliano Lemmi

Si pensamos en un torneo 100 % baldosero la referencia a la Copa Centenario es ciertamente ineludible. Formato raro, jugadores no tan conocidos y un campeón casi inédito. Haber debutado en ese torneo es, sin dudas, un elemento muy fuerte a la hora de evaluar las condiciones para integrar un espacio en este sitio.

El mediocampista Iván Lemmi apareció en aquella competición organizada por la AFA en 1993, representando al Deportivo Español. Junto a él irrumpieron otros valores del club (algunos ya con partidos sobre el lomo) como Néstor Álvarez, Pablo Guede, Luis Abraham, Portillo, Gastón Rogel e Iván Oriolo.

El Gallego quedó eliminado de entrada a manos de Argentinos Juniors y luego, en la ronda de perdedores, le dio la oportunidad a Lemmi, que fue titular en la victoria ante Huracán por 2 a 1 con gol de Batista sobre la hora. Después, sin nuestro héroe, llegarían los triunfos frente Newell’s y Mandiyú, la ilusión y la derrota 3 a 2 ante River en cancha de Vélez. A otra cosa.

El debut posta le llegó bastante después, en la temporada 1995/96. Ese año jugó 2 encuentros y después de quedar libre nunca más se lo escuchó nombrar…hasta que internet hizo lo suyo. Googleando lo ubicamos en El Lauquen, un conjunto paquete que viste la camiseta del Nápoli de Maradona (!) en los torneos de la Asociación Deportiva Country Canning, institución donde practican tenis señoras con las tetas hechas y jovencitas con colitas. Lo más importante de este post, claro. ¿O se pensaban que nos interesaba esta historia porque había debutado en la Copa Centenario? Puro chamuyo.

Magnífico Claudio

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Claudio Fabián Magnífico Capria

La leyenda cuenta que a comienzos de los 80’s, allá por los pagos de General Belgrano, el joven Claudio Magnífico hacía de barrera humana para los tiros libres de los pequeños hermanos Capria, sus primos. Si el que pateaba era Ruben, se daba vuelta para ver cómo la pelota se colaba en un ángulo. Si el que ejecutaba era Diego, también se daba vuelta, con el objetivo de evitar que un cañonazo del Coco lo dejara sin descendencia. Y así fue como llegó medio apichonado a Primera División.

Marcador central, también se ilusionó con dejar su nombre marcado en la historia de Estudiantes de La Plata, pero apenas pudo disputar 1 partido en la temporada 1987/88. Ni el apellido lo ayudó.

Bajó hasta la Primera B y se puso la camiseta de Argentino de Quilmes (1989/90), donde agregó otros 5 encuentros intrascendentes. A esa altura, ya intuía que debía marchar al exterior para tratar de sobresalir. Y así fue.

Desembarcó en Guatemala y jugó para varios equipos. Lo curioso es que, una vez retirado y después de dirigir, empezó a escalar posiciones a nivel político y llegó a ser Secretario de Deportes de aquel país. En los últimos días, fue noticia en su rol de Director Nacional de Escuelas Abiertas, llevando a cabo distintas actividades en los colegios durante los fines de semana.

Y pensar que todo empezó en un potrero de General Belgrano jugando con sus primos. Tuvo suerte. O no, ¿quién sabe? A lo mejor hubiese sido un exitoso futbolista si de niño se hubiese hecho amigo de otros pibes del pueblo, como Leandro Testa y el baldosero Osvaldo Nartallo.

Constantino Silvio

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Silvio Alberto Constantino

Segundo marcador central, Silvio Constantino (en algunos medios figuraba como Costantino) logró lo que muchos quieren y no pueden: llegar, trascender. Al menos por un rato.

Asomó su cabeza en la Primera del Independiente campeón, allá por 1989, y disputó 8 partidos hasta agosto de 1990, cuando abruptamente cortó su trayectoria en Primera División. Su último encuentro para el Rojo fue como titular, en el empate 1 a 1 ante Racing, con goles de Martín Félix Ubaldi y Perico Pérez. ¿Y nada más? Un poco, pero no mucho.

Por inercia, siguió perteneciendo al mundo del fútbol pero ya sin herramientas para recuperar protagonismo. En su ciudad natal, Rosario, actuó para Argentino, con el que disputó la temporada 1991/92 de Primera B. También en su tierra se dedicó a la dirección técnica y actualmente tiene a su cargo la Novena División de Newell’s en la Liga Rosarina.

Gómez Pablo

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Pablo Antonio Gómez

Llamarse Pablo Gómez lo obligaba a tener que romperla para despertar mínimamente la atención de hinchas y periodistas. Y aún así, la simpleza de su nombre hubiera minimizado su labor. Porque, ya sabemos, para triunfar en el fútbol se necesita un apellido con fuerza, que pegue, o al menos que inspire algo en los relatores.

Nacido en la localidad bonaerense de Ranchos, el 20 de abril de 1968, apareció en el mediocampo de Gimnasia y Esgrima La Plata en 1989 y apenas si pudo disputar 14 encuentros con la camiseta del Lobo, donde dejó de jugar oficialmente al año siguiente. En su experiencia en Primera División, compartió momentos con Sergio Dopazo, Daniel Guadalupe Pighín, Guillermo Guendulain y Fernando Marro, entre otros.

Conocer qué hizo con su carrera después de su paso por el Tripero es tan difícil como agarrar la guía telefónica, marcar al alzar cualquier Pablo Gómez y en el primer intento dar con el protagonista de esta historia. Sabemos, con suerte, que anduvo por Defensores de Cambaceres (antes de que el hit de Elvis Crespo trepara al 3º puesto de El Aguante ) y que añadió 22 encuentros sin goles en la temporada 1996/97 de la Primera C. Pero no mucho más.

Hoy un Pablo Gómez representa al Chirola Romero. Y también otro Pablo Gómez atiende un locutorio acá a la vuelta. Esto tendría que ser como Elige tu propia aventura: Si decides pedir cabina, pasa a la página 22 (?).