Lamberti Hernán

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Hernán Agustín Lamberti

Podríamos haber sido buenos y dejarlo pasar por alto. Es que sus únicos minutos en Primera División los tuvo enfundado en la camiseta de Almagro, institución que durante la última década pasó por la máxima categoría en un abrir y cerrar de ojos. Hacer eso sería traicionar la esencia de este sitio, además, claro está, baldosero no se hace. Baldosero se nace…

Y cuando nació el 3 de mayo de 1984 seguramente Hernán Lambertí ni sospechó que 14 años más tarde comenzaría a transitar el arduo camino que lo depositaría en el plantel principal del conjunto de José Ingenieros, donde tuvo su estreno oficial en la temporada 2003/2004 de la B Nacional. Al termino del campeonato, el Tricolor se quedó con el segundo ascenso y así Lamberti, volante derecho por naturaleza, se convirtió en un hombre de Primera a la par de Pedro Méndez, el uruguayo Alejandro Meloño y el brasileño Homero Sartori.

Ya en la A, se codeó con Joaquín Irigoytía, César González, Joel Barbosa, Cristian Ríos, Emanuel Culio, Lautaro Tejerina, Fernando Pierucci, Juan Manuel Cobián, Osvaldo Noé Miranda y Audi Nieto, entre otros. Así estipulaba Almagro una rápida vuelta a la categoría que acababa de dejar atrás. El plan salió a la perfección y un año más tarde se concretó el descenso.

En el medio quedaron algunas apostillas. El bautismo entre los grandes se dio en la tercera fecha del Apertura 2004, ante Vélez en Liniers. Ese día, Lamberti reemplazó a Lucas Sparapani a los 37 minutos de la segunda etapa. Durante ese torneo volvería a tener acción en otros 5 partidos, actuando generalmente como moneda de cambio en los segundos tiempos.

En el Clausura 2005 tuvo mayor participación, fueron 16 encuentros, sin goles y con una expulsión por insultar a Carlos Maglio ante Instituto en un match que el equipo de Jose Ingenieros ganaba 2 a 0 y terminó perdiendo 3 a 2 gracias a una ráfaga de inspiración de Josemir Lujambio.

A mediados de año, la dupla de Juan Amador Sánchez y Enrique Hrabina, que lo había dirigido en Almagro, lo tentó para jugar en el fútbol paraguayo. Fue así que armó el bolso y se fue a la tierra del tereré para desempeñarse en Guaraní. Allí compartió equipo con Hilario Navarro, Valentín Filippini y Hernán Barcos.

Seis meses y un gol después (a Cerro Porteño), pegó la vuelta para sumarse a All Boys (2006) y afrontar la segunda etapa de la Primera B Metropolitana. En la plantilla de que dirigía Hilario Bravi tampoco pudo destacarse y seis meses después ya buscaba nuevos horizontes.

Otra vez rumbeó para el norte y en esta ocasión recaló en Juventud Antoniana de Salta. En el Argentino A anduvo bastante bien y nuevamente lo vinieron a buscar de afuera.

A comienzos de 2007 se marchó al Olmedo de Ecuador. Ese año, el conjunto de Riobamba logró por primera vez la clasificación a la Copa Sudamericana, tras ganar la primera etapa del torneo local. En el certamen internacional, los ecuatorianos avanzaron hasta la segunda ronda. Pese a los logros colectivos, los números individuales de Lamberti no fueron del todo buenos, redondeó 37 partidos, un solo gol, 7 tarjetas amarillas y 7 asistencias. Sabor a poco.

En 2008, retornó a Antoniana y a mediados de año sonó como posible refuerzo de Olimpo, Atlético Tucumán y Almagro. Puro humo.

Reapareció en 2009, defendiendo los colores del Flamengo de Brasil… ¿el gigante de Río de Janeiro? ni por asomo, ni siquiera es carioca, sino el Flamengo de Guarulhos, una versión paulista que disputa la segunda división del campeonato estadual.

Quizás sin pensar que alguna vez un medio argentino se interesaría otra vez en su carrera, ante la prensa brasileña se presentó como ex jugador de Lanús y la Liga Deportiva Universitaria de Quito. ¿Hay dudas? No señores, la baldoseridad al palo. ¿Quieren más pruebas? Pueden pedirnos más, eh. Mientras confórmense con el compilado de 20 minutos que sigue a continuación.

Romero Juan José

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Juan José Romero (El Cabezón)

Arquero nacido en Coronel Pringles que en 1995 llegó a las inferiores de Gimnasia y Esgrima La Plata y poco tiempo después tuvo la oportunidad de atajar en el primer equipo, aunque en un contexto bastante extraño.

En 1998 integraba la Cuarta División cuando le avisaron que, ante la ausencia del plantel superior que estaba de paseo por Estados Unidos, debía representar al club en una competencia internacional: la Copa Conmebol. No lo haría sólo, claro. Junto a él, otros chicos de las categorías 78, 79 y 80, más la experiencia de Leonardo Mansilla (?) y Marcelo Kobistyj, intentarían darle cuerpo a proyecto de apuro (llamado «Los Lobitos«) con inevitable futuro negro.

El pibe Romero aguantó el arco en cero en su visita a Bolivia, ante el Jorge Wilstermann, y apenas le hicieron un gol en la revancha, unos días después, en La Plata. En los penales, sin embargo, no tuvo más fortuna o pericia que el arquero rival y con mucha tristeza se despidió temporalmente de la Primera del Lobo.

Inmediatamente hallaría una oportunidad de reivindicarse cuando José Pekerman lo convocó para participar de Selección Sub 20 que disputaría el torneo internacional «L’ Alculdía», en España. Pero otra vez encontró desazón. «Eso fue algo muy triste para nosotros, porque después del partido ante Rusia la mayoría de los chicos se pusieron a llorar, y eso no te lo olvidas más«, dijo al Diario Hoy tras la eliminación.

La siguió peleando y un par de años más tarde comenzó a ir al banco de la Primera de Gimnasia. Tuvo su debut en torneos locales en la fecha 16 del Apertura 2001, cuando se lesionó Enzo Leonardo Noce y tuvo que reemplazarlo en el entretiempo de un partido ante Argentinos Juniors que finalizó 1 a 1. ¿El gol del Bicho? Lo hizo Mantilla en la primera mitad. Romerito salió ileso, a pesar de que un rato antes había jugado el partido de Reserva.

Sin chances de mostrarse, decidió bajar al Nacional B para ponerse el buzo de Defensa y Justicia (2002 a 2006), donde tuvo épocas de titularidad y otras en las que tuvo que mirar desde abajo al Toto Hernando.

Fue antes del inicio de la temporada 2006/07 cuando le surgió la propuesta de regresar a la ciudad de las diagonales. ¿Gimnasia?, ¿Estudiantes? No señor, el sospechoso La Plata FC. Acompañado por Brian Robert, Gustavo Dueña, Mauro Amato y F*l*p* D*s*g*st*z*b*l, navegó por el Torneo Argentino A.

Luego de un paso por Huracán de Tres Arroyos (2007/08) y una fantasmal experiencia en Atlético Policial de Catamarca (2008), apareció la gente de Rivadavia de Lincoln y le ofreció un combo muy tentador: integrar el plantel del Argentino A, ser entrenador de arqueros y poner una escuelita. Aunque, como en todo combo, la letra chica no hace referencia a las papas pequeñas y a la gaseosa insignificante. Romero hoy no come hamburguesas. Come banco.

Zabala César

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César Fabián Zabala

Delantero sunchalense nacido en 1970, que insinuó con Racing de Córdoba en la máxima categoría, allá por fines de los 80’s. Con aquel conjunto de Nueva Italia, que contaba con nombres como Jorge Cruz Cruz, Luis Amuchástegui, Marcelino Galoppo y Lucio Del Mul, el pibe santafesino marcó 2 goles en 19 partidos y descendió en aquel histórico partido ante Chaco For Ever, en la Bombonera, con goleada 5 a 0 del club de Resistencia.

El siguiente paso de su trayectoria lo dio en la B Metropolitana, donde defendió los colores de All Boys (1990/91) junto a Leonardo «satétile de goles» Ricatti, Leonel Liberman y el hermano de Silvia, Marcelo Hugo Süller, entre otros.

Cuando parecía que su historia en Primera División ya no no tenía más capítulos por entregar, lo rescató Independiente de Avellaneda, que por aquel entonces venía de bajón por el retiro de Bochini. En el Rojo sólo agregó 5 partidos (todos ingresando en la segunda etapa) en los que no pudo convertir y sólo cosechó 2 empates y 3 derrotas. Pobre.

Cualquier otro dato sobre su paradero será agradecido. Como se habrán dado cuenta, la información no sobra y tampoco es que nos quite el sueño saber qué fue de la vida de Zabala.

Minotto Juan Carlos

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Juan Carlos Minotto (el Gringo)

A lo largo de la historia de este blog descubrimos muchos casos de futbolistas resistidos que fueron víctimas de innumerable cantidad de repudios en distintos formatos: puteadas, cánticos, banderas y hasta blogs. Sin embargo, nunca imaginamos que podríamos llegar a cruzarnos con la historia de un jugador al que le dedicaron una manera más directa de demostrar rechazo: lo mandaron a matar. Heavy.

Minotto fue un puntero izquierdo que trazó una digna trayectoria en el fútbol mendocino. Jugó a mediados de los 80’s en Gutiérrez Sport Club, luego fue ídolo en Independiente Rivadavia y también vistió la camiseta de Godoy Cruz.

Se hizo medianamente conocido cuando apareció en la Primera de Vélez Sársfield bajo la tutela de Roberto Rogel. Debutó en 1990, ingresando por Sergio Zárate en un match ante el Pincha, y se despidió al año siguiente, en un empate 2 a 2 frente a Unión de Santa Fe. En total, disputó 13 partidos y marcó 1 gol (ante Mandiyú, en el Amalfitani).

Luego bajó al Nacional B para integrar el plantel de San Martín de Tucumán. Y la apuesta le salió bien, porque el Santo ascendió a la máxima categoría al finalizar la temporada 1991/92.

De nuevo en Mendoza, obtuvo el campeonato local en la Lepra junto a Alberto Naves, pero lejos de encontrar tranquilidad, unos años más tarde fue protagonista de un hecho que, con sólo leerlo, da miedo:

Tragedia con antecedentes

La primera víctima de un hecho de violencia en el fútbol mendocino fue en 1997, en un partido entre Andes Talleres y Gutiérrez. El partido terminó empatado y nada serio ocurrió durante su desarrollo, salvo que un grupo de hinchas de Talleres hostigó al equipo, especialmente al volante derecho José Rodríguez. Contra este jugador llegó todo el peso de la presión y continuó al terminar el partido.

Al retirarse los jugadores de la cancha, hubo un enfrentamiento de los hinchas con los jugadores y el tío del futbolista Cristian Cotella increpó a los violentos. Como consecuencia de ello llegaron dos barrabravas y uno sacó un revólver y lo asesinó.

Por la investigación policial posterior, se supo que el criminal cometió el delito por encargo. En la cantina de Talleres se encontró con un hincha de Independiente y éste le pidió que asesinara a Cotella. A cambio le prometió que él haría lo mismo con el jugador Juan Carlos Minotto, de Independiente Rivadavia. El asesino quedó preso y actualmente espera la condena.

Fuente

Sí, aunque cuestre creerlo y desconozcamos las verdaderas causas, Minotto estuvo alguna vez en los planes de un asesinato. Pero zafó. Y hace unos años lo encontramos dirigiendo a Gutiérrez. Esperamos seguir recibiendo noticias. Y buenas, en lo posible (?).

Escobar Eduardo

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Eduardo Alberto Escobar (Manduré)

Delantero de breve paso por la primera división, nacido en Resistencia el 24 de febrero de 1979. Surgido futbolísticamente en Chaco For Ever, debutó en la máxima categoría con la camiseta de Talleres de Córdoba, en la sexta fecha del Clausura 2000. Ese día reemplazó a Gabriel Roth y sobre el final marcó un gol en la victoria por 3 a 1 frente a Rosario Central. En la jornada siguiente, volvió a ingresar por Roth faltando dos minutos para el final del encuentro. Finalmente, se dio el gusto de salir como titular en la octava fecha, ante Estudiantes LP, en un partido que finalizó 1 a 1.

Opacado por la presencia de tipos como Rodrigo Astudillo, Darío Gigena, Claudio Pronetto, Nicolás Oliva, El Loco Marzo y Sebastián Flores Coronel, finalizado el campeonato no tuvo otra opción que salir a buscarse un lugar en la B Nacional.

Un año en Defensa y Justicia le bastó para tomar aire y emprender la vuelta a Córdoba. De nuevo en el Tallarín, tuvo que pelearle el puesto a Esteban Herrera, Cristian Rami y Matías Urbano. Con semejantes animales de área apenas pudo arañar 45 minutos ¡en la última fecha! ante Chacarita.

Para el Clausura 2002 se depuró un poco el plantel y de esta manera Escobar logró disputar 11 partidos (7 como titular), en los que marcó 4 goles, siendo dos de ellos frente a Belgrano, en el clásico de la provincia disputado en la décimo quinta jornada. Los otros 2 tantos los anotó contra Lanús en la segunda fecha, y ante San Lorenzo en la décimo sexta.

En el Apertura 2002 se sumaron Diego Bustos, el Yerbatero González, el Polo Quinteros y el Gordo Germán Real para acaparar el frente de ataque cordobés. Así, Manduré quedó nuevamente relegado. Jugó cuatro partidos, ingresando casi siempre como suplente.

Se despidió con 17 minutos de acción en la fecha 7 del Clausura 2003, ante el Chacarita del Pato Pastoriza en San Martín, dirigido por Fabián Madorrán, dos que ya no están. Ah, en el arco del Funebrero estaba el ¿ex? arquero de Tacuarembó.

Sin nada más que hacer en el fútbol grande, volvió a bajar una categoría para sumarse a Sarmiento de Junín (2004/2005). No conforme con eso, a mediados de 2005 se sumergió en las profundidades y recaló en El Linqueño para conocer el Argentino B.

En 2006, se animó a expandirse territorialmente y se fue a El Salvador para defender los colores de Alianza en el primer semestre, y a Bolivia, para jugar en Blooming la segunda mitad del año.

En 2007 se tomó el avión para incorporarse al Malacca FA malayo. A comienzos de 2008 estuvo a prueba en el Górnik Zabrze polaco. Al parecer no convenció a nadie y cansado de sumar millas, decidió pegar la vuelta y vestir otra vez los colores de Chaco For Ever, donde es el goleador del equipo.

Villagarcía Jorge

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Jorge Daniel Villagarcía

Bizarri, Viqueira, Villagarcía, Castro y Zanetti; Sequeira, Michelini, Sánchez y Ramírez; Oliveri (ST, Ruiz) y Dengue Mandra. Ese listado de apellidos podría ser el orden de aparición de los monstruos del tren fantasma. Pero no, es mucho peor que eso. Es la formación de Racing en la última fecha del Clausura ’96.

En aquella olvidable jornada La Academia de Miguelito Brindisi alistó a varios suplentes y juveniles que tenían poco rodaje. Para ser más precisos, Villagarcía no tenía nada de rodaje. Ese día debutó en la defensa de la Primera División y se fue con la cabeza gacha tras perder con Colón por 2 a 1 en el Cilindro de Avellaneda.

Marcador central, alto y con una lentitud destacable (?), luego fue tenido en cuenta por el Coco Basile, que lo metió en la lista de buena fe la Copa Libertadores de 1997. Ni en pedo que la jugó, eso está claro, pero tampoco hubiese sido tan descabellado en una época donde uno de los laterales era ocupado por un señor de bigotes que ya tenía pinta de técnico, no de jugador.

Sin oportunidades, lo metieron en una subasta gigante que nadie aprovechó y luego se marchó a Los Andes (1998/1999), donde compartió duchas con Cacho Córdoba, Gabriel L*b*s, Pablo Cameroni, Héctor Bracamonte, Gabriel Flores, Martín Román, Gabriel Caiafa, Gustavo Ortíz y Alexis García , entre otros. Tremendo rejunte.

Volvió a Racing y en el 2000, cuando se sabía que nunca más jugaría en La Acadé, el club presentó un edicto con una lista de 14 futbolistas que salían a remate a cambio de chirolas (sólo hubo una oferta de 4 mil pesos por Centeno). Por supuesto que su nombre aparecía. Y también el de Pilón, Harguindeguy, Centeno y otras glorias que pasaron y pasarán por este sitio.

¿Qué hizo después? Vistió las camisetas de Talleres de Remedios de Escalada (2000 a 2002), Sarmiento de Junín (2002/03), Platense (2003/04), Colegiales (2004 a 2007) y hasta tuvo un mal pase a El Porvenir. No podemos decir que fue un desastre, porque en el ascenso tuvo actuaciones aceptables. Pero su andar por la máxima categoría, su rápido declive y su abrupta desaparición, nos confirma que merece estar en la web essssta.

Coccimano Rubén

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Rubén Oscar Coccimano (Rulo)

Las rimas fáciles de ninguna manera son propiedad de la autora del libro “Pequeña Belén (no) ilustrada”. Vienen de mucho antes. Y concretamente en el fútbol, se da un terreno propicio para tomar el tema como un arma de ataque. Y por qué no, como puntapié inicial para enterarnos un poco acerca del transitar de Rubén Oscar Coccimano.

Sería muy fácil arrancar con que no la podía agarrar ni con la mano, pero aquí está la cuestión: condiciones tenía. No es que lo apodaran mariscal ni mucho menos, pero este defensor central nacido el 5 de febrero de 1962 en el Hospital de Quilmes, se las rebuscó para progresar ininterrumpidamente en las inferiores de River. Y para formar parte en 1981, nada menos que de un seleccionado juvenil que disputó un sudamericano en Ecuador y logró la clasificación al Mundial de Australia.

En ese 1981, de golpe y porrazo se vio con la oportunidad de debutar en la primera del millonario. Y encima, a comienzos de 1982, se ganó un lugar en el equipo dirigido por Don Alfredo Di Stéfano. Es que la partida en masa de varios titulares a la puesta a punto de la selección argentina para el Mundial de España, empujó a varios juveniles al centro de la escena. Así fue como le llegó la fama junto a esa camada de promesas formada por Messina, Alegre y Savarese, entre otros.

Pero su paso en River (1981-83) no duró ni fue como lo hubiera deseado. Es más, hubo algunas experiencias bastante traumáticas. Como la noche que visitó al Flamengo en el Maracaná por la Libertadores: “…en el Flamengo jugaba un wing derecho que se llamaba Tita, que me volvió loco. Yo jugué de 3 y nos dieron un baile tremendo. Nos golearon, los tres goles los hizo Zico y la verdad que nos hicieron precio. Ese Tita, era ligerísimo y a mí me dio un paseo terrible. Passarella me pedía que le pegara patadas, pero yo no lo alcanzaba ni para eso…”.

Tras escasos 18 partidos se vio obligado a cambiar de aire si lo que quería era jugar. Y para cambiar de aire, nada mejor que las sierras cordobesas. Allí recaló en Estudiantes de Río IV (1983). Llegó como refuerzo para el campeonato Nacional y, según afirman, su labor estuvo a la altura de lo que se esperaba de él. Jugó sólo 6 partidos pero parece que fueron suficientes para dejar una buena imagen.

La vida lo trajo nuevamente para la Capital Federal. A Atlanta (1984) para ser rmás precisos. En Villa Crespo compartió entrenamientos con un ex River, Daniel Constantino, y un futuro jugador de Boca, Alfredo Graciani. Jugó 26 partidos, se dio el lujo de hacer un gol y fue testigo de cuerpo presente en el último partido, hasta la fecha, del Bohemio en Primera A. Fue descenso, derrota 0-1 con Racing de Córdoba y dura lesión que lo sacó de la cancha al comienzo del segundo tiempo.

Sin muchas ofertas que digamos, agarró lo que le pasó cerca. Y se fue a Ecuador. Allí se puso la camiseta de Deportivo Cuenca hasta que, sin que nadie lo extrañara mucho, pegó la vuelta. Siguió su carrera en el ascenso defendiendo a Nueva Chicago (1987). Allí trabó relación con Prono, Escalada y Grecco hasta que fue por la revancha y volvió a Ecuador. Jugó para el Emelec un tiempo hasta que el destino hizo de las suyas y lo trajo al club de sus amores, Argentino de Quilmes: “…estaba en el Emelec y hubo un problema con unas apuestas, entonces se terminó suspendiendo el campeonato. Para no quedar seis meses parado, les propuse a los dirigentes venirme a la Argentina para ver si podía conseguir algún equipo y ellos accedieron. Resulta que un día estoy entrenando solo en el río de Quilmes y me cruzo con el plantel de Argentino de Quilmes. Yo ya tenía algo hablado con Deportivo Español, que estaba en Primera División pero me convencieron. Uno al hincha siempre lo lleva adentro. Al final jugué seis meses porque no podía quedarme más…’’.

Tras la aventura de sentirse jugador e hincha en el Mate, armó una vez más los bolsos y regresó a Ecuador para estampar su firma en la Liga Deportiva Universitaria. Hasta que ya sin mucho hilo en el carretel, volvió al país para definitivamente colgar los botines en Defensa y Justicia.

Sin embargo, siguió pegado al mundo del fútbol durante un tiempo. Fue técnico en el Halcón de Varela y en la Liga Deportiva Universitaria. También fue ayudante de campo de Zerrillo en Los Andes. Y en el año 2000 fue a Venezuela a dirigir a Nacional Táchira.

De vuelta al pago, esta vez para siempre, lo último que supimos acerca del oriundo de Quilmes, es que estaba dedicado al rubro automotor como ejecutivo de ventas de una empresa BMW. Y que a pocos metros de la estación de trenes de Bernal, puede vérselo en vivo y en directo atendiendo su bar “La Roca”.

Cuántas veces le deben haber dicho al Rulo “…agarrámela con la mano” no lo sabemos. Lo que sí podemos asegurar es que para una rima tan básica no hace falta inspirarse leyendo a Belén Francese. Con mirarla es suficiente.

Irace Matías

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Matías Emiliano Irace

«¿Cómo pasar de jugar Copa Libertadores a la cuarta división española en 5 años y no morir en el intento?» así debería llamarse la cátedra que podría dictar en sus ratos libres Matías Irace, un mediocampista de la categoria ’83 surgido de la inagotable cantera de Rosario Central.

Después de romperse el lomo en las inferiores canallas y de consagrarse campeón del Torneo Gobernador Luciano Molinas en 2003 jugando con Emiliano Impallari, Damián Ledesma y Matías Escobar (sí, el pibe que se muere por jugar en Newell’s, pero que va por su segunda etapa en Central luego de su paso por Gimnasia LP y el fútbol turco), Irace debutó oficialmente el 29 de febrero de 2004, cuando por la tercera fecha del Clausura Central visitó a Chacarita en San Martín. Esa tarde, reemplazó a otro baldosero, como Renzo Ruggiero. A la semana siguiente, contra Racing anduvo bien y largó un poco de humo ante la prensa: «Vengo a la popular desde los 10 años y ahora me tocó estar adentro. Lo que sentí es raro, algo loco. Todavía no caigo«. En aquel torneo, bajo la dirección técnica de Miguel Ángel Russo, redondeó 12 presencias, ingresando en 8 ocasiones como titular.

Esa misma temporada, una lesión de Vitamina Sánchez le dio la posibilidad de jugar el partido revancha por las octavos de final de la Copa Libertadores ante el São Paulo brasileño. En la ida, el conjunto rosarino había ganado por 1 a 0 con gol de Gonzalo Belloso. En el Morumbí, el equipo local ganó por 2 a 1 con tantos de Grafite -2-, mientras que Germán Herrera descontó para el Canalla. En la definición por penales, los paulistas ganaron 5 a 4 gracias a la actuación de Rogério Ceni que tapó los remates de Julio César Gaona… y del propio Irace.

En el Apertura 2004, bajo el comando del uruguayo Víctor Púa (2 partidos) arrancó como titular. Luego con Don Ángel Tulio Zof pasó al banco de suplentes aunque ingresó en otras 5 ocasiones, mientras que con Ariel Cuffaro Russo jugó en la última fecha ante Estudiantes de La Plata.

Para la despedida en el Clausura 2005 quedaron 2 encuentros, en la tercera fecha ante Quilmes cuando salió a los 56 minutos para la entrada del Puflo Alemanno, y en la décimo cuarta cuando ingresó los últimos 20 por Emiliano Papa, con el fin de aguantar el cero ante Colón de Santa Fe. En total, Irace dejó en Primera División la marca de 22 partidos, sin goles.

Sin ganas de rasparse los tobillos en la B Nacional, cuando quedó desvinculado del Canalla a mediados de 2005 armó las valijas y se fue a España para defender los colores del Unió Esportiva Sant Andreu. En el conjunto catalán militó hasta 2007 y fue partícipe del plantel que descendió a la Tercera División (cuarta categoría) en la temporada 2006/2007 y que recuperó la plaza en Segunda B en la 2007/2008.

El 2008 lo encontró jugando algunos meses en el Sporting Genzano, de la Serie D italia. Pero no tardó mucho en pegar la vuelta y sumarse al Mataró español. En este último equipo apenas logró disputar 12 partidos en la temporada 2008/2009 antes de desvincularse por problemas económicos. Con el pase en su poder, en enero de este año apareció en la plantilla del Andorra CF, siempre en el under ibérico.