García José

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José Enrique García Duarte (el Pepe)

Talentoso pero intermitente volante uruguyo de breve paso por nuestro país e inconsistente carrera internacional debido, entre otras cosas, al carácter irascible que lo alejó de las canchas más de una vez.
Asomó en la primera de Nacional de Montevideo a fines de lo 80’s. En poco tiempo se transformó en un valor medianamente exportable y para saber si realmente estaba a la altura de una liga importante (en el ’92 jugó 3 partidos para su Selección) se sumó a ese rejuntado de sudamericanos llamado Mandiyú de Corrientes para la temporada 1993/94.

En su primer torneo sorprendió de entrada. En su debut le marcó un gol a Estudiantes de La Plata y se ganó la titularidad al lado de Arsenio Benítez, Roberto Lugo, Darío Decoud, Guido Alvarenga y el Flaco Lamadrid, entre otros. En ese Apertura ’93 también le hizo 2 tantos a River, en un entretenido match que el equipo de Passarella ganó por 5 a 3 en el Monumental.
En el Clausura ’94 también actuó como delantero, acompañando al Loco Duré o a Juan Céspedes en la ofensiva. En total, disputó 27 encuentros en el conjunto algodonero y convirtió en 4 oportunidades.

Tras un año en Atlante de México, un equipo argentino volvió a confiar en él. Y no fue otro que el Deportivo Español, institución que en la temporada 1995/96 lo incorporó para que se relacione con Nelson Agoglia, Mauro Potenzoni y Sandro Ojeda. La experiencia fue mala, porque García apenas dijo presente en 12 cotejos y su equipo sólo obtuvo 2 triunfos.

Luego deambuló por el Necaxa, Atlante, Irapuato, América y San Luis de Potosí, donde se retiró en 2003. En la actualidad, con la ciudadanía mexicana, tiene una escuelita de fútbol que lleva su nombre y, demostrando que está con lo último de lo último, tiene un blog para difundir sus actividades.

De Lafuente Ariel

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Ariel Andrés De Lafuente (Huevo)
¿Arquero? ¿Delantero? Ya ni sabemos. Lo único que tenemos en claro es que es baldosero. Perdón, fuimos generosos: B-A-L-D-O-S-E-R-Í-S-I-M-O. Arrancó bajo los tres palos del arco de Vélez Sársfield (1998 a 2001), en épocas donde la figura de José Luis Chilavert hacía dura la competencia por un lugar en el banco de relevos. Así y todo, pudo disputar como titular los dos encuentros finales del Clausura ’98, en el que los fortineros se consagraron campeones de la mano de Marcelo Bielsa. Además, ya contaba con otro título, pues en su debut no oficial, en Mendoza, había ganado el torneo de verano.

Con la partida de Pablo Cavallero a Unión, se aseguró la suplencia y aprovechando las suspensiones o convocatorias de Chila siguió sumando minutos a su currículum. En total, actuó en 21 partidos por torneos locales, siempre condicionado por la presencia de los mencionados porteros y otros como Bernardo Leyenda y Nelson Tapia.

Convencido de que sólo necesitaba algo de continuidad, se fue a Chacarita (2002/03) con la ilusión de recuperar terreno perdido pero allí se topó con la vigencia del Mono CFNM, que no faltó a ninguno de los 38 partidos de la temporada. Desconocemos si el colombiano habrá tenido que ver, pero a partir de ese momento la trayectoria de De Lafuente se fue a pique y terminó estrolándose en las categorías más bajas.

Primero hizo escala con Huracán (2003/04) en el Nacional B y luego de un par de años de incertidumbre en los que incluso dio pie a que nos preguntáramos si ya merecía lugar en este sitio, reapareció en Córdoba y se sumó al plantel de Instituto (2006/07) para tratar de subir a la A. Su paso por la docta no fue alegre ni mucho menos. No sólo frustró sus chances de ascenso sino que además se enojó y mandó al frente al Presidente de La Gloria cuando perdió el puesto a manos de Jorge Carranza antes del clásico ante Talleres.

Cuando parecía que ya nada cambiaría la historia de este arquero que había prometido mucho y estaba perdiendo prestigio, un nuevo capítulo le dio crédito a su innegable bizarrez, factor que lo separa instantáneamente del perfil de futbolista mediocre. Retirado de la actividad profesional con apenas 29 años, empezó a despuntar el vicio de ser delantero (en inferiores velezanas dicen que hizo un par de goles) en la Liga amateur de Maschwitz y Benavídez, donde involuntariamente encontraría la oportunidad de retornar a un equipo de AFA y en un rol poco conocido.

En esas canchitas conoció a Maxi Zavala, un ex jugador de Lamadrid que lo acercó al club de Devoto y le facilitó las cosas. «Los dirigentes lo llamaron a él para que volviera, pero como está complicado con su trabajo me recomendó a mí. ‘¡Si es arquero!’, le dijeron a mi amigo los directivos. Pero él no dudó en presentármelos, y acá estoy, a la espera del comienzo de los entrenamientos«, comentó al diario Olé ni bien se difundió la novedad.

Lo que parecía una locura ya era una realidad. Mientras se entrenaba con el Carcelero, vendía un poco de humo para anticipar su labor: «En 19 fechas del torneo de Primera C, creo que puedo hacer 10 goles. Mi contrato no tiene un premio especial por goles convertidos y si lo hubiera, lo compartiría con el plantel. Sé marcar bien el pase, encontrar los espacios, y ante el arco no dudo. Le pego con cualquiera de las dos piernas. Además, como arquero, se cómo se mueven los colegas y es una ventaja«.

En el Clausura de este año hizo su estreno en la Primera C. Ese día no convirtió y la revista Ascenso 2008 describió su trabajo: «aportó muchas ganas, poca claridad, un juego poco común para un atacante (presionó hasta último momento la salidad de cualquier rival tirándose a los pies) y hasta le anularon un gol de cabeza por offside previo de Bojanich«. Tampoco mojó en la fecha siguiente, ni en las que vinieron después. Resumiendo, jugó 4 partidos, no hizo goles y encima lo expulsaron en una oportunidad. Hoy está en los planes de Villa Dálmine, que lo pretende como arquero, por supuesto.

Pizzuti Juan Pablo

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Juan Pablo Pizzuti
Hijo de Juan José Pizzuti, el creador del mítico Equipo de José, no pudo evitar el designio familiar y terminó poniéndose la camiseta del Racing Club aunque, vale aclarar ante la presencia de cualquier desprevenido, no hizo ni un 0.5 % de lo que hizo su padre.

Nacido el 13 de octubre 1972, empezó como volante izquierdo en las inferiores de Lanús hasta que se fue poniendo grandecito y en 1992 cayó en la tentación de probar sus condiciones en La Academia. Con 20 años, empezó a alternar en la Cuarta de Racing y hasta se dio el lujo de dar una entrevista a una revista partidaria: «Indefectiblemente la gente va a caer en las comparaciones pero yo trato de estar alejado de ellas porque sé lo que fue mi padre como jugador y el respeto que se ganó como técnico. Tengo mi propia personalidad y trataré de imponer mi estilo de juego dentro de las posibilidades«.

Un año más tarde se convirtió en habitué de la Reserva. No tardaría demasiado en subir al plantel profesional y en 1994, favorecido por la conducción de Rodolfo Della Picca (un interinato que duró 7 encuentros), llegó a ir al banco de suplentes en un match de Primera División.

Maidana Marcelo

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Marcelo Omar Maidana
«Persevera y triunfarás«, podría ser el lema principal de la carrera de Marcelo Maidana, zaguero central rosarino que se formó en el club Oriental y que a los 13 años se sumó a las divisiones inferiores de Rosario Central con un vagón de ilusiones a cuestas.
Las cosas no fueron fáciles, le tocó ver cómo sus compañeros subían escalones, otros que se iban en busca de continuidad y él seguía ahí, estancado, sin poder dar un paso hacia adelante, y sin posibilidades de buscar suerte en otras latitudes. El debut oficial le llegó tarde, ya de grande, a los 23 años y si no fue el soñado, pegó en el palo. Se dio el 19 de octubre de 2002, en Arroyito, en el empate 2 a 2 frente a Talleres de Córdoba, y dirigido por César Luis Menotti. Ese día acompañó al Cata Díaz en la zaga central, y compartió cancha con el paradigma del jugador/hincha, el Rifle Castellano, Luciano De Bruno y Martín Mandra.
Cuando terminó la temporada y le dijeron que no iba a seguir, no se hizo problema. Con su objetivo cumplido, agarró el bolsito y se despidió uno por uno de los jugadores que lo acompañaron en ese sueño, así fueron pasando el Rifle, Emiliano Buttanzzoni, Pirulo Rivarola, el Colarado Fassi, Sebastián Gasparini, Gustavo Arriola, Mariano González, Agustín Lastagaray, Fernando Pierucci, Luciano Figueroa, César Delgado y, un pibe que asomaba, el optimista del gol, Germán Herrera.
Ya lejos de Rosario, recaló en Comodoro Ridavadia para defender los colores de la Comisión de Actividades Infantiles (2003/2004). Una temporada más tarde rumbeó para el norte, y con la camiseta de Gimnasia de Jujuy (2004/2005) logró el ascenso a Primera.
Claro que, cansado de peregrinar por el ascenso nacional sin demasiado protagonismo, ante la primera oferta del exterior no lo dudó y armó las valijas.
El Mineros de Guayana venezolano le otorgó la chance de disputar la fase previa de la Copa Sudamericana y así poder reencontrarse con otro ex Canalla, como Mauro Marchano. Pese a actuar con cierta regularidad, cuando finalizó la temporada no le renovaron el contrato y tuvo que retornar a la Argentina.
A la vuelta, Atlético Tucumán (2006/2007) lo cobijó y lo volvió a poner en la vidriera del fútbol internacional.
Y así es que desde mediados de 2007, Marcelo Maidana hace las delicias del pueblo bolivariano, defendiendo los intereses del Deportivo Italia destacándose por su sacrificio y llegada al gol, a favor, y en contra.

Minero Agustín

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Agustín Marcos Minero
Podriamos simplificar su carrera diciendo que no llegó a más en el fútbol porque le gustan mucho las minas. Pero no, sería un error. En primer lugar, está comprobado que ese fanatismo no atenta directamente contra las posibilidades de consagración. En segundo término, esa asociación apellido-síntesis es terreno exclusivo de nuestro postero crack y estaríamos invadiendo.

Las causas de la no consolidación del delantero Agustín Minero en la Argentina deben buscarse en ese espíritu aventurero que lo ha llevado a explorar distintas ligas del Mundo sin preocuparse por el nivel deportivo. Arrancó de chico en las inferiores de Instituto de Córdoba, donde se mostró como un valor interesante, a tal punto que (según su ficha en My Best Play) tuvo convocatorias a la Selección sub 20. Casi paralelamente, conocería la fama el día que le tocó debutar en Primera, nada más y nada menos que enfrentando a Boca en la Bombonera. En esa jornada entró por Silvio Rissio a los 37 minutos del complemento y a penas fue un espectador privilegiado cuando 2 minutos más tarde Martín Palermo puso el 2 a 0 definitivo.

Nunca más volvió a asomar el cogote en ese plantel que tenía a otros delanteros como Pablo Corti, El Pucho Castro, Mauro Amato y Miliki Jiménez.
Ya en el Nacional B, tuvo otros 6 encuentros en los que incluso marcó 2 goles que poco le sirvieron para pasar a otro club de similar envergadura. Lo cobijó la liga local durante la temporada 2002/03, ya que defendió los colores de Universitario de Córdoba y después abrió el paño internacional con sus pasos por el Vigor Senigallia (2003/04), Pergolese (2004/05), Lucrezia (2005/06) y Fermignanese (2006/07), todos de Italia.

Cansado quizás de que todos le hablen como Gino Renni, rumbeó para España con intenciones de actuar en la Liga de las Estrellas pero un gaita precavido lo paró en seco y le dijo «no aceptamos más paquetes argentinos, ya hicimos bastantes excepciones con Colusso, el Drogba blanco y ese muchacho atolondrado que jugaba en la Real Sociedad«.
Así fue como en lugar de caer en el Barcelona o en el Racing de Santander, nuestro homenajeado terminó jugando 4 partidos en el Deportivo La Unión y el resto de la temporada 2007/08 en el Thader de Rojales, ambos del ascenso ibérico. Y encima el gallego lo engañó, porque en España siguen aceptando mentiras.

Carboni Roberto

Roberto Eduardo Carboni (el Chino)
«Un jóven jugador de fútbol más que interesante«, «Una real promesa del fútbol argentino«, «un compañero de Sergio Agüero, a quien se asemeja por el estilo y la calidad«. Así es como lo pinta algún empresario inescrupuloso al homenajeado de este post, Roberto Carboni.
Este volante ofensivo debutó en la primera de Independiente en el año 2004, de la mano del Pato José Omar Pastoriza, en plena turbulencia posterior a la salida de Daniel Grinbank y todos sus jugadores.
En el plantel de esa temporada compartió los asados de la concentración con verdaderos baluartes como Tomás Charles, Leonel Bottaro, Juan Carlos Tissera, Emiliano Dudar, Yaír Rodríguez, Fernando Lorefice, Loshi Losada, Martín Morello, Emanuel Rivas, Pablo Torres y Maxi Ayala.
En ese mismo año Independiente jugó la Copa Libertadores, con una deslucida actuación del conjunto, sin poder acceder a la segunda ronda, recibiendo quejas de antiguas glorias del club.
Nuestro héroe, pese a no poder jugar a nivel internacional, se pudo conformar con disputar 6 partidos por el torneo local (5 ingresando como suplente) y marcar un gol frente al descendido Nueva Chicago.
Luego del fallecimiento del Pato, con Daniel Bertoni apenas entró en dos encuentros y pese a los adjetivos grandilocuentes enumerados al principio del post, Julio Falcioni llegó al Rojo y lo dejó ir a préstamo a All Boys, donde deambuló sin pena ni gloria. Al volver al club, fue ofrecido a Atlanta junto con Rubén Salina y Mauro Fanari, aunque no se realizó la operación y quedó libre.
Asesorado por su amigo Maxi Ayala, realizó un video de dudosa calidad, intentado encandilar algún dirigente con pocas luces, o de alguna liga de poca exigencia.
Ocurrió finalmente lo segundo, firmando finalmente con el Estudiantes de Mérida, «el equipo del pueblo» de la liga venezolana, que se encontraba en la segunda categoría.
Al año siguiente, con ganas de cambiar de aire pero no de división, firmó con el siempre aspirante
Deportivo Anzoátegui, con el que finalmente lograría saborear un logro positivo y ascender…aunque este último hecho y la necesidad de reforzar el equipo hizo que en la siguiente temporada vea la gran mayoría de los partidos sentadito en el banco de suplentes.
Hoy por hoy, con apenas 23 años, y la gran mayoría de su carrera realizada en el ascenso argentino y venezolano, queda en el aire la duda de dónde quedó aquel jugador «de presencia notoria y rendimiento constante«, a quien para ser un jugador cuyo «largo período que jugó en Primera División le permitió crecer y adquirir mayor experiencia«, todavía le falta bastante.

White Russian

López Rojas Francisco

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Francisco Solano López Rojas (El Francis)
Semejante nombre ameritaba una historia bien baldosera. Y él, como es de cumplir los objetivos trazados, no tardó en desandar los caminos del futbolista errante. Nacido en la localidad paraguaya de Santísima Trinidad pero criado en el barrio porteño de La Boca, se formó en Barracas Juniors, pasó por Bristol de Parque Patricios y de ahí saltó inferiores de Huracán, club que le otorgaría la posibilidad de debutar en Primera, en medio de la malaria que desembocaría en el descenso de la temporada 2002/03. En ese período mostró algunas chispas de su talento e incluso intentaron venderlo como el delantero salvador que finalmente no fue. Disputó 10 partidos con los quemeros y después de algún que otro golpe le dijo hasta pronto a la Primera División, mientras se iba en el mismo bondi que Alejandro Alonso, Jeremías Buz, Pablo Monsalvo, Ramón Ortíz (x 2), Santiago Hirsig, Claudio Guerra y Luciano Bracco, entre otros.
Después de un año en la nebulosa (algunos aseguran que estuvo en Dock Sud), su vuelta a los primeros planos, aunque suene generoso dicho en esos términos, se produjo con Huracán de Tres Arroyos en la mítica expeciencia de la temporada 2004/05, que incluía nombres como Silvio Dulcich, Nestor Lo Tártaro, Nilton Pardal, Silvio Prieto, Guillermo Imhoff, Jeremías Caggiano y el Pitufo Quintana. El habilidoso atacante sólo jugó 14 partidos (en un momento el DT Morant lo separó por indisciplina), no convirtió, y encima perdió la categoría por segunda vez.
Ya con el Globito bonaerense en el Nacional B, permaneció un año junto a Daniel Islas, los hermanos Natalicchio, el Gori Galván y Juan Batalla, pero avivado de que quedarse mucho tiempo más iba a significar su tercer descenso, prefirió enterrarse solito y se tomó el Don Otto hasta Trelew. Bajó semidormido del coche-cama, le dijeron que lo iban a llevar al Museo Paleontológico pero lo engañaron y lo dejaron en la sede del Racing local. Un poco asombrado y otro tanto resignado, habrá pensado «ya fue, es lo mismo» y se puso los cortos para jugar el Argentino B. En la 2006/07 se destacó por tener de hijo a Cruz del Sur de Bariloche (le hizo 3 goles en 2 partidos) y cuando nadie imaginaba una transferencia al exterior, se marchó a su natal Paraguay. Desde mediados de 2007 viste los colores de 3 de Febrero y en la actualidad comparte el plantel con Julio César Gaona, el ex arquero de Rosario Central que alguna vez motivó la creación de una bandera muy ingeniosa por parte de la hinchada de Newell’s, que mostraba una chapita de Pepsi con la inscripción «Gaona de penal: $ 50.000».

Rodríguez Carlos

Carlos Leonardo Rodríguez (Gato)
Defensor uruguayo que llegó a la Argentina con escasos antecedentes del otro lado del Río de La Plata y que terminó cumpliendo una labor por demás modesta en la Primera de Unión de Santa Fe.
Surgido en Bella Vista (1992 a 1994), pasó también por Rampla Juniors (1995/96) antes de firmar con el Tatengue y convertirse en jugador del Presidente Malvicino. Quizás por ese padrinazgo pudo disputar 28 partidos desde comienzos del Apertura ’96 hasta finales del Apertura ’97. En ese período logró convertir su único tanto en nuestro país: al Pato Abbondanzieri, en la victoria 3 a 1 sobre Rosario Central en el Gigante de Arroyito. Pero ojo, también ese mismo año, ante Boca, se mandó una macana en colaboración con Yorno que le dio la posibilidad de salir en una foto del diario Clarín.
Sabiendo que lo suyo en Argentina no daba para mucho, aceptó volver de prestado al paisito para vestir la casaca violeta de Defensor Sporting en 1998. Cuando se le terminó el préstamo, regresó a Unión y jugó 2 partidos del Clausura ’99 (sendas derrotas 4 a 1 con Estudiantes y San Lorenzo), prolongando innecesariamente su paso por estas tierras. Sin lugar, siguió perteneciendo al plantel hasta mediados de 2001, cuando comenzó a sentir olor feo y decidió destapar la olla en el aire de radio La Red: «Unión es un club donde las cosas no se manejan bien. Y esto no lo digo yo, sino muchos jugadores que se fueron descontentos por el trato recibido. Se olvidaron de mí y me dejaron a un costado, los dirigentes no me pagaron nada de lo que me debían y estoy seguro de que el Presidente no sabía nada de lo que pasaba conmigo, porque hay tres o cuatro personas que manejan el club y no le cuentan nada. Lo que pasa es que algunos dirigentes querían sacar una tajada conmigo, para quedarse con algo de una transferencia«.
Ya para entonces, tenía en el lomo un retorno a Bella Vista (2000 y 2001), institución donde aparentemente se retiró sin hacer demasiado ruido porque a decir verdad, teniendo en cuenta sus condiciones, ya había hecho demasiado.