
Si bien en esta sección no nos ocupamos de lo que sucede con clubes extranjeros, el caso del Badajoz de la temporada 1998/99 es especial y merece el espacio.
El conjunto conducido por Marcelo Tinelli se argentinizó en tiempo récord y, además de formar el plantel con jugadores surgidos de nuestro país, logró que empresas como Parmalat, Dexter y Pepsi apoyaran el proyecto.
Topper, por aquel entonces la marca que vestía al elenco de Videomatch, no se quedó afuera del negocio y fue la firma escogida para la indumentaria del team español. Es más, ni bien Tinelli compró el 57% de las acciones del club, se diseñó una camiseta de apuro y un par de semanas más tarde salió a la venta la casaca definitiva que rápidamente se convirtió en la tercera más vendida de Argentina, detrás de las de Boca y River.
Con toda la parafernalia del marketing con valiosos minutos en la pantalla de TELEFÉ, el Badajoz tenía todo para hacer una gran temporada en la Segunda División A. Pero algo falló de entrada.
En su debut, los muchachos dirigidos por la dupla Toti Iglesias – Hilario Bravi, utilizaron unos pantalones blancos con vivos rojos y unas medias azules que tenían el logo de Rasan, el proovedor de su rival, el Logronés. ¿Qué fue lo que pasó?
Nunca hubo una explicación oficial, pero es probable que el Badajoz haya ido a Logroño con la indumentaria incompleta. O bien pudo haber interpretado el árbitro, Muñoz Juste, que ante la similitud de colores, alguno de los dos tenía que cambiar la pilcha. Lo curioso en ese caso sería que no fue el local el que modificó parte de su equipación.
Lo cierto es que el Badajoz jugó con la ropa prestada. Y así arrancó el proyecto de Tinelli.