El jueves 1º de mayo de 1980 no sería un día más en nuestras vidas: esa jornada los televisores argentinos dejaban atras la era del blanco y negro, y pasaban a transmitir en color. El fútbol no se iba a perder la oportunidad, y apenas iniciada esta nueva época, ya mostraba imágenes del primer partido a color que se vio por las pantallas nacionales: Argentina contra un Combinado de la Liga de Irlanda. El encuentro, transmitido en diferido por ATC, se había jugado la noche anterior en el estadio Monumental.
El equipo de Menotti salió a la cancha con Fillol; Olguín, Villaverde (Simón), Van Tuyne, Ocaño; Barbas (Fren), Gallego, Maradona; Calderón (Santamaría), Ramón Díaz y Valencia.
Los europeos presentaron a Patterson; Gregg, Mc Ganville, Duning (Kelly), Lawder; Walsh (Hulmes), Nolan, Flanagan; Minnock (Meagan), Buckley y Eviston.
Fue árbitro del encuentro el uruguayo Roque Cerullo, y el único gol del partido fue marcado por Diego Maradona a los 12′ del segundo tiempo. Para verlo (a color) una y otra vez.
La imagen da cuenta de la formación de la Selección Argentina Sub-20 en su visita a Cipolletti, donde enfrentó al equipo local. Esa tarde del 8 de abril de 1977, no sería una más para Diego Armando Maradona. Pelusa había debutado en el equipo juvenil de Cesar Luis Menotti esa misma semana, en un amistoso frente a un combinado de Chascomús. Pero contra El Capataz de la Patagonia convertiría su primer gol con la camiseta que lleva el escudo de AFA, obviamente de manera extraoficial.
«Maradona, con un desconcertante cambio de piernas dentro del área, desequilibró a sus marcadores y entrando raudamente con un disparo a ras del suelo decretó el dos a uno” fue el tibio análisis del diario Río Negro, ignorando que en aquellos días comenzaba a hacer historia una resonante estrella del fútbol mundial.
Podríamos ir a cazar al zoológico y afirmar que aquello si era River Plate. Que tenía un plantel increíble; que todavía se iban de gira por Europa; que Omar Labruna era el que la tenía clara (?); que Aguilar; que Passarella; que Jota Jota López. Que, que, que…
Ahora, si lo queremos ver desde la otra vereda, fácilmente nos damos cuenta que la Lazio también era un combinado de súper estrellas (de las buenas, de las caras y de las buenas y caras) y no el enjambre de figuras clase B que es por estos días. Trasnfugueadas se cocinan por todas partes. Y nuestro fútbol y aún más el Calcio, siguen dando sobradas muestras de ello…
Como sea, el 21 de agosto de 1999, aquella Lazioprevia a la implosión de La Cirio recibió a River en el Olímpico de Roma en un encuentro estipulado en el traspaso del Matador Salas, que de paso le sirvió a Le Aquile como presentación de su Squadra de cara a la temporada 1999/2000.
Aquella noche, los locales formaron con: Marchegiani (Ballota), Pancaro, Negro, Mihajlovic (Gottardi), Favalli; Lombardo (Sergio Conceicao), Almeyda (Marcoli), Juan Sebastián Verón (Simeone) y Roberto Mancini (Stankovic); Salas (Kennet Anderson) y Simone Inzaghi (Pinzi).
Por el lado de River jugaron: Bonano; Lombardi (Ariel Franco), Trotta (Leo Ramos), Yepes y Placente; Escudero (Coudet), Astrada (Ledesma), Sorin (Gancedo) y Pablo Aimar; Juan Pablo Ángel (Cardetti) y Saviola (Cuevas). Si, una verdadera invitación al onanismo futbolístico que finalizó igualada 1 a 1 con tantos de Simone Inzaghi y El Negro Escudero.
Así y todo, lo más destacado de aquella jornada fueron las declaraciones del técnico sueco Sven Goran Eriksson quien, consultado por las bondades de Aimar y Saviola, manifestó sin ningún tipo de pudor: “Si. Si. Los chiquitos me gustaron. Son rápidos… sin embargo, el que me deslumbró fue Ariel Franco. Es un gran jugador, terriblemente aplicado y talentoso. Estoy seguro que pronto lo veremos en nuestro fútbol”.
Un año después y a pesar de esta humorada, tanto su Lazio como el River de Ariel Franco eran campeones de sus respectivas ligas.
Un mes después del amistoso en el que la Selección Argentina se impuso al Resto de América, el equipo del Coco Basile enfrentaría a un rival de similares características, pero sin límites continentales: el afamado (?) rejunte denominado Resto del Mundo. Otra vez el estadio Monumental era testigo de un partido que iba a servir de poco, con nombres sorprendentes y escasa respuesta del público.
Por los locales dieron la cara Goycochea; Craviotto, Sergio Vázquez, Ruggeri, Altamirano; Franco, Giunta, Latorre, Leonardo Rodríguez; Mohamed y el Gallego González. En el segundo tiempo ingresaron Carrizo, Mannarino, Martino, Soñora y Gamboa.
Los visitantes, dirigidos por Telé Santana y Miljan Miljanić, formaron con Tony Meola; Carlos Vázquez, Belodedici, Alexandre Torres, Diego Rodríguez; Bismark, Moas, Borges, Savicevic; Hugo Rubio y Zamorano. A ellos se le sumaron los que entraron en la parte final: Chabala, Diego Sánchez, Rubén Paz y Marcelo Balboa. Un total de 11 jugadores americanos, 3 europeos y un africano. Argentina se impuso cómodamente, con dos tantos de Latorre y otro de Leo Rodríguez. Pero eso fue lo de menos.
La nota del partido se la llevaron los problemas de organización. Por ejemplo: el argelino Rabah Madjer quedó varado en el aeropuerto de Roma a la espera de alguna conexión que lo depositara en nuestro país, el árbitro danés Peter Mikkelsen tampoco apareció por Ezeiza y hubo que reemplazarlo de apuro por Abel Gnecco, los norteamericanos Meola y Balboa se tuvieron que pagar los pasajes de su bolsillo y hasta faltaron jabón, toallas y papel higiénico en el vestuario de los visitantes, quienes se pusieron para salir a la cancha unas camisetas conseguidas de apuro, porque la empresa con la que supuestamente se había llegado a un acuerdo para que los vistiera, sencillamente no las llevó.
Sin embargo, la historia más curiosa, por no decir la más patética, se dio con David Chabala, tercer arquero de Argentinos Juniors, que fue rescatado del entrenamiento que su club realizaba en los bosques de Palermo poco antes del comienzo y terminó jugando los 27 minutos finales. Claro que las desventuras llegaron después para el malogrado africano: cuando fue a cobrar los U$S 300 que le correspondían por su participación, los organizadores le negaron la existencia de cualquier deuda, como si lo suyo hubiera sido sólo un favor para salir del paso. Seguro que en Zambia no le pasaba.
No fue un buen el año para Racing el de 1977. Con nueva dirigencia, nuevo entrenador, y habiendo gastado un montón de dinero para la contratación de Julio Ricardo Villa, La Academia creyó tener un equipo para conseguir el título, pero terminó peleando abajo. Una frustración más para una institución que seguiría tambaleando por mucho tiempo más.
En ese contexto fue que el team dirigido por el Coco Basile se enfrentó, en un amistoso, nada más y nada menos que a un equipo…¡de rugby!
El Club Atlético San Isidro, también apodado La Academia, había participado de los torneos amateurs de fútbol a comienzos del siglo XX e incluso había perdido una final con el cuadro de Avellaneda en 1915. Pero ahora la historia era otra y ambos competían en deportes diferentes. Uno practicaba rugby y el otro….bueno, eso que intenta practicar Racing (?).
En octubre de 1977, el CASI hizo de local en su cancha, pero con arcos de fútbol. La Academia albiceleste, por lógica, fue más que su rival aficionado y terminó ganando 4 a 1, con 3 goles del arquero Agustín Cejas y 1 del técnico Basile. Seriedad cero, pero tampoco le vamos a andar exigiendo mucho a los reyes del CASI.
Internacional de Porto Alegre (0-1), otra vez Internacional de Porto Alegre (0-3), Universidad Católica (0-2), Vélez Sarsfield (1-4), Banfield (0-1) y Rosario Central (1-3). La lista de nombres y resultados corresponde a la cantidad de derrotas consecutivas que llevaba San Lorenzo de Almagro cuando llegó a Barcelona para disputar la Copa Joan Gamper ´96: seis caídas al hilo.
Es que el ciclo de Héctor Rodolfo Veira estaba totalmente desgastado tras cuatro duros años, donde se consiguió el Clausura ´95 y se llegó hasta los Cuartos de Final de la Libertadores ´96. Encima, El Bambino se negaba a sacar a los jugadores con los que había conseguido la gloria y sólo le habían traído al Pipo Gorosito y a Sergio Silvano Maciel. Áspero (?).
Como contrapartida, el Barcelona presentaba en sociedad el ciclo de Bobby Robson y José Mourinho, el regreso de Hristo Stoitchkov y las contrataciones de Vitor Baía, Laurent Blanc, Giovanni, Juan Antonio Pizzi y un jovencito que iba a hacer su debut como culé esa misma noche: Ronaldo. Casi el mismo panorama que El Cuervo (?).
Y así, aquel 20 de agosto de 1996, San Lorenzo saltó al Camp Nou con: Passet; Escudero, Almandoz, Ruggeri y Manusovich; Rivadero, Cardinal, Netto (Ariel Montenegro) y Monserrat (Arbarello); Gorosito (Silas) y Silvano Maciel (Guillermo Franco). Por su parte, Barcelona alineó a: Vitor Baía; Luis Enrique, Abelardo, Nadal y Sergi; Prosinecki, Amor (Roger); Giovanni (Bakero) e Iván De La Peña (Oscar); Stoitchkov (Cuellar) y Pizzi (Ronaldo).
El encuentro fue apenas un entrenamiento para el Barcelona, que sin traspirar se impuso por 2 a 0 con tantos de Giovanni y Juan Antonio Pizzi, quien ya empezaba a tomarle el gustito a eso de amargar a Los Cuervos (?). Al otro día San Lorenzo caería ante el Anderlecht de Bélgica y cinco días después con Banfield (0-1) por la primera fecha del Apertura ´96, precipitando la salida de Veira. Tras nueve derrotas consecutivas, una época inolvidable de San Lorenzo había llegado a su fin…
Invitada a participar de los festejos por el 75º aniversario del Real Madrid, la selección argentina dirigida por César Menotti pisó el Estadio Bernabeu, en 1977, para disputar el un cuadrangular denominado Torneo Intercontinental.
En el primer match, jugado el 22 de marzo, el equipo albiceleste igualó 1 a 1 ante Irán, al que luego venceria en los disparos desde el punto del penal. Esa victoria le permitió, dos días mas tarde, enfrentar al dueño de casa, que venía de derrotar 2 a 1 al Mouloudia Chaâbia de Argelia.
En la final, los merengues, con figuras como Camacho y Breitner (en la foto, persiguiendo a Bertoni), fueron superiores a los argentinos. ¿El resultado? Apenas 1 a 0, con un gol de Del Bosque a los 82 minutos.
Eran otros tiempos, claro. En la Argentina, la tierra de los campeones del mundo, se realizaban partidos y torneos amistosos para todos los gustos. Fue así como, en mayo de 1979, la Lazio de Italia arribó a Rosario para disputar un cuadrangular internacional junto a Central, Newell’s y el Gremio de Brasil
En el primer encuentro, el conjunto europeo no ofreció demasiado resistencia ante El Canalla, que se impuso 3 a 0, con goles de Miguel Ángel Manzi (de penal), José Luis Gaitán y el Rubén Díaz.
Tras esa victoria, Rosario Central avanzó a la final de la Copa «Semana de Mayo», donde vencería a Gremio por 4 a 1.