Fuera de stock: Maradona en el Fútbol Rápido (1994-1995)

Mucho antes de que el Showbol le diera la oportunidad de seguir siendo idolatrado dentro de un rectángulo de juego, Diego Armando Maradona fue partícipe de otro espectáculo en espacios reducidos: el Fútbol Rápido. Su experiencia fue corta, pero no menos interesante. Repasemos el paso del Dié por esa especialidad.

Había terminado el Mundial de USA ’94 y el futuro de Maradona, como muchas otras veces, era bastante incierto. Además de las piernas, le habían cortado la posibilidad de jugar profesionalmente al fútbol durante 15 meses. Demasiado tiempo para un tipo que venía de demostrar que aún le quedaba algo más de cuerda.

A pocas semanas de haber sido sancionado, el Diego reapareció en el programa Ritmo de la Noche, actuando para Argentina en los típicos partidos de 4 contra 4. ¿El rival? Nada menos que el Brasil de Taffarel, Branco, Dunga y Bebeto, que venían de levantar la Copa del Mundo.

Ese partido le hizo ver a Diegote que podía seguir en actividad, aunque sólo fuese jugando partidos amistosos y en otro formato. Por supuesto que la exigencia era otra. ¿Pero qué mejor para un jugador que a esa altura buscaba más privilegios y menos obligaciones?

Durante el segundo semestre de ese año, Maradona hizo de todo. Además de disputar partiditos en varias partes del mapa, también se hizo tiempo para debutar como director técnico en Mandiyú de Corrientes. Y al mismo tiempo, casi, le surgió la posibilidad de participar de otro Mundial ’94.

La FIFRA (Federación Internacional de Futbol Rápido) se había fundado un par de años antes por la negativa de la FIFA a la hora de incorporar un fútbol sobre césped sintético y sin laterales ni córners. Fue así como se planeó, para 1994, el primer Mundial de la especialidad en Pachuca, México. ¿Había algo mejor que tener a Maradona para promocionarlo? Sí, dos Maradona.

Tanto Diego como su hermano Lalo formaron parte del elenco nacional, que utilizaba la misma camiseta adidas pero con el escudo de la Federación Argentina de Fútbol Rápido. Además, el plantel contaba con otras viejas glorias, como Carlos Randazzo y Juan Amador Sánchez. Equipazo (?).

Pese a las lucidas victorias ante Suiza (6 a 3) e Irán (6 a 4), el conjunto albiceleste cayó 4 a 3 ante Brasil en el último partido y el Diego vio cómo otro Mundial se le escapó de las manos. Para calmar tanto dolor (?), terminó poniéndose el buzo de director técnico de Racing.

En abril de 1995, el novedoso deporte volvió a aparecer en la vida del Diez, cuando la selección argentina participó de la Copa de las Américas en Coconor, con transmisión de Canal 9. Tras haber apabullado a Uruguay (9 a 2) y haber derrotado a Estados Unidos (9 a 3), el equipo nacional cayó ante México por 4 a 3 y sumó otro fiasco, el último de Maradona en la especialidad.

Al fútbol rápido, ni hay que aclararlo, se le escapó la tortuga.

Fuera de stock: Patoruzú futbolista

Puede llegar a pasar que entresemana, mientras mirás un partido de competiciones sudamericanas, Mariano Closs algún relator pierda la cordura ante cierto voluntarioso jugador al grito de: “¿Qué le pasa a Bilos fulanito? ¿Se cree Patoruzú?”, lo cual genera la automática desorientación de los Niembros miembros de la familia con menos de dos décadas de vida. Así y todo ¿de dónde surge el concepto de creerse Patoruzú?

Primero y principal, Patoruzú es un personaje de historietas argentino creado en 1928 por Dante Quinterno. Sindicado como El Último de los Tehuelches, representaba a la justicia a ultranza, a la bondad y a la ingenuidad todo en un mismo envase, casi como Pepe Romero. Su primera aparición fue como personaje secundario en la tira Las Aventuras de Don Gil Contento publicada, ese mismo año, por el desaparecido Diario Crítica.

Con varios cambios en la estética y en la personalidad del personaje, y tras pasar por los diarios La Razón y El Mundo, Quinterno se llevó al Indio al semanario Mundo Argentino, junto a su otra gran creación: Julián de Montepío, después rebautizado como Isidoro Cañones (El Padrino).

Brillando con luz propia y con varios hitos en su haber, como por ejemplo anuarios recopilatorios desde 1937, una película en 1942 («Upa en Apuros») y la aparición de «The Adventures of Patoruzú» en el diario P.M de New York, en el año 1956 «Las Andanzas de Patoruzú» se convirtió en una tira mensual y luego, a raíz de su popularidad exponencial, se transformó en una publicación quincenal.

Y así fue como en 1964, El Cacique incursionó por primera vez en el ambiente del fútbol. En el número 116 y bajo el título de “La Copa del Mundo”, Patoruzú protagonizó una historia que iba a quedar grabada a fuego en el inconsciente futbolero colectivo nacional.

Simbólicamente, los personajes principales eran invitados a unirse a la delegación argentina. Patoruzú como jugador, su hermano Upa como mascota Garcé como dealer y El Padrino como aguatero. En una historia repleta de intrincados misterios y emulando a Branco, los jugadores argentinos bebían del saboteado bidón de Isidoro y caían todos intoxicados quedando una sola opción de recambio: ¡El mismísimo Indio, Canejo!

Enfrentándose él sólo al equipo rival y encima sin aditivo, nuestro héroe conseguió una cómoda victoria por 23 a 0. Pero además de atajar, gambetear y tocarle la concha a Florencia Raggi marcar goles de todos los colores, Patoruzú creó un término que se iba a trasladar, súbitamente, de la tinta a la tribuna: Tirar los centros e irlos a cabecear. Aquella figura ilustrativa nació en las páginas de esta historieta.

Hacía principios de los 70, Dante Quinterno se tiró a chanta cansó de hacer guiones originales y todo lo que se publicó de ahí en más fueron reediciones de las historias de los 60, por lo cual la aventura futbolera volvió a ver la luz infinidad de veces más aunque, obviamente, con un sutil cambio de títulos.

“!!Superfutbol!!” (1979), “¡Tatatata! ¡Goooool!” (1989) y “Goleada Tehuelche” (1994) eran la misma historia con pequeños cambios en los diálogos y en los dibujos, la cual llegó a la casa de los Closs las diferentes generaciones de argentinos.

Una mención especial merece la historia “El Fútbol del Demonio”, en donde Patoruzú se metió con el flagelo de la violencia en las canchas. Aunque usó sus puños para dirimir cuestiones de tablón y pareció salir victorioso, esa cruzada El Indio la perdió por goleada.

Obvio, los golpes no conducen a nada. Hubieras probado inventando una tarjeta de dudosa utilidad y oscura subvención para censar y reconocer a los barrabravas. Aunque pensándolo bien, insinuar en acabar con la violencia con un simple padrón es un guión de lo más berreta e inverosímil. Amalaya…

Fuera de stock: las vinchas patrocinadas

Si hacemos un repaso por la historia de la humanidad nos daremos cuenta de que la mayoría de las cosas de este mundo son cíclicas. Aparecen, se instalan, se convierten en cotidianas, pierden vigencia, desaparecen…y vuelven a aparecer. Así con todo. Y por supuesto que el mundo del fútbol no es la excepción.

Allá por comienzos 90 nos vimos sorprendidos por una costumbre que pronto ganó varios adeptos entre los futbolistas de nuestro país: la vincha. Sí, el tradicional accesorio para el cabello de las damas, de un día para el otro pasó a formar parte de la escenografía futbolera. Y la vincha tuvo, junto a las pulseras y las calzas, sus quince minutos de fama gracias al impulso de aquella generación fluo que comandaron Gabriel Amato, el Turco Mohamed y Fernando Gamboa.

Aquel furor noventoso, que afortunadamente murió y que rápidamente olvidamos, regresó un día sin que nos diéramos cuenta. Porque todas las modas regresan, pero a veces lo hacen camufladas para no levantar sospechas. Eso fue lo que sucedió entre 2007 y 2008 con el auge de las vinchas patrocinadas, una práctica que apareció tímidamente en la frente de los jugadores y que en cuestión de meses se transformó en un artículo de primera necesidad para varios planteles.

Huracan de Parque Patricios fue, sin lugar a dudas, la vedette que marcó esa época. Del equipo que salía a la cancha todos los fines de semana, podían identificarse fácilmente a 6 ó 7 jugadores con vinchas sponsoreadas, entre los que se destacaban Ángel Puertas, Eduardo Domínguez, Carlos Arano, Federico Nieto, Franco Mendoza, Andrés Franzoia y Patricio Toranzo.

Detrás del Globo, equipos de Primera División como San Lorenzo, Independiente, Gimnasia y Rosario Central también fueron protagonistas de la tendencia, de la mano de futbolistas como el Cuqui Silvera, el Rayo Menseguez, el Gordo Núñez, Ignacio Piatti y el Chino Vizcarra.

Y así como los jugadores se fueron contagiando la vinchuca (?), las empresas también comenzaron a subirse al exitoso método publicitario que no requería demasiada inversión. Marcas de ropa como Fiume, Andreina Disegni, A+ y Porcobello fueron apareciendo en los las cabezas de los futbolistas.

Para mediados de 2008 el uso de la vincha estaba totalmente instalado, pero no duraría mucho. Los sponsors oficiales de los clubes, como era de esperarse, pusieron el grito en el cielo y desde la Asociación del Fútbol Argentino prohibieron exhibir leyendas comerciales mediante ese método.

De esa abrupta manera se terminó una época que nos dejó una marca. O varias (?).

Fuera de stock: «Revista Gattin y el equipo»

Sin internet, televisión por cable, ni la Tiki-Tiki (?), hacía fines de los años 70 los niños futboleros de nuestro país no encontraban demasiadas variantes para entretenerse sin romperles las bolas a los padres. Fue así como, cubriendo esa necesidad y subiéndose al fervor nacional en los meses previos al Mundial ’78, surgió la revista Gattin y el equipo, una sátira a la selección argentina de Menotti, representada por animales de todo tipo, gracias al ingenio del dibujante Jorge Toro.

La historieta, de tirada nacional y con singular éxito durante algunos años, contaba las vivencias de Pelotín, un equipo de fútbol que jugaba partidos ante rivales que siempre estaban predispuestos a utilizar las más malignas artimañas para llevarse el triunfo.

El equipo de Gattin, desde ya, terminaba ganando gracias a los grandes valores que tenía en el plantel. Además del protagonista (el loco Gatti), estaban Ratolguín (Olguín), Perrascosa (Carrascosa), Tarantín (Tarantini), Gallogo (Gallego), Killeón (Killer), Lordiles (Ardiles), Buhouseman (Houseman), Luquetti (Luque), Villano (Villa), Certoni (Bertoni), Patillol (Fillol), Patarella (Passarella), Kempotro (Kempes), Galvilán (Galván), Aloso (Alonso), Pavochini (Bochini), Ortigre (Ortiz) y el magnífico La Bolsa (La Volpe). Todos, bajo la dirección técnica de Monoti, que siendo el entrenador de la dictadura el papel de gorila le quedaba pintado.

La aparición de Gatadona

Tras la consagración de Argentina en el Mundial de 1978, la publicación tuvo su pico de ventas. A nadie le importaba que Gatti no hubiese formado parte de aquel equipo. Gattin era el verdadero héroe de la historieta y a pesar de que los guionistas se esforzaron en hacer crecer la figurar de Patillol, el pato no tenía el mismo carisma que el gato.

Eso obligó a los editores, unos meses más tarde, a pensar un poco más en el futuro e incorporar nuevos personajes para que se diera el lógico cambio generacional (?). Fue entonces cuando, después de varias apuestas en Betfair para ver quién sería la nueva figura, inevitablemente surgió Gatadona (Maradona), que enseguida comenzó a ser clave en el desarrollo y la resolución de los partidos relatados por José María Muñoso (Muñoz) y comentados por Dante Sapatarelli (Zavatarelli).

Con el correr de los años la publicación, como muchas otras de su genero, empezó a sufrir la merma del interés en el público juvenil. Hubo intentos por reflotarla, hacia fines de los 80 y comienzos de los 90, pero ya a esa altura los nombres de los jugadores hacían referencia a tipos que, si no se habían retirado, estaban a punto de hacerlo. Atrasaba bastante.

De esa manera, presenciamos el final de una revista que bien o mal, dejó una huella en toda una generación. Sin Gattin, pero con la Play 3, los pibes de hoy siguen rompiendo las bolas. Y lo peor de todo es que ahora nosotros somos los padres.

Gracias por el material a:

http://gattinyelequipo.blogspot.com.ar
http://gattinyelequipo2.blogspot.com.ar
http://manchandolapelota.com.ar/?p=8894

Fuera de Stock: Los Cebollitas

La televisión de los años noventa nos regaló varias perlitas que influyeron, para bien o para mal, en nuestra metamorfosis hacia estas cosas que decimos ser ahora (?). La proliferación de productoras de ficción nos ayudó a conocer la fraternidad junto a Carlín y al Pendex; a soñar con escaparnos con la novia de otro en un Golden Rockett y a desear que nuestra primera vez sea con Flo Jose Angie, entre muchas otras sensaciones.

El fútbol, por esos años, ganó espacios que antes le eran esquivos. Así aparecieron los partidos en Ritmo de la Noche, los informes de Korol y hasta los picados en series como Amigos son los Amigos, Son de Diez y El Gordo y el Flaco.

De más está decir que esos momentos “deportivos” estaban ampliamente avalados por el rating. En ese contexto, no extrañó cuando a alguien se le ocurrió hacer un Frankestein con estas dos pasiones. Y así nacieron Los Cebollitas.

Encasillada como telecomedia infantil y con guión de Enrique Torres, la serie contaba la historia de un grupo de chicos que jugaban en el equipo de fútbol del Club 25 de Mayo (Tu club / 25 de Mayo / Nuestro Club). Obviamente, este equipo eran Los Cebollitas, llamados así en homenaje al primer equipo que integró Diego Maradona durante su niñez.

Desde enero de 1997 hasta noviembre de 1998, por la pantalla de Telefe y durante 458 capítulos, acompañamos a Los Cebollitas tanto en victorias como en derrotas, como así también en sus míticos partidos (?) ante sus archirivales: Los Powers.

Pero además, la serie tenía otros ejes fundamentales como: la amistad, la lealtad por la barra y el miedo al primer beso (?). En la segunda temporada, cuando el rating había bajado, añadieron un ingrediente inesperado: La muerte.

Esto ocurrió cuando los guionistas mataron a balazos a Don Lucero, el gurú espiritual (?) y entrenador del equipo, lo cual generó controversia y dejó perplejos a todos los niños frente al televisor. Se cree que ese hecho fue la génesis de la ira y el encono que desembocó en la crisis de diciembre de 2001.

Los Protagonistas

El elenco se componía de varios mayores que hacían las veces de padres, tutores u encargados, entre los que se encontraban: Carmen Barbieri, Alfonso Pícaro, Beatriz Spelzini, Andrés Vicente y Carlos Moreno como el mencionado Don Lucero.

El elenco de niños actores estaba integrado por más de una veintena de nenes y nenas. He aquí los más recordados:

Macaulay Culkin Gamuza (Brian Caruso): Pícaro, entrador y carismático, es el más recordado de todos. Se trataba de un chico de la calle que finalmente era adoptado por el presidente del 25 de Mayo. Además era el encargado de todos los remates en los pasos de comedia, como su inolvidable: “Alfonso, cara de zonzo”.

En 1998 APTRA lo distinguió con el Martín Fierro al Mejor Actor Infantil. Su fama trascendió la serie ya que después se unió a Muñeca Brava interpretando al mismo personaje, momento desde el cual no hay más información sobre su paradero.


Coqui (Juan Gabriel Yacuzzi): El mejor jugador del equipo quien, después que Los Cebollitas salieron campeones del mundo en Ecuador (?), debió retirarse por ser mayor de edad (?).

Luego de la tira actuó en Muñeca Brava, Cachorra y Rebelde Way, entre otras, y fue compañero de Clive Owen, Julianne Moore y Michael Caine en Los Niños del Hombre (2006) de Alfonso Cuarón.

En 2012 se quedó con el horario que disponía Ricardo Fort en el Canal América y condujó «Noche Inolvidable», un programa que… bueno, veanlo ustedes mismos. Una actitud muy baldosera.


El Colo (Daniel Vicos): Era el alma del grupo además del encargado de tirar chistes malos. Aparte brillaba con su propia canción: Que Bolú. Después de la tira actuó en diversas series, siempre del grupo Telefe.


El Bocha (Dante Rodríguez): Como reza el saber popular, el gordo va al arco. Siempre con hambre, recibía un pancho antes de cada partido. La rompía ante Los Powers.

Sofía (Dalma Maradona): Elegida sin necesidad de casting, su personaje reducía todo a “casarse y tener hijitos”. Shirley Temple un poroto.


Hipólito (Leonardo Centeno): Un autentico psicópata. Encima de ser traga, altanero y mala onda, tenía un sombrío alter ego (Tadeo) que la rompía jugando al fútbol, el cual era aun más insoportable. Sórdido.

Por supuesto, había más protagonistas como “El Rata”, “Fede”, “Axel”, “Tomas”, “El Fantasmita del Club” y “El Colorado Malo de los Powers”, entre otros, los cuales vamos a obviar, pero solo por cuestiones de espacio.

Los Cebollitas en la cultura popular (?)

Con el éxito de la novela se sucedieron infinidad de productos vinculados al equipo. Era común ver en las plazas a muchos chicos con la remera de Los Cebollitas. También tuvieron su revista mensual y hasta un álbum de figuritas.

La obra de teatro fue presentada en las vacaciones de invierno de 1997 y giró por varios países de Sudamérica además de Israel. De hecho, el ficticio mundial se grabó en Ecuador, donde se vivieron escenas de histeria colectiva. La tarde que la obra bajó de cartel tuvo al mismísimo Diegote haciendo jueguitos arriba del escenario.

Mención aparte merece el soundtrack de la serie, el cual se ubicó en los primeros lugares de las listas de ventas y contenía éxitos tales como: “Ole-Ola”, “Que Bolú”, “25 de Mayo”, “Transar”, “Amigos” y el siempre recordado “Salir Segundos” (Cebollitas Sub campeón), que se instaló para siempre en el inconsciente colectivo al momento de referirse a Cuper Cappa Holanda un equipo o jugador que perdió muchas finales.

En la segunda temporada salió otro disco, pero la calidad musical no era la misma (?). Poco a poco, Los Cebollitas fueron desapareciendo dejándonos, a perpetuidad, el enigma sobre el destino de aquellos chicos, como así también, la intriga sobre si alguna de aquellas nenas se transformó en VOT SI (?).

A continuación, los dejamos con un video con las inolvidables canciones de Los Cebollitas el cual, automáticamente, va a dibujar una sonrisa en el rostro y va a dar un dejo de vergüenza ajena. Así y todo, mírenlo hasta el final, pedazos de putos (?).

Fuera de stock: comisarios deportivos

No eran árbitros. Tampoco policías. Su función, difícil de explicar, consistía en algo así como una mezcla de ambas profesiones. ¿Eran veedores?. ¿Encargados de la seguridad?. ¿Colaboradores de Calabria, Lamolina, Iturralde o el botón referee de turno?. ¿Cómo fue que de un día para el otro desaparecieron del costado del campo de juego en absoluta intrascendencia?. La verdad, ni la más puta idea.

Sin embargo, eran fáciles de identificar. De camisa y corbata (aunque el termómetro marcara 40º a la sombra), generalmente con anteojos y bigote y necesariamente calvos y mayores de 50 años, salían a la cancha antes que los árbitros para recorrer el campo de juego vaya uno a saber en busca de qué. Luego solían posar en la foto que no sale publicada en ningún lado y, una vez comenzado el partido, se quedaban entre los bancos de suplentes. Volvían a los primeros planos a la hora de los cambios, sosteniéndo los carteles que indicaban que jugadores iba a ser reemplazados y quienes ocuparían sus lugares. Hasta ahí, tareas muy similares a las que realizan en la actualidad los llamados “cuarto árbitro”.

Claro que siempre podían ocurrir imprevistos: una bomba de estruendo, hinchas subidos al alambrado, un corte de luz. Ante estas interrupciones tomaban un protagonismo mayor. Comunicándose por handy con ¿el comisario?, ¿Macaya Márquez?, ¿Presidencia de la Nación? eran los encargados de transmitir tranquilidad y dar las garantías necesarias para la continuidad del juego. O no.

Lo cierto es que con el tiempo se fueron esfumando hasta desaparecer por completo. Mientras que en otros deportes, como el ciclismo o el automovilismo, siguen en el centro de la escena y son determinantes a la hora de definir un resultado, en el fútbol nadie sabe por donde andan. Ya no se los ve queriendo aparecer en todas las fotos, molestando a los protagonistas y sonriendo burlonamente ante los improperios de la popular. Para eso están Tití y Benedetto.

Fuera de Stock: el desempate clasificatorio a la Libertadores

El primer bicampeonato de Vélez Sársfield -aquel de la temporada 1995/96- dejó a la vista un vacío legal en el reglamento en el cuál nadie había reparado hasta entonces: «Uia (?) ¿Y ahora? ¿Cuál es el otro equipo que va a la Libertadores?». Recordemos que por aquellos días, en los que agonizaba el menemism*, sólo los campeones de cada torneo ocupaban las dos plazas asignadas a nuestro país.

Por suerte, Los Caballeros de la Mesa Redonda del Rey Julio encontraron rápido la solución: partido único en cancha neutral entre ambos subcampeones y en caso de empate, primero alargue y después penales. Y todos contentos (?).

Racing Club 1 – 0 Gimnasia de La Plata (1996)

El 22 de agosto en el estadio Monumental de River, se enfrentaron Racing Club (segundo en el Apertura ’95) y Gimnasia de La Plata (subcampeón del Clausura ’96) en un buen partido que tuvo chances claras para ambos equipos y que finalizó empatado 0 a 0 en los noventa minutos reglamentarios.

Después de hacer la pantomima de tirarse al piso y agarrarse la cabeza mientras un compañero los ayuda a elongar, ambos equipos volvieron a la cancha con más ganas de irse a mirar Poliladron que de jugar al fútbol. Por suerte, El Chelo Delgado se mantuvo despierto y marcó el único gol con un tiro desde afuera del área a los 5 minutos del primer tiempo suplementario.

Si bien festejó aquella noche, Miguel Brindisi fue despedido 5 días después y Racing, con Coco Basile a la cabeza, llegó hasta las semifinales de la Libertadores ’97, donde fue barrido sin piedad por Sporting Cristal de Perú.

Por su parte, el Gimnasia de Timoteo siguió con la tradición de salir segundo en cuanto torneo tuviera enfrente (?).

Colón de Santa Fe 1 – 0 Independiente (1997)

El imparable River de Ramón de la temporada 1996-97 obligó a que el segundo cupo para la Libertadores ’98 se dirima en un duelo entre ambos subcampeones en la cancha de Lanús.

De esta manera, llegó un Independiente de Avellaneda que no se parecía en nada al que había salido segundo un año antes de la mano del Flaco Menotti: había perdido a Calderón, Matute Morales y Roberto Acuña; tenía suspendido a Arzeno por ingesta de té; había llevado a la renuncia al Tigre Gareca y, para colmo, era dirigido interinamente por El Tapón Gordillo.

Por el otro lado venía un Colón de Santa Fe, dirigido por Orlando Medina, que era una sombra del equipo que había vapuleado a River por 5 a 1 en el semestre anterior y que había perdido la impronta de Pancho Ferraro, quien se había marchado estresado tras dirigir a tanta oveja descarriada.

El encuentro lo ganó El Sabalero con gol de Marcelo Saralegui, lo cual le permitió debutar en la Copa Libertadores y presentar una listade buena fe con Burtovoy, Azoge, Gustavo Sandoval y Juan Manuel Suligoy, entre otros, dirigidos por El Profe Córdoba. Y bue, a un principiante nadie le exige nada… Mucho menos dignidad.

River Plate 3 – 2 Gimnasia de La Plata (1999)

Los dos torneos de la  temporada 1998/99 fueron ganados, de punta a punta, por el aquel primer Boca de Carlos Bianchi que ostentaba los goles de Palermo, el equilibrio de los colombianos y la explosión de Adrián Guillermo (?).

En ese contexto y para dirimir el segundo cupo a la Libertadores de 2000, el 24 de junio se enfrentaron el River Plate de Ramón (subcampeón del Clausura ’99) ante el Gimnasia de Gregorio Pérez (subcampeón del Apertura ’98) en el estadio José Amalfitani.

En un partido épico, Chirola Romero abrió el marcador para El Tripero con una chilena inolvidable. El Millonario lo dio vuelta con un tiro libre magistral de Aimar y con un gol de papi fútbol de Juan Pablo Ángel tras 12 toques. Facundo Sava empató con un cabezazo ordinario (?) y faltando 10 minutos Saviola marcó el 3 a 2 final con un tiro al ángulo tras una triangulación con Aimar y Ángel. Tremendo.

Los hinchas de River se fueron festejando la clasificación a su sexta Copa en forma consecutiva mientras que los de Gimnasia lamentaron otro intento fallido por debutar en la Libertadores.

Para colmo, el partido fue declarado obsoleto ya que la Conmebol modificó el torneo, sumó varios equipos y le otorgó dos plazas más al país. Ah ¡Entonces le dieron una al Lobo!. Bajo ningún punto de vista (?). Los dos cupos restantes a la Copa de 2000 fueron para Rosario Central y San Lorenzo, quienes sumaron más puntos que El Lobo en la tabla acumulada del año 1999. Y si, la suerte de Gimnasia

Fuera de stock: las copas M*nem

Mucho antes del Torneo Inicial «Eva Perón» 2012 y de los torneos «Néstor Kirchner» de 2011, otras competiciones amistosas, pero de caracter internacional, recibieron el nombre de un líder político argentino. Con ustedes, las ya olvidadas y nunca añoradas copas M*nem.

Copa Presidente Carlos Saúl M*nem (1994)

Situémonos en los dorados 90’s, esa época de la Argentina donde la impunidad en todos los niveles de la sociedad permitía cualquier cosa, pero cualquier cosa, eh. Incluso en el fútbol.

No es de extrañarse, entonces, que en 1994 haya existido la Copa Presidente Carlos Saúl M*nem, un singular trofeo que se puso en disputa con un cuadrangular en Argentina entre River, Independiente y dos invitados internacionales: la Roma y el Nápoli de Italia. ¿La excusa? El regreso de Claudio Caniggia a las canchas después de su suspensión por doping.

Por supuesto que los argentinos, conociendo el historial del riojano más famoso, no tenían muchas intenciones en quedarse con la Copa y por esa razón evitaron poner lo mejor para afrontar el torneo amistoso.

Lo curioso es que, ya estando en nuestro país, los italianos también se enteraron de la mufa de Carlitos y también decidieron ir para atrás, o al menos eso pareció.

En primer turno, River enfrentó a la Roma en la cancha de Vélez y antes de que se empezaran a pelear por ver quién perdía, un defensor italiano hizo un gol…¡en contra!

River ganaba 1 a 0 sin querer, pero después terminó haciendo lo que debía. El técnico Daniel Passarella se hizo echar, el arquero Javier Sodero se mandó una de las suyas y los tanos ganaron el partido 3 a 1 para pasar casi accidentalmente a la final. Ese día Cani hizo un gol y la hinchada millonaria coreó su nombre, sin imaginar que al año siguiente pasaría a Boca.

Para que no quedaran dudas de que el conjunto de Núñez no quería saber nada con esa copa, unos días más tarde se enfrentó al Nápoli y presentó una formación repleta de juveniles, como el arquero Leo Aguirre, Roberto Clérico (que se juntó con Cocca), el guatemalteco Rojas, Lombardi, Vujacich y el Luigi Villalba.

Pero los italianos del Nápoli, que venían de perder 3 a 2 con el Rojo, tampoco comían vidrio y, sabiendo que un tercer puesto en la Copa de Il Carlo podría ser mortal, se dejaron ganar por los chicos de River: 4 a 0 terminó el partido.

¿La final? Se jugó a cara de perro. Tanto Independiente como la Roma hicieron hasta lo imposible por perder. Hasta jugaron los dos con camiseta roja para tratar de confundirse y darle la pelota al rival. Pero no había caso, uno de los dos tenía que ganar. Y ganó el Rojo de Avellaneda 2 a 1 con goles de Gustavo López.

Sí, sí, aunque parezca increíble. Independiente, el mismo año que obtuvo el Clausura y la Supercopa, fue campeón de la Copa Presidente Carlos Saúl M*nem. ¿Era “nesario”?

Copa Carlos M*nem (1994)

Extrañamente no se disputó en nuestra tierra, sino en el vecino país de Uruguay, más precisamente en el Estadio Centenario de Montevideo. Del mini torneo formaron parte los locales Nacional y Rampla, junto a los argentinos de Racing y San Lorenzo.

Según consigna el sitio 1950.com.uy, la Copa Carlos M*nem comenzó a jugarse el 18 de Julio de 1994, día feriado para los uruguayos, al conmemorarse la Jura de su Constitución.

En primer turno, La Academia derrotó 3 a 1 al Bolso y accedió a la final. Lo propio hizo Rampla, venciendo en los penales al Ciclón, luego de haber igualado 1 a 1 en el tiempo reglamentario.

Dos días más tarde, los de Boedo caerían 2 a 1 ante Nacional en el partido por el 3º y 4º puesto. Y después, claro, llegaría el turno de la gran final, bajo la lluvia y con apenas 200 personas en las tribunas.

Fue así como Racing, dirigido por Rodolfo Della Picca, salió al verde césped con Ignacio González, Reinoso, Vallejos, Costas y Distéfano; Guendulain, Quiroz, De Vicente y Galarza; Claudio López y Fleita. Y tuvo que apelear a todo para ganar.

Corrían 15 minutos del segundo tiempo cuando Rampla, con el partido 0 a 0, tuvo un penal a favor. Dice la leyenda que una milésima de segundo antes de que lo ejecutara el uruguayo Wilmar Cabrera, un jugador académico tuvo la lucidez de gritar el nombre de la copa. Y Nacho González lo atajó, claro.

Un rato más tarde llegaría el tanto de Roberto Galarza que le dio el trofeo al cuadro de Avellaneda y que, por supuesto, marcaría la suerte del autor del gol, que al año siguiente empezaría su camino errante en el ascenso después de haber prometido bastante en Primera.