Fierro a Boca (2010)

«Estoy orgulloso por poder jugar en el club más importante de Argentina», declaró Gonzalo Fierro apenas pisó Ezeiza, listo para disputar el Torneo Apertura 2010. Boca había acordado su pase con el Flamengo, y el chileno llegaba a préstamo por un año y con una opción de compra. La contratación había sido recomendada por Claudio Borghi, quien fuera su entrenador en el Colo-Colo. Pero durante los exámenes médicos surgió un problema: se le detectó una vieja lesión en su retina.

Sin descartar la incorporación, Boca salió a buscar una aseguradora que permitiera la llegada del mediocampista. Pero, al no aceptar ninguna póliza de las que le fueran presentadas, el club decidió no arriesgarse y canceló la operación. Desanimado, el director técnico terminó por aceptar la decisión de los dirigentes: “Hemos creído que al pedirlo le hacíamos un favor y lo terminamos perjudicando”. Aunque viendo la campaña del equipo en ese torneo, el perjudicado no fue Fierro precisamente.

Gabriel Schurrer a Independiente 2006

Normalmente para alguien del género masculino hay ciertas noches previas a un suceso clave que son eternas, plagadas de insomnio y nervios: La previa de un partido vital para la situación de tu equipo, la previa de tu casorio y, finalmente, la previa del día en que te vas a animar a encarar a la piba que te gusta. Estando en secundaria, al menos ese es mi caso, tenés la cabeza quemada de (inserte consola/artefacto tecnológico de interés de sus años de pibe), sumado a muchas imagenes de (inserte mujer fatal de sus años de pibe) en bolas en (Te lo firmo ya que de Playboy o Notiblog no sale) y demasiado espacio vació en el bocho en el que depositas el partido que tenés que jugar con tus amigos o la pelea entre Distasio y Leto en el programa de Fantino. Es por eso que cuando aparece ese extraño invento de Disney llamado «amor» te volvés más nabo, colgado y temeroso. Hasta que un día le decidís poner un punto. Puede ser un punto final o puede ser un punto seguido. Todo depende de lo que salga de los labios de esa chica que reemplazo las ajusticiadas a la Callejón por canciones de Sergio Denis.

Durante la Copa del Mundo del 2006 el Independiente de Jorge Burruchaga pisaba fuerte en el mercado de pases. Había vuelto Daniel Montenegro, Germán Denis reforzaba la ofensiva y Rodrigo Díaz dejaba el fútbol mexicano para asumir el rol de creador de juego tras un tiempo alejado de las cámaras. Como si fuera poco, se confirma en Junio de aquel año la llegada del experimentado defensor Gabriel Schurrer, desde el Olympiakos griego. Tras abandonar Lanús a mediados de los 90′, el santafesino regresaba con 35 años a la Argentina para quemar sus últimos cartuchos en el conjunto de Avellaneda.

La contratación de tornaría complicada y la chance de Schurrer con la casaca roja se fue apagando rápidamente por diferencias dadas durante el cierre de la operación. Sería Leandro Gioda, otro ex Lanús, quien se sumaría a la defensa de Independiente. GS pasaría al Málaga donde finalizaría su carrera. Años después dirigiría al Granate. Y mejor lo dejamos ahí.

Normalmente estos post lo cerramos con mensajes tristones. Pero hoy nos aspiramos un Claudio María Domínguez y le ponemos otra postura. La mina acepta una invitación tuya a comer una muzza. No sos George Clooney, Robert Redford o Tom Cruise, pero si un remador que, por primera vez tras vagar por los mares de la soledad con los dos brazos cansados, encontras una recompensa que no te saca la sonrisa de la cara. Sos el tipo más feliz del mundo. Salis a la calle como Will Smith en En Busca de la Felicidad. No sabés que te vio. Quizá son los ojos que te brillan disimulando una noche sin dormir pensando en esa chica. O lo entusiasmado que sonabas al hablarle, como viajando a través de una nube de felicidad en ese espacio denso y aburrido en el que se torna el colegio a las 9 de la mañana. Te subís al colectivo y, apoyando la cabeza en el vidrio abandonado pero fiel del bondi, pensas en que a pesar de todo, aún te quedan muchos momentos felices. Llegás a tu casa y por primera vez en el año le decís a tu vieja que tuviste un lindo día.

Almeyda al Zaragoza (1996)

A mediados de 1996 y tras ganar la Copa Libertadores, varios equipos europeos posaron sus ojos sobre los jóvenes valores de aquél River Plate campeón de América. Y fue así que, a Avenida Figueroa Alcorta 7597, llegaron miles de ofertas por aquellas figuritas de moda que, además, formaban parte de la Selección Argentina de Daniel Passarella.

“Que cuento querés por Crespo, que a cuanto me dejás a Ortega, que haceme precio por Gallardo”. Desde todos los rincones del planeta llovían los pedidos por las joyas de la abuela riverplatense (?). Sin embargo, ninguno de ellos tuvo tantos, pero tantos pretendientes, como El Pelado Matías Jesús Almeyda.

Tras recibir una oferta concreta del Zaragoza de España, el entonces presidente Millonario, Alfredo Dávicce, decidió viajar a La Madre Patria con la aparente intención de finiquitar la negociación. Pero claro, su verdadero objetivo era otro.

En la primera reunión los popes del club maño le tiraron una cifra que fue considerada irrisoria: 3 millones de dólares por los servicios del Pelado. En el segundo cónclave los españoles subieron la oferta a 4 millones, pero sólo obtuvieron silencio como respuesta. Perdidos por perdidos, los aragoneses elevaron su último ofrecimiento a 4 millones y medio de verdes más la cesión de Sergio Ángel La Bruja Berti.

Fue en ese instante que Don Alfredo hizo gala de su habilidad para encantar serpientes y se quedó con el préstamo de Berti sin poner un mango, pero a cambio de la promesa de volver a sentarse a negociar seis meses después, momento en el cuál Almeyda iba a jugar, si o si, con la remera del Zaragoza.

¿Y cumplió Dávicce con su promesa? Para nada. A los pocos días el presidente infló el valor del jugador coqueteando con el Real Madrid y el Barcelona y, finalmente, le vendió el pase al Sevilla, equipo que no tenía el cartel de los antes mencionados pero pagó, billete tras billete, los 10 millones de dólares por los que se concretó la venta de Almeyda a España. Chupate ese Rivotril.

Diego Maradona al Portsmouth 2009

Ilusión. Eso es lo que genera estar enamorado de alguien sin que lo sepa. Estamos en secundaria. Hace 10 grados, tenes una clase de Física en 5 minutos y no hiciste la tarea. La señora profesora te va a comer crudo. Pero no te importa. Tenés tus ojos en un ángel. Un ángel de pelo lacio, ojos profundos y sonrisa mística. La piba más linda del curso. «Estoy enamorado de ella boludo» le decís a tu compañero de banco. «Gordo, no te va a dar bola ni a palos. Dejate de joder y ponete a rezar que nos van a bochar al carajo» responde él. No te importa. Estás en tu mundo. Llegas a tu casa, te ponés a escuchar «Hello» de Lionel Richie a oscuras, te volvés más sensible y te llevas muebles por delante todo el tiempo. ¿Te va a dar bola algún día? Ni a palos (ni a las doce botellas de whisky) pero vivis en una nube de pedo que te hace temporalmente feliz.

El amigo (?) Sulaiman Al-Fahim seguramente fue una de esas personas victimas de ilusiones desmedidas a causa de una mujer. Este emiratí adquirió a mediados del 2009 al Portsmouth de Inglaterra. Y mientras el Huracán de Ángel Cappa peleaba el torneo y la gripe porcina azotaba al continente, tiró una bomba: Quería a Diego Armando Maradona, entrenador por ese entonces de la Selección, como director deportivo, asesor de mercado y embajador global (?) del conjunto.

Pero eso no es todo, si llama en los próximos cinco minutos triplicará su compra y se llevara este útil pisapapeles para su escritorio. No lo dude. Llame ahora dentro del cargo ideado por Al-Fahim de «asesor de mercado», se encontraba la idea de llevar al conjunto azul, de la mano del Diego, a jugadores de la talla de Sergio Aguero, Samuel Eto’o, David Villa y David Silva. El hombre proveniente del Medio Oriente, en el climax de su delirio, llegó a decir que las charlas con el abogado de DAM, Ángel Oscar Moyano, estaban avanzadas: Maradona estaba listo para dejar el cargo de director técnico de Argentina para sumarse al proyecto, comenzar a ver jugadores y armar el primer equipo, listo para romper el mercado de pases contratando a las cuatro superestrellas ya nombradas.

En fin, esta locura nunca se dio. Normalmente estas cosas suceden cuando alguien con mucha plata pero poca idea del fútbol asume en un equipo. Un mamarracho con todas las letras, pero uno de esos mamarrachos que generan ternura y que son dignos de decir presente cuando agarramos el PES y empezamos a editar todo a nuestro placer.

A todo esto, ¿la mina mordió el anzuelo? Pero por supuesto que no. Los momentos de ilusión quedaron atrás. Lo único que sacaste de esa experiencia fue haberte memorizado «Hello» de Lionel Richie de taquito. Creciste, estudiaste, te compraste tu autito y tu televisor para ver el fútbol. Eso no quita que, en las pausas del laburo o mientras que esperas las empanadas, te encerres en el baño, te fijes si tenés más o menos panza y, en un lapso oscuro y silencioso, recordés esos momentos de joven y ciega ilusión. Pero no todo esta perdido. Regresará, siempre vuelve. Por suerte.

Torrizelli (?) al Mallorca 1995

A contramano de lo que se cree, mandar fruta, tirar información sin chequear y repartir pescado podrido no son usos y costumbres exclusivos del periodismo argentino.

A mediados de 1995, el diario español El Mundo Deportivo informó a todos sus lectores que el Mallorca de España estaba a punto de fichar al experimentado volante argentino Julio César Torrizelli, quién, según se afirmaba, no era tenido en cuenta en River Plate, tu grato nombre.

En esa misma edición, el matutino se animó a más y hasta publicó unas declaraciones del enigmático Torrizelli: “poseo dos opciones: fichar por el Mallorca o por el Rosario Central. La verdad es que particularmente me encantaría jugar en España”.

Días después, el club balear envió unos emisarios a cerrar la negociación a la Argentina, aunque claro, jamás dieron con el paradero de Torrizelli. Entonces, valija en mano, los confundidos empresarios rastrillaron los 100 barrios porteños, en un desesperado raid que les llevó horas, días, semanas y hasta unos cuantos meses.

Primero se tomaron el 60, después viajaron en los viejos vagones de la línea A de subte y hasta caminaron Rivadavia, de punta a punta, preguntando a cada transeúnte si alguno había visto a Torrizelli. Pero claro, siempre encontraron negativas.

Hartos de la Capital Federal y en su último día de búsqueda, los españoles finalmente llegaron hasta Villa Devoto, más precisamente a la intersección de las calles Segurola y Habana, donde se cruzaron con el volante de Colón de Santa Fe, Julio César Toresani quién, muy apurado aunque de manera amable, les contestó: “No la verdad que no lo conozco. Ahora discúlpenme, pero tengo que resolver un asunto con un gordito que vive por acá”.

¿Y Torrizelli? Bien, gracias. De su paradero, hasta el día de hoy, no hay ninguna noticia…

Juan Antonio Pizzi al Chelsea 1998

Compleja era la situación que vivía Juan Antonio Pizzi a finales de 1998. Sin haber cumplido con las expectativas generadas en sus primeros seis meses en River, era ampliamente resistido por la hinchada Millonaria pero, curiosamente, pretendido por el poderoso Chelsea de Inglaterra.

Los británicos, que buscaban un reemplazo para el lesionado Pier Luigi Casiraghi, ofrecieron 3 millones de dólares y en Núñez agarraron con las dos manos, pese a las amenazas públicas que lanzó Ramón Díaz, quién consideraba clave al santafesino en su estructura.

Lo que se vislumbró como una salida decorosa para el ex delantero de la Selección Española, se vino abajo por una cláusula que River había firmado con el Barcelona cuando adquirió sus derechos federativos. La famosa letra chica…

Aquel inciso -impuesto por Louis Van Gaal- establecía que, en caso de venderlo a otra institución europea antes de 2001, River debía solicitar la aprobación de los Culés además de pagarles 2 palos verdes, claro.

Mientras los dos equipos de habla hispana gitaneaban el precio de la cláusula, los ingleses se hicieron a un costado con la promesa de repetir la oferta cuando estos tengan la resolución.

Finalmente, cuando El Barça y River se pusieron de acuerdo, el diario inglés The Sun mostró la sonriente foto del joven finés Mikael Forssell como flamante refuerzo del Chelsea. La llamada de Londres jamás llegó…

Américo Gallego al Betis 1999

Una vez finalizado el Mundial ´98, Américo Rubén Gallego cumplió el postergado sueño de emanciparse de Daniel Alberto Passarella e iniciar su propia aventura como entrenador. Aunque, El Tolo, tuvo que esperar un año para encontrar una oferta que lo seduzca. Y a mediados de 1999, esa oferta apareció.

El Betis español y, sobretodo, la generosa billetera de su presidente, Manuel Ruiz de Lopera, convencieron a Gallego para que se ponga al timón de un equipo que se las traía y que contaba con figuras como el nigeriano George Finidi, el brasileño Denilson y el español Alfonso, entre otros.

Una vez en Sevilla y tras las presentaciones de rigor, El Tolo firmó su contrato y se dispuso a llenar los formularios pertinentes a las distintas entidades que rigen el fútbol español. Enorme fue la sorpresa de los directivos cuando comprobaron que el técnico había dejado en blanco varios de los campos referidos a su historial laboral. “Si yo dirigí sei mese en River, nomá…” fue la escueta respuesta de Gallego.

Así y todo, se enviaron todos los papeles a los diferentes organismos y estos no pasaron el filtro del Comité de Entrenadores Españoles, que requería 3 años de experiencia para técnicos extracomunitarios. Perdido por perdido, el Betis quemó todos los recursos posibles para obtener la aprobación: que fue alterno cuatro años en un selección de primer nivel, que dirigió por expulsión del Kaiser, que Cruyff, Antic y Toshack tuvieron el mismo problema y nadie dijo nada… En fin, todos lo artilugios obtuvieron un rotundo “No” como respuesta.

Casi sin convicción, se argumentó la posible recepción de la ciudadanía italiana por parte del técnico, pero les contestaron que ni siquiera casándose con Penélope Cruz llegaban para la fecha de inscripción. Como última medida, se apeló a esa fuerza descomunal de la naturaleza llamada Julio Humberto Grondona para que les de una manito, lo cuál, lejos de simplificar las cosas, hizo montar en cólera al Presidente de la Federación Española, Ángel María Villar.

“Grondona es una persona muy inteligente, que sabe donde está y lo que quiere. Y comprendo que quiera defender a un técnico argentino. Pero nosotros tenemos que cumplir una normativa que, por cierto, no es agradable, pues para mi sería más fácil decir que si. Pero una de mis obligaciones es cumplir las normas. Así que, me guste o no, Américo Gallego no va a dirigir en España hasta que se acate a las reglas”.

Antes de volverse a la Argentina, un apesadumbrado Américo Gallego dejó un último consejo: “Contraten a Griguol”. Y de esta manera, con El Viejo de técnico, Gabriel Perrone de ayudante y El Chirola Romero como refuerzo estrella, el equipo andaluz se fue, sin escalas, a Segunda División. Y si, La Suerte del Betis (?).

Sebastián Peratta a Boca 2011

El reloj marcó las 12 de la noche. Era San Valentín.  Un joven observa desde su ventana la noche estrellada. Piensa en los universos que está acaparando con sus ojos. Esas galaxias lejanas supuestamente con una tecnología superior a la del planeta tierra. Todos hablaban de platillos voladores o inteligencia telepática, pero nadie se preguntaba si en aquellos lejanos lares existe el amor. El beso. El cariño. El tomarte el colectivo con la mujer que amas con ella apoyando cariñosamente su cabeza en tu hombro. Los planes para el futuro de dos personas que se aman. El sexo. Este joven tenía su cabeza centrada en la chica de sus fantasías. La razón de su sonrisa. La responsable de los latidos de su corazón. Ella era rubia, tenía los ojos oscuros, una sonrisa exquisita y un cuerpo digno de un edén. El joven tenía en la mano su teléfono, y en la otra un arrugado papel con el número de ella. Estaba en sus manos el destino de aquella calurosa noche de San Valentín. Irse a dormir como un infeliz nuevamente, o darle sentido a sus días, tornados de monotonía y falta de motivación. ¿Llamará a aquella mujer que lo desvela por las noches y lo mantiene soñando despierto por los días?

El invierno del 2011 significó para el Boca Juniors de Julio César Falcioni un punto y aparte. Tras un flojo Clausura (finalizo 7mo), el retiro de Martín Palermo y los primeros 6 meses de la era del ex entrenador de Banfield, el Xeneize afrontaba un periodo casi de transición en el que necesitaba dejar atrás el tormentoso pasado para lograr el título nacional que se le negaba desde el 2008.

Tras las partidas de Cristian Lucchetti y Javier García, el arco quedaba vacante a la espera de un nuevo guardavalla. Rápido de reflejos (badum tss), los directivos se encargaron de hacer un listado de los posibles nombres para ocupar el puesto. En él estaban Agustín Orión, Mariano Andujar y, entre otros, Sebastián Peratta, por ese entonces titular de Newell’s Old Boys. Fue él quien tomó la delantera de la lista, gracias a que su representante deslizó la frase «A Peratta lo seduce la idea de ir a jugar a Boca«.

Como era de esperarse, comenzó una disputa a por el arquero entre el equipo rosarino y los de La Boca. Desde La Lepra no querían despegarse de él. Pero la verdadera piedra en el zapato apareció para Boca tras enterarse que SP contaba en su contrato con una importante clausula de rescisión. De parte del arquero existió una presión para que desde la dirigencia de Newells aceptaran negociarlo y aliviaran las trabas en su contrato. Su elevada cotización (se hablaba de un millón y medio de dólares) era un dolor de cabeza para los directivos de Boca si pensaban en contar con sus servicios.

Finalmente, Peratta se quedaría en su equipo y los de JCF se harían con el guardameta Agustín Orión, quien sería una pieza clave a la hora de conseguir el tan ansiado Apertura 2011.

En un abrir y cerrar de ojos, el reloj marcó las siete de la mañana. El joven no se animó a aventurarse al llamado. De a poco, ese fuego que le generaba imaginarse en un futuro con aquella bella chica se fue apagando hasta quedar cenizas. Rápidamente se dio cuenta de que la cobardía lo tenía atado de pies y manos. En un instante se reveló a si mismo que, victima de lo recientemente escrito, estaba condenado a una vida de obediencia, silencio y represión de sentimientos. Quedarse pelado, fingir risas y vivir en una rutina desesperante y aburrida, la cual lo iría consumiendo día tras día un poco más. El reloj ahora delataba las 7 y 4 minutos de la mañana. Tenía que tomar un café sin gusto de desayuno. Tenía que tomar un colectivo repleto de calcos de su realidad adaptados a distintos cuerpos. Tenía que soportar otro día tirado a la basura en un cubo aislado, al lado de una computadora lenta y sin servicio. No lo toleró. Negó vivir un día más así. Creyó que el beso de una bala en la parte trasera de su cabeza terminaría con ese calvario. Sin darse cuenta, tras apretar ese gatillo, estaba cometiendo el primer acto valiente de su vida. Tristemente, también, el más nefasto.