
En tren (?) de dividir a las personas en dos grupos, podríamos decir que están los que se quedan sin reacción ante situaciones imprevistas y están los otros, los que toman el toro por las astas y actúan. Acá, en este último grupo, podemos incluir sin dudas a José Luis Cuciuffo.
Defensor cordobés que el 2 de marzo de 1988, demostró velocidad de reflejos. Y bastantes huevos. Porque esa noche, Boca recibió a Gremio por la ida de los octavos de final de la desaparecida Supercopa, y en plena cascoteo gaúcho, faltando cinco minutos el Loco Gatti descolgó una pelota del ángulo, cayó y se sacó el hombro de lugar.
Como el Pato Pastoriza había reventado los cambios metiendo a Musladini y Hoyos, Cuciuffo salió disparado al banco, le pidió buzo y guantes al suplente y se mandó para el arco de Casa Amarilla.
Los brasileños no tuvieron mucho tiempo de probarlo a fondo pero no por eso dejaron de llenar de centros el área de Boca para ver qué pasaba. El cordobés respondió, mantuvo el cero y puso su granito de arena para que el partido termine 1-0 a favor del xeneize.