
No siempre los jugadores de campo convertidos en arqueros protagonizan escenas heroicas. En octubre de 1998, Tigre visitó a Central Córdoba de Rosario en un partido increíble.
Los de Victoria empezaron perdiendo y para colmo, a los 18 minutos del segundo tiempo, sufrió la expulsión de su arquero Luciano Busso. El técnico Pascutti no podía hacer más cambios y ante esa dificultad, el que tomó la responsabilidad fue el lateral Adrián Arana.
Petiso y sin experiencia, hizo lo que pudo e incluso festejó el sorpresivo empate parcial del Matador, a través de Baigorria, de penal.
Cuando la proeza casi era un hecho, llegó un centro de Puchetta, un inútil manotazo de Arana, y un cabezazo de Alarcón que decretó el 2 a 1 para los rosarinos. Triste final para un portero de ocasión.
Juan Pordiosero





