En la Argentina tenemos la costumbre de pensar que cualquier lateral brasileño tiene algo de Roberto Carlos o de Carlos Alberto. Esa tradición, por supuesto, tiene consecuencias. En Brasil, los marcadores de punta sin tanto talento saben que el abanico de posibilidades para ir a robar contempla un viaje a nuestro país. No importa que no tengan tanta proyección ni que la buena pegada brille por su ausencia. La nacionalidad, para empezar, alcanza y sobra.
Así es como llegaron a estas pampas jugadores como Gustavinho, un 3 brasuca de dudosos antecedentes (dicen que allá jugó en Guaraní) que vistió los colores de Defensa y Justicia en la temporada 1993/94. ¡Encima eso! Lucía una camiseta verdeamarelha, agregando coincidencias inútiles que no llevan a nada.
En el Halcón de Varela, dirigido por Julio Ricardo Villa, alguna que otra vez le tocó ser titular, pero también fue al banco, relegado por defensores como Correa o De La Fuente. Lo de Gustavinho fue insignificante. Es más, de esa época se lo recuerda más al otro brasileño, Marinho, volante que también actuó en Tigre.
Así que usted ya sabe, señor lector, si quiere frenar la llegada de inventos extranjeros, deje de creer y vociferar que los laterales brasileños son todos buenos. Ahora, si quiere seguir leyendo historias en este sitio, mejor cállese la boca. A veces es preferible dejar que las cosas simplemente sucedan.
A pesar de ser hincha de Lamadrid quien esto escribe, sepan disculpar la escasa info sobre este personaje. Es el prototipo de jugador que sirve para que Olé le haga una nota, llene un par de líneas con una refritada y aburrida nota color, y en pocas semanas no sepamos nada de él. Ah, mientras tanto, en esas pocas semanas pondrán un recuadrito diciendo que no estuvo citado ni entre los 18.
Como suele pasar, nunca se sabrá cómo el congoleño cayó en Devoto. Qué mágico representante lo trajo. Qué palanca hubo para que esté en un plantel de la Primera C. Lo que se sabe es que el muchacho vivía por Caballito, iba a entrenar en colectivo y era el hijo del embajador de la República Democrática del Congo en nuestro país. El diplomático, recién asumido, se trajo al pibe a la ajetreada Argentina del 2000.
Y el pibe fue y jugó, favorecido porque en esos momentos, había Tercera, lo cual permitía que hasta el jugador 32 del plantel corriera un poquito atrás de una pelota. Debutó en el elenco preliminarista (¿?) ante Barracas Central. Si el debut de Maradona en 1976 fue presenciado por millones de personas años después, con el congoleño no podemos mentir. Cuando se largó el match en cuestión, apenas había una docena de tipos y todos ellos dirigentes que estaban ahí porque no les quedó otra. Fue en septiembre del 2000.
Su tosquedad para moverse en el área hizo que no tuviera demasiada continuidad en la Tercera, pero el fútbol tiene esas cosas y Lama empezó a pasar una racha diabólica de lesiones y suspendidos, que hizo que, para diciembre, el plantel (sin grandes figuras en su seno), careciera de delanteros.
El simpático morocho fue al banco contra un rival signado en su destino, Barracas Central, pero no en Devoto como en su debut sino en Olavarría y Luna. Lo tiraron a la cancha a los 23′ del ST con Lamadrid perdiendo 2 a 0, y su ingreso fue victorioso, porque en esos 22′ en cancha el Carcelero descontó (obviamente no tuvo nada que ver en la jugada ni en ninguna otra a lo largo del match), aunque no alcanzó para el puntito.
Luego hizo una exigente pretemporada y otra vez recibió la casaca 16, en cancha de All Boys frente a Luján. De nuevo un Lama derrotado requirió la ayuda de nuestro héroe, otra vez un 0-2 pero esta vez solo 10 minutos en cancha. En ese lapso hizo una jugada que a muchos hizo acordar a la que Tangalanga le vio hacer a Cucciuffo: eludió a dos, pateó y la pelota se fue a la mierda.
Y listo, fin, nunca más lo volvimos a ver. Queda en el recuerdo cuando escuchamos «las olas y el viento zucundum zucundum, y el frio del mar YALALAlalalalaa«.
Podríamos limitarnos a decir que Wander en inglés significa deambular y esto resume la carrera del jugador en cuestión. Sería el post más corto de la historia, apto para el Twitter de la dama o el caballero.
Pero la trayectoria de Wander Antonio de Almeida, nacido el 5 de mayo de 1977 en Cristiano Otoni, un pueblito de poco más de 5 mil habitantes ubicado en Minas Gerais (Brasil), es digna de conocerse.
Este volante ofensivo arrancó jugando en el popular Rubro Social Esporte Clube de Río de Janeiro (1996/1997) y luego pasó al Vasco da Gama (1997). Despuntaba el vicio en el famoso Serrano Football Club carioca (1998) cuando un empresario le ofreció probarse en River Plate.
El mineiro armó las valijas y se subió al avión. De su paso por el Millonario se llevó la amistad de Guillermo Pereyra y Franco Costanzo. También tenía buena relación con Santiago Solari, y los hermanos Aimar, Andrés y Pablo. En Nuñez no duró mucho y la siguiente escala fue Holanda. Allí jugó en el equipo reserva del PSV Eindhoven, pero el frío, la comida y el idioma fueron determinantes a la hora de pegar la vuelta.
De nuevo en suelo argentino, se tomó el tren y bajó en la estación Banfield. En el Taladro formó parte del plantel que disputaba la B Nacional dirigido por Cachín Blanco y Claudio Jara.
Lo siguiente fue un paso por Independiente Rivadavia de Mendoza, bastante de paracaidísta. «Cuando me enteré que el profe (por Cachín Blanco) estaba en Mendoza, lo llamé inmediatamente y lo consulte sobre las posibilidades de probarme en Independiente. Lo que pasa -explicó- es que estoy de novio con una argentina y mi suegro trabaja en una empresa de esta zona. Por eso es que a mí me vendría muy bien quedarme a jugar en este club«, dijo el morocho cuando todos se preguntaban cómo había llegado.
Cuando parecía que se iba a quedar en Mendoza, le bajaron el pulgar. Volvió a Brasil para sumarse otra vez al Rubro Social Esporte Clube. En 2003 tenía todo encaminado para arreglar contrato con Atlético de Rafaela, pero terminó jugando en Argentino Quilmes. Casi lo mismo. De allí fue transferido a Ben Hur (2004), donde convirtió un gol en 11 partidos.
Después deambuló por el Argentino A defendiendo los colores de 9 de Julio de Rafaela (2005/2006), Sportivo Patria de Formosa (28 encuentros, 1 gol en la 2006/2007) y Talleres de Perico (26 presentaciones y 11 tantos en la 2007/2008).
La última temporada la dividió entre Boca Unidos de Corrientes, donde rescindió el contrato a fines de 2008 y Racing de Córdoba, donde jugó poco y nada. «Llegué a Racing con muchas expectativas, pero no le recomendaría a nadie ir a ese club. No cumplieron nunca económicamente, y aunque jugué, cuando lo echaron sin sentido a Bonetto, con Ranalli perdí mi lugar en el equipo, y cuando no cobras y tenés una beba de 7 meses y una esposa en Rafaela, se hace muy difícil estar bien«, se excusó el brasileño.
Hace algunas semanas hizo la gran Salmerón. Fue presentado como jugador de Alumni de Villa María para la temporada 2009/2010, pero cuando se enteró de que el entrenador que lo pidió renunció (sí, Marcelo Bonetto, que se fue a Instituto), apareció como refuerzo de Crucero del Norte, donde comparte plantel con Derlis Soto y Gonzalo del Bono.
Mediocampista brasileño nacido en agosto de 1984 que por esas cosas del fútbol y los negociados cayó en la Argentina para jugar un partido con la camiseta de Ferro Carril Oeste en 2003, coincidiendo con la época en la que Gustavo Mascardi llenaba de paquetes al club de sus amores y prometía llegar a la Copa Libertadores en poco tiempo, obviando que estaban en el Nacional B.
Desconocemos si el pibe era fanático de David Bisbal o si se dejaba el pelo así de puro guapo, pero al menos pudimos comprobar que antes de sumarse al Verdolaga había estado en el plantel profesional del Gremio de Porto Alegre (2002).
Su experiencia en nuestro país fue insignificante. Se lo recuerda poco, como un integrante más de esa runfla de extranjeros con escaso nivel que deambuló por Caballito en esa temporada 2003/04. Después, Tiago regresó a su tierra para actuar en São Joséde Rio Grande do Sul (2004/05) y agregó pasos por América de Río de Janeiro (2006), Criciúma (2007), Ceará (2008) y ABC de Natal (2009).
Como si fuera poco, reincidió en sus penosas experiencias en el extranjero. En la temporada 2005/2006 paseó su ensortijada melena por el Támpico Madero de México y en 2008 tuvo la cara de piedra para firmar con un club de Indonesia que se llama Pelita Jaya.
Para rematarla, la gente que lo maneja (o él mismo, vaya uno a saber) subió este video a internet, donde se da la pauta de que el ex Ferro sólo admira a David Bisbal por el cabello. Para la música, como podemos apreciar, se queda con Ricky Martin.
Marcador central con nombre de prócer que, lejos de estar relacionado con nuestras raíces, vino de un lugar bastante alejado que poco tiene que ver con la historia del fútbol argentino: Panamá.
Nacido el 23 de agosto de 1968, fue jugador profesional y estudió paralelamente, consiguiendo dos cosas importantes: actuar 10 años en la Selección de su país y graduarse en la Universidad del Istmo, en la Licenciatura de Administración de Empresas.
Clubes locales como Defensa del Pan de Azúcar (?), Plaza Amador, San Francisco y Tauro FC conocieron las virtudes de este defensor que, increíblemente, tuvo una experiencia internacional que lo hace merecedor de este homenaje.
En la temporada 1993/94 disputó oficialmente 1 partido con la camiseta de Talleres de Córdoba en el Nacional B y, aunque cueste recordarlo, formó parte del equipo que ascendió a Primera División con nombres como Irusta, Rodolfo Graieb, Kesman, Chacoma, Diego Graieb y Boldrini. Evidentemente, a Bolívar no le dio el cuero para tener más minutos o directamente no le dieron cabida por tratarse de un panameño sin demasiado cartel.
Ya retirado, en los últimos años se dedicó a la dirección técnica en su tierra. Agarró un fierro caliente (?) como lo era el Plaza Amador y luego de sacarlo de un pozo se coronó campeón en 2005 con ese equipo también denominado «El León», «El Equipo del Pueblo» y… «La defensa más temida».
Un verdadero artista itinerante, capaz de ganarse la vida y buscar la felicidad con cosas tan distintas como el fútbol y la música. Acá algunos tuvieron la suerte de conocerlo cuando militó en tres instituciones tradicionales del ascenso. Pero la historia de este fenómeno había empezado antes.
Nacido en Angola, la tierra de su madre, escapó junto a su familia de la guerra civil y también tuvo la posibilidad vivir y criarse en países como Portugal (de ahí es su padre), Paraguay, Brasil y Argentina.
A nuestro país llegó con 12 años y tiempo después se le dio por probar sus condiciones de delantero en clubes como San Lorenzo, Ferro y River, donde no quedó por problemas de documentación. Recién la suerte tocaría a su puerta cuando lo vieron jugando un partido con futbolistas libres y le otorgaron la chance de empezar su trayectoria en Bolivia, con la camiseta de San José de Oruro, donde fue campeón.
Regresó a nuestras pampas para la temporada 1996/97 y, contra todos los pronósticos, hizo goles para ascender con Defensa y Justicia al Nacional B en un equipo que contaba con jugadores como Sandro Ventoso y Pedrito Sallaberry.
Como buen mochilero que es, no tardó en cambiar de rumbo y enfiló para Venezuela, donde volvió a consagrarse, esta vez con el Atlético Zulia. Ya tenía estigma de amuleto, pero pronto se ocupó de desmentirlo con un fallido paso por Deportivo Pesquero de Perú, donde le dieron pocos minutos y no pudo anotar goles, dentro de una campaña que fue realmente muy mala.
«Cuando vas a otro lugar lo primero que te choca es la diferencia de culturas. A veces criticaba como un porteño… Me di cuenta que extrañaba este país«, dijo alguna vez y fue rescatado por el blog Camisetas del Ascenso. Y por eso regresó para actuar en Comunicaciones (1999) y Excursionistas (1999/2000), completando 67 encuentros y 22 goles en el under. Nada mal para un angoleño de rastas del que poco se esperaba.
Seguir sus pasos, vale aclarar, no es nada fácil. Su espíritu aventurero lo llevó de aquí para allá, y lo poco que pudimos averiguar es que en los últimos años desplegó su talento deportivo en el ascenso español, con los colores del Sabadell, Unión Esportiva Montblanc y Unión Esportiva Torredembarra.
Su otro talento, quizás menos promocionado, es el musical. Abocado a su carrera como solista, contó el mes pasado antes de un show en España: «Durante mi infancia, con viajes por Sudamérica y Europa, fui escuchando los ritmos que hoy día empleo tanto en la composición, como en la interpretación. El tipo de repertorio que tocaré en el Minimercat, será a base de algunas composiciones mías y otras interpretaciones de bosanova, una u otra de Cabo Verde y Angola. Este repertorio ha sido hecho especialmente para este evento en un formato simple y acústico, a base de guitarra, saxo y voz.«
Y para no desconfiar de su grandeza, una muestra de lo que hace:
Inauguramos esta categoría destinada a relatar las historias de los extranjeros exóticos que pasaron por el ascenso de nuestro país. Hay muchos jugadores, raros y de nacionalidades infrecuentes para estas tierras, que no alcanzan el rango de baldosero por no haber integrado jamás un plantel de Primera División. Ellos merecían un lugar. Ahora lo tienen.
Mohamed Nsubuga
El tipo era algo limitado. Algo bastante. Pero Gustavo Mascardi buscó el momento ideal para introducirlo en el fútbol argentino. Corría diciembre de 2002, Ferro Carril Oeste era puntero de la Primera B y una de sus figuras era uno de sus representados, el ugandés Ibrahim Sekagya. Así fue como a Gustavito se le ocurrió traer al primo del defensor, también integrante de la Selección de Uganda, que buscaba su lugar en el Mundo.
A su llegada los datos fueron muy confusos, característica netamente africana. Se dijo que tenía 21 años, aunque su fecha de nacimiento acusaba 20. También fue escrito en algunos medios como «Muhamed», «Mbed Shumba» y el mismísimo Sekagya, tal vez para protegerlo, confirmó que Msubuga era mucho más que un compatriota. Era su primo. Traía, además, incomprobables referencias de haber rendido como stopper en el Kampala City de su país. Toda una garantía (?).
En los 2 años que estuvo en el verdolaga, el pibe jugó poco (apenas 11 partidos oficiales) pero se dio algunos lujos. Por ejemplo, disputó la Copa ABCDiario, conoció a Agostena, se fue de pretemporada a Mar del Plata y le dio una entrevista al Diario La Nación. Bah, las preguntas las respondió Sekagya, que explicó el momento de ambos: «Yo vivo en Caballito junto con mi señora y mi bebé, pero Mohamed está solo, pobre. El vive en Once y viajamos mucho en subte o taxi.»
Desde entonces no hemos tenido demasiadas noticias del morocho. Cualquier dato que puedan aportar los lectores, para nosotros será oro puro. Aunque pensándolo bien, si es oro posiblemente lo esté vendiendo Nsubuga en forma de anillos (?).
Enganche colombiano con clase y gambeta que surgió en América de Cali y que llegó como sensación a Quilmes con tan sólo 16 años, gracias a la gestión de Gustavo Mascardi. Cuando se hablaba de su posible pase a River, se lo llevó al Parma, donde apenas jugó. Terminó abortando su explosión futbolística, según dicen, porque lo encandilaron las luces.
De todas formas, pasó por la Selección de su país y tuvo tiempo para deambular por diferentes partes del mundo. Tras dejar el equipo lechero, anduvo por Verona (2001/02), Piacenza (2002/03), otra vez Parma (2003/04), América de Cali (2004), Santa Fe (2005), Al Wakrah de Qatar (2005/06), Cortuluá (2006), Sport Boys de Perú (2007) y Alianza Lima, desde 2008.
En enero del 2010, previo a disputar la Libertadores, su entrenador Gustavo Costas consideró que «Montaño es un buen jugador, pero ahora no está para jugar noventa minutos, para el ida y vuelta. En la Copa hay que correr y será difícil que Johnnier aguante, le cuesta mucho por su peso«. Una lástima, un crack al que le dijeron que le sobraba pasta, y se la comió en serio.