«Jugadores, la concha de su madre, a ver si ponen huevos, que no juegan con nadie», un himno de cancha que surge en los momentos más críticos, cuando la situación es adversa y en muchos casos, irreversible. También denominado La más maravillosa música (o simplemente, LMMM), neologismo acuñado ya hace varios años en el extinto blog La Redó, para etiquetar a ese cántico lleno de indignación y vacío de análisis, porque algunas veces el oponente de turno no es nadie, sí, pero en otras ocasiones el adversario es el clásico rival o lisa y llanamente un equipo más poderoso. A la gente no le importa, claro. Siempre es buen momento para recordarles a los futbolistas propios que están jugando con nadie y que todo es una mierda. Así sea la primera fecha…
Nos situamos en agosto de 2012. Rosario era un infierno y no hablamos precisamente por los narcos. Había algo casi tan duro como un soldadito encerrado en un búnker y eso era el momento de Central. Llevaba dos temporadas en la B Nacional y la situación era desesperante para sus hinchas. Habían pasado Mostaza Merlo, el Chulo Rivoira, el Negro Palma y Juan Antonio Pizzi. Ninguno pudo lograr el objetivo: subir. La sensación era una sola.
Sube el dólar, sube la yerba, sube el transporte, sube la droga. Sube todo menos Central. Reconozcámosle la estabilidad.
— En Una Baldosa (@enunabaldosa) julio 1, 2012
Para la tercera temporada consecutiva del Canalla en la segunda categoría, llegó un viejo conocido de la casa: Miguel Ángel Russo. Con un tipo con historia en el club, se suponía que se iban a aplacar los ánimos. Siendo ilusos, por supuesto. Con él, llegaron refuerzos como Héctor Bracamonte (venía de jugar una década en Rusia), Mauricio Caranta, Alejandro Gagliardi, Javier Yacuzzi y Diego Lagos, entre otros. Y también regresó el Sapito Hernán Encina, para recuperar algo de identidad, junto a otros que se quedaron, como Paulo Ferrari, Leonardo Talamonti, Jesús Méndez y Javier Toledo. Había material para ascender. Como los años anteriores, pero ahora el margen de error era nulo.
Para cuando llegó la primera fecha de la temporada 2012/13, la gente de Central no se aguantaba más nada. Todavía no había arrancado el torneo, es cierto. Pero el solo hecho de saber que se venía otro año en la B soportando las cargadas del histórico rival, con todo lo que eso implica en Rosario, convertía el Gigante de Arroyito en un verdadero hervidero.
Aquel sábado 11 de agosto, los rosarinos recibieron al recientemente ascendido Sarmiento de Junín. ¿Los 11? Mauricio Caranta; Paulo Ferrari, Franco Peppino, Leonardo Talamonti y Rafael Delgado; Alejandro Gagliardi, Freitas y Diego Lagos; Hernán Encina; Antonio Medina y Bracagol. Ellos, más Federico Carrizo, Javier Toledo y José Luis García, terminarían siendo los protagonistas de esta historia. Y sus respectivas madres, claro (?).
Si había presión antes de que empezara el partido, imagínense a los 2 minutos, cuando Ezequiel Cerutti se escapó por derecha y metió uno de sus habituales centros a la cabeza de Héctor Cuevas, que puso el 1 a 0 para Sarmiento. Incredulidad, pánico, agustia, bronca y furia. Todo eso experimentó el corazón canalla en apenas segundos.
Todo lo que vino después, fue un mar de puteadas y reclamos para que Central ganara de cualquier manera, algo que por lógica venía después de empatar. ¿Pero quién le explicaba eso a los hinchas?
A los 27 minutos del primer tiempo, con un tiro libre a favor pero todavía con el resultado adverso, desde las tribunas auriazules empezó a bajar un grito, que de garganta a garganta fue contagiándose hasta cubir completamente el estadio: «Jugadores, la concha de su madre, a ver si ponen huevos, que no juegan con nadie». ¡Primera fecha del campeonato! Y mejor aún, en el primer tiempo. Simplemente hermoso.
Pese al prematuro llamado de atención por parte de sus simpatizantes, Rosario Central terminó cayendo 1 a 0 en aquel debut, pero el cuento tendría final feliz, porque a final de temporada el equipo de Russo lograría el ansiado retorno a la Primera División. No sin antes, claro, dejarnos este grato recuerdo de la más maravillosa música.











