Sartori Nicolás

Nicolás Sartori
Rústico mediocampista devenido en defensor surgido de la cantera de Ferro Carril Oeste. En Caballito debutó en 1997 y permaneció hasta el descenso a la B Nacional en 2000. Del Oeste se llevó la amistad de grandes como Norberto Morello, el cuco Rodrigo Lagos, Ariel «gol en contra» Groothuis, Juan Pablo Cracco, Andrés Grande, Fabio Landaburu, Gaston Vales, Roberto Galant, Sergio Comba, entre infinidades de jugadores que habitan este sitio, y como si esto fuera poco, se quedó con dos dientes del Toto Berizzo.
Con la perdida de la categoría, quedó libre por falta de pago como Ariel Rocha y se incorporó a Gimnasia de Jujuy (2000/2001). En el Norte disputó un puñado de partidos sin grandes rendimientos al lado de Gustavo Lema, el eterno Cosme Zaccanti, Arnaldo Quiroga y el Pirata Czornomaz.
También consiguió continuidad y algunos dólares en el León (2001/2002) mexicano. Allí jugó 33 partidos y convirtió 2 goles.
En 2003 llegó a Bolivia para sumarse al The Strongest, equipo con el que actuó en la Copa Libertadores. Luego de una dura derrota ante las Águilas del América tiró: ««Somos los menos culpables, los directivos no toman conciencia de la necesidad de trabajar con las fuerzas básicas y siempre que salimos del país nos meten cuatro o seis goles por culpa de ellos»«. Jugando más y hablando menos, se redimió a fin de año cuando se consagró campeón del Torneo Apertura. Además con el conjunto atigrado llegó hasta los cuartos de final de la Copa Sudamericana dejando en el camino al campeón de la edición anterior, San Lorenzo.
En el primer semestre de 2005 arribó a Chacarita para jugar en la B Nacional. Dirigido por Clausen (que ya lo había tenido en Bolivia) siguió conociendo personajes ilustres como Alejandro Meloño, Ezequiel Garré, Walter «Lilita» Carrió, Esteban Herrera, Juan Forchetti y Fabián Santa Cruz (más recordado como el que le metió un dedo a Riquelme).
Con la salida del DT decidió volver a emigrar. Llegó a Huracán (2005/2006), y comandado por el gran Turco Mohamed jugó la Promoción por el ascenso, pero cayó ante Argentinos Juniors. Claro que antes la pasó mal, los hinchas del Globo, no conformes con la solicitada publicada hace casi 10 años (López-Cavallero. No lo pongan más a Ávalos (ni en el banco)) durante varios partidos hostigaron a Mohamed al grito de «sacá a Sartori, la puta que te parió«. ¿El motivo? Según los fanáticos del Quemero, la presencia de Sartori le quitaba lugar a los pibes de las inferiores, sumado a esto la buena disposición del defensor a convertir goles en contra (se recuerda uno ante Talleres de Córdoba).
Al poco tiempo le anotó un gol a Ferro y aprovechó para vender humo: «Lo grité así porque no comparto eso de los que no gritan los goles porque tuvieron un pasado en un club. Respeto a Ferro. Estuve diez años acá, pero ¿y la gente de Huracán entonces? Que paga la entrada, llega horas antes al estadio… Hoy estoy en Huracán. Por eso lo grité así, nada más.«.
A mediados de 2006 tenía todo arreglado para volver a The Strongest, pero la Universidad de Chile se metió en el medio, puso más plata, y se lo quedó.
Apenas cruzó la Cordillera de Los Andes siguió con el cassette: «Soy un defensa central aguerrido, fuerte. Me gusta darle seguridad al equipo desde atrás, me gusta cabecear defendiendo como en el área rival, aunque quizás no sea muy dúctil con la pelota. Soy un tipo positivo para el equipo, que siempre apoya«. ¿La palabra de los hinchas? Sartori es lento, torpe para salir jugando y no llega a ninguna cobertura. Luego de una magra campaña que culminó con el equipo en mitad de tabla, a comienzos de 2007 abandonó el barco.
Retornó a Bolivia para revivir viejos tiempos de gloria defendiendo los colores del Jorge Wilstermann con otros dos argentinos, Julio César «Oggi» Junco y Daniel Juárez.
Para finalizar, en septiembre de este año protogonizó un hecho bizarro, se negó a formar parte del plantel ante La Paz FC y los dirigentes decidieron reducirle el sueldo en un 20 por ciento.

KeyserSoze

Rahiel Fernando

Fernando Javier Rahiel
Lo invitaron. O se pescó. Fue una joda, una apuesta o un chiste que nadie entendió. Tal vez era familiar lejano de un dirigente. O vecino. O simplemente conocido.
Quizás le debían plata y lo compensaron moralmente. A lo mejor faltaba uno para completar la sesión de fotos y lo llamaron por pura necesidad.
Lo cierto es que este muchacho de rulos llamado Fernando Rahiel apareció en una de las láminas coleccionables del Diario Deportivo Olé, allá por 1996. Integraba el amplio plantel de Unión de Santa Fe, sí. Pero nada de lo que había hecho hasta el momento, con 23 años, justificaba su inclusión.
Ese día puso su mejor cara de futbolista profesional e intentó pasar desapercibido junto a Mauricio Oggioni, Carlos Clotet, Darío Cabrol, Félix Pereyra y el Loco Marzo, entre otros. Luego se esfumó. No descartamos que haya sido un holograma.

Juan Pordiosero

Martínez Claudio

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Claudio Rubén Martínez
Marcador central que tuvo el privilegio de jugar en el Ferro Carril Oeste de Cristofanelli, Sergio Vázquez, Fantaguzzi y Teresa Cancelarich, entre 1988 y 1989. Quizás fue escaso el bagaje que adquirió en sus 8 partidos como profesional en el Verdolaga y por eso luego se le dificultó hacer pie en otros equipos.
Tras una temporada en Aldosivi de Mar del Plata (1989/90), regresó a Caballito pero rápidamente fue transferido a Atlanta (1990/91), junto a Sergio Ozán y Héctor Carrasco. Ese año supo de la dureza del Nacional B, conformando un lindo grupo que tenía apellidos de fuste como Montes, Spotorno, Chumba y el remisero Mattis. Por supuesto que descendió a la Primera B. No sobrevivió a la limpieza que hubo en el Bohemio y desapareció sin que nadie reclamara su presencia.
Después nos enteramos que un tal Claudio Martínez estuvo actuando en el San José de Oruro y dirigiendo a otros conjuntos bolivianos, como el Real Mamoré y el Jorge Wilstermann. Pero desconocemos si se trata de la misma persona.
También ignoramos si jugaba siempre con los ojos cerrados o si justo ese día lo agarraron durmiendo la siesta en plena formación para la foto. A lo mejor estaba soñando con triunfar en el fútbol.

Juan Pordiosero

Fernández Fernando

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Fernando Fabián Fernández
¿Fue fantástico fabricando fantasías? Falacias. Fue un futbolista frío, francamente fulero, falto de fama y fundamentalmente fracasado. Un frágil forward, feo físicamente, flojo, famélico y fatigoso. Un fiambre, un fallecido.
Fulgurante figura, flaqueó y finalmente funcionó fugándose, fluctuando fronteras frenéticamente.
Farsante, fascinó fácilmente a fans y fanfarroneó financieramente frente a su familia facturando fajos. Fecundó fechorías en federaciones fundidas y fantasmeó fuera de su feudo, fingiendo fiereza y fiabilidad, factores falsos. Fue un fraude.
Formulamos un FAQ: ¿fumará faso?, ¿fragmentará frula?, ¿fornicará con forro frecuentemente?, ¿filmará féminas felando su falo en fabulosas fiestas?, ¿fagocitará fideos, frijoles, fainá, frambuesas y frutillas?, ¿y feca con facturas?
Fanático de filmes franceses, se flagela con Fox y sus frívolas ficciones. Fue fumigador, florista, fletero y un funesto flautista. Un fenómeno.
Fuentes fidedignas filtraron fotos con Fabricio Fuentes, Federico Fazio, Favio Fernández, Francisco Ferraro y Fernando Forletta. Un figuretti del flash.
Fino y fruncido, fortaleció fallidamente su falta de fósforo con una fisura de fémur, una fractura de falange, una fuerte faringitis y un fastidioso forúnculo. Favorecido farmacéuticamente, frenó su funeral. Fin.

Juan Pordiosero

NdR: nos hubiera encantado que el homenajeado hubiese jugado en Ferro y Flandria, pero su carrera no tuvo nada que ver con las iniciales de su nombre. Disputó 16 partidos en la Primera de Talleres de Córdoba (1991 a 1993) y luego costó seguirle el rastro. Dicen que, ya como volante, jugó en otros equipos mediterráneos como Estudiantes de Rio Cuarto, General Paz Juniors y Atlético Adelia María. No hace falta aclarar que lo que dice el post es…fruta.

Páez Sergio

Sergio Ariel Páez
En algo más de seis años y medio desarrolló una interesante carrera. Conoció la élite y el under. Jugó en Sudamérica, Europa y hasta anduvo por Asia. Fue un ignoto entre estrellas y figura entre perfectos desconocidos.
Dio sus primeros pasos en el baby de Defensores de Tablada. Alguna vez, sin demasiada verguenza confesó: «El primer día que jugué pateaba para los dos lados, no tenía ni idea«. Mas tarde se sumó a las divisiones inferiores de Boca Juniors. Pasó el tiempo y una convocatoria a la Sub 20 hizo que sus padres, a diferencia de su hermano, no insistieran más en que abandonara el fútbol y agarrara los libros.
En 2000 debutó en Reserva y un año más tarde tocó el cielo con las manos. Carlos Bianchi lo llevó a la pretemporada con los mayores y hasta lo mandó a la cancha en un clásico contra River. Aquella noche del 6 de febrero, Boca derrotó al Millonario por 1 a 0 (gol del Pollo Herrera) y Páez disputó los noventa minutos formando una impenetrable línea de cuatro junto con Joel Barbosa, Gustavo Pinto y Facundo Imboden (enfrente estaban Ortega y Cavenaghi).
Luego siguió jugando en Reserva y pacientemente esperó otra chance. Volvió a sonreír cuando el Maestro Oscar Washington Tabarez lo convocó a su segunda pretemporada. Ante Racing (0-1, gol de Maceratesi), poco pudo hacer en ocho minutos, acompañando a César González, Nicolás Burdisso y José María Calvo. Ante River, fue al banco de suplentes, pero no tuvo oportunidad de ingresar porque el partido se suspendió promediando la segunda mitad cuando el Xeneize goleaba 4 a 0.
A mediados de año, sin lugar en el plantel profesional, no vio con malos ojos la posibilidad de emigrar para sumar minutos oficiales en cancha.
Abel Moralejo fue el técnico de Sarmiento de Junín que lo fichó con el afán de luchar por el ascenso. Sin embargo, el proyecto no funcionó y en diciembre rescindió su contrato.
El 2003 lo dividió entre el Guan de Pekín chino y el Espoli ecuatoriano. Al año siguiente apareció en Juventud Antoniana de Salta, en la B Nacional, pero no tardó mucho en esfumarse de allí.
En 2005 sonó como refuerzo de Huracán Las Heras y en diciembre, por intermedio del CEFAR (Centro de Entrenamiento para Futbolistas de Alto Rendimiento) se sumó a Sportivo Rivadavia de Venado Tuerto para disputar el Torneo Argentino C. Convencidisimo tiró: «En realidad del proyecto que nos hablaron no es subir al Argentino B, sino al Argentino A, porque hay muchas posibilidades de ascender. Es un torneo muy difícil, muy competitivo (el Argentino C), y cuando se juega de visitante se es más visitante que nunca, que en otros campeonatos. Hay que tener mucha garra y temperamento para pasar los obstáculos.»
En el Sur le dio duro y parejo a la pelotita hasta que surgió la oportunidad de irse a Europa y no lo dudó. Así es que, desde mediados de 2006, defiende los colores del poderoso Pierikos de la segunda división griega, acompañado de otro player made in Boca, como Juan Manuel Perillo.
A nosotros nos queda una sola duda, ¿la barra del Pierikos, alentará con las canciones de Pier?

KeyserSoze

Acuña Sergio

Sergio Oscar Acuña
Despreciado valor surgido en Chacarita Juniors en la era del Pato Pastoriza. Volante central sin mucha llegada al arco rival, sólo disputó 3 partidos en el Funebrero, pero al menos se sacó las ganas de jugar al lado de veteranos como Navarro Montoya y Fernando Gamboa; y de jóvenes baluartes como Leandro Ávila, Román Díaz y Leonel Unyicio.
Su debut se produjo en la 16º jornada del Apertura 2002, ingresando un par de minutos en la victoria 2 a 0 ante Gimnasia, y dos fechas más tarde tuvo su chance como titular, frente a Racing, en Avellaneda. El 3 a 0 adverso redujo sus posibilidades de destacarse y recién volvió a aparecer en los últimos segundos de un encuentro del Clausura 2003, de nuevo ante el Lobo platense. Esa fue su última experiencia real con el conjunto de San Martín y después se dedicó a volar bajo. Y cuando decimos «bajo» queremos decir exactamente eso.
A mediados de 2004 se fue de los pagos de Barrionuevo (¿O se pensaban que Luisito era de Catamarca?), se apretó la nariz con los dedos y se sumergió en un barril con fondo: la Primera C. En esa categoría lució la casaca de Acassuso, junto a otro ex Chaca como Ariel Sangregorio y el chico que nunca despegó, Paulo Miranda. Su rendimiento fue olvidable y en 2005 pasó al poderoso Real Arroyo Seco (cuando decimos poderoso no estamos siendo irónicos, es posta).
En ese oasis situado en la Provincia de Santa Fe habrá aprovechado para saber lo que es estar al día con los sueldos, pero rápidamente volvió a verle la cara a la pobreza cuando viajó a Uruguay para actuar en el Deportivo Colonia, junto a otros 6 argentinos: Franco Iazeta, Rodolfo Tasile, Flavio Metti, Marcelo Simo, Gastón López y nuestro ídolo, Yair Rodríguez. Y parece que pegó buena onda con el ex independiente, porque rápidamente le recomendó incorporarse a los equipos por donde él había pasado. Y Yair, sumiso como pocos, ya anduvo por Real Arroyo Seco y ahora está en Acassuso.
¿Qué pasó con Acuña? Casi nada, ni bien llegó al fútbol charrúa su club anunció el retiro de la actividad profesional por problemas económicos y este año algunos socios pusieron un aviso en Internet para encontrar inversores. Llegó la hora de Max Higgins. ¿Qué duda cabe?

Juan Pordiosero

Amaya Ezequiel

Ezequiel Guillermo Jesús Amaya
Eterna promesa del fútbol argentino que inició su carrera de modo full-full y terminó con el levantavidrios de forma manual y una lata arriba del techo.
Llegado a la cantera de Independiente desde Brown de Arrecifes, tuvo su debut soñado en Primera División el 28 de noviembre de 1997, cuando el Tigre Gareca lo mandó a la cancha faltando 20 minutos y él le respondió con un gol desde afuera del área en un duro match ante Colón de Santa Fe.
Luego, haciendo dupla con el Gomito Gómez o colaborando en la gestación de la ofensiva junto a Gastón Galván, se fue ganando la consideración de César Luis Menotti, que lo conocía bien por haberlo observado en la Reserva durante su primera gestión en el Rojo. Sin embargo, el tiempo fue pasando y las oportunidades de ser figura también.
Con algunos minutos en la Copa Mercosur, participaciones en amistosos veraniegos y encuentros en Primera División, cuando se quiso acordar era uno de los históricos del club de Avellaneda habiendo hecho poco y, sin temor a ser irrespetuoso, reclamó titularidad en 1999: «Quiero que éste sea mi año. Me maté en la pretemporada para llegar diez puntos al torneo. Confío en mis condiciones y ojalá se me dé«. Y agregó, a propósito de la falta de panorama que le achacaba Menotti: «Yo no encuentro un jugador que sea completo. Maradona lo era, pero ya no está. El sí que tenía cambio de ritmo y panorama a la vez. Se hace difícil meter un pase cuando vas encarando rápido y estás a punto de chocar con la defensa. No es nada del otro mundo, pero a veces se complica. Por ahí, sería más lindo ir despacito y meter un pase-gol. Y en eso trato de mejorar. Por eso miro mucho a Garnero, Víctor López, Hanuch y Christian Gómez, que son los que juegan en mi puesto«.
Se ve que en un fin de semana de locura se vio un VHS con las mejores jugadas de Hanuch y a partir de ese momento ya no fue el mismo. Su derrape comenzó en los medios, con frases depresivas como «Necesito continuidad para ver si soy lo que parecía«, «ya me cansé de ser una promesa«; y se terminó por derrumbar con la aparición de Livio Prieto y un mal pase a Talleres de Córdoba.
A fines de 2000 culminó su vida futbolística en Independiente, con 29 partidos (muy pocos desde el arranque) y 2 goles. Le fue un poco mejor en Nueva Chicago (2001 a 2003), donde disputó 63 cotejos y marcó en 5 ocasiones, pero no se salvó de que lo atendiera Pipo Gorosito: «Amaya posee unas condiciones enormes, pero tenía mucho la pelota en sus pies. Cuenta con una pegada excelente y un cambio de ritmo bárbaro. Debe mejorar el pase final. En eso estamos trabajando con él«. Igualmente allí dejó la puerta entreabierta para regresar algún día a la máxima categoría. De hecho lo hizo de forma penosa en 2005 con los colores de Tiro Federal de Rosario, institución que le prestó su camiseta durante 9 partidos del torneo Apertura de ese año.
En el exterior, como si hiciera falta aclarar, dio cátedra en eso que tan bien saben hacer los argentinos: robarla con un pasado de joven estrella. Anduvo por Universidad de Chile (2003/04), Al Arabi de Qatar (2004) y Barcelona de Guayaquil (2005), antes de caer en la liga venezolana para defender los escudos de Mineros de Guayana (2006) y Deportivo Italia (desde 2007). ¿Que ganó guita en el fútbol qatarí? Es probable, pero nunca causó tanto ruido como en su paso por el Barcelona. Separado del plantel antes de finalizar su contrato, el chico de Cañada de Gómez elevó un reclamo a la FIFA y desde las oficinas de Zurich obligaron a la institución ecuatoriana a compensar al jugador o, de lo contrario, someterse a la inmediata pérdida de la categoría. Por supuesto que le garparon. Ningún historiador del club hubiese estado emocionalmente preparado para escribir en una de sus páginas «nos fuimos a la B por culpa de Ezequiel Amaya».

Juan Pordiosero

Schiapparelli Alejandro

Alejandro Javier Schiapparelli
Tan breve y triste fue su paso por la Primera División que los pocos que lo recuerdan preferirían olvidarlo. Marcador central de pura cepa, hizo sus primeras armas en Almirante Brown de Arrecifes en 1999. En la tierra de los Di Palma cumplió una digna labor hasta mediados de 2002 cuando se fue a robarla al exterior.
Apareció en Colombia, más precisamente en el Real Cartagena. Según los amigos de Bestiario del Balón, Schiapparelli fue uno de los artífices del descenso a la segunda división, aunque la culpa de este hecho no debería atribuírsele al blondo, sino a la presencia muferil de Kilian Virviescas.
A comienzos de 2003 retornó a Brown pero para hacer la valijas y emprender viaje nuevamente a los pocos días. Cruzó el charco y en la Suiza del sur (El Cuarteto de Nos dixit) defendió los colores de Deportivo Colonia, equipo que por primera vez jugaba en la máxima categoría del fútbol uruguayo.
Seis meses más tarde pegó la vuelta al paisito y rumbeó para la región de Cuyo. Durante dos temporadas (2003 a 2005) alternó buenas y malas en San Martín de San Juan al lado de Sebastián Blazquez, César Monasterio, Sergio Plaza, Jorge Chica Muñoz, Cristian Favre y el Tanito Mauricio Piersimone.
A mediados de 2005 tuvo la oportunidad de su vida. Carlos Aimar lo llevó a un Quilmes que lentamente empezaba a perder el rumbo y enfilar para la B Nacional. Al Cervecero llegó con Aldo Paredes, Álvaro Pereyra, Pablo Barzola, Patricio Toranzo, Martín Cabrera, Federico Arias, Santiago Bianchi, Marcos Charras, Gonzalo Choy González, José Ramírez, Juan Pietravallo, Martín Bernacchia, Lucas Alessandría e Ignacio Risso. Varios de ellos lo acompañaron a comienzos de 2006 en su salida del equipo del Sur.
Claro que dejaría su huella, 4 partidos disputados (3 como titular, 1 desde el banco y un puñado de encuentros vistos completamente al lado del Cai) con la blanquita -sin goles- y en un nivel de paupérrimo para abajo y todo esto antes de despedirse de Tomatito Pena, Agustín Lastagaray y Miguel «si no te gusta andate, gil» Caneo.
Sin ganas de pelearla en el ascenso (estuvo cerca de arreglar con Atlético Tucumán) peló nuevamente el pasaporte para cruzar la Cordillera de Los Andes y unirse a Deportes La Serena de Chile, donde se reencontró con el segundo mufa colombiano más poderoso.
A comienzos de este año rechazó ofertas del Unión San Felipe y Deportes Puerto Montt trasandino para seguir sumando millas de viaje en su aerolínea amiga y llevó su fútbol al temible Blooming de Santa Cruz de la Sierra. Allí, en la tierra de Evo Morales, es donde parece haber encontrado su lugar en el mundo formando dupla de centrales con otro argento ladri como Maximiliano Blanco, y tomando mate, o té de coca (segun la ocasión) con el ex Instituto, Hernán Boyero.

KeyserSoze