Especiales: Ernesto Jiménez Cabrera

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Ernesto Jiménez Cabrera

El fútbol argentino es tan amplio que muchas veces nos perdemos de grandes acontecimientos por estar entretenidos con pequeñeces. Resulta que nos enteramos, por medio de un lector llamado Gustavo, que en el Club All Boys hay un pibe dominicano que dice ser la futura estrella de Europa. Sin (?).

Ojo, si uno mira su foto puede confundírselo con un empleado de Mc Donald’s con su mejor cara de «medialunas no me quedaron, te puedo ofrecer una factura de membrillo«. Pero no hay que dejarse llevar por las apariencias. El muchachito, pese a que tiene 20 años y aún no debutó, parece que elaboró un plan para triunfar a nivel internacional y lo dio a conocer en una nota deliciosa que, dicho sea de paso, es casi la única referencia si uno googlea su nombre:

 

DEPORTISTA
Ernesto Jiménez Cabrera, futuro prospecto para el fútbol europeo

SANTO DOMINGO.- Sus cualidades físicas, experiencias y destrezas en el campo de juego constituyen las herramientas necesarias para que en dos o tres años Ernesto Manuel Jiménez Cabrera se convierta en una estrella del fútbol profesional europeo.

Jiménez Cabrera, hijo de padre español y madre dominicana, reúne todas las condiciones como atleta del balonpié, pues desde los cinco años cuando dio sus primeros pasos en el Club Casa de España, mostró a sus entrenadores lo que es capaz de hacer como futbolista.

«En dos o tres años me vislumbro como parte de un importante club de Europa, pero para eso hay que trabajar fuerte«, resalta.

Además de manijearlo futbolísticamente, en el diario también resaltan sus virtudes estéticas:

 

 

Aunque tiene el rostro de un adonis, ha probado su calidad en todos los torneos y las divisiones inferiores en que ha jugado fútbol.

En sus inicios, el joven futbolista disputó todos los torneos en Casa de España y en la Escuela Rolando Bauger correspondiente a las divisiones inferiores de la Asociación de Fútbol del Distrito Nacional en República Dominicana.

A los 17 años se marchó hacia Argentina a jugar en la escuela de preparación de jugadores Renato Cesarini. Luego se fue a Newell’s Old Boys de Rosario, de primera división, jugando con los futbolistas nacidos en el 1989 en categorías inferiores (por un año) donde resultó campeón.

Más tarde fue transferido al Club Atlético All Boys, club de segunda división de Argentina, y está jugando en el plantel profesional de esa entidad.

El futbolista Jiménez Cabrera tiene como meta consolidarse en su club y en junio del 2009 planea hacer la pre-temporada en España o Inglaterra. Su gran sueño es ir a jugar a Europa.

 

Y no está solo en ese proyecto, también hay gente muy seria (?) que lo apoya:

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Especiales: Javier Weber

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Carlos Javier Weber

Es muy común que un chico apasionado por dos o más deportes, tenga que decidirse por uno de ellos cuando llega a los 13 o 14 años. Algunos pocos, generalmente los más talentosos, estiran el tiempo de incertidumbre hasta que el profesionalismo empieza a asomar y la combinación de actividades se hace imposible. Esta es la historia de Javier Weber, reconocido jugador de vóley con un pasado en el fútbol.

Nacido en Buenos Aires el 6 de enero de 1966, comenzó a formarse como deportista en las instalaciones de River Plate. A los 7 años ya jugaba al vóley, deporte donde brillaría durante su adultez. Sin embargo, otra actividad era la que le quitaba el sueño en su época de niño.

A los 9 se inscribió en fútbol y durante muchos años se las arregló para practicar ambas especialidades. En su puesto de arquero, fue ganando reconocimiento en las inferiores millonarias, a tal punto que en más de una oportunidad fue convocado, en carácter de promesa, para realizar notas junto a los históricos Amadeo Carrizo y Ubaldo Matildo Fillol.

El pibe Weber, por ese entonces, se perfilaba como el futuro arquero de la institución. El mismo Amadeo lo describió años más tarde, consultado por el Diario Olé: «Recuerdo que Javier tenía muchas condiciones. Es por eso que me fijé en él cuando era muy chico. Si bien no sobresalía por su altura, se destacaba por su inteligencia para ubicarse en el arco. Sabía atenazar la pelota y, cuando salía, le achicaba muy bien los espacios a los delanteros. Su padre me pedía que le enseñara los secretos del puesto, y yo le decía que iba a llegar lejos en lo que se propusiera«.

Sin embargo, el camino a la Primera División no iba a ser sencillo. Compañero de Candia, Gazzaniga y Spotorno, para 1983 ya integraba el equipo de Reserva, aunque comía banco esperando una ausencia de Sergio Goycochea. El puñado de partidos en la división previa a la elite le daba una cierta esperanza que se terminó diluyendo cuando lo convocaron a la Selección Juvenil…de vóley. Claro, Weber era titular y figura en el otro deporte. Ya no había tiempo para andar dudando.

A partir de ahí construyó una carrera impecable. Como armador y referente, jugó en Argentina, Brasil e Italia. Ganó la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Seúl 1988 y consiguió la presea dorada en los Panamericanos de Mar del Plata 1995. A sus múltiples títulos como jugador, le agregó consagraciones como entrenador en la Superliga Brasileña (2002 y 2005), la Liga de Grecia (2005/06) y Liga Nacional Argentina (2007/08).

En virtud a su trayectoria y al interés por parte de los dirigentes, desde hace unas semanas está arreglando su situación para convertirse en el Director Técnico de la Selección Argentina. De vóley, obvio. No se ilusionen.

Especiales: Johnny Miqueiro

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Delantero se ofrece

Ícono de la promesa desaparecida en Uruguay, Jhonny Miqueiro quiso comprobar que su fama de ilusión trunca también podía hacer historia fuera del paisito. Y aunque parezca mentira, lo logró en Argentina sin siquiera pisar una cancha.

Nacido el 18 de julio de 1964 en Montevideo, hizo sus primeras armas como delantero del club Sud América (1985/86), donde compartió equipo con su hermano mellizo Aníbal, que se desempeñaba como marcador de punta.

A mediados de 1986 el Johnny pasó a Progreso y ahí sí: fue la sensación. No sólo sus 48 goles en poco más de 3 temporadas (fue campeón y máximo artillero en 1989) lo catapultaron a la Selección charrúa. También su larga cabellera rubia y su condición de aparente crack en un cuadro chico lo hacían un especimen bastante llamativo. Su participación con la celeste, vale decir, fue intrascendente y además marcaría el resto de sus días. Disputó sólo dos partidos (ante Costa Rica y Colombia) en Miami, por la Copa Marlboro. Y sí, fue puro humo.

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El sol de enero de 1991 calentaba la brea de las calles capitalinas cuando en la sección Deportes del diario Clarín apareció un anuncio clasificado que decía: «A representante o entidad de fútbol. Delantero hombre gol, integrante selección uruguaya, 25 años, excelente treiling. Pase en su poder. 962-4335 Alberto. (aviso solventado por amigos)«.

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Intrigados por la noticia, desde la redacción de la revista El Gráfico llamaron a ese número y dieron con Alberto Haber, un empresario electrónico que gentilmente se ofreció a mostrar un video de 10 minutos con las mejores jugadas de Miqueiro. «El teléfono no deja de sonar; llamaron de Boca, Platense, Huracán, Quilmes y varios empresarios. Creo que la de Platense es la propuesta más firme, pero eso tendrá que arreglarlo él porque yo simplemente como amigo tuve esta idea del aviso para ver si puede, como quiere, venirse a jugar a la Argentina. Creo que con una prima y un sueldo la cosa puede arreglarse… Como también soy amigo de Alberto Bica, si alguien buscan un puntero puedo hacer el contacto«, explicaba Haber, tratando de sumar otro poroto.

Desde En Una Baldosa intuimos que los dirigentes de Platense no avazaron en la negociación porque todavía se deben estar preguntando qué carajo es un «excelente treiling«.

La carrera del puntero derecho no fue la misma a partir de aquella frustrada negociación y de su no-convocatoria al Mundial ’90. Volvió a Progreso, donde siguió haciendo goles hasta 1993, pero su destino baldosero ya estaba marcado. Decidido a hacer un poco de plata se fue a la tercera división de Japón y la robó en el PJM Futures (1994) y un año más tarde, obligado a irse por el cupo de extranjeros ocupado por un tal Lalo Maradona, regresó a Uruguay para jugar en…¿Peñarol? ¿Nacional? No, ¡Basáñez!

Desbarrancando a más no poder, continuó girando por el resto de América e hizo escalas en Emelec de Ecuador y el fútbol guatemalteco. Ya retirado y abocado a su laburo como profesor de educación física en Guatemala, fue tentado para retornar a Progreso y así lo hizo. Aunque, como era de esperarse, las cosas no fueron como antes y tras unos meses le dijo adiós a la práctica profesional.

Gracias a los amigos del extinto S&A y del sitio Montevideo.com, nos enteramos que hasta hace poco el blondo atacante dirigía a un club de la segunda división guatemalteca y difundía el fútbol en los colegios, datos que sin embargo no han frenado ese impulso natural que lleva a cualquier uruguayo a preguntar en una mesa de café: «Bo, ¿Qué será de la vida de Johnny Miqueiro?«.

Especiales: el hijo de Grillo

Corría el año 1990 cuando en la típica sección «¿En qué andan ustedes?» de la revista El Gráfico un Ernesto Grillo casi retirado de la dirección técnica contaba que mientras gozaba de sus últimos meses en el fútbol se esperanzaba con la carrera de su hijo. «Mi pibe acaba de recibir el telegrama de Boca comunicándole que le van a hacer el primer contrato profesional. Es wing izquierdo y ojalá que tenga aunque sea un poco de la suerte que tuvo el padre», afirmó en aquella oportunidad el autor del inolvidable gol imposible.

No se sabe a ciencia cierta por qué el vástago de una gloria de Independiente como Grillo no triunfó. Quizás haya sido el peso del apellido lo que le jugó en contra. Tal vez sus propias condiciones lo limitaron. Nunca lo sabremos.

De su paso por Boca no hay demasiados datos y tampoco fue fácil rastrearlo porque en aquel artículo de El Gráfico jamás escribieron su nombre. Sí, el hijo de Grillo. ¿Pero cómo se llama? Tal vez sea el mismo (Pablo Ernesto) que unos años más tarde estudió en la Escuela Oficial de Directores Técnicos de Fútbol de Avellaneda y se recibió compartiendo su camada, la de 1999/2000, junto a Fabio Costas, Adrián Janín, Claudio Zacarías y Norberto «Ruso» Verea. Un destino bastante alejado de aquel primitivo deseo de su padre.

Especiales: Franco Meneghello

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Franco Meneghello
Podría haber sido figura, un eterno buscavida del ascenso, pero nada de eso pasó. La mala suerte le hizo marca personal hasta el hartazgo y no permitió que su carrera futbolística prosperara, obligándolo al retiro prematuro.
Pintaba bien en las divisiones inferiores de San Lorenzo de Almagro a fines de los 80’s y no tardó demasiado tiempo en tener un lugar en el plantel profesional. Tal es así que hasta fue suplente, según cuentan, en un oficial. Un día se le cumplió el sueño del pibe, lo vieron emisarios del Piacenza italiano y cruzó el oceáno. Desafortunadamente, un día antes de firmar el contrato se rompió un menisco.
Desde entonces apareció esporádicamente, como en mayo de 1995, cuando participó de un partido amistoso en Pergamino a beneficio de las víctimas que dejó la trágica inundación ocurrida el 7 de abril de aquel año. De ese encuentro formaron parte futbolistas reconocidos como el ex arquero de Olimpo de Bahía Blanca, Pedro Barrios, Esteban Pogany, Trapito Carranza, Marcelo Gómez, el Pepe Basualdo, los hermanos Mac Allister, Roberto Trotta y el Toro Acuña, entre otros, además de deportistas de distintas disciplinas y eventuales famosos como Alejandro Gravier, Eric Grimberg y Gaston Pauls. Divididos en equipo blanco (con camiseta de Argentinos Juniors) y equipo azul (casaca de Racing), empataron 4 a 4, llevándose el simio mufa la máxima ovación de la noche, seguido de cerca por Gastón Pauls (en pleno apogeo de Montaña Rusa), Manteca Martínez, Oscar Passet y Blas Giunta.
Desde aquella ocasión, fue cada vez más complicado enterarse algo de la vida de Meneghello. Hasta que a mediados de 2001, apareció… en la pantalla chica, y no en un programa deportivo, sino en un reality show. Fue así que conoció de cerca a Pamela David, Diego Plotino y el insoportable mexicano Tamir, con quien tuvo varios choques, en El Bar 2. Por aquel entonces tenía 34 años (era el más grande de los participantes), trabajaba como importador y según publicaban los medios «dejó la sensación de ser un hombre que odia todo lo que tenga relación con el trabajo». Dentro de la casa no duró mucho, pero, como dato anecdótico, pegó buena onda con el ganador de aquella edición (Diego Plotino). Nunca más volvió a dar señales de vida.

KeyserSoze

Especiales: Fabio Garibaldi

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Fabio Garibaldi Diniz
Historia extraña la de este ex arquero de Ferro Carril Oeste que desde chico supo rodearse de futuras figuras como Carlos Tévez, Pablo Zabaleta y Javier Mascherano; habitues de las tardes de ascenso como Diego Ludueña, David Reano, Paulo Rosales (también conocido como el Rosales trucho), Federico León; ladrones de guante blanco de la talla de Maxi López, Raúl Osella, Lucas Correa, Marcos Mondaini y Hugo Colace; y también perfectos desconocidos como Mario Lugo, Marcos Ballarino y Diego Suárez.
En 1999, con 15 años y luego de una brillante actuación en la Copa Nike, Hugo Tocalli lo convocó para disputar en Londres el torneo sub 17 Tres Naciones, enfrentando a Inglaterra y Francia. Años más tarde en una entrevista con el Suplemento Sí! de Clarín afirmó: «En la etapa nacional no me hicieron ningún gol y estaba en Ferro. Jugábamos con River, Newell’s y Racing, que nos cascoteaban el rancho».
En su momento de gloria, peleaba la titularidad de la selección con el malogrado Lucas Molina pero un infortunio le jugó una mala pasada: «Empezamos turnándonos. Y en Wembley me saqué el dedo de lugar. Desde ahí quedó él».
Garibaldi siguió su camino en el fútbol y en 2003, mientras alternaba entre cuarta y Reserva con el club de Caballito, se rompió los ligamentos cruzados de la rodilla. A fines de ese año, con un partido en el banco de suplentes en el ascenso, quedó libre. En una pierna se probó en varios clubes sin posibilidades de fichar por no pasar la revisación médica. Finalmente, tras frustarse su llegada al Avellino de Italia, Argentinos Juniors se ofreció a costearle la operación y lo incorporó a sus filas, aunque no por mucho tiempo. La vuelta del clandestino Juan Ignacio Carrera lo marginó demasiado en la lucha por un lugar y Garibaldi quedó, otra vez, con el pase en su poder. «Después me llamaron de equipos de la B, pero era muy poca plata. El fútbol es un sacrificio y desde los 15 lo veía como un trabajo.». Ese fue el punto de inflexión para colgar los guantes definitivamente, y los botines, al menos por un rato.
A las pocas semanas volvió a las canchas para jugar al fútbol… americano. «Siempre me gustó. Rezaba que acá haya esto. Me enteré por mi hermano que en el Club Comunicaciones funcionaba la Liga Argentina y me acerqué. Practiqué tres meses con los novatos adonde te enseñan las reglas y los movimientos del deporte y después fui elegido por los Tiburones, uno de los cinco equipos que existe. Los otros son Osos Polares, Corsarios, Cruzados y Jabalíes», comentó en aquella entrevista. Dando cuenta de su fanatismo por el deporte yankee tiró: «Una vez iba corriendo y apenas toqué la pelota sentí una cosa en las costillas y dije: ‘¿Dónde estoy?’. Te juro que me levanté con una sonrisa de oreja a oreja. Eso es lo que quería».
Su buen desempeño como receptor (cuya función no es otra que atrapar la pelota y avanzar la mayor cantidad de yardas posibles) en los Tiburones lo llevó a ser un indiscutido de los Halcones, nombre con el que se conoce a la selección nacional de fútbol americano.
El año pasado, Los Halcones, con la presencia de Garibaldi se impusieron a su similar de Uruguay en Montevideo y lograron conquistar por primera vez en la historia el Silver Bowl, una especie de versión sudaca del Super Tazón.
Así transcurre hasta el momento la historia de Fabio Garibaldi, un seguidor a ultranza de ese embole llamado Super Bowl, del jugador Randy Moss y de los Tampa Bay Buccaneers. Un pibe como cualquier otro que un día pasó de sacar fuerte y para arriba buscando a Carlos Tévez, a correr como loco y esquivar muñecos para tratar de convertir touchdowns.

KeyserSoze

Especiales: Jimmy Obando

Cuenta la leyenda que un buen día este muchacho fue a registrar su primer apellido y el empleado que lo atendió le sugirió amablemente que considerase la posibilidad de utilizar la ® al comienzo y no al final. La fama de ladri comenzaba a pesar sobre sus hombros. Y eso que todavía no había confeccionado el genial currículum que motivó este post.

Jimmy Obando Castillo
Nacido en 1981 en la localidad colombiana de Tumaco (Nariño), prometió desde muy jóven y en 1998 estuvo entrenándose en algunos equipos europeos, como el Montpellier de Francia y el Calpe FC de España.
No se sabe cómo, pero al año siguiente apareció en Independiente de Avellaneda, formando parte de la camada de Damián Albil, León Bustos, Juan Eluchans, Lastagaray Toledano, Ariel Orellana, Livio Prieto, Pablo Trecco y su compatriota John Jairo Culma, entre otros.
En noviembre de 1999, el técnico de la Primera, Enzo Trossero, aceptó la sugerencia de la dupla Bochini-Clausen y sumó al futbolista cafetero al plantel profesional, junto a otros dos pibes que pintaban bien: Leonardo Pekarnik y Damián Zamogilny.
Hasta mediados de 2001, los amagos de convertirse en un crack (jugaba de volante) jamás se concretaron y sin que nadie lo advirtiera dejó de estar en los planes del Rojo.
Ese mismo año conformó un gran fracaso colectivo, la Selección Colombia Sub 20 que participó en forma lamentable del Sudamericano de 2001, en Ecuador.
Jimmy, que según algunos registros figuraba en las filas del Deportivo Cali, luego estuvo en el Deportes Tolima (2002), Deportes Quindio (2003), Deportivo Pereira (2004) y Deportivo Pasto (2004).
Desde entonces no hemos tenido más noticias y no queremos llamar al teléfono que aparece en su currículum porque ahí mismo dice que «EN ESTOS MOMENTOS ESTOY CEDIENDO MIS DERECHOS A ACORD NARIÑO O A EMISORA ECOS DE PASTO» y no es nuestra intención interrumpirlo.
Quizás algún día, si tomamos valor y juntamos plata para el pasaje, vayamos hasta la Pescadería de su familia (la dirección aparece en la página, no es joda) y le preguntemos personalmente por qué carajo puso fotos de Léider Preciado en su propio sitio.
Por lo pronto, no dio una felicidad enorme que haya anunciado que «MUY PRONTO INAUGURARE ESCUELITA DE FUTBOL PARA NIÑOS DE ESCASOS RECURSOS«. Hasta pensamos en escribirle un mail para agradecerle, pero la dirección es tan larga (futbolesmipasionjimmyobando@yahoo.com) que ya se nos fueron las ganas.

Juan Pordiosero

Maradona Diego

Diego Armando Maradona
Actor y conductor televisivo que gracias a la portación de apellido (es hermano de los ex jugadores Lalo y Hugo) tuvo un curioso y poco difundido paso por el fútbol.

Surgido en la cantera de Argentinos Juniors a mediados de los 70’s, se vio beneficiado por la calidad del plantel que lo rodeaba y por eso pudo ser transferido, inesperadamente, al Boca de Silvio Marzolini en 1981. Allí casi dejó a su equipo sin el campeonato luego de errar un penal decisivo ante Rosario Central. Claro que esa acción no sería una excepción, sino que se repetiría a lo largo de su carrera (desperdiciaría 5 de manera consecutiva en su segunda etapa en la institución).

Después de hacer sapo en el Barcelona de España, recaló en Italia para vestir los colores del Nápoli. Si bien su tarea no fue destacada, al menos tuvo la suerte de formar parte del elenco que ganaría un par de títulos en Europa.
Un conflicto algo confuso (algunos medios amarillistas mencionaron la droga) derivó en una inactividad de 15 meses que se cortó a mediados de 1992, cuando firmó para el Sevilla español y jugó un tiempito bajo el mando del Doctor Bilardo, a quien incluso llegó a cuestionarle un cambio con una frase contundente: «Discúlpeme, Carlos, pero creo que no es conveniente que me saque en este momento del partido«.

Superado el disgusto, llegó al club de sus amores, Newell’s Old Boys (1993), y pese a haber disputado sólo 5 cotejos oficiales, marcó un gol que definió un trofeo internacional ante el poderoso Emelec de Ecuador.

De nuevo en Boca (1995 a 1997), fue tapado por otros volantes como Silvio Rivero y César La Paglia, y por esa razón jugó de forma salteada hasta el último de sus días como profesional, cuando fue reemplazado en el entretiempo de un encuentro ante River Plate.

Además, fue convocado un par de veces para concentrar con la Selección Argentina, llegando a integrar el plantel que obtuvo la Copa del Mundo en 1986 gracias a la brillante tarea de Ricardo Bochini.
En los últimos tiempos ha sido difícil seguirle el rastro, pero presumimos que se sigue dedicando a la representación de futbolistas y a escribir libros.